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El verano es una estación traicionera para las alergias infantiles

El verano es una estación traicionera para las alergias infantiles. Con la llegada del buen tiempo, son más frecuentes los viajes, las excursiones a parajes naturales, los campamentos y las comidas fuera de casa, por lo que se producen más situaciones de riesgo para las niñas y los niños con alergias alimentarias o a picaduras de abejas y avispas.

Al contrario que las respiratorias, más insidiosas pero menos graves, las alergias a alimentos y a himenópteros son susceptibles de provocar un shock anafiláctico, un proceso extremadamente grave y potencialmente mortal, ya que, si no se actúa inmediatamente, puede derivar en colapso cardiocirculatorio.

La anafilaxia es una reacción inmunológica que podríamos calificar de masiva o explosiva, que se produce de forma brusca e intensa cuando el organismo entra en contacto con determinados alérgenos: alimentos –los frutos secos, algunas frutas, leche, huevos, soja, pescado y marisco son los más frecuentes–, picaduras de insectos, medicamentos y látex.

Al final de la primavera y durante el verano las abejas y las avispas están más activas, pero también es el momento en el que las niñas y los niños pasan más tiempo al aire libre en entornos naturales, por lo que son más frecuentes las picaduras.

El cambio en las rutinas tras finalizar el curso escolar puede generar, además, cierta relajación en las medidas de vigilancia recomendadas para quienes sufren alergias alimentarias, pudiendo aparecer situaciones inesperadas o exposiciones no controladas a algunos alimentos.

La improvisación propia de las vacaciones puede ser particularmente peligrosa para las criaturas con alergias graves a alimentos, ya que su sistema inmunológico no tolera siquiera pequeñas trazas del alérgeno o contaminaciones cruzadas, que pueden pasar desapercibidas. Además, haber  experimentado una crisis anafiláctica con anterioridad es el principal factor de riesgo de un segundo proceso de mayor gravedad.

Por todo ello, y con el fin de que las personas alérgicas, en especial las de corta edad, puedan disfrutar de un verano seguro, la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic) ha elaborado un decálogo con algunas pautas a seguir:

>>Cuando vayáis a viajar en transporte público, conviene saber con anterioridad si se servirá un tentempié a bordo. Es aconsejable preguntar a la compañía si es viable evitar el alimento causante de alergia durante el trayecto y asegurarse de que se puede llevar comida propia para el viaje.

>>Si os alojáis en un hotel, aseguraos de que el restaurante y la cafetería disponen de menús libres de alérgenos y que se han establecido medidas de seguridad en la cocina para evitar reacciones cruzadas.

>>No escatiméis en preguntas cuando comáis fuera de casa. Recordad también que es obligatorio en toda la Unión Europea que las cartas especifiquen los ingredientes de los platos o, cuando menos, que señalen debidamente todos los platos que contienen algún alérgeno, especificando cuál.  Además, el personal está obligado a conocer la composición exacta de los platos fuera de carta para informar a la clientela de forma completa y segura. Incluso así, tened en cuenta que las personas con alta sensibilidad a proteínas del pescado y el marisco –tan frecuentes en la hostelería de las costas españolas en verano– pueden sufrir una crisis incluso por inhalación, si la concentración de vapores de cocción de estos alimentos es elevada. Por último, si se tiene alergia al anisakis, se debe comprobar que se han seguido las recomendaciones de congelación previa.

>>Si la niña o el niño acude a un campamento, informaos de las medidas de seguridad. Es importante saber si hay personas responsables de su cumplimiento y si existen protocolos adecuados y experiencia en el manejo de las alergias y en el uso de autoinyectores de adrenalina, el medicamento de rescate fundamental. Asimismo, debéis aportar un informe médico completo y actualizado, además de la medicación para el botiquín de emergencia. También debéis proporcionar a poder ser varios teléfonos de contacto y permanecer atentos por si tuvierais que dar instrucciones telefónicas ante una eventual crisis.

>>Evitad las picaduras de himenópteros, alejándoos de los lugares en los que comprobéis que son abundantes, optando por vestir a la niña o el niño con colores discretos y evitando que use colonias o sprays de olor fuerte que puedan atraer la atención de los insectos.

>>No espantéis ni tratéis de matar a un himenóptero si se posa sobre el cuerpo. Para evitar su picadura se debe mantener la calma, permanecer en el mismo sitio y hacer movimientos lentos hasta que se aleje.

>>Después del picotazo de un himenóptero, retirad su aguijón rápidamente, si se trata de una abeja, pero teniendo cuidado de no presionar sobre el saco de veneno. Un truco que puede servir para lograrlo es raspar la picadura con una tarjeta. Después se debe aplicar frío en la zona, lavar con agua y jabón. Si la persona que ha recibido el picotazo es alérgica, será preciso proceder a la inyección de adrenalina y acudir a urgencias.

>>En los viajes es absolutamente imprescindible llevar la medicación de rescate y en cantidad suficiente. No se debe viajar sin ella en ningún caso. En algunas ocasiones, para llevar adrenalina en transporte público se deberá facilitar un informe explícito.

Cuanta más información tengan las niñas y los niños, mejor podrán protegerse de su alergia. El tiempo es clave frente a un shock anafiláctico. Pedir ayuda inmediatamente puede salvarles la vida

>>Viajad con un informe médico actualizado a mano. Es aconsejable llevar la tarjeta sanitaria y un informe que describa el tipo de alergia o alergias, así como el tratamiento recomendado en caso de reacción adversa. Puede ser útil si se precisase asistencia médica de cualquier tipo, no solamente en urgencias, sino cualquier otra que suponga ingreso hospitalario.

>>Si viajáis al extranjero, es muy útil conocer el nombre de los alimentos a los cuales la persona es alérgica en el idioma del país que se va a visitar. Es aconsejable llevarlos claramente escritos en una tarjeta, que debéis tener siempre a mano para enseñarlos allí donde vayáis a comer. En la Unión Europea es obligatorio informar si el alimento contiene alguno de los 14 alérgenos de declaración obligatoria.

El autocuidado puede marcar la diferencia

Las alergias, junto con el asma y la dermatitis atópica, forman parte de un conjunto de tres procesos patológicos profundamente imbricados y muy a menudo coexistentes, que cursan con respuesta inmunitaria ante determinados estímulos ambientales. Dicho grupo recibe el nombre de atopía, o triada atópica, va en aumento en los países desarrollados y es particularmente común e intensa durante la infancia.

En general, aprender a reconocer los síntomas de su enfermedad crónica, saber qué situaciones pueden desencadenar una crisis para estar en condiciones de prevenirla, en la medida de lo posible, y ser capaz de actuar con rapidez y eficacia cuando esta finalmente se produce es crucial para la salud y la seguridad del paciente. En el caso de las alergias susceptibles de desencadenar anafilaxia o provocar un episodio de asma grave, la información es especialmente crítica, ya que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

En consecuencia, las madres y los padres deben ir educando a las niñas y los niños con alergias severas y asma grave en el autocuidado, siempre en la medida de sus posibilidades, pero partiendo de la base de que las criaturas disponen de muchos más recursos y mayor capacidad de aprendizaje del que a menudo creemos que tienen.

En su página web, la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (Seicap) dispone de un amplio listado de documentos de recomendaciones, que pueden ser de utilidad para madres, padres y cuidadores. Además, involucrar a las niñas y los niños pequeños en el manejo de su alergia, retomando una situación típica del verano, puede empezar por pequeños gestos, como buscar en la carta de un restaurante el símbolo de los alimentos que no puede comer.

Las alergias respiratorias también ‘atacan’ en verano

Afortunadamente, las alergias capaces de desencadenar un shock anafiláctico no son las más frecuentes. Las más habituales son las respiratorias, fundamentalmente al polen, los ácaros del polvo de casa, algunos hongos y el pelo de los animales domésticos. Algunas estadísticas hablan de que uno de cada tres menores tiene alguna alergia respiratoria en España.

En general, el verano no destaca por ser especialmente nocivo para la evolución de estos procesos, aunque con una salvedad: la alergia a los ácaros, que se puede agravar en las zonas de costa, fundamentalmente del norte de España, ya que estos bichitos microscópicos proliferan a temperaturas templadas y por debajo de los 600 metros sobre el nivel del mar.

Por tanto, si nuestra hija o nuestro hijo tienen alergia a los ácaros debemos tener especial cuidado si pasamos las vacaciones en una vivienda que permanezca cerrada durante la mayor parte del año, ya que los alérgenos se van acumulando sobre las superficies textiles: colchones, almohadas, cojines, alfombras, etc.

Además de hacer una buena limpieza general específica contra alérgenos, conviene llevar fundas antiácaros para colchones y almohadas, retirar alfombras, peluches, cojines, tapices y otros elementos decorativos, lavar cortinas, colchas y edredones, y desterrar las mantas que no se puedan lavar con facilidad, como por ejemplo las de lana.

Por último, conviene recordar que las alergias son una reacción del sistema inmune ante estímulos ambientales, por lo que, si aplicamos la lógica, cualquier cambio de ambiente implica un cierto riesgo, ya que puede someter al paciente a estímulos nocivos que no están presentes en su vida normal. Para evitar que la alergia tenga el poder de amargarnos el verano, es necesario llevarse de viaje el tratamiento completo que se le haya prescrito en Alergología, incluso si la niña o el niño no lo necesita habitualmente.

* La imagen que ilustra esta noticia es de Anson Aswat y está disponible en Unsplash.

El verano es una estación traicionera para las alergias infantiles. Con la llegada del buen tiempo, son más frecuentes los viajes, las excursiones a parajes naturales, los campamentos y las comidas fuera de casa, por lo que se producen más situaciones de riesgo para las niñas y los niños con alergias alimentarias o a picaduras de abejas y avispas.

Al contrario que las respiratorias, más insidiosas pero menos graves, las alergias a alimentos y a himenópteros son susceptibles de provocar un shock anafiláctico, un proceso extremadamente grave y potencialmente mortal, ya que, si no se actúa inmediatamente, puede derivar en colapso cardiocirculatorio.

La anafilaxia es una reacción inmunológica que podríamos calificar de masiva o explosiva, que se produce de forma brusca e intensa cuando el organismo entra en contacto con determinados alérgenos: alimentos –los frutos secos, algunas frutas, leche, huevos, soja, pescado y marisco son los más frecuentes–, picaduras de insectos, medicamentos y látex.

Al final de la primavera y durante el verano las abejas y las avispas están más activas, pero también es el momento en el que las niñas y los niños pasan más tiempo al aire libre en entornos naturales, por lo que son más frecuentes las picaduras.

El cambio en las rutinas tras finalizar el curso escolar puede generar, además, cierta relajación en las medidas de vigilancia recomendadas para quienes sufren alergias alimentarias, pudiendo aparecer situaciones inesperadas o exposiciones no controladas a algunos alimentos.

La improvisación propia de las vacaciones puede ser particularmente peligrosa para las criaturas con alergias graves a alimentos, ya que su sistema inmunológico no tolera siquiera pequeñas trazas del alérgeno o contaminaciones cruzadas, que pueden pasar desapercibidas. Además, haber  experimentado una crisis anafiláctica con anterioridad es el principal factor de riesgo de un segundo proceso de mayor gravedad.

Por todo ello, y con el fin de que las personas alérgicas, en especial las de corta edad, puedan disfrutar de un verano seguro, la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic) ha elaborado un decálogo con algunas pautas a seguir:

>>Cuando vayáis a viajar en transporte público, conviene saber con anterioridad si se servirá un tentempié a bordo. Es aconsejable preguntar a la compañía si es viable evitar el alimento causante de alergia durante el trayecto y asegurarse de que se puede llevar comida propia para el viaje.

>>Si os alojáis en un hotel, aseguraos de que el restaurante y la cafetería disponen de menús libres de alérgenos y que se han establecido medidas de seguridad en la cocina para evitar reacciones cruzadas.

>>No escatiméis en preguntas cuando comáis fuera de casa. Recordad también que es obligatorio en toda la Unión Europea que las cartas especifiquen los ingredientes de los platos o, cuando menos, que señalen debidamente todos los platos que contienen algún alérgeno, especificando cuál.  Además, el personal está obligado a conocer la composición exacta de los platos fuera de carta para informar a la clientela de forma completa y segura. Incluso así, tened en cuenta que las personas con alta sensibilidad a proteínas del pescado y el marisco –tan frecuentes en la hostelería de las costas españolas en verano– pueden sufrir una crisis incluso por inhalación, si la concentración de vapores de cocción de estos alimentos es elevada. Por último, si se tiene alergia al anisakis, se debe comprobar que se han seguido las recomendaciones de congelación previa.

>>Si la niña o el niño acude a un campamento, informaos de las medidas de seguridad. Es importante saber si hay personas responsables de su cumplimiento y si existen protocolos adecuados y experiencia en el manejo de las alergias y en el uso de autoinyectores de adrenalina, el medicamento de rescate fundamental. Asimismo, debéis aportar un informe médico completo y actualizado, además de la medicación para el botiquín de emergencia. También debéis proporcionar a poder ser varios teléfonos de contacto y permanecer atentos por si tuvierais que dar instrucciones telefónicas ante una eventual crisis.

>>Evitad las picaduras de himenópteros, alejándoos de los lugares en los que comprobéis que son abundantes, optando por vestir a la niña o el niño con colores discretos y evitando que use colonias o sprays de olor fuerte que puedan atraer la atención de los insectos.

>>No espantéis ni tratéis de matar a un himenóptero si se posa sobre el cuerpo. Para evitar su picadura se debe mantener la calma, permanecer en el mismo sitio y hacer movimientos lentos hasta que se aleje.

>>Después del picotazo de un himenóptero, retirad su aguijón rápidamente, si se trata de una abeja, pero teniendo cuidado de no presionar sobre el saco de veneno. Un truco que puede servir para lograrlo es raspar la picadura con una tarjeta. Después se debe aplicar frío en la zona, lavar con agua y jabón. Si la persona que ha recibido el picotazo es alérgica, será preciso proceder a la inyección de adrenalina y acudir a urgencias.

>>En los viajes es absolutamente imprescindible llevar la medicación de rescate y en cantidad suficiente. No se debe viajar sin ella en ningún caso. En algunas ocasiones, para llevar adrenalina en transporte público se deberá facilitar un informe explícito.

Cuanta más información tengan las niñas y los niños, mejor podrán protegerse de su alergia. El tiempo es clave frente a un shock anafiláctico. Pedir ayuda inmediatamente puede salvarles la vida

>>Viajad con un informe médico actualizado a mano. Es aconsejable llevar la tarjeta sanitaria y un informe que describa el tipo de alergia o alergias, así como el tratamiento recomendado en caso de reacción adversa. Puede ser útil si se precisase asistencia médica de cualquier tipo, no solamente en urgencias, sino cualquier otra que suponga ingreso hospitalario.

>>Si viajáis al extranjero, es muy útil conocer el nombre de los alimentos a los cuales la persona es alérgica en el idioma del país que se va a visitar. Es aconsejable llevarlos claramente escritos en una tarjeta, que debéis tener siempre a mano para enseñarlos allí donde vayáis a comer. En la Unión Europea es obligatorio informar si el alimento contiene alguno de los 14 alérgenos de declaración obligatoria.

El autocuidado puede marcar la diferencia

Las alergias, junto con el asma y la dermatitis atópica, forman parte de un conjunto de tres procesos patológicos profundamente imbricados y muy a menudo coexistentes, que cursan con respuesta inmunitaria ante determinados estímulos ambientales. Dicho grupo recibe el nombre de atopía, o triada atópica, va en aumento en los países desarrollados y es particularmente común e intensa durante la infancia.

En general, aprender a reconocer los síntomas de su enfermedad crónica, saber qué situaciones pueden desencadenar una crisis para estar en condiciones de prevenirla, en la medida de lo posible, y ser capaz de actuar con rapidez y eficacia cuando esta finalmente se produce es crucial para la salud y la seguridad del paciente. En el caso de las alergias susceptibles de desencadenar anafilaxia o provocar un episodio de asma grave, la información es especialmente crítica, ya que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

En consecuencia, las madres y los padres deben ir educando a las niñas y los niños con alergias severas y asma grave en el autocuidado, siempre en la medida de sus posibilidades, pero partiendo de la base de que las criaturas disponen de muchos más recursos y mayor capacidad de aprendizaje del que a menudo creemos que tienen.

En su página web, la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (Seicap) dispone de un amplio listado de documentos de recomendaciones, que pueden ser de utilidad para madres, padres y cuidadores. Además, involucrar a las niñas y los niños pequeños en el manejo de su alergia, retomando una situación típica del verano, puede empezar por pequeños gestos, como buscar en la carta de un restaurante el símbolo de los alimentos que no puede comer.

Las alergias respiratorias también ‘atacan’ en verano

Afortunadamente, las alergias capaces de desencadenar un shock anafiláctico no son las más frecuentes. Las más habituales son las respiratorias, fundamentalmente al polen, los ácaros del polvo de casa, algunos hongos y el pelo de los animales domésticos. Algunas estadísticas hablan de que uno de cada tres menores tiene alguna alergia respiratoria en España.

En general, el verano no destaca por ser especialmente nocivo para la evolución de estos procesos, aunque con una salvedad: la alergia a los ácaros, que se puede agravar en las zonas de costa, fundamentalmente del norte de España, ya que estos bichitos microscópicos proliferan a temperaturas templadas y por debajo de los 600 metros sobre el nivel del mar.

Por tanto, si nuestra hija o nuestro hijo tienen alergia a los ácaros debemos tener especial cuidado si pasamos las vacaciones en una vivienda que permanezca cerrada durante la mayor parte del año, ya que los alérgenos se van acumulando sobre las superficies textiles: colchones, almohadas, cojines, alfombras, etc.

Además de hacer una buena limpieza general específica contra alérgenos, conviene llevar fundas antiácaros para colchones y almohadas, retirar alfombras, peluches, cojines, tapices y otros elementos decorativos, lavar cortinas, colchas y edredones, y desterrar las mantas que no se puedan lavar con facilidad, como por ejemplo las de lana.

Por último, conviene recordar que las alergias son una reacción del sistema inmune ante estímulos ambientales, por lo que, si aplicamos la lógica, cualquier cambio de ambiente implica un cierto riesgo, ya que puede someter al paciente a estímulos nocivos que no están presentes en su vida normal. Para evitar que la alergia tenga el poder de amargarnos el verano, es necesario llevarse de viaje el tratamiento completo que se le haya prescrito en Alergología, incluso si la niña o el niño no lo necesita habitualmente.

* La imagen que ilustra esta noticia es de Anson Aswat y está disponible en Unsplash.

El verano es una estación traicionera para las alergias infantiles. Con la llegada del buen tiempo, son más frecuentes los viajes, las excursiones a parajes naturales, los campamentos y las comidas fuera de casa, por lo que se producen más situaciones de riesgo para las niñas y los niños con alergias alimentarias o a picaduras de abejas y avispas.

Al contrario que las respiratorias, más insidiosas pero menos graves, las alergias a alimentos y a himenópteros son susceptibles de provocar un shock anafiláctico, un proceso extremadamente grave y potencialmente mortal, ya que, si no se actúa inmediatamente, puede derivar en colapso cardiocirculatorio.

La anafilaxia es una reacción inmunológica que podríamos calificar de masiva o explosiva, que se produce de forma brusca e intensa cuando el organismo entra en contacto con determinados alérgenos: alimentos –los frutos secos, algunas frutas, leche, huevos, soja, pescado y marisco son los más frecuentes–, picaduras de insectos, medicamentos y látex.

Al final de la primavera y durante el verano las abejas y las avispas están más activas, pero también es el momento en el que las niñas y los niños pasan más tiempo al aire libre en entornos naturales, por lo que son más frecuentes las picaduras.

El cambio en las rutinas tras finalizar el curso escolar puede generar, además, cierta relajación en las medidas de vigilancia recomendadas para quienes sufren alergias alimentarias, pudiendo aparecer situaciones inesperadas o exposiciones no controladas a algunos alimentos.

La improvisación propia de las vacaciones puede ser particularmente peligrosa para las criaturas con alergias graves a alimentos, ya que su sistema inmunológico no tolera siquiera pequeñas trazas del alérgeno o contaminaciones cruzadas, que pueden pasar desapercibidas. Además, haber  experimentado una crisis anafiláctica con anterioridad es el principal factor de riesgo de un segundo proceso de mayor gravedad.

Por todo ello, y con el fin de que las personas alérgicas, en especial las de corta edad, puedan disfrutar de un verano seguro, la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic) ha elaborado un decálogo con algunas pautas a seguir:

>>Cuando vayáis a viajar en transporte público, conviene saber con anterioridad si se servirá un tentempié a bordo. Es aconsejable preguntar a la compañía si es viable evitar el alimento causante de alergia durante el trayecto y asegurarse de que se puede llevar comida propia para el viaje.

>>Si os alojáis en un hotel, aseguraos de que el restaurante y la cafetería disponen de menús libres de alérgenos y que se han establecido medidas de seguridad en la cocina para evitar reacciones cruzadas.

>>No escatiméis en preguntas cuando comáis fuera de casa. Recordad también que es obligatorio en toda la Unión Europea que las cartas especifiquen los ingredientes de los platos o, cuando menos, que señalen debidamente todos los platos que contienen algún alérgeno, especificando cuál.  Además, el personal está obligado a conocer la composición exacta de los platos fuera de carta para informar a la clientela de forma completa y segura. Incluso así, tened en cuenta que las personas con alta sensibilidad a proteínas del pescado y el marisco –tan frecuentes en la hostelería de las costas españolas en verano– pueden sufrir una crisis incluso por inhalación, si la concentración de vapores de cocción de estos alimentos es elevada. Por último, si se tiene alergia al anisakis, se debe comprobar que se han seguido las recomendaciones de congelación previa.

>>Si la niña o el niño acude a un campamento, informaos de las medidas de seguridad. Es importante saber si hay personas responsables de su cumplimiento y si existen protocolos adecuados y experiencia en el manejo de las alergias y en el uso de autoinyectores de adrenalina, el medicamento de rescate fundamental. Asimismo, debéis aportar un informe médico completo y actualizado, además de la medicación para el botiquín de emergencia. También debéis proporcionar a poder ser varios teléfonos de contacto y permanecer atentos por si tuvierais que dar instrucciones telefónicas ante una eventual crisis.

>>Evitad las picaduras de himenópteros, alejándoos de los lugares en los que comprobéis que son abundantes, optando por vestir a la niña o el niño con colores discretos y evitando que use colonias o sprays de olor fuerte que puedan atraer la atención de los insectos.

>>No espantéis ni tratéis de matar a un himenóptero si se posa sobre el cuerpo. Para evitar su picadura se debe mantener la calma, permanecer en el mismo sitio y hacer movimientos lentos hasta que se aleje.

>>Después del picotazo de un himenóptero, retirad su aguijón rápidamente, si se trata de una abeja, pero teniendo cuidado de no presionar sobre el saco de veneno. Un truco que puede servir para lograrlo es raspar la picadura con una tarjeta. Después se debe aplicar frío en la zona, lavar con agua y jabón. Si la persona que ha recibido el picotazo es alérgica, será preciso proceder a la inyección de adrenalina y acudir a urgencias.

>>En los viajes es absolutamente imprescindible llevar la medicación de rescate y en cantidad suficiente. No se debe viajar sin ella en ningún caso. En algunas ocasiones, para llevar adrenalina en transporte público se deberá facilitar un informe explícito.

Cuanta más información tengan las niñas y los niños, mejor podrán protegerse de su alergia. El tiempo es clave frente a un shock anafiláctico. Pedir ayuda inmediatamente puede salvarles la vida

>>Viajad con un informe médico actualizado a mano. Es aconsejable llevar la tarjeta sanitaria y un informe que describa el tipo de alergia o alergias, así como el tratamiento recomendado en caso de reacción adversa. Puede ser útil si se precisase asistencia médica de cualquier tipo, no solamente en urgencias, sino cualquier otra que suponga ingreso hospitalario.

>>Si viajáis al extranjero, es muy útil conocer el nombre de los alimentos a los cuales la persona es alérgica en el idioma del país que se va a visitar. Es aconsejable llevarlos claramente escritos en una tarjeta, que debéis tener siempre a mano para enseñarlos allí donde vayáis a comer. En la Unión Europea es obligatorio informar si el alimento contiene alguno de los 14 alérgenos de declaración obligatoria.

El autocuidado puede marcar la diferencia

Las alergias, junto con el asma y la dermatitis atópica, forman parte de un conjunto de tres procesos patológicos profundamente imbricados y muy a menudo coexistentes, que cursan con respuesta inmunitaria ante determinados estímulos ambientales. Dicho grupo recibe el nombre de atopía, o triada atópica, va en aumento en los países desarrollados y es particularmente común e intensa durante la infancia.

En general, aprender a reconocer los síntomas de su enfermedad crónica, saber qué situaciones pueden desencadenar una crisis para estar en condiciones de prevenirla, en la medida de lo posible, y ser capaz de actuar con rapidez y eficacia cuando esta finalmente se produce es crucial para la salud y la seguridad del paciente. En el caso de las alergias susceptibles de desencadenar anafilaxia o provocar un episodio de asma grave, la información es especialmente crítica, ya que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

En consecuencia, las madres y los padres deben ir educando a las niñas y los niños con alergias severas y asma grave en el autocuidado, siempre en la medida de sus posibilidades, pero partiendo de la base de que las criaturas disponen de muchos más recursos y mayor capacidad de aprendizaje del que a menudo creemos que tienen.

En su página web, la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (Seicap) dispone de un amplio listado de documentos de recomendaciones, que pueden ser de utilidad para madres, padres y cuidadores. Además, involucrar a las niñas y los niños pequeños en el manejo de su alergia, retomando una situación típica del verano, puede empezar por pequeños gestos, como buscar en la carta de un restaurante el símbolo de los alimentos que no puede comer.

Las alergias respiratorias también ‘atacan’ en verano

Afortunadamente, las alergias capaces de desencadenar un shock anafiláctico no son las más frecuentes. Las más habituales son las respiratorias, fundamentalmente al polen, los ácaros del polvo de casa, algunos hongos y el pelo de los animales domésticos. Algunas estadísticas hablan de que uno de cada tres menores tiene alguna alergia respiratoria en España.

En general, el verano no destaca por ser especialmente nocivo para la evolución de estos procesos, aunque con una salvedad: la alergia a los ácaros, que se puede agravar en las zonas de costa, fundamentalmente del norte de España, ya que estos bichitos microscópicos proliferan a temperaturas templadas y por debajo de los 600 metros sobre el nivel del mar.

Por tanto, si nuestra hija o nuestro hijo tienen alergia a los ácaros debemos tener especial cuidado si pasamos las vacaciones en una vivienda que permanezca cerrada durante la mayor parte del año, ya que los alérgenos se van acumulando sobre las superficies textiles: colchones, almohadas, cojines, alfombras, etc.

Además de hacer una buena limpieza general específica contra alérgenos, conviene llevar fundas antiácaros para colchones y almohadas, retirar alfombras, peluches, cojines, tapices y otros elementos decorativos, lavar cortinas, colchas y edredones, y desterrar las mantas que no se puedan lavar con facilidad, como por ejemplo las de lana.

Por último, conviene recordar que las alergias son una reacción del sistema inmune ante estímulos ambientales, por lo que, si aplicamos la lógica, cualquier cambio de ambiente implica un cierto riesgo, ya que puede someter al paciente a estímulos nocivos que no están presentes en su vida normal. Para evitar que la alergia tenga el poder de amargarnos el verano, es necesario llevarse de viaje el tratamiento completo que se le haya prescrito en Alergología, incluso si la niña o el niño no lo necesita habitualmente.

* La imagen que ilustra esta noticia es de Anson Aswat y está disponible en Unsplash.