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Campaña #16Días de Activismo de #ONUMujeres

Segunda Parte

Segunda parte del proyecto militante de DOUBLEDOSE, emprendido el 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, cuando nos unimos a la campaña 16 Días de Activismo de ONU Mujeres, que este año ha discurrido bajo el lema Pinta el Mundo de Naranja: ¡Financiar, Responder, Prevenir, Recopilar!

El 2 de diciembre, Valentín Alonso asesinó presuntamente a Soledad Rey en el domicilio que compartían en el lugar de Rapadouro (Gondomar, Pontevedra). Con Soledad, ya son 42 las mujeres asesinadas por sus parejas y exparejas en España en 2020.

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El acoso sexual en la esfera profesional

POR DOUBLEDOSE / 10 de diciembre de 2020

El acoso sexual en el ámbito laboral y en las relaciones sociales relacionadas con la esfera profesional es frecuente y mayoritariamente ejercido por los hombres. Según la Guía de Prevención del Acoso Sexual en el Lugar de Trabajo, publicada por la Organización Internacional del Trabajo en 2010, entre el 40 y el 60% de las mujeres lo han sufrido a lo largo de su vida.

En el ámbito del trabajo, el acoso suele ser continuado, o stalking, y es potencialmente devastador para la víctima si no se actúa rápida y contundentemente contra el agresor, algo que compete al equipo directivo de cada organización y a los representantes de los trabajadores, si los hubiera.

Como exigencia de las directivas en materia penal de la Unión Europea, España se vio obligada a modificar su Código Penal –la reforma entró en vigor en 2015– para reflejar la responsabilidad de las personas jurídicas en todos los delitos que se produzcan entre sus empleados y en su ámbito de actuación, entre ellos el acoso sexual, el acoso moral y el mobbing.

Desde entonces, las empresas y sus representantes pueden evitar que los delitos cometidos por sus empleados y colaboradores les repercutan a través de la elaboración de un plan de compliance, o plan de prevención de riesgos penales. En lo que al acoso sexual se refiere, el plan de compliance estaría plenamente alineado con el plan de prevención de riesgos laborales y debería contemplar un protocolo de prevención, detección y actuación.

A su vez, dicho protocolo tiene que integrarse necesariamente en la cultura de la organización, ya que no solo implica un compromiso ético, sino que también tiene como objetivo único erradicar este tipo de conductas, por lo que es incompatible con actitudes machistas, tendientes a no reconocer determinados comportamientos como denigrantes para las mujeres, a tolerar e incluso disculpar conductas depredadoras y a culpabilizar a las víctimas.

Dicho de otra forma, si el protocolo funcionase de forma óptima, la mujer no perdería su trabajo en ningún caso ni se vería obligada a demostrar los hechos ante un tribunal. Cuando se dan estas circunstancias, la víctima se encuentra con que sus empleadores están, de facto, de parte del agresor, ya que no les interesa una condena que les haga parecer responsables.

De hecho, cabe recordar que las mujeres más vulnerables al acoso sexual en el ámbito laboral son las que no tienen pareja, pero tienen menores o personas dependientes a su cargo, las migradas, las jóvenes sin experiencia laboral previa, las mujeres con discapacidad y las que trabajan en régimen de subcontratación, tienen contratos precarios o son empleadas temporales.

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Sexting, stalking y otras violencias digitales

Aceptas un nuevo contacto en Linkedin porque compartes con él una parte significativa de tu red profesional. Además, echas un vistazo a su perfil y trabaja en un sector afín al tuyo. Sin embargo, al cabo de unas horas te llega una foto del susodicho en tanga, incluso un primer plano de sus genitales, junto con un puñado de frases claramente obscenas y ofensivas.

El contexto es tan inapropiado y su forma de dirigirse a ti tan denigrante que resulta obvio que su intención no es ligar contigo, sino molestarte, ofenderte, imponerse, intimidarte…  Con suerte, no obstante, la solución no es compleja: lo suprimes, compartes el mensaje en tu muro para dejarle en evidencia, en el caso de que estés por la labor y su perfil sea real –aunque no lo sea, al menos logras que deje de poder usar la cuenta–, y el asunto puede no pasar de un acto aislado de sexting, o acoso sexual en el entorno digital.

Pero ¿qué pasa cuando el desconocido se las ingenia para que no puedas deshacerte de él tan fácilmente? ¿Qué pasa si un conocido te envía mensajes a todas horas, unas veces claramente sexuales, otras veces plagados de insultos de los habitualmente utilizados para denigrar a las mujeres (guarra, zorra…)?

Estás sufriendo stalking o acoso sexual continuado, en este caso digital, y ya te encuentras ante una situación muy seria que puede causarte un considerable sufrimiento emocional.

 

Cuando la víctima es adolescente

Según el informe Menores y violencia de género, y los adolescentes llevan a cabo conductas online que se pueden calificar de riesgo en personas menores de edad: han dado su nombre y apellidos a desconocidos (el 74,2%), han aceptado como amigos/as en la red a personas desconocidas (el 60%), han quedado con una persona que han conocido a través de internet (el 31,5%), han colgado una foto suya que sus padres no autorizarían (el 29,5%), o han hablar de sexo con alguien que han conocido a través de internet (el 23,7%).

Un gran porcentaje de chicas adolescentes ha vivido situaciones de acoso sexual online fuera de la relación de pareja: a más del 40% le han mostrado o le han pedido fotografías sexuales y el 22,7% ha recibido peticiones para practicar sexo online.

Estos datos, sin duda alarmantes, en relación a conductas adolescentes a través de internet ponen de manifiesto la necesidad de incrementar las medidas de prevención, explicándoles durante la infancia qué puede pasar y cómo evitar situaciones de ciberacoso, sexting o grooming (acoso sexual practicado por pederastas y redes de pornografía infantil).

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Una nueva ostentación pública del machismo

Desde la irrupción de la extrema derecha más recalcitrante en el escenario político –en esta revista no hemos escrito ni escribiremos jamás sus siglas–, la ostentación pública del machismo vive un nuevo apogeo.

Esta innegable difusión de mensajes radicalmente patriarcales que creíamos vergonzantes y, por tanto, relegados a la esfera de lo privado, surge, al menos en parte, como reacción a un incuestionable auge del feminismo.

Y ha surgido rampante: el pasado 25 de noviembre, Día Internacional para la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres, los representantes electos del partido fascista no participaron en el minuto de silencio que se dedicó a las víctimas en instituciones estatales, autonómicas y municipales.

Además, sus portavoces no dejan de repetir, en cuanto se les presenta la ocasión, que las mujeres no somos víctimas de las violencias machistas, ni en las relaciones de pareja ni fuera de ellas, y que los hombres no nos asesinan por el mero hecho de ser mujeres.

Las mujeres que militan en las filas del fascismo incluso llegan a denominarse ‘verdaderas feministas’, que no necesitan leyes que las protejan ni han sentido discriminación alguna a lo largo de sus vidas. «El hombre no mata, mata el asesino, sea hombre o mujer», dijo una de ellas durante un debate parlamentario celebrado a finales del pasado mes de junio.

«La violencia no tiene género», añadió, dejando horrorizadas a todas las fuerzas políticas menos la suya, que instaron al Gobierno a tomar medidas contundentes frente al negacionismo mostrado por los derechistas.

En 2019, la periodista Ana Bernal Triviño publicó en Espasa No manipuléis el feminismo. Una defensa contra los bulos machistas. En la sinopsis elaborada por la editorial, dice así: «La reacción patriarcal está aquí. En plena cuarta ola feminista, el machismo ataca de forma contundente».

Más adelante, propone una estrategia: «En una etapa donde la desinformación está a la orden del día, este libro repasa cada una de esas frases que escuchamos en los medios de comunicación y en conversaciones cotidianas con el único fin de confundir y dañar los logros conseguidos por las mujeres. Frente a las mentiras sobre el feminismo, la única solución es verificar y contrastar con las leyes, los datos y las raíces del propio movimiento».

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Violencias públicas contra las mujeres que destacan

El acoso moral y/o sexual que pueden llegar a sufrir las mujeres que destacan por su trabajo y sus opiniones en la esfera pública adquieren dimensiones demoledoras en más ocasiones de las que creemos. ¿Qué puede hacer cuando un señor invade, por ejemplo, sus cuentas profesionales en las redes sociales con sus comentarios denigrantes en las publicaciones y sus intimidantes mensajes privados?

Cierto es que puede bloquear la cuenta del acosador, pero hay múltiples estrategias a su alcance para volver a la carga, algunas tan simples como crearse un perfil falso. En esta tesitura, no es extraño que gane la batalla del terror y sea su víctima quien no tenga más remedio que desaparecer de las redes sociales.

No hace falta ser un lince para comprender que estas situaciones producen un serio menoscabo no solo en el bienestar y la libertad de la víctima, sino también en su carrera, ya que la marca personal es uno de los principales indicativos de éxito profesional en la actualidad.

Uno de los colectivos más castigados por esta práctica de maltrato psicológico es el de las mujeres periodistas. El pasado 16 de noviembre dio comienzo el MOOC Acoso en línea: estrategias para la defensa de las periodistas, organizado por el Knight Center for Journalism in the Americas, de la Universidad de Texas, y la Fundación Internacional de Mujeres en los Medios (IWMF, por sus siglas en inglés).

El objetivo del curso, que termina el 13 de diciembre, es adquirir herramientas de protección y estrategias de defensa frente al acoso online, además de dar a conocer los principales sistemas y organizaciones de apoyo a los que es posible recurrir, tanto online como offline.

Según una encuesta de la Federación Internacional de Periodistas, publicada en 2017, afirma que el 44% de las profesionales del sector ha sufrido acoso online, por motivos de género en el 66% por motivos de género.

Aunque los ataques en Internet afectan tanto a los periodistas como a las periodistas, los resultados de la encuesta indican que el abuso online tiene mayor impacto sobre el bienestar de las mujeres, ya que se basa principalmente en insultos sexistas (48% de los casos), muchas veces en alusión a la apariencia física, el envío de imágenes obscenas por parte de perfectos desconocidos (22% de los casos) e incluso las amenazas de violación (14% de los casos), bajezas a las que no se enfrentan los hombres.

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Contra cierto periodismo: ni negacionismo ni equidistancia

El pasado 29 de octubre, un joven periodista de El Confidencial escribió una columna, supuestamente satírica, sobre un informe presentado por el Ministerio de Igualdad, al que, por cierto, poco menos que escupía, cuestionando su misma existencia.

A continuación, esta promesa del periodismo de opinión español compartió en redes sociales su nada profunda, pero total y absolutamente crítica reflexión sobre un trabajo en torno al sexismo en la publicidad destinada a las niñas y los niños, que no reconocía siquiera la importancia de cuantificar las cosas en plena era del big data y la inteligencia artificial.

Inmediatamente, se hizo con una importante ristra de seguidores (los más) y seguidoras (las menos) entre personas que, de ser preguntadas, no se definirían como machistas, aunque lo son.

Este texto, por lo demás radicalmente diletante y falto de la más mínima idea de calado, es un ejemplo de la cara sutil del machismo que todavía está muy presente en los medios de comunicación. Por supuesto, hay una cara contundente, dedicada en cuerpo y alma a instilar en la opinión pública una visión muy cercana a la del partido político fascista al que nunca nombramos ni nombraremos por sus siglas.

Pensemos en tertulianos de la más extrema de las derechas y del fundamentalismo cañí made in Spain de pura cepa, por supuesto, pero también en al menos una de las reinas de las mañanas en televisión, que jamás tendrá a bien contextualizar las dramáticas muertes de las mujeres a manos de su pareja o su expareja en el marco del machismo enquistado y sus violencias.

En Doubledose, nos gustaría recordarles que en temas como este no cabe el negacionismo, pero tampoco la equidistancia, ya que están en liza los mismísimos derechos humanos.

También es recomendamos que dediquen un tiempo a culturizarse, acometiendo el fantástico Taller de comunicación y género, muy completo, gratuito, publicado por lamarea.com y Oxfam Intermon en noviembre de 2017 y actualizado en noviembre de 2020.

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Salir del armario como feministas y practicar la sororidad

La investigadora feminista mexicana Marcela Lagarde define la sororidad como un pacto político entre mujeres. Por ejemplo, según Wikipedia, se refirió a este término en una publicación de 1989, definiéndolo como: «[..] amistad entre mujeres diferentes y pares, cómplices que se proponen trabajar, crear y convencer, que se encuentran y reconocen en el feminismo, para vivir la vida con un sentido profundamente libertario».

En textos posteriores, profundiza en aspectos teóricos y prácticos del término, manifestando que la sororidad refiere a: «[..] una dimensión ética, política y práctica del feminismo contemporáneo. Es una experiencia de las mujeres que conduce a la búsqueda de relaciones positivas y a la alianza existencial y política, cuerpo a cuerpo, subjetividad a subjetividad con otras mujeres, para contribuir con acciones específicas a la eliminación social de todas las formas de opresión y al apoyo mutuo para lograr el poderío genérico de todas y al empoderamiento vital de cada mujer».

Para las personas que hacemos posible Doubledose, sororidad y aporofobia son dos de las ideas que más y mejor definen nuestro presente, aunque la primera sea positiva y la segunda tenga innegables connotaciones negativas. Tal vez sería mejor decir sororidad, solidaridad y contra aporofobia.

Además, postulamos por salir del armario como feministas y trabajar para informar, fehacientemente y apoyándonos en los datos, para contrarrestar el discurso radical machista, construido sobre mentiras y primo hermano del racismo, la xenofobia, la homofobia y la transfobia, entre otros prejuicios que tienen como objetivo la discriminación.

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Militancia e importancia de las asociaciones de mujeres

En su ya célebre declaración del 6 de abril de 2020, contra la violencia de género, el secretario general de la ONU, António Guterres, dijo: «Hace poco pedí un alto el fuego inmediato a escala global para centrarnos en nuestra lucha común para combatir la pandemia. Hice un llamamiento en favor del fin de la violencia en todas partes, sin dilación. Pero la violencia no se limita al campo de batalla. Para muchas mujeres y niñas, la amenaza es mayor precisamente allí donde deberían estar más seguras. En sus propios hogares. Así que hoy hago un nuevo llamamiento a la paz en los hogares de todo el mundo”.

Guterres también llamó a hacer frente común y a que los gobiernos no se planteasen un plan de recuperación mundial sin tener en cuenta la perspectiva de género, pero tampoco sin dotar de apoyo y de recursos a las organizaciones de mujeres que prestan ayuda a las supervivientes y sus hijas e hijos.

Asociaciones y otras entidades que están a pie de calle, en las trincheras de la lucha sin cuartel de las mujeres contra las violencias machistas. Compañeras que prestan ayuda y organizan recursos, que recaban datos y construyen mensajes para que se escuchen las voces de las mujeres. ¡Gracias a todas!

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Las violencias machistas en datos: los números cantan

El 21,5% de las mujeres mayores de 16 años que residen en España ha sufrido violencia física a lo largo de su vida

El 13,8% ha sufrido violencia sexual

42 hombres han asesinado a su pareja o expareja en lo que llevamos de 2020

Al menos 55 en 2019

Al menos 51 en 2018

Al menos 50 en 2017

Al menos 49 en 2016

Al menos 60 en 2015

Se presentaron 168.057 denuncias por violencia de género en 2019

51.790 sentencias dictadas

36.534 fueron condenas (70,54%)

15.256 fueron absoluciones

El 14,2% de las mujeres han sufrido violencia física y/o sexual dentro de la pareja a lo largo de su vida

El 31,9% ha sufrido violencia psicológica

El 32,4% ha sufrido ambas

Se produjeron 15.338 delitos contra la libertad sexual en 2019 (+11,3% respecto a 2018)

1.878 violaciones (agresiones sexuales con penetración)

13.460 resto de agresiones sexuales 

Se calcula que solo se denuncia el 11,1% de los casos de violencia sexual contra las mujeres

El 99,6% de los agresores sexuales son hombres

2.431 hombres adultos y 323 menores fueron condenados por delito sexual en 2018

El 21,6% de los agresores sexuales eran familiares de la víctima (excluyendo pareja y expareja)

El 49,0% eran amigos o conocidos

El 39,1% eran desconocidos (solo el 18,8% en el caso de las violaciones)

El 12,9% de las agresiones sexuales fuera de la pareja fueron grupales

Al 49,6% de las mujeres que ha sufrido violencia sexual fuera de la pareja le ha ocurrido en más de una ocasión a lo largo de su vida

Fuentes: Macro Encuesta de Violencia contra la Mujer 2019, Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género. / EpData, Base de Datos y Gráficos de Europa Press

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Campaña #16Días de Activismo de #ONUMujeres Segunda Parte

Segunda parte del proyecto militante de DOUBLEDOSE, emprendido el 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, cuando nos unimos a la campaña 16 Días de Activismo de ONU Mujeres, que este año ha discurrido bajo el lema Pinta el Mundo de Naranja: ¡Financiar, Responder, Prevenir, Recopilar!

El 2 de diciembre, Valentín Alonso asesinó presuntamente a Soledad Rey en el domicilio que compartían en el lugar de Rapadouro (Gondomar, Pontevedra). Con Soledad, ya son 42 las mujeres asesinadas por sus parejas y exparejas en España en 2020.

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El acoso sexual en la esfera profesional

El acoso sexual en el ámbito laboral y en las relaciones sociales relacionadas con la esfera profesional es frecuente y mayoritariamente ejercido por los hombres. Según la Guía de Prevención del Acoso Sexual en el Lugar de Trabajo, publicada por la Organización Internacional del Trabajo en 2010, entre el 40 y el 60% de las mujeres lo han sufrido a lo largo de su vida laboral.

En el ámbito del trabajo, el acoso suele ser continuado, o stalking, y es potencialmente devastador para la víctima si no se actúa rápida y contundentemente contra el agresor, algo que compete al equipo directivo de cada organización y a los representantes de los trabajadores, si los hubiera.

Como exigencia de las directivas en materia penal de la Unión Europea, España se vio obligada a modificar su Código Penal –la reforma entró en vigor en 2015– para reflejar la responsabilidad de las personas jurídicas en todos los delitos que se produzcan entre sus empleados y en su ámbito de actuación, entre ellos el acoso sexual, el acoso moral y el mobbing.

Desde entonces, las empresas y sus representantes pueden evitar que los delitos cometidos por sus empleados y colaboradores les repercutan a través de la elaboración de un plan de compliance, o plan de prevención de riesgos penales. En lo que al acoso sexual se refiere, el plan de compliance estaría plenamente alineado con el plan de prevención de riesgos laborales y debería contemplar un protocolo de prevención, detección y actuación.

A su vez, dicho protocolo tiene que integrarse necesariamente en la cultura de la organización, ya que no solo implica un compromiso ético, sino que también tiene como objetivo único erradicar este tipo de conductas, por lo que es incompatible con actitudes machistas, tendientes a no reconocer determinados comportamientos como denigrantes para las mujeres, a tolerar e incluso disculpar conductas depredadoras y a culpabilizar a las víctimas.

Dicho de otra forma, si el protocolo funcionase de forma óptima, la mujer no perdería su trabajo en ningún caso ni se vería obligada a demostrar los hechos ante un tribunal. Cuando se dan estas circunstancias, la víctima se encuentra con que sus empleadores están, de facto, de parte del agresor, ya que no les interesa una condena que les haga parecer responsables.

De hecho, cabe recordar que las mujeres más vulnerables al acoso sexual en el ámbito laboral son las que no tienen pareja, pero tienen menores o personas dependientes a su cargo, las migradas, las jóvenes sin experiencia laboral previa, las mujeres con discapacidad y las que trabajan en régimen de subcontratación, tienen contratos precarios o son empleadas temporales.

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Sexting, stalking y otras violencias digitales

Aceptas un nuevo contacto en Linkedin porque compartes con él una parte significativa de tu red profesional. Además, echas un vistazo a su perfil y trabaja en un sector afín al tuyo. Sin embargo, al cabo de unas horas te llega una foto del susodicho en tanga, incluso un primer plano de sus genitales, junto con un puñado de frases claramente obscenas y ofensivas.

El contexto es tan inapropiado y su forma de dirigirse a ti tan denigrante que resulta obvio que su intención no es ligar contigo, sino molestarte, ofenderte, imponerse, intimidarte…  Con suerte, no obstante, la solución no es compleja: lo suprimes, compartes el mensaje en tu muro para dejarle en evidencia, en el caso de que estés por la labor y su perfil sea real –aunque no lo sea, al menos logras que deje de poder usar la cuenta–, y el asunto puede no pasar de un acto aislado de sexting, o acoso sexual en el entorno digital.

Pero ¿qué pasa cuando el desconocido se las ingenia para que no puedas deshacerte de él tan fácilmente? ¿Qué pasa si un conocido te envía mensajes a todas horas, unas veces claramente sexuales, otras veces plagados de insultos de los habitualmente utilizados para denigrar a las mujeres (guarra, zorra…)?

Estás sufriendo stalking o acoso sexual continuado, en este caso digital, y ya te encuentras ante una situación muy seria que puede causarte un considerable sufrimiento emocional.

 

Cuando la víctima es adolescente

Según el informe Menores y violencia de género, y los adolescentes llevan a cabo conductas online que se pueden calificar de riesgo en personas menores de edad: han dado su nombre y apellidos a desconocidos (el 74,2%), han aceptado como amigos/as en la red a personas desconocidas (el 60%), han quedado con una persona que han conocido a través de internet (el 31,5%), han colgado una foto suya que sus padres no autorizarían (el 29,5%), o han hablar de sexo con alguien que han conocido a través de internet (el 23,7%).

Un gran porcentaje de chicas adolescentes ha vivido situaciones de acoso sexual online fuera de la relación de pareja: a más del 40% le han mostrado o le han pedido fotografías sexuales y el 22,7% ha recibido peticiones para practicar sexo online.

Estos datos, sin duda alarmantes, en relación a conductas adolescentes a través de internet ponen de manifiesto la necesidad de incrementar las medidas de prevención, explicándoles durante la infancia qué puede pasar y cómo evitar situaciones de ciberacoso, sexting o grooming (acoso sexual practicado por pederastas y redes de pornografía infantil).

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Una nueva ostentación pública del machismo

Desde la irrupción de la extrema derecha más recalcitrante en el escenario político –en esta revista no hemos escrito ni escribiremos jamás sus siglas–, la ostentación pública del machismo vive un nuevo apogeo.

Esta innegable difusión de mensajes radicalmente patriarcales que creíamos vergonzantes y, por tanto, relegados a la esfera de lo privado, surge, al menos en parte, como reacción a un incuestionable auge del feminismo.

Y ha surgido rampante: el pasado 25 de noviembre, Día Internacional para la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres, los representantes electos del partido fascista no participaron en el minuto de silencio que se dedicó a las víctimas en instituciones estatales, autonómicas y municipales.

Además, sus portavoces no dejan de repetir, en cuanto se les presenta la ocasión, que las mujeres no somos víctimas de las violencias machistas, ni en las relaciones de pareja ni fuera de ellas, y que los hombres no nos asesinan por el mero hecho de ser mujeres.

Las mujeres que militan en las filas del fascismo incluso llegan a denominarse ‘verdaderas feministas’, que no necesitan leyes que las protejan ni han sentido discriminación alguna a lo largo de sus vidas. «El hombre no mata, mata el asesino, sea hombre o mujer», dijo una de ellas durante un debate parlamentario celebrado a finales del pasado mes de junio.

«La violencia no tiene género», añadió, dejando horrorizadas a todas las fuerzas políticas menos la suya, que instaron al Gobierno a tomar medidas contundentes frente al negacionismo mostrado por los derechistas.

En 2019, la periodista Ana Bernal Triviño publicó en Espasa No manipuléis el feminismo. Una defensa contra los bulos machistas. En la sinopsis elaborada por la editorial, dice así: «La reacción patriarcal está aquí. En plena cuarta ola feminista, el machismo ataca de forma contundente».

Más adelante, propone una estrategia: «En una etapa donde la desinformación está a la orden del día, este libro repasa cada una de esas frases que escuchamos en los medios de comunicación y en conversaciones cotidianas con el único fin de confundir y dañar los logros conseguidos por las mujeres. Frente a las mentiras sobre el feminismo, la única solución es verificar y contrastar con las leyes, los datos y las raíces del propio movimiento».

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Violencias públicas contra mujeres que destacan

El acoso moral y/o sexual que pueden llegar a sufrir las mujeres que destacan por su trabajo y sus opiniones en la esfera pública adquieren dimensiones demoledoras en más ocasiones de las que creemos. ¿Qué puede hacer cuando un señor invade, por ejemplo, sus cuentas profesionales en las redes sociales con sus comentarios denigrantes en las publicaciones y sus intimidantes mensajes privados?

Cierto es que puede bloquear la cuenta del acosador, pero hay múltiples estrategias a su alcance para volver a la carga, algunas tan simples como crearse un perfil falso. En esta tesitura, no es extraño que gane la batalla del terror y sea su víctima quien no tenga más remedio que desaparecer de las redes sociales.

No hace falta ser un lince para comprender que estas situaciones producen un serio menoscabo no solo en el bienestar y la libertad de la víctima, sino también en su carrera, ya que la marca personal es uno de los principales indicativos de éxito profesional en la actualidad.

Uno de los colectivos más castigados por esta práctica de maltrato psicológico es el de las mujeres periodistas. El pasado 16 de noviembre dio comienzo el MOOC Acoso en línea: estrategias para la defensa de las periodistas, organizado por el Knight Center for Journalism in the Americas, de la Universidad de Texas, y la Fundación Internacional de Mujeres en los Medios (IWMF, por sus siglas en inglés).

El objetivo del curso, que termina el 13 de diciembre, es adquirir herramientas de protección y estrategias de defensa frente al acoso online, además de dar a conocer los principales sistemas y organizaciones de apoyo a los que es posible recurrir, tanto online como offline.

Según una encuesta de la Federación Internacional de Periodistas, publicada en 2017, afirma que el 44% de las profesionales del sector ha sufrido acoso online, por motivos de género en el 66% por motivos de género.

Aunque los ataques en Internet afectan tanto a los periodistas como a las periodistas, los resultados de la encuesta indican que el abuso online tiene mayor impacto sobre el bienestar de las mujeres, ya que se basa principalmente en insultos sexistas (48% de los casos), muchas veces en alusión a la apariencia física, el envío de imágenes obscenas por parte de perfectos desconocidos (22% de los casos) e incluso las amenazas de violación (14% de los casos), bajezas a las que no se enfrentan los hombres.

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Contra cierto periodismo: ni negacionismo ni equidistancia

El pasado 29 de octubre, un joven periodista de El Confidencial escribió una columna, supuestamente satírica, sobre un informe presentado por el Ministerio de Igualdad, al que, por cierto, poco menos que escupía, cuestionando su misma existencia.

A continuación, esta promesa del periodismo de opinión español compartió en redes sociales su nada profunda, pero total y absolutamente crítica reflexión sobre un trabajo en torno al sexismo en la publicidad destinada a las niñas y los niños, que no reconocía siquiera la importancia de cuantificar las cosas en plena era del big data y la inteligencia artificial.

Inmediatamente, se hizo con una importante ristra de seguidores (los más) y seguidoras (las menos) entre personas que, de ser preguntadas, no se definirían como machistas, aunque lo son.

Este texto, por lo demás radicalmente diletante y falto de la más mínima idea de calado, es un ejemplo de la cara sutil del machismo que todavía está muy presente en los medios de comunicación. Por supuesto, hay una cara contundente, dedicada en cuerpo y alma a instilar en la opinión pública una visión muy cercana a la del partido político fascista al que nunca nombramos ni nombraremos por sus siglas.

Pensemos en tertulianos de la más extrema de las derechas y del fundamentalismo cañí made in Spain de pura cepa, por supuesto, pero también en al menos una de las reinas de las mañanas en televisión, que jamás tendrá a bien contextualizar las dramáticas muertes de las mujeres a manos de su pareja o su expareja en el marco del machismo enquistado y sus violencias.

En Doubledose, nos gustaría recordarles que en temas como este no cabe el negacionismo, pero tampoco la equidistancia, ya que están en liza los mismísimos derechos humanos.

También es recomendamos que dediquen un tiempo a culturizarse, acometiendo el fantástico Taller de comunicación y género, muy completo, gratuito, publicado por lamarea.com y Oxfam Intermon en noviembre de 2017 y actualizado en noviembre de 2020.

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Salir del armario como feministas y practicar la sororidad

La investigadora feminista mexicana Marcela Lagarde define la sororidad como un pacto político entre mujeres. Por ejemplo, según Wikipedia, se refirió a este término en una publicación de 1989, definiéndolo como: «[..] amistad entre mujeres diferentes y pares, cómplices que se proponen trabajar, crear y convencer, que se encuentran y reconocen en el feminismo, para vivir la vida con un sentido profundamente libertario».

En textos posteriores, Lagarde ha profundizado en aspectos teóricos y prácticos del término, manifestando que la sororidad refiere a: «[..] una dimensión ética, política y práctica del feminismo contemporáneo. Es una experiencia de las mujeres que conduce a la búsqueda de relaciones positivas y a la alianza existencial y política, cuerpo a cuerpo, subjetividad a subjetividad con otras mujeres, para contribuir con acciones específicas a la eliminación social de todas las formas de opresión y al apoyo mutuo para lograr el poderío genérico de todas y al empoderamiento vital de cada mujer».

Para las personas que hacemos posible Doubledose, sororidad y aporofobia son dos de las ideas que más y mejor definen nuestro presente, aunque la primera sea positiva y la segunda tenga innegables connotaciones negativas. Tal vez sería mejor decir sororidad, solidaridad y contra aporofobia. 

Además, postulamos por salir del armario como feministas y trabajar para informar, fehacientemente y apoyándonos en los datos, para contrarrestar el discurso radical machista, construido sobre mentiras y primo hermano del racismo, la xenofobia, la homofobia y la transfobia, entre otros prejuicios que tienen como objetivo la discriminación. 

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Militancia e importancia de las asociaciones de mujeres

En su ya célebre declaración del 6 de abril de 2020, contra la violencia de género, el secretario general de la ONU, António Guterres, dijo: «Hace poco pedí un alto el fuego inmediato a escala global para centrarnos en nuestra lucha común para combatir la pandemia. Hice un llamamiento en favor del fin de la violencia en todas partes, sin dilación. Pero la violencia no se limita al campo de batalla. Para muchas mujeres y niñas, la amenaza es mayor precisamente allí donde deberían estar más seguras. En sus propios hogares. Así que hoy hago un nuevo llamamiento a la paz en los hogares de todo el mundo”.

Guterres también llamó a hacer frente común y a que los gobiernos no se planteasen un plan de recuperación mundial sin tener en cuenta la perspectiva de género, pero tampoco sin dotar de apoyo y de recursos a las organizaciones de mujeres que prestan ayuda a las supervivientes y sus hijas e hijos.

Asociaciones y otras entidades que están a pie de calle, en las trincheras de la lucha sin cuartel de las mujeres contra las violencias machistas. Compañeras que prestan ayuda y organizan recursos, que recaban datos y construyen mensajes para que se escuchen las voces de las mujeres. ¡Gracias a todas!

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Las violencias machistas en datos: los números cantan

El 21,5% de las mujeres mayores de 16 años que residen en España ha sufrido violencia física a lo largo de su vida

El 13,8% ha sufrido violencia sexual

42 hombres han asesinado a su pareja o expareja en lo que llevamos de 2020

Al menos 55 en 2019

Al menos 51 en 2018

Al menos 50 en 2017

Al menos 49 en 2016

Al menos 60 en 2015

Se presentaron 168.057 denuncias por violencia de género en 2019

51.790 sentencias dictadas

36.534 fueron condenas (70,54%)

15.256 fueron absoluciones

El 14,2% de las mujeres han sufrido violencia física y/o sexual dentro de la pareja a lo largo de su vida

El 31,9% ha sufrido violencia psicológica

El 32,4% ha sufrido ambas

Se produjeron 15.338 delitos contra la libertad sexual en 2019 (+11,3% respecto a 2018)

1.878 violaciones (agresiones sexuales con penetración)

13.460 resto de agresiones sexuales 

Se calcula que solo se denuncia el 11,1% de los casos de violencia sexual contra las mujeres

El 99,6% de los agresores sexuales son hombres

2.431 hombres adultos y 323 menores fueron condenados por delito sexual en 2018

El 21,6% de los agresores sexuales eran familiares de la víctima (excluyendo pareja y expareja)

El 49,0% eran amigos o conocidos

El 39,1% eran desconocidos (solo el 18,8% en el caso de las violaciones)

El 12,9% de las agresiones sexuales fuera de la pareja fueron grupales

Al 49,6% de las mujeres que ha sufrido violencia sexual fuera de la pareja le ha ocurrido en más de una ocasión a lo largo de su vida

Fuentes: Macro Encuesta de Violencia contra la Mujer 2019, Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género. / EpData, Base de Datos y Gráficos de Europa Press

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Campaña #16Días de Activismo de #ONUMujeres – Segunda Parte

Segunda parte del proyecto militante de DOUBLEDOSE, emprendido el 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, cuando nos unimos a la campaña 16 Días de Activismo de ONU Mujeres, que este año ha discurrido bajo el lema Pinta el Mundo de Naranja: ¡Financiar, Responder, Prevenir, Recopilar!

El 2 de diciembre, Valentín Alonso asesinó presuntamente a Soledad Rey en el domicilio que compartían en el lugar de Rapadouro (Gondomar, Pontevedra). Con Soledad, ya son 42 las mujeres asesinadas por sus parejas y exparejas en España en 2020.

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El acoso sexual en la esfera profesional

POR DOUBLEDOSE / 25 de noviembre de 2020

El acoso sexual en el ámbito laboral y en las relaciones sociales relacionadas con la esfera profesional es frecuente y mayoritariamente ejercido por los hombres. Según la Guía de Prevención del Acoso Sexual en el Lugar de Trabajo, publicada por la Organización Internacional del Trabajo en 2010, entre el 40 y el 60% de las mujeres lo han sufrido a lo largo de su vida laboral.

En el ámbito del trabajo, el acoso suele ser continuado, o stalking, y es potencialmente devastador para la víctima si no se actúa rápida y contundentemente contra el agresor, algo que compete al equipo directivo de cada organización y a los representantes de los trabajadores, si los hubiera.

Como exigencia de las directivas en materia penal de la Unión Europea, España se vio obligada a modificar su Código Penal –la reforma entró en vigor en 2015– para reflejar la responsabilidad de las personas jurídicas en todos los delitos que se produzcan entre sus empleados y en su ámbito de actuación, entre ellos el acoso sexual, el acoso moral y el mobbing.

Desde entonces, las empresas y sus representantes pueden evitar que los delitos cometidos por sus empleados y colaboradores les repercutan a través de la elaboración de un plan de compliance, o plan de prevención de riesgos penales. En lo que al acoso sexual se refiere, el plan de compliance estaría plenamente alineado con el plan de prevención de riesgos laborales y debería contemplar un protocolo de prevención, detección y actuación.

A su vez, dicho protocolo tiene que integrarse necesariamente en la cultura de la organización, ya que no solo implica un compromiso ético, sino que también tiene como objetivo único erradicar este tipo de conductas, por lo que es incompatible con actitudes machistas, tendientes a no reconocer determinados comportamientos como denigrantes para las mujeres, a tolerar e incluso disculpar conductas depredadoras y a culpabilizar a las víctimas.

Dicho de otra forma, si el protocolo funcionase de forma óptima, la mujer no perdería su trabajo en ningún caso ni se vería obligada a demostrar los hechos ante un tribunal. Cuando se dan estas circunstancias, la víctima se encuentra con que sus empleadores están, de facto, de parte del agresor, ya que no les interesa una condena que les haga parecer responsables.

De hecho, cabe recordar que las mujeres más vulnerables al acoso sexual en el ámbito laboral son las que no tienen pareja, pero tienen menores o personas dependientes a su cargo, las migradas, las jóvenes sin experiencia laboral previa, las mujeres con discapacidad y las que trabajan en régimen de subcontratación, tienen contratos precarios o son empleadas temporales.

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Sexting, stalking y otras violencias digitales

Aceptas un nuevo contacto en Linkedin porque compartes con él una parte significativa de tu red profesional. Además, echas un vistazo a su perfil y trabaja en un sector afín al tuyo. Sin embargo, al cabo de unas horas te llega una foto del susodicho en tanga, incluso un primer plano de sus genitales, junto con un puñado de frases claramente obscenas y ofensivas.

El contexto es tan inapropiado y su forma de dirigirse a ti tan denigrante que resulta obvio que su intención no es ligar contigo, sino molestarte, ofenderte, imponerse, intimidarte…  Con suerte, no obstante, la solución no es compleja: lo suprimes, compartes el mensaje en tu muro para dejarle en evidencia, en el caso de que estés por la labor y su perfil sea real –aunque no lo sea, al menos logras que deje de poder usar la cuenta–, y el asunto puede no pasar de un acto aislado de sexting, o acoso sexual en el entorno digital.

Pero ¿qué pasa cuando el desconocido se las ingenia para que no puedas deshacerte de él tan fácilmente? ¿Qué pasa si un conocido te envía mensajes a todas horas, unas veces claramente sexuales, otras veces plagados de insultos de los habitualmente utilizados para denigrar a las mujeres (guarra, zorra…)?

Estás sufriendo stalking o acoso sexual continuado, en este caso digital, y ya te encuentras ante una situación muy seria que puede causarte un considerable sufrimiento emocional.

 

Cuando la víctima es adolescente

Según el informe Menores y violencia de género, y los adolescentes llevan a cabo conductas online que se pueden calificar de riesgo en personas menores de edad: han dado su nombre y apellidos a desconocidos (el 74,2%), han aceptado como amigos/as en la red a personas desconocidas (el 60%), han quedado con una persona que han conocido a través de internet (el 31,5%), han colgado una foto suya que sus padres no autorizarían (el 29,5%), o han hablar de sexo con alguien que han conocido a través de internet (el 23,7%).

Un gran porcentaje de chicas adolescentes ha vivido situaciones de acoso sexual online fuera de la relación de pareja: a más del 40% le han mostrado o le han pedido fotografías sexuales y el 22,7% ha recibido peticiones para practicar sexo online.

Estos datos, sin duda alarmantes, en relación a conductas adolescentes a través de internet ponen de manifiesto la necesidad de incrementar las medidas de prevención, explicándoles durante la infancia qué puede pasar y cómo evitar situaciones de ciberacoso, sexting o grooming (acoso sexual practicado por pederastas y redes de pornografía infantil).

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Una nueva ostentación pública del machismo

Desde la irrupción de la extrema derecha más recalcitrante en el escenario político –en esta revista no hemos escrito ni escribiremos jamás sus siglas–, la ostentación pública del machismo vive un nuevo apogeo.

Esta innegable difusión de mensajes radicalmente patriarcales que creíamos vergonzantes y, por tanto, relegados a la esfera de lo privado, surge, al menos en parte, como reacción a un incuestionable auge del feminismo.

Y ha surgido rampante: el pasado 25 de noviembre, Día Internacional para la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres, los representantes electos del partido fascista no participaron en el minuto de silencio que se dedicó a las víctimas en instituciones estatales, autonómicas y municipales.

Además, sus portavoces no dejan de repetir, en cuanto se les presenta la ocasión, que las mujeres no somos víctimas de las violencias machistas, ni en las relaciones de pareja ni fuera de ellas, y que los hombres no nos asesinan por el mero hecho de ser mujeres.

Las mujeres que militan en las filas del fascismo incluso llegan a denominarse ‘verdaderas feministas’, que no necesitan leyes que las protejan ni han sentido discriminación alguna a lo largo de sus vidas. «El hombre no mata, mata el asesino, sea hombre o mujer», dijo una de ellas durante un debate parlamentario celebrado a finales del pasado mes de junio.

«La violencia no tiene género», añadió, dejando horrorizadas a todas las fuerzas políticas menos la suya, que instaron al Gobierno a tomar medidas contundentes frente al negacionismo mostrado por los derechistas.

En 2019, la periodista Ana Bernal Triviño publicó en Espasa No manipuléis el feminismo. Una defensa contra los bulos machistas. En la sinopsis elaborada por la editorial, dice así: «La reacción patriarcal está aquí. En plena cuarta ola feminista, el machismo ataca de forma contundente».

Más adelante, propone una estrategia: «En una etapa donde la desinformación está a la orden del día, este libro repasa cada una de esas frases que escuchamos en los medios de comunicación y en conversaciones cotidianas con el único fin de confundir y dañar los logros conseguidos por las mujeres. Frente a las mentiras sobre el feminismo, la única solución es verificar y contrastar con las leyes, los datos y las raíces del propio movimiento».

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Violencias públicas contra las mujeres que destacan

El acoso moral y/o sexual que pueden llegar a sufrir las mujeres que destacan por su trabajo y sus opiniones en la esfera pública adquieren dimensiones demoledoras en más ocasiones de las que creemos. ¿Qué puede hacer cuando un señor invade, por ejemplo, sus cuentas profesionales en las redes sociales con sus comentarios denigrantes en las publicaciones y sus intimidantes mensajes privados?

Cierto es que puede bloquear la cuenta del acosador, pero hay múltiples estrategias a su alcance para volver a la carga, algunas tan simples como crearse un perfil falso. En esta tesitura, no es extraño que gane la batalla del terror y sea su víctima quien no tenga más remedio que desaparecer de las redes sociales.

No hace falta ser un lince para comprender que estas situaciones producen un serio menoscabo no solo en el bienestar y la libertad de la víctima, sino también en su carrera, ya que la marca personal es uno de los principales indicativos de éxito profesional en la actualidad.

Uno de los colectivos más castigados por esta práctica de maltrato psicológico es el de las mujeres periodistas. El pasado 16 de noviembre dio comienzo el MOOC Acoso en línea: estrategias para la defensa de las periodistas, organizado por el Knight Center for Journalism in the Americas, de la Universidad de Texas, y la Fundación Internacional de Mujeres en los Medios (IWMF, por sus siglas en inglés).

El objetivo del curso, que termina el 13 de diciembre, es adquirir herramientas de protección y estrategias de defensa frente al acoso online, además de dar a conocer los principales sistemas y organizaciones de apoyo a los que es posible recurrir, tanto online como offline.

Según una encuesta de la Federación Internacional de Periodistas, publicada en 2017, afirma que el 44% de las profesionales del sector ha sufrido acoso online, por motivos de género en el 66% por motivos de género.

Aunque los ataques en Internet afectan tanto a los periodistas como a las periodistas, los resultados de la encuesta indican que el abuso online tiene mayor impacto sobre el bienestar de las mujeres, ya que se basa principalmente en insultos sexistas (48% de los casos), muchas veces en alusión a la apariencia física, el envío de imágenes obscenas por parte de perfectos desconocidos (22% de los casos) e incluso las amenazas de violación (14% de los casos), bajezas a las que no se enfrentan los hombres.

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Contra cierto periodismo: ni negacionismo ni equidistancia

El pasado 29 de octubre, un joven periodista de El Confidencial escribió una columna, supuestamente satírica, sobre un informe presentado por el Ministerio de Igualdad, al que, por cierto, poco menos que escupía, cuestionando su misma existencia.

A continuación, esta promesa del periodismo de opinión español compartió en redes sociales su nada profunda, pero total y absolutamente crítica reflexión sobre un trabajo en torno al sexismo en la publicidad destinada a las niñas y los niños, que no reconocía siquiera la importancia de cuantificar las cosas en plena era del big data y la inteligencia artificial.

Inmediatamente, se hizo con una importante ristra de seguidores (los más) y seguidoras (las menos) entre personas que, de ser preguntadas, no se definirían como machistas, aunque lo son.

Este texto, por lo demás radicalmente diletante y falto de la más mínima idea de calado, es un ejemplo de la cara sutil del machismo que todavía está muy presente en los medios de comunicación. Por supuesto, hay una cara contundente, dedicada en cuerpo y alma a instilar en la opinión pública una visión muy cercana a la del partido político fascista al que nunca nombramos ni nombraremos por sus siglas.

Pensemos en tertulianos de la más extrema de las derechas y del fundamentalismo cañí made in Spain de pura cepa, por supuesto, pero también en al menos una de las reinas de las mañanas en televisión, que jamás tendrá a bien contextualizar las dramáticas muertes de las mujeres a manos de su pareja o su expareja en el marco del machismo enquistado y sus violencias.

En Doubledose, nos gustaría recordarles que en temas como este no cabe el negacionismo, pero tampoco la equidistancia, ya que están en liza los mismísimos derechos humanos.

También es recomendamos que dediquen un tiempo a culturizarse, acometiendo el fantástico Taller de comunicación y género, muy completo, gratuito, publicado por lamarea.com y Oxfam Intermon en noviembre de 2017 y actualizado en noviembre de 2020.

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Salir del armario como feministas y practicar la sororidad

Los menores también son víctimas, muchas veces vicarias, de la violencia contra las mujeres y el agresor debe perder los derechos de guarda y custodia, pero también se le debe negar cualquier régimen de visitas cuando exista una condena.

Sin embargo, esta afirmación tan obvia no está debidamente recogida en la legislación española. La Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, modificada por la disposición final 3.3 de la Ley Orgánica 8/2015, en sus artículos 65 y 66, concede al juez la potestad de la patria potestad y la custodia, y del derecho a un régimen de visitas, respectivamente.

El libre arbitrio judicial, aunque las asociaciones profesionales del sector, especialmente las más conservadoras, insistan en lo contrario, no ha funcionado debidamente. Según las asociaciones de mujeres, el problema radica en un simple verbo: si la ley hubiese dicho ‘tendrá que’, en lugar de ‘podrá’, otro gallo hubiese cantado para tantas niñas y tantos niños.

No es un buen padre, pero sí un peligro

El pasado 18 de diciembre de 2019, el Defensor del Pueblo presentó dos recomendaciones ante el Ministerio de Justicia. En la primera, instaba a instaurar la obligación de un pronunciamiento específico acerca de la suspensión cautelar o provisional del régimen de visitas para el inculpado por violencia de género.

En la segunda, de forma complementaria, recomendaba que la existencia de una medida de salida del domicilio, alejamiento o suspensión de las comunicaciones respecto de una mujer víctima de violencia de género haya de ser trasladada de modo inmediato al juzgado responsable del procedimiento de separación o divorcio.

Las recomendaciones llegaban tarde para Itziar Prats y sus hijas, Nerea y Martina. Su padre las asesinó el 25 de septiembre de 2018 porque el juzgado no aplicó las medidas de protección solicitadas por una madre que, desgraciadamente, estaba en lo cierto.

Además, nadie preguntó a las niñas qué querían ni qué pasaba. Este particular, al menos, está recogido en el Proyecto de Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia, que el Gobierno remitió a las Cortes Generales el 9 de junio de 2020. A partir de su aprobación, los menores tendrán derecho a expresarse en todos los expedientes de su interés.

Sin embargo, aquel texto no dejó conformes a las asociaciones de mujeres, ni al Defensor del Pueblo, ni a otros portavoces sociales, ya que no incorporaba la perspectiva de género. Además, no hacía explícita la obligación de actuar frente al peligro que puede suponer un agresor machista también para sus hijas y sus hijos, muchas veces solo por hacer daño a la mujer que les ha abandonado.

Recogiendo el capote, el Ministerio de Justicia comprometió públicamente a recoger las críticas para que el texto deje menos lugar a la interpretación judicial. A la espera de que el compromiso se plasme en el texto definitivo, son muchas las voces que insisten en que leyes como estas no deben utilizar el verbo poder, no deben dejar ninguna puerta abierta al machismo y las violencias.

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Militancia e importancia de las asociaciones de mujeres

En su ya célebre declaración del 6 de abril de 2020, contra la violencia de género, el secretario general de la ONU, António Guterres, dijo: «Hace poco pedí un alto el fuego inmediato a escala global para centrarnos en nuestra lucha común para combatir la pandemia. Hice un llamamiento en favor del fin de la violencia en todas partes, sin dilación. Pero la violencia no se limita al campo de batalla. Para muchas mujeres y niñas, la amenaza es mayor precisamente allí donde deberían estar más seguras. En sus propios hogares. Así que hoy hago un nuevo llamamiento a la paz en los hogares de todo el mundo”.

Guterres también llamó a hacer frente común y a que los gobiernos no se planteasen un plan de recuperación mundial sin tener en cuenta la perspectiva de género, pero tampoco sin dotar de apoyo y de recursos a las organizaciones de mujeres que prestan ayuda a las supervivientes y sus hijas e hijos.

Asociaciones y otras entidades que están a pie de calle, en las trincheras de la lucha sin cuartel de las mujeres contra las violencias machistas. Compañeras que prestan ayuda y organizan recursos, que recaban datos y construyen mensajes para que se escuchen las voces de las mujeres. ¡Gracias a todas!

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Las violencias machistas en datos: los números cantan

El 21,5% de las mujeres mayores de 16 años que residen en España ha sufrido violencia física a lo largo de su vida

El 13,8% ha sufrido violencia sexual

42 hombres han asesinado a su pareja o expareja en lo que llevamos de 2020

Al menos 55 en 2019

Al menos 51 en 2018

Al menos 50 en 2017

Al menos 49 en 2016

Al menos 60 en 2015

Se presentaron 168.057 denuncias por violencia de género en 2019

51.790 sentencias dictadas

36.534 fueron condenas (70,54%)

15.256 fueron absoluciones

El 14,2% de las mujeres han sufrido violencia física y/o sexual dentro de la pareja a lo largo de su vida

El 31,9% ha sufrido violencia psicológica

El 32,4% ha sufrido ambas

Se produjeron 15.338 delitos contra la libertad sexual en 2019 (+11,3% respecto a 2018)

1.878 violaciones (agresiones sexuales con penetración)

13.460 resto de agresiones sexuales 

Se calcula que solo se denuncia el 11,1% de los casos de violencia sexual contra las mujeres

El 99,6% de los agresores sexuales son hombres

2.431 hombres adultos y 323 menores fueron condenados por delito sexual en 2018

El 21,6% de los agresores sexuales eran familiares de la víctima (excluyendo pareja y expareja)

El 49,0% eran amigos o conocidos

El 39,1% eran desconocidos (solo el 18,8% en el caso de las violaciones)

El 12,9% de las agresiones sexuales fuera de la pareja fueron grupales

Al 49,6% de las mujeres que ha sufrido violencia sexual fuera de la pareja le ha ocurrido en más de una ocasión a lo largo de su vida

Fuentes: Macro Encuesta de Violencia contra la Mujer 2019, Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género. / EpData, Base de Datos y Gráficos de Europa Press