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Carmela Gómez de Capeáns, de Malasaña Acompaña
Carmela Gómez de Capeáns, de Malasaña Acompaña. Fotografía de Marta de la Torre

CARMELA GÓMEZ DE CAPEÁNS

Socióloga, voluntaria del grupo de recogida de alimentos de Malasaña Acompaña

Incansable y siempre a bordo de su furgoneta, de nombre Diosita, Carmela fue una de las grandes figuras de la primera época de la red vecinal que surgió en los barrios de Justicia y Universidad durante el confinamiento y es la protagonista de la tercera entrevista de la serie que trata de dejar testimonio de una experiencia irrepetible. Más allá de la pandemia, que obviamente no es cualquier cosa, la vida la ha invitado a hacer frente a demasiados cambios en muy poco tiempo, una realidad que, sumada a una cierta reactivación de su trabajo como socióloga experta en aportar análisis cualitativo a estudios de mercado, la mantiene alejada de Malasaña Acompaña desde el verano. No obstante, su desaparición es solo en cuerpo, no en alma, y en cualquier momento reaparecerá, tal vez con una idea bajo el brazo, como la que tuvo la pasada primavera, que desembocó en una espectacular donación del Grupo Ontex, que entregó 321.000 pañales a los bebés de las familias atendidas por las entidades sociales madrileñas.

POR ALEXA DIÉGUEZ / 20 de noviembre de 2020

Esta entrevista se hizo en dos fases. La primera, el 27 de junio y a bordo de Diosita, la furgoneta de Carmela, el vehículo oficial de Malasaña Acompaña durante los primeros meses de la pandemia. Era sábado por la mañana y los puestos de recogida de donaciones de alimentos y otros productos de primera necesidad de la red vecinal de la que las dos formamos parte estaban instalados en varios mercados y supermercados de la zona.

Quedamos a las 14.30 horas en Tribunal para empezar la segunda ruta del día, en la que Carmela y Diosita cargarían las donaciones de la mañana de algunos de nuestros puestos, que ya habían finalizado el horario de recogida, para trasladarlas al almacén, sede de nuestra despensa solidaria, que en aquel momento estaba instalado en el sótano de Ecologistas en Acción Madrid.

Yo iba en el asiento de atrás, rodeada de cajas de leche y grabadora en mano, Carmela conducía y Marta de la Torre, su pareja y una de las fotógrafas de cabecera de Malasaña Acompaña, grababa la entrevista en vídeo desde el asiento del copiloto. Como era un momento de trabajo, la entrevista discurrió a trompicones, interrumpiéndose cada vez que debíamos parar a cargar la cosecha de la semana de los puestos asignados a su ruta.

La última parte de la conversación empezó en la Corredera Baja de San Pablo. La capacidad de Diosita había llegado al límite, por lo que nos dirigíamos a descargar en Ecologistas. Le pregunté: “¿Qué han supuesto para ti estos meses de aquí para allá en tu furgoneta, qué te llevas de esta experiencia?”. Entonces, después de que los camareros de un bar la saludasen y de que una señora mayor hiciese lo propio al pasar con la bolsa de la compra en la mano, me contestó, no sin antes devolver los saludos:

“Estos meses han sido impresionantes y me han dado precisamente esto. Saber que esa señora se llama Mercedes y que vive en el portal de ahí. Después de ocho años en el barrio, pese a ser una tía muy de calle, muy de ir de aquí para allá; a pesar de tener una filosofía de vida muy volcada en lo social, en conocer, en lo cercano, lo cierto es que no había tenido la oportunidad de ir más allá de mis amistades y entrar en contacto de verdad con las vecinas y los vecinos, con la gente que vive y hace cosas aquí”.

Yo entré en contacto con Malasaña Acompaña a través de un cartel que vi en mi portal el mismo día que regresé con mi hijo a Madrid desde Vigo, donde nos había sorprendido el confinamiento visitando a la familia. ¿Cómo empezaste tú?

Me enteré por Fermín, que además de compañero nuestro es amigo de mi madre. Él está muy metido en el asociacionismo del barrio, forma parte del Comité Organizador de las Fiestas de la Calle Pez, etc. Nos había comentado que se estaba formando un grupo vecinal para proporcionar alimentos a las personas más afectadas por las consecuencias sociales de la pandemia y mi madre quería hacer una donación. Entonces, mi hermano vio por la calle un cartel con el número de cuenta, le sacó una foto y me la mandó.

Como mi economía no me permitía hacer una donación, pero estaba encerrada en casa sin hacer nada, pensé que podría ayudar de otra forma, me metí en la web y se me ocurrió poner mi furgo a disposición del grupo. En un principio, no me contestaron, pero entonces Fermín me llamó porque no lograba conectar con mi madre, se lo conté, me puso en contacto y empecé a colaborar. También me hablaron de la asamblea, que entonces se celebraba los domingos por Zoom. No había usado una plataforma así en mi vida, pero bueno, me metí. Y la verdad es que me sentí muy integrada y muy bien desde el primer momento. Empecé a hablar mucha gente, muchas veces solo por teléfono o por WhatsApp, y todo el mundo me pareció, ya no majo, majísimo. Una maravilla.

 

«En Malasaña Acompaña me he sentido muy integrada y muy bien desde el primer momento. Todo el mundo me pareció, ya no majo, majísimo»

 

En aquel momento todavía no se habían iniciado las recogidas de donaciones de alimentos de los sábados, ni contábamos con el espacio en Ecologistas, desde el que por fin se pudieron organizar los repartos de lotes a las familias.

No, todavía no. De hecho, empezamos a organizar las recogidas Ani, Ana, Teresa, Mar y yo poco después. Conectamos todas mucho desde el principio, fue como un flechazo, y pusimos en marcha el proyecto juntas, al principio solo con tres puntos de recogida y con mi furgoneta para transportar las donaciones al almacén. Unas semanas después, teníamos 12 puntos de recogida y contábamos con tres furgonetas.

Además de la oportunidad de conocer el barrio a nivel profundo, de vivirlo, ¿qué ha supuesto para ti Malasaña Acompaña?

Es una experiencia brutal. Ha sido un momento muy fuerte, en el que muchas personas hemos estado dando todo lo que teníamos, todo lo que podíamos, lo mejor de nosotras mismas. Se me ponen los pelos de punta solo de pensarlo. Ha habido una energía, un buen rollo… ¡Ha sido increíble, con tanta gente moviéndose y tejiendo redes! Tú sabes que nuestras compañeras y compañeros que ya formaban parte de movimientos asociativos y vecinales dicen que no habían visto nunca nada parecido al ambiente que se ha creado en Malasaña Acompaña. Somos personas que no nos conocíamos de nada trabajando juntas, resolviendo problemas juntas y consiguiendo cosas juntas de una forma muy natural, como si lo llevásemos haciendo toda la vida.

Vale, cada acción tiene su reacción y nunca habíamos vivido una pandemia, pero hemos estado ahí y hemos respondido a esta hostia que nos ha dado la vida con un buen revés. Estos meses nos han dejado grandes amistades y una huella tan profunda que, obviamente, todos queremos que Malasaña Acompaña se transforme y se quede de una forma u otra.

Como si el incansable tándem Carmela-Diosita no fuese suficiente, una idea y un contacto tuyos han dado lugar a lo que cariñosamente hemos llamado Gran Pañalada. Yo estaba contigo en el almacén el día que el Grupo Ontex te llamó para decirte que nos donaban la friolera de 321.000 pañales para los bebés de familias vulnerables.

Sí, ha sido impresionante, la verdad. Se me ocurrió hace tiempo, en cuanto vi que muchas de las familias usuarias de nuestro banco de alimentos tienen hijos pequeños, entre ellos muchos bebés. Yo soy socióloga y colaboro habitualmente con Factoría Sapiens, una empresa especializada en estudios de mercado cualitativos, y a finales de 2019 habíamos hecho un trabajo para el Grupo Ontex, por lo que se lo planteé y, aunque tardaron un poco en contestar, me llamaron el día al que te refieres para decirme que sí y que donarían esa cantidad tan enorme, que, como hemos visto, ha llenado tres camiones.

De hecho, no ha sido nada sencillo encontrar un lugar en el que almacenar los pañales y repartirlos entre las más de 60 entidades que participan, muchas de ellas redes vecinales como la nuestra. Ha sido un trabajazo y aprovecho para felicitarte.

¡Muchas gracias! Ha sido mucho trabajo y no ha sido sencillo dar con la forma de hacerlo, pero desde el momento que Natalia Álvarez Simó, directora de Condeduque, nos cedió la Sala Polivalente, la organización ha sido laboriosa y agotadora, pero fluida.

Fotografías de Marta de la Torre

El pasado 25 de junio, a las 7 de la mañana, un enorme camión cargado de pañales hizo entrada en el Centro de Cultura Contemporánea Condeduque, que cedió una de sus salas a Malasaña Acompaña para almacenar la enorme donación del Grupo Ontex y distribuirla entre más de 60 entidades sociales madrileñas, que tenían a más de 5.000 bebés a su cargo en aquel momento.  

La segunda parte de la entrevista fue a principios de noviembre y por teléfono. En septiembre, Carmela y Marta no se reincorporaron al día a día de Malasaña Acompaña. Sabíamos que estaban buscando casa y contábamos con volver a verlas una vez se hubiesen instalado, pero pasaban las semanas y decidí que, para publicar este texto, era necesario saber por qué estaban desaparecidas.

Hace poco he conocido tu proyecto de muebles de madera únicos, de elaboración artesanal y diseñados a la medida de la persona que los encarga. ¿Dedicarle más tiempo tiene la culpa de que no hayas vuelto todavía?

En realidad, no. Llevo desde 2015 con Riotwood, que ya atravesaba una crisis cuando sufrió el parón pandémico. Cuesta mucho salir a flote con iniciativas individuales de estas características, no es fácil hacerlas rentables ni mantener la motivación todo el tiempo, o sea que ahora estoy en un momento en el que tengo que decidir si sigo para adelante o no.

El principal motivo de haya desaparecido por un tiempo es que mi vida personal ha experimentado grandes cambios este año, más allá de lo evidente. Mi padre falleció en diciembre de 2019 y mi madre se vino a vivir a Madrid con mi hermano y conmigo. Ella es una mujer bastante mayor y con bastantes problemas médicos, por lo que necesita atención constante. En un principio, mi hermano y yo íbamos a hacernos corresponsables, pero su vida también ha dado un giro últimamente y no tiene ni tiempo ni espacio para atender a nuestra madre como necesita, por lo que seremos Marta y yo quienes nos ocupemos de ella de forma más o menos permanente.

Hacerse cargo de una persona dependiente es un gran cambio vital. Supone mucho trabajo y mucho esfuerzo. Si lo unes a una mudanza, imagino que tiene que ser demasiado…

Lo que nos ha pasado a nosotras es un buen ejemplo de cómo está afectando la pandemia a la sociedad en su conjunto, y no solo a las personas más desfavorecidas. Nosotras hemos tenido que dejar la casa en la que vivíamos desde hace años porque la familia de nuestra casera tiene menos ingresos que antes y necesita subir el alquiler a un precio más acorde con la zona de Conde Duque. Nosotras estábamos en unas condiciones muy buenas, pagábamos muy poco para un barrio que no es precisamente barato.

Este verano, además, tuvimos que cerrar la casa de mis padres en A Coruña, vaciarla, prepararla y alquilarla. Fue duro. Y, de vuelta a Madrid, nos tocó buscar piso, hacer la mudanza… Han sido demasiadas cosas y demasiados cambios en muy poco tiempo, por eso hemos estado desaparecidas. Ahora estamos empezando a relajarnos y a aclimatarnos. En cuanto podamos organizarnos, volveremos.

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CARMELA GÓMEZ DE CAPEÁNS

Socióloga y voluntaria del grupo de recogida de alimentos de Malasaña Acompaña

“Para mí ha sido brutal ver a tantas personas dar lo que tenían, lo que podían, lo mejor de sí mismas”

POR ALEXA DIÉGUEZ

20 de noviembre. 2020

Incansable y siempre a bordo de su furgoneta, de nombre Diosita, Carmela fue una de las grandes figuras de la primera época de la red vecinal que surgió en los barrios de Justicia y Universidad durante el confinamiento, y es la protagonista de la tercera entrevista de la serie que trata de dejar testimonio de una experiencia irrepetible. Más allá de la pandemia, que obviamente no es cualquier cosa, la vida la ha invitado a hacer frente a demasiados cambios en muy poco tiempo, una realidad que, sumada a una cierta reactivación de su trabajo como socióloga experta en aportar análisis cualitativo a estudios de mercado, la mantiene alejada de Malasaña Acompaña desde finales de junio. No obstante, su desaparición es solo en cuerpo, no en alma, y en cualquier momento reaparecerá, tal vez con una idea bajo el brazo, como la que tuvo la pasada primavera, que terminó en una espectacular donación del Grupo Ontex, que entregó 321.000 pañales a los bebés de las familias atendidas por más de 60 entidades sociales madrileñas.

Esta entrevista se hizo en dos fases. La primera, el 27 de junio y a bordo de Diosita, la furgoneta de Carmela, el vehículo oficial de Malasaña Acompaña durante los primeros meses de la pandemia. Era sábado por la mañana y los puestos de recogida de donaciones de alimentos y otros productos de primera necesidad de la red vecinal de la que las dos formamos parte estaban instalados en varios mercados y supermercados de la zona.

Quedamos a las 14.30 horas en Tribunal para empezar la segunda ruta del día, en la que Carmela y Diosita cargarían las donaciones de la mañana de algunos de nuestros puestos, que ya habían finalizado el horario de recogida, para trasladarlas al almacén, sede de nuestra despensa solidaria, que en aquel momento estaba instalado en el sótano de Ecologistas en Acción Madrid.

Yo iba en el asiento de atrás, rodeada de cajas de leche y grabadora en mano, Carmela conducía y Marta de la Torre, su pareja y una de las fotógrafas de cabecera de Malasaña Acompaña, grababa la entrevista en vídeo desde el asiento del copiloto. Como era un momento de trabajo, la entrevista discurrió a trompicones, interrumpiéndose cada vez que debíamos parar a cargar la cosecha de la semana de los puestos asignados a su ruta.

La última parte de la conversación empezó en la Corredera Baja de San Pablo. La capacidad de Diosita había llegado al límite, por lo que nos dirigíamos a descargar en Ecologistas. Le pregunté: “¿Qué han supuesto para ti estos meses de aquí para allá en tu furgoneta, qué te llevas de esta experiencia?”. Entonces, después de que los camareros de un bar la saludasen y de que una señora mayor hiciese lo propio al pasar con la bolsa de la compra en la mano, me contestó, no sin antes devolver los saludos:

“Estos meses han sido impresionantes y me han dado precisamente esto. Saber que esa señora se llama Mercedes y que vive en el portal de ahí. Después de ocho años en el barrio, pese a ser una tía muy de calle, muy de ir de aquí para allá; a pesar de tener una filosofía de vida muy volcada en lo social, en conocer, en lo cercano, lo cierto es que no había tenido la oportunidad de ir más allá de mis amistades y entrar en contacto de verdad con las vecinas y los vecinos, con la gente que vive y hace cosas aquí”.

 

Yo entré en contacto con Malasaña Acompaña a través de un cartel que vi en mi portal el mismo día que regresé con mi hijo a Madrid desde Vigo, donde nos había sorprendido el confinamiento visitando a la familia. ¿Cómo empezaste tú?

Me enteré por Fermín, que además de compañero nuestro es amigo de mi madre. Él está muy metido en el asociacionismo del barrio, forma parte del Comité Organizador de las Fiestas de la Calle Pez, etc. Nos había comentado que se estaba formando un grupo vecinal para proporcionar alimentos a las personas más afectadas por las consecuencias sociales de la pandemia y mi madre quería hacer una donación. Entonces, mi hermano vio por la calle un cartel con el número de cuenta, le sacó una foto y me la mandó.

Como mi economía no me permitía hacer una donación, pero estaba encerrada en casa sin hacer nada, pensé que podría ayudar de otra forma, me metí en la web y se me ocurrió poner mi furgo a disposición del grupo. En un principio, no me contestaron, pero entonces Fermín me llamó porque no lograba conectar con mi madre, se lo conté, me puso en contacto y empecé a colaborar. También me hablaron de la asamblea, que entonces se celebraba los domingos por Zoom. No había usado una plataforma así en mi vida, pero bueno, me metí. Y la verdad es que me sentí muy integrada y muy bien desde el primer momento. Empecé a hablar mucha gente, muchas veces solo por teléfono o por WhatsApp, y todo el mundo me pareció, ya no majo, majísimo. Una maravilla.

 

«En Malasaña Acompaña me he sentido muy integrada y muy bien desde el primer momento. Todo el mundo me pareció, ya no majo, majísimo»

 

En aquel momento todavía no se habían iniciado las recogidas de donaciones de alimentos de los sábados, ni contábamos con el espacio en Ecologistas, desde el que por fin se pudieron organizar los repartos de lotes a las familias.

No, todavía no. De hecho, empezamos a organizar las recogidas Ani, Ana, Teresa, Mar y yo poco después. Conectamos todas mucho desde el principio, fue como un flechazo, y pusimos en marcha el proyecto juntas, al principio solo con tres puntos de recogida y con mi furgoneta para transportar las donaciones al almacén. Unas semanas después, teníamos 12 puntos de recogida y contábamos con tres furgonetas.

Además de la oportunidad de conocer el barrio a nivel profundo, de vivirlo, ¿qué ha supuesto para ti Malasaña Acompaña?

Es una experiencia brutal. Ha sido un momento muy fuerte, en el que muchas personas hemos estado dando todo lo que teníamos, todo lo que podíamos, lo mejor de nosotras mismas. Se me ponen los pelos de punta solo de pensarlo. Ha habido una energía, un buen rollo… ¡Ha sido increíble, con tanta gente moviéndose y tejiendo redes! Tú sabes que nuestras compañeras y compañeros que ya formaban parte de movimientos asociativos y vecinales dicen que no habían visto nunca nada parecido al ambiente que se ha creado en Malasaña Acompaña. Somos personas que no nos conocíamos de nada trabajando juntas, resolviendo problemas juntas y consiguiendo cosas juntas de una forma muy natural, como si lo llevásemos haciendo toda la vida.

Vale, cada acción tiene su reacción y nunca habíamos vivido una pandemia, pero hemos estado ahí y hemos respondido a esta hostia que nos ha dado la vida con un buen revés. Estos meses nos han dejado grandes amistades y una huella tan profunda que, obviamente, todos queremos que Malasaña Acompaña se transforme y se quede de una forma u otra.

Como si el incansable tándem Carmela-Diosita no fuese suficiente, una idea y un contacto tuyos han dado lugar a lo que cariñosamente hemos llamado Gran Pañalada. Yo estaba contigo en el almacén el día que el Grupo Ontex te llamó para decirte que nos donaban la friolera de 321.000 pañales para los bebés de familias vulnerables de Madrid.

Sí, ha sido impresionante, la verdad. Se me ocurrió hace tiempo, en cuanto vi que muchas de las familias usuarias de nuestro banco de alimentos tienen hijos pequeños, entre ellos muchos bebés. Yo soy socióloga y colaboro habitualmente con Factoría Sapiens, una empresa especializada en estudios de mercado cualitativos, y a finales de 2019 habíamos hecho un trabajo para el Grupo Ontex, por lo que se lo planteé y, aunque tardaron un poco en contestar, me llamaron el día al que te refieres para decirme que sí y que donarían esa cantidad tan enorme, que, como hemos visto, ha llenado tres camiones.

De hecho, no ha sido nada sencillo encontrar un lugar en el que almacenar los pañales y repartirlos entre las más de 60 entidades que participan, muchas de ellas redes vecinales como la nuestra. Ha sido un trabajazo y aprovecho para felicitarte.

¡Muchas gracias! Ha sido mucho trabajo y no ha sido sencillo dar con la forma de hacerlo, pero desde el momento que Natalia Álvarez Simó, directora de Condeduque, nos cedió la Sala Polivalente, la organización ha sido laboriosa y agotadora, pero fluida.

El pasado 25 de junio, a las 7 de la mañana, un enorme camión cargado de pañales hizo entrada en el Centro de Cultura Contemporánea Condeduque, que cedió una de sus salas a Malasaña Acompaña para almacenar la enorme donación del Grupo Ontex y distribuirla entre más de 60 entidades sociales madrileñas, que tenían a más de 5.000 bebés a su cargo en aquel momento.  

La segunda parte de la entrevista fue a principios de noviembre y por teléfono. En septiembre, Carmela y Marta no se reincorporaron al día a día de Malasaña Acompaña. Sabíamos que estaban buscando casa y contábamos con volver a verlas una vez se hubiesen instalado, pero pasaban las semanas y decidí que, para publicar este texto, era necesario saber por qué estaban desaparecidas.

Hace poco he conocido tu proyecto de muebles de madera únicos, de elaboración artesanal y diseñados a la medida de la persona que los encarga. ¿Dedicarle más tiempo tiene la culpa de que no hayas vuelto todavía?

En realidad, no. Llevo desde 2015 con Riotwood, que ya atravesaba una crisis cuando sufrió el parón pandémico. Cuesta mucho salir a flote con iniciativas individuales de estas características, no es fácil hacerlas rentables ni mantener la motivación todo el tiempo, o sea que ahora estoy en un momento en el que tengo que decidir si sigo para adelante o no.

El principal motivo de haya desaparecido por un tiempo es que mi vida personal ha experimentado grandes cambios este año, más allá de lo evidente. Mi padre falleció en diciembre de 2019 y mi madre se vino a vivir a Madrid con mi hermano y conmigo. Ella es una mujer bastante mayor y con bastantes problemas médicos, por lo que necesita atención constante. En un principio, mi hermano y yo íbamos a hacernos corresponsables, pero su vida también ha dado un giro últimamente y no tiene ni tiempo ni espacio para atender a nuestra madre como necesita, por lo que seremos Marta y yo quienes nos ocupemos de ella de forma más o menos permanente.

Hacerse cargo de una persona dependiente es un gran cambio vital. Supone mucho trabajo y mucho esfuerzo. Si lo unes a una mudanza, imagino que tiene que ser demasiado…

Lo que nos ha pasado a nosotras es un buen ejemplo de cómo está afectando la pandemia a la sociedad en su conjunto, y no solo a las personas más desfavorecidas. Nosotras hemos tenido que dejar la casa en la que vivíamos desde hace años porque la familia de nuestra casera tiene menos ingresos que antes y necesita subir el alquiler a un precio más acorde con la zona de Conde Duque. Nosotras estábamos en unas condiciones muy buenas, pagábamos muy poco para un barrio que no es precisamente barato.

Este verano, además, tuvimos que cerrar la casa de mis padres en A Coruña, vaciarla, prepararla y alquilarla. Fue duro. Y, de vuelta a Madrid, nos tocó buscar piso, hacer la mudanza… Han sido demasiadas cosas y demasiados cambios en muy poco tiempo, por eso hemos estado desaparecidas. Ahora estamos empezando a relajarnos y a aclimatarnos. En cuanto podamos organizarnos, volveremos.

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Carmela Gómez de Capeáns, de Malasaña Acompaña / Fotografía de Marta de la Torre.

CARMELA GÓMEZ DE CAPEÁNS

Socióloga y voluntaria del grupo de recogida de alimentos de Malasaña Acompaña

“Para mí ha sido brutal ver a tantas personas dar lo que tenían, lo que podían, lo mejor de sí mismas”

POR ALEXA DIÉGUEZ / 20 de noviembre, 2020

Incansable y siempre a bordo de su furgoneta, de nombre Diosita, Carmela fue una de las grandes figuras de la primera época de la red vecinal que surgió en los barrios de Justicia y Universidad durante el confinamiento, y es la protagonista de la tercera entrevista de la serie que trata de dejar testimonio de una experiencia irrepetible. Más allá de la pandemia, que obviamente no es cualquier cosa, la vida la ha invitado a hacer frente a demasiados cambios en muy poco tiempo, una realidad que, sumada a una cierta reactivación de su trabajo como socióloga experta en aportar análisis cualitativo a estudios de mercado, la mantiene alejada de Malasaña Acompaña desde finales de junio. No obstante, su desaparición es solo en cuerpo, no en alma, y en cualquier momento reaparecerá, tal vez con una idea bajo el brazo, como la que tuvo la pasada primavera, que terminó en una espectacular donación del Grupo Ontex, que entregó 321.000 pañales a los bebés de las familias atendidas por más de 60 entidades sociales madrileñas.

Esta entrevista se hizo en dos fases. La primera, el 27 de junio y a bordo de Diosita, la furgoneta de Carmela, el vehículo oficial de Malasaña Acompaña durante los primeros meses de la pandemia. Era sábado por la mañana y los puestos de recogida de donaciones de alimentos y otros productos de primera necesidad de la red vecinal de la que las dos formamos parte estaban instalados en varios mercados y supermercados de la zona.

Quedamos a las 14.30 horas en Tribunal para empezar la segunda ruta del día, en la que Carmela y Diosita cargarían las donaciones de la mañana de algunos de nuestros puestos, que ya habían finalizado el horario de recogida, para trasladarlas al almacén, sede de nuestra despensa solidaria, que en aquel momento estaba instalado en el sótano de Ecologistas en Acción Madrid.

Yo iba en el asiento de atrás, rodeada de cajas de leche y grabadora en mano, Carmela conducía y Marta de la Torre, su pareja y una de las fotógrafas de cabecera de Malasaña Acompaña, grababa la entrevista en vídeo desde el asiento del copiloto. Como era un momento de trabajo, la entrevista discurrió a trompicones, interrumpiéndose cada vez que debíamos parar a cargar la cosecha de la semana de los puestos asignados a su ruta.

La última parte de la conversación empezó en la Corredera Baja de San Pablo. La capacidad de Diosita había llegado al límite, por lo que nos dirigíamos a descargar en Ecologistas. Le pregunté: “¿Qué han supuesto para ti estos meses de aquí para allá en tu furgoneta, qué te llevas de esta experiencia?”. Entonces, después de que los camareros de un bar la saludasen y de que una señora mayor hiciese lo propio al pasar con la bolsa de la compra en la mano, me contestó, no sin antes devolver los saludos:

“Estos meses han sido impresionantes y me han dado precisamente esto. Saber que esa señora se llama Mercedes y que vive en el portal de ahí. Después de ocho años en el barrio, pese a ser una tía muy de calle, muy de ir de aquí para allá; a pesar de tener una filosofía de vida muy volcada en lo social, en conocer, en lo cercano, lo cierto es que no había tenido la oportunidad de ir más allá de mis amistades y entrar en contacto de verdad con las vecinas y los vecinos, con la gente que vive y hace cosas aquí”.

 

Yo entré en contacto con Malasaña Acompaña a través de un cartel que vi en mi portal el mismo día que regresé con mi hijo a Madrid desde Vigo, donde nos había sorprendido el confinamiento visitando a la familia. ¿Cómo empezaste tú?

Me enteré por Fermín, que además de compañero nuestro es amigo de mi madre. Él está muy metido en el asociacionismo del barrio, forma parte del Comité Organizador de las Fiestas de la Calle Pez, etc. Nos había comentado que se estaba formando un grupo vecinal para proporcionar alimentos a las personas más afectadas por las consecuencias sociales de la pandemia y mi madre quería hacer una donación. Entonces, mi hermano vio por la calle un cartel con el número de cuenta, le sacó una foto y me la mandó.

Como mi economía no me permitía hacer una donación, pero estaba encerrada en casa sin hacer nada, pensé que podría ayudar de otra forma, me metí en la web y se me ocurrió poner mi furgo a disposición del grupo. En un principio, no me contestaron, pero entonces Fermín me llamó porque no lograba conectar con mi madre, se lo conté, me puso en contacto y empecé a colaborar. También me hablaron de la asamblea, que entonces se celebraba los domingos por Zoom. No había usado una plataforma así en mi vida, pero bueno, me metí. Y la verdad es que me sentí muy integrada y muy bien desde el primer momento. Empecé a hablar mucha gente, muchas veces solo por teléfono o por WhatsApp, y todo el mundo me pareció, ya no majo, majísimo. Una maravilla.

 

«En Malasaña Acompaña me he sentido muy integrada y muy bien desde el primer momento. Todo el mundo me pareció, ya no majo, majísimo»

 

En aquel momento todavía no se habían iniciado las recogidas de donaciones de alimentos de los sábados, ni contábamos con el espacio en Ecologistas, desde el que por fin se pudieron organizar los repartos de lotes a las familias.

No, todavía no. De hecho, empezamos a organizar las recogidas Ani, Ana, Teresa, Mar y yo poco después. Conectamos todas mucho desde el principio, fue como un flechazo, y pusimos en marcha el proyecto juntas, al principio solo con tres puntos de recogida y con mi furgoneta para transportar las donaciones al almacén. Unas semanas después, teníamos 12 puntos de recogida y contábamos con tres furgonetas.

Además de la oportunidad de conocer el barrio a nivel profundo, de vivirlo, ¿qué ha supuesto para ti Malasaña Acompaña?

Es una experiencia brutal. Ha sido un momento muy fuerte, en el que muchas personas hemos estado dando todo lo que teníamos, todo lo que podíamos, lo mejor de nosotras mismas. Se me ponen los pelos de punta solo de pensarlo. Ha habido una energía, un buen rollo… ¡Ha sido increíble, con tanta gente moviéndose y tejiendo redes! Tú sabes que nuestras compañeras y compañeros que ya formaban parte de movimientos asociativos y vecinales dicen que no habían visto nunca nada parecido al ambiente que se ha creado en Malasaña Acompaña. Somos personas que no nos conocíamos de nada trabajando juntas, resolviendo problemas juntas y consiguiendo cosas juntas de una forma muy natural, como si lo llevásemos haciendo toda la vida.

Vale, cada acción tiene su reacción y nunca habíamos vivido una pandemia, pero hemos estado ahí y hemos respondido a esta hostia que nos ha dado la vida con un buen revés. Estos meses nos han dejado grandes amistades y una huella tan profunda que, obviamente, todos queremos que Malasaña Acompaña se transforme y se quede de una forma u otra.

Como si el incansable tándem Carmela-Diosita no fuese suficiente, una idea y un contacto tuyos han dado lugar a lo que cariñosamente hemos llamado Gran Pañalada. Yo estaba contigo en el almacén el día que el Grupo Ontex te llamó para decirte que nos donaban la friolera de 321.000 pañales para los bebés de familias vulnerables de Madrid.

Sí, ha sido impresionante, la verdad. Se me ocurrió hace tiempo, en cuanto vi que muchas de las familias usuarias de nuestro banco de alimentos tienen hijos pequeños, entre ellos muchos bebés. Yo soy socióloga y colaboro habitualmente con Factoría Sapiens, una empresa especializada en estudios de mercado cualitativos, y a finales de 2019 habíamos hecho un trabajo para el Grupo Ontex, por lo que se lo planteé y, aunque tardaron un poco en contestar, me llamaron el día al que te refieres para decirme que sí y que donarían esa cantidad tan enorme, que, como hemos visto, ha llenado tres camiones.

De hecho, no ha sido nada sencillo encontrar un lugar en el que almacenar los pañales y repartirlos entre las más de 60 entidades que participan, muchas de ellas redes vecinales como la nuestra. Ha sido un trabajazo y aprovecho para felicitarte.

¡Muchas gracias! Ha sido mucho trabajo y no ha sido sencillo dar con la forma de hacerlo, pero desde el momento que Natalia Álvarez Simó, directora de Condeduque, nos cedió la Sala Polivalente, la organización ha sido laboriosa y agotadora, pero fluida.

El pasado 25 de junio, a las 7 de la mañana, un enorme camión cargado de pañales hizo entrada en el Centro de Cultura Contemporánea Condeduque, que cedió una de sus salas a Malasaña Acompaña para almacenar la enorme donación del Grupo Ontex y distribuirla entre más de 60 entidades sociales madrileñas, que tenían a más de 5.000 bebés a su cargo en aquel momento.  

La segunda parte de la entrevista fue a principios de noviembre y por teléfono. En septiembre, Carmela y Marta no se reincorporaron al día a día de Malasaña Acompaña. Sabíamos que estaban buscando casa y contábamos con volver a verlas una vez se hubiesen instalado, pero pasaban las semanas y decidí que, para publicar este texto, era necesario saber por qué estaban desaparecidas.

Hace poco he conocido tu proyecto de muebles de madera únicos, de elaboración artesanal y diseñados a la medida de la persona que los encarga. ¿Dedicarle más tiempo tiene la culpa de que no hayas vuelto todavía?

En realidad, no. Llevo desde 2015 con Riotwood, que ya atravesaba una crisis cuando sufrió el parón pandémico. Cuesta mucho salir a flote con iniciativas individuales de estas características, no es fácil hacerlas rentables ni mantener la motivación todo el tiempo, o sea que ahora estoy en un momento en el que tengo que decidir si sigo para adelante o no.

El principal motivo de haya desaparecido por un tiempo es que mi vida personal ha experimentado grandes cambios este año, más allá de lo evidente. Mi padre falleció en diciembre de 2019 y mi madre se vino a vivir a Madrid con mi hermano y conmigo. Ella es una mujer bastante mayor y con bastantes problemas médicos, por lo que necesita atención constante. En un principio, mi hermano y yo íbamos a hacernos corresponsables, pero su vida también ha dado un giro últimamente y no tiene ni tiempo ni espacio para atender a nuestra madre como necesita, por lo que seremos Marta y yo quienes nos ocupemos de ella de forma más o menos permanente.

Hacerse cargo de una persona dependiente es un gran cambio vital. Supone mucho trabajo y mucho esfuerzo. Si lo unes a una mudanza, imagino que tiene que ser demasiado…

Lo que nos ha pasado a nosotras es un buen ejemplo de cómo está afectando la pandemia a la sociedad en su conjunto, y no solo a las personas más desfavorecidas. Nosotras hemos tenido que dejar la casa en la que vivíamos desde hace años porque la familia de nuestra casera tiene menos ingresos que antes y necesita subir el alquiler a un precio más acorde con la zona de Conde Duque. Nosotras estábamos en unas condiciones muy buenas, pagábamos muy poco para un barrio que no es precisamente barato.

Este verano, además, tuvimos que cerrar la casa de mis padres en A Coruña, vaciarla, prepararla y alquilarla. Fue duro. Y, de vuelta a Madrid, nos tocó buscar piso, hacer la mudanza… Han sido demasiadas cosas y demasiados cambios en muy poco tiempo, por eso hemos estado desaparecidas. Ahora estamos empezando a relajarnos y a aclimatarnos. En cuanto podamos organizarnos, volveremos.