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El VPH también es cosa de hombres

El VPH también es cosa de hombres. Erradicar este virus, el virus del papiloma humano, debe ser contemplado como una responsabilidad compartida entre todas y todos. Sin embargo, nos han contado que se trata de una infección ginecológica y, como consecuencia, hemos entendido que es un problema de mujeres. Ahora, con la lógica y la evidencia en la mano, toca reconstruir el mensaje para transmitir a la población que es posible acabar con esta enfermedad de transmisión sexual (ETS), pero para lograrlo es imprescindible vacunar tanto a las niñas como a los niños.

“Es el momento de dar un paso adelante para que el peso de la prevención del VPH no recaiga solo en las mujeres, pues una estrategia integral y apropiada debe incluir a los hombres. El virus del papiloma humano nos afecta a todos, independientemente del sexo”, señaló el doctor Jesús de la Fuente, jefe de sección de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario Infanta Leonor de Madrid, en la presentación de la campaña desarrollada por la farmacéutica MSD con motivo del Día Internacional de la Lucha contra el Virus del Papiloma Humano, que se celebra el 4 de marzo desde 2018, a iniciativa de la Sociedad Internacional del Papilomavirus (IPVS, por sus siglas en inglés).

MSD comercializa dos de las tres vacunas frente al VPH disponibles actualmente. La más reciente protege frente a nueve de las más de 40 variantes del virus, entre ellas las más agresivas y frecuentes de las denominadas oncogénicas, o capaces de degenerar en cáncer, y otras menos peligrosas, pero causantes de verrugas genitales tanto en hombres como en mujeres.

La inmunización frente al VPH está incluida en el calendario de vacunación infantil en España para niñas y adolescentes menores de 18 años, aunque lo habitual es vacunarlas a los 12 años. Desde finales de 2018, algunas comunidades autónomas han incluido a hombres que practican sexo con otros hombres, personas prostituidas de ambos sexos y personas con VIH, en los tres casos hasta los 26 años.

Como se puede observar, se ha optado por proteger a determinados grupos de riesgo, en lugar de atajar la propagación del virus, algo que solo se lograría vacunando a ambos sexos lo antes posible, es decir, preferentemente en la pubertad, pero sin imponer límites de edad arbitrarios. Ambos sexos son vectores en la transmisión del virus, por lo que la lógica más básica avala la vacunación universal, máxime cuando inmunizar frente al VPH a toda la población supondría acabar con el 5% del total de los tumores que se diagnostican anualmente en el mundo. Una vez más, la prevención del cáncer es un asunto público y, en lo referente al VPH, también es cosa de hombres.

La ETS más común

Entre el 70 y el 80% de las personas sexualmente activas se contagia a lo largo de su vida. Por tanto, el VPH es la ETS más frecuente, en parte porque la principal herramienta profiláctica disponible, el preservativo, no es tan eficaz como frente a otras infecciones, ya que no protege partes del cuerpo que pueden estar afectadas por el papilomavirus.

Afortunadamente, el sistema inmunitario elimina la infección de forma natural en un plazo inferior a dos años la mayor parte de las veces, pero no siempre es así: el virus persiste en al menos el 10% de los casos. Si quien tiene una infección persistente es una mujer, con el tiempo puede desarrollar lesiones precancerosas en el cuello del útero y, finalmente, si no reciben tratamiento, las lesiones evolucionan hasta llegar al cáncer de cérvix. Un tumor que, si se trata a tiempo, tiene muy buen pronóstico.

La relación causa-efecto del VPH y el cáncer de cuello de útero supera la del tabaco y el cáncer de pulmón, ya que ahora se sabe que el virus está tras prácticamente el 100% –el 100% absoluto no existe en medicina– de estas neoplasias ginecológicas. De ahí que el mensaje que nos transmitieron al hablarnos por vez primera de este microbio se centrase en su prevención, puesto que todavía representa el 10% de los tumores diagnosticados a las mujeres en el mundo. Es más, es el segundo tipo de cáncer más frecuente en las mujeres entre los 15 y los 44 años, tras el de mama.

Este porcentaje es menor en los países desarrollados, principalmente porque existe un cribado, las citologías periódicas, que permite detectar el VPH en fases tempranas. Cuando ya hay lesiones precancerosas, existen tratamientos capaces de revertirlas en al menos tres de cada cuatro casos. Incluso si se produce un diagnóstico de cáncer de cuello de útero en fases tempranas, se puede tratar con cirugía mínimamente invasiva y ambulatoria. Por tanto, el cribado, o prevención secundaria, salva vidas. Pese a todo, en 2018, último año del que hay cifras oficiales, 638 mujeres fallecieron en España a causa de uno de estos tumores malignos

Sin embargo, el VPH puede ser el origen de otros tipos de cáncer: de vulva, vagina, pene, ano, recto y orofaríngeo. Este último grupo comprende tumores de las amígdalas y la parte posterior de la boca y la garganta. La Red Española de Registros de Cáncer (Redecan) estima que hubo cerca de 2.000 nuevos diagnósticos de cáncer de cérvix en 2020, como recoge la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) en su informe Las cifras del cáncer en España 2020. En el mismo periodo, se diagnosticaron en torno a 8.600 casos de cáncer orofaríngeo.

Si se calcula que el papilomavirus está tras el 25% de los tumores de faringe y cavidad bucal, se comprenden dos cosas: que prevenir el virus trasciende la idea de acabar con el cáncer de cuello de útero y que debe contemplar tanto a hombres como a mujeres. Para erradicar el VPH, es necesaria una responsabilidad compartida entre ambos sexos.

Lo cortés no quita lo valiente

“Una adecuada integración entre prevención primaria basada en la inmunización frente al VPH y prevención secundaria basada en el cribado, es sin duda la mejor estrategia para conseguir la eliminación de este cáncer a nivel mundial como ya ha anunciado recientemente la OMS”, explica la doctora Mar Ramírez, especialista en Ginecología y Obstetricia de la Unidad de Ginecología Oncológica y Patología del Tracto Genital Inferior del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Efectivamente, la Organización Mundial de la Salud publicó la Estrategia mundial para acelerar la eliminación del cáncer de cuello uterino el 17 de noviembre de 2020. Por primera vez en la historia, es posible erradicar un tipo de cáncer. Para lograrlo, la OMS ha propuesto tres objetivos de cara a 2030: que el 90% de las niñas del mundo hayan sido vacunadas antes de los 15 años, con pauta completa, es decir, con las dos dosis de vacuna recomendadas; que el 70% de las mujeres sean examinadas mediante una prueba de alta precisión, equivalente o superior a la del VPH, antes de los 35 años y una vez más antes de los 45; y que el 90% de las mujeres con lesiones precancerosas y con cánceres invasivos tengan acceso a un tratamiento, un control y un seguimiento adecuados.

Por tanto, afirmar que el VPH también es cosa de hombres no debe estar reñido con trabajar de forma efectiva para erradicar un cáncer evitable casi en el 100% de los casos. Queda mucho camino por recorrer, sin embargo, ya que las vacunas solo se han introducido en el 55% de los estados y, dentro de estos, la cobertura vacunal no supera el 54% en todo el mundo.

La situación es mejor en España y los países de nuestro entorno, pero no está todo hecho, como explica Federico Martinón, doctor en Pediatría e investigador clínico y jefe del Servicio de Pediatría del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela (CHUS). «La cobertura vacunal es muy buena, pero al menos una de cada diez niñas no se vacuna en España y, mientras el 89% recibe la primera dosis, la segunda solo llega al 79%. Además, tenemos que recuperar a las jóvenes y las mujeres que no se vacunaron cuando les correspondía, ya sea por desconocimiento o debido a los bulos que circularon sobre la vacuna durante los primeros años».

Por equidad, para todas y todos a cualquier edad

”Mejorar el conocimiento sobre el VPH entre los jóvenes es crítico para que tomen conciencia sobre el alto riesgo de infección y las posibles consecuencias. Para ello, debemos desarrollar campañas en su propio lenguaje, pero basadas en evidencias científicas. Así, poco a poco, iremos desplazando la información pseudocientífica que circula por las redes sociales, una de sus principales fuentes de información”, explica Jesús de la Fuente. 

Los tres especialistas participantes en la convocatoria de MSD coinciden, además, al señalar otro de los grandes obstáculos con que se encuentra la inmunización frente al VPH, que es la limitación de la edad en la que se prescribe la vacuna, que es beneficiosa a cualquier edad, incluso para las personas que ya han sido intervenidas de lesiones precancerosas o de cáncer, que reducen muy significativamente el riesgo de reinfección.

«A cualquier edad, recibir la vacuna es ganar en salud –sostiene Mar Ramírez–. Por eso sería muy importante no solo vacunar a ambos sexos y vacunar a grupos de riesgo, sino también implementar programas de recaptación de hombres y mujeres que no se hayan inmunizado, lo que debería estar acompañado por financiar la vacuna para todas y para todos hasta por lo menos los 26 años. En Australia lo han hecho y cuentan con haber erradicado el cáncer de cuello de útero antes de 2030″.

Para terminar, el doctor Federico Martinón señala un último matiz de esta historia: «El VPH no es responsabilidad exclusiva de las mujeres, que no tienen por qué cargar con ese peso ellas solas. Pero, si lo vemos desde otro ángulo, también tenemos que proteger a los hombres para cumplir con el principio de equidad».

El VPH también es cosa de hombres. Erradicar este virus, el virus del papiloma humano, debe ser contemplado como una responsabilidad compartida entre todas y todos. Sin embargo, nos han contado que se trata de una infección ginecológica y, como consecuencia, hemos entendido que es un problema de mujeres. Ahora, con la lógica y la evidencia en la mano, toca reconstruir el mensaje para transmitir a la población que es posible acabar con esta enfermedad de transmisión sexual (ETS), pero para lograrlo es imprescindible vacunar tanto a las niñas como a los niños.

“Es el momento de dar un paso adelante para que el peso de la prevención del VPH no recaiga solo en las mujeres, pues una estrategia integral y apropiada debe incluir a los hombres. El virus del papiloma humano nos afecta a todos, independientemente del sexo”, señaló el doctor Jesús de la Fuente, jefe de sección de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario Infanta Leonor de Madrid, en la presentación de la campaña desarrollada por la farmacéutica MSD con motivo del Día Internacional de la Lucha contra el Virus del Papiloma Humano, que se celebra el 4 de marzo desde 2018, a iniciativa de la Sociedad Internacional del Papilomavirus (IPVS, por sus siglas en inglés).

MSD comercializa dos de las tres vacunas frente al VPH disponibles actualmente. La más reciente protege frente a nueve de las más de 40 variantes del virus, entre ellas las más agresivas y frecuentes de las denominadas oncogénicas, o capaces de degenerar en cáncer, y otras menos peligrosas, pero causantes de verrugas genitales tanto en hombres como en mujeres.

La inmunización frente al VPH está incluida en el calendario de vacunación infantil en España para niñas y adolescentes menores de 18 años, aunque lo habitual es vacunarlas a los 12 años. Desde finales de 2018, algunas comunidades autónomas han incluido a hombres que practican sexo con otros hombres, personas prostituidas de ambos sexos y personas con VIH, en los tres casos hasta los 26 años.

Como se puede observar, se ha optado por proteger a determinados grupos de riesgo, en lugar de atajar la propagación del virus, algo que solo se lograría vacunando a ambos sexos lo antes posible, es decir, preferentemente en la pubertad, pero sin imponer límites de edad arbitrarios. Ambos sexos son vectores en la transmisión del virus, por lo que la lógica más básica avala la vacunación universal, máxime cuando inmunizar frente al VPH a toda la población supondría acabar con el 5% del total de los tumores que se diagnostican anualmente en el mundo. Una vez más, la prevención del cáncer es un asunto público y, en lo referente al VPH, también es cosa de hombres.

La ETS más común

Entre el 70 y el 80% de las personas sexualmente activas se contagia a lo largo de su vida. Por tanto, el VPH es la ETS más frecuente, en parte porque la principal herramienta profiláctica disponible, el preservativo, no es tan eficaz como frente a otras infecciones, ya que no protege partes del cuerpo que pueden estar afectadas por el papilomavirus.

Afortunadamente, el sistema inmunitario elimina la infección de forma natural en un plazo inferior a dos años la mayor parte de las veces, pero no siempre es así: el virus persiste en al menos el 10% de los casos. Si quien tiene una infección persistente es una mujer, con el tiempo puede desarrollar lesiones precancerosas en el cuello del útero y, finalmente, si no reciben tratamiento, las lesiones evolucionan hasta llegar al cáncer de cérvix. Un tumor que, si se trata a tiempo, tiene muy buen pronóstico.

La relación causa-efecto del VPH y el cáncer de cuello de útero supera la del tabaco y el cáncer de pulmón, ya que ahora se sabe que el virus está tras prácticamente el 100% –el 100% absoluto no existe en medicina– de estas neoplasias ginecológicas. De ahí que el mensaje que nos transmitieron al hablarnos por vez primera de este microbio se centrase en su prevención, puesto que todavía representa el 10% de los tumores diagnosticados a las mujeres en el mundo. Es más, es el segundo tipo de cáncer más frecuente en las mujeres entre los 15 y los 44 años, tras el de mama.

Este porcentaje es menor en los países desarrollados, principalmente porque existe un cribado, las citologías periódicas, que permite detectar el VPH en fases tempranas. Cuando ya hay lesiones precancerosas, existen tratamientos capaces de revertirlas en al menos tres de cada cuatro casos. Incluso si se produce un diagnóstico de cáncer de cuello de útero en fases tempranas, se puede tratar con cirugía mínimamente invasiva y ambulatoria. Por tanto, el cribado, o prevención secundaria, salva vidas. Pese a todo, en 2018, último año del que hay cifras oficiales, 638 mujeres fallecieron en España a causa de uno de estos tumores malignos

Sin embargo, el VPH puede ser el origen de otros tipos de cáncer: de vulva, vagina, pene, ano, recto y orofaríngeo. Este último grupo comprende tumores de las amígdalas y la parte posterior de la boca y la garganta. La Red Española de Registros de Cáncer (Redecan) estima que hubo cerca de 2.000 nuevos diagnósticos de cáncer de cérvix en 2020, como recoge la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) en su informe Las cifras del cáncer en España 2020. En el mismo periodo, se diagnosticaron en torno a 8.600 casos de cáncer orofaríngeo.

Si se calcula que el papilomavirus está tras el 25% de los tumores de faringe y cavidad bucal, se comprenden dos cosas: que prevenir el virus trasciende la idea de acabar con el cáncer de cuello de útero y que debe contemplar tanto a hombres como a mujeres. Para erradicar el VPH, es necesaria una responsabilidad compartida entre ambos sexos.

Lo cortés no quita lo valiente

“Una adecuada integración entre prevención primaria basada en la inmunización frente al VPH y prevención secundaria basada en el cribado, es sin duda la mejor estrategia para conseguir la eliminación de este cáncer a nivel mundial como ya ha anunciado recientemente la OMS”, explica la doctora Mar Ramírez, especialista en Ginecología y Obstetricia de la Unidad de Ginecología Oncológica y Patología del Tracto Genital Inferior del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Efectivamente, la Organización Mundial de la Salud publicó la Estrategia mundial para acelerar la eliminación del cáncer de cuello uterino el 17 de noviembre de 2020. Por primera vez en la historia, es posible erradicar un tipo de cáncer. Para lograrlo, la OMS ha propuesto tres objetivos de cara a 2030: que el 90% de las niñas del mundo hayan sido vacunadas antes de los 15 años, con pauta completa, es decir, con las dos dosis de vacuna recomendadas; que el 70% de las mujeres sean examinadas mediante una prueba de alta precisión, equivalente o superior a la del VPH, antes de los 35 años y una vez más antes de los 45; y que el 90% de las mujeres con lesiones precancerosas y con cánceres invasivos tengan acceso a un tratamiento, un control y un seguimiento adecuados.

Por tanto, afirmar que el VPH también es cosa de hombres no debe estar reñido con trabajar de forma efectiva para erradicar un cáncer evitable casi en el 100% de los casos. Queda mucho camino por recorrer, sin embargo, ya que las vacunas solo se han introducido en el 55% de los estados y, dentro de estos, la cobertura vacunal no supera el 54% en todo el mundo.

La situación es mejor en España y los países de nuestro entorno, pero no está todo hecho, como explica Federico Martinón, doctor en Pediatría e investigador clínico y jefe del Servicio de Pediatría del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela (CHUS). «La cobertura vacunal es muy buena, pero al menos una de cada diez niñas no se vacuna en España y, mientras el 89% recibe la primera dosis, la segunda solo llega al 79%. Además, tenemos que recuperar a las jóvenes y las mujeres que no se vacunaron cuando les correspondía, ya sea por desconocimiento o debido a los bulos que circularon sobre la vacuna durante los primeros años».

Por equidad, para todas y todos a cualquier edad

”Mejorar el conocimiento sobre el VPH entre los jóvenes es crítico para que tomen conciencia sobre el alto riesgo de infección y las posibles consecuencias. Para ello, debemos desarrollar campañas en su propio lenguaje, pero basadas en evidencias científicas. Así, poco a poco, iremos desplazando la información pseudocientífica que circula por las redes sociales, una de sus principales fuentes de información”, explica Jesús de la Fuente. 

Los tres especialistas participantes en la convocatoria de MSD coinciden, además, al señalar otro de los grandes obstáculos con que se encuentra la inmunización frente al VPH, que es la limitación de la edad en la que se prescribe la vacuna, que es beneficiosa a cualquier edad, incluso para las personas que ya han sido intervenidas de lesiones precancerosas o de cáncer, que reducen muy significativamente el riesgo de reinfección.

«A cualquier edad, recibir la vacuna es ganar en salud –sostiene Mar Ramírez–. Por eso sería muy importante no solo vacunar a ambos sexos y vacunar a grupos de riesgo, sino también implementar programas de recaptación de hombres y mujeres que no se hayan inmunizado, lo que debería estar acompañado por financiar la vacuna para todas y para todos hasta por lo menos los 26 años. En Australia lo han hecho y cuentan con haber erradicado el cáncer de cuello de útero antes de 2030″.

Para terminar, el doctor Federico Martinón señala un último matiz de esta historia: «El VPH no es responsabilidad exclusiva de las mujeres, que no tienen por qué cargar con ese peso ellas solas. Pero, si lo vemos desde otro ángulo, también tenemos que proteger a los hombres para cumplir con el principio de equidad».

El VPH también es cosa de hombres. Erradicar este virus, el virus del papiloma humano, debe ser contemplado como una responsabilidad compartida entre todas y todos. Sin embargo, nos han contado que se trata de una infección ginecológica y, como consecuencia, hemos entendido que es un problema de mujeres. Ahora, con la lógica y la evidencia en la mano, toca reconstruir el mensaje para transmitir a la población que es posible acabar con esta enfermedad de transmisión sexual (ETS), pero para lograrlo es imprescindible vacunar tanto a las niñas como a los niños.

“Es el momento de dar un paso adelante para que el peso de la prevención del VPH no recaiga solo en las mujeres, pues una estrategia integral y apropiada debe incluir a los hombres. El virus del papiloma humano nos afecta a todos, independientemente del sexo”, señaló el doctor Jesús de la Fuente, jefe de sección de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario Infanta Leonor de Madrid, en la presentación de la campaña desarrollada por la farmacéutica MSD con motivo del Día Internacional de la Lucha contra el Virus del Papiloma Humano, que se celebra el 4 de marzo desde 2018, a iniciativa de la Sociedad Internacional del Papilomavirus (IPVS, por sus siglas en inglés).

MSD comercializa dos de las tres vacunas frente al VPH disponibles actualmente. La más reciente protege frente a nueve de las más de 40 variantes del virus, entre ellas las más agresivas y frecuentes de las denominadas oncogénicas, o capaces de degenerar en cáncer, y otras menos peligrosas, pero causantes de verrugas genitales tanto en hombres como en mujeres.

La inmunización frente al VPH está incluida en el calendario de vacunación infantil en España para niñas y adolescentes menores de 18 años, aunque lo habitual es vacunarlas a los 12 años. Desde finales de 2018, algunas comunidades autónomas han incluido a hombres que practican sexo con otros hombres, personas prostituidas de ambos sexos y personas con VIH, en los tres casos hasta los 26 años.

Como se puede observar, se ha optado por proteger a determinados grupos de riesgo, en lugar de atajar la propagación del virus, algo que solo se lograría vacunando a ambos sexos lo antes posible, es decir, preferentemente en la pubertad, pero sin imponer límites de edad arbitrarios. Ambos sexos son vectores en la transmisión del virus, por lo que la lógica más básica avala la vacunación universal, máxime cuando inmunizar frente al VPH a toda la población supondría acabar con el 5% del total de los tumores que se diagnostican anualmente en el mundo. Una vez más, la prevención del cáncer es un asunto público y, en lo referente al VPH, también es cosa de hombres.

La ETS más común

Entre el 70 y el 80% de las personas sexualmente activas se contagia a lo largo de su vida. Por tanto, el VPH es la ETS más frecuente, en parte porque la principal herramienta profiláctica disponible, el preservativo, no es tan eficaz como frente a otras infecciones, ya que no protege partes del cuerpo que pueden estar afectadas por el papilomavirus.

Afortunadamente, el sistema inmunitario elimina la infección de forma natural en un plazo inferior a dos años la mayor parte de las veces, pero no siempre es así: el virus persiste en al menos el 10% de los casos. Si quien tiene una infección persistente es una mujer, con el tiempo puede desarrollar lesiones precancerosas en el cuello del útero y, finalmente, si no reciben tratamiento, las lesiones evolucionan hasta llegar al cáncer de cérvix. Un tumor que, si se trata a tiempo, tiene muy buen pronóstico.

La relación causa-efecto del VPH y el cáncer de cuello de útero supera la del tabaco y el cáncer de pulmón, ya que ahora se sabe que el virus está tras prácticamente el 100% –el 100% absoluto no existe en medicina– de estas neoplasias ginecológicas. De ahí que el mensaje que nos transmitieron al hablarnos por vez primera de este microbio se centrase en su prevención, puesto que todavía representa el 10% de los tumores diagnosticados a las mujeres en el mundo. Es más, es el segundo tipo de cáncer más frecuente en las mujeres entre los 15 y los 44 años, tras el de mama.

Este porcentaje es menor en los países desarrollados, principalmente porque existe un cribado, las citologías periódicas, que permite detectar el VPH en fases tempranas. Cuando ya hay lesiones precancerosas, existen tratamientos capaces de revertirlas en al menos tres de cada cuatro casos. Incluso si se produce un diagnóstico de cáncer de cuello de útero en fases tempranas, se puede tratar con cirugía mínimamente invasiva y ambulatoria. Por tanto, el cribado, o prevención secundaria, salva vidas. Pese a todo, en 2018, último año del que hay cifras oficiales, 638 mujeres fallecieron en España a causa de uno de estos tumores malignos

Sin embargo, el VPH puede ser el origen de otros tipos de cáncer: de vulva, vagina, pene, ano, recto y orofaríngeo. Este último grupo comprende tumores de las amígdalas y la parte posterior de la boca y la garganta. La Red Española de Registros de Cáncer (Redecan) estima que hubo cerca de 2.000 nuevos diagnósticos de cáncer de cérvix en 2020, como recoge la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) en su informe Las cifras del cáncer en España 2020. En el mismo periodo, se diagnosticaron en torno a 8.600 casos de cáncer orofaríngeo.

Si se calcula que el papilomavirus está tras el 25% de los tumores de faringe y cavidad bucal, se comprenden dos cosas: que prevenir el virus trasciende la idea de acabar con el cáncer de cuello de útero y que debe contemplar tanto a hombres como a mujeres. Para erradicar el VPH, es necesaria una responsabilidad compartida entre ambos sexos.

Lo cortés no quita lo valiente

“Una adecuada integración entre prevención primaria basada en la inmunización frente al VPH y prevención secundaria basada en el cribado, es sin duda la mejor estrategia para conseguir la eliminación de este cáncer a nivel mundial como ya ha anunciado recientemente la OMS”, explica la doctora Mar Ramírez, especialista en Ginecología y Obstetricia de la Unidad de Ginecología Oncológica y Patología del Tracto Genital Inferior del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Efectivamente, la Organización Mundial de la Salud publicó la Estrategia mundial para acelerar la eliminación del cáncer de cuello uterino el 17 de noviembre de 2020. Por primera vez en la historia, es posible erradicar un tipo de cáncer. Para lograrlo, la OMS ha propuesto tres objetivos de cara a 2030: que el 90% de las niñas del mundo hayan sido vacunadas antes de los 15 años, con pauta completa, es decir, con las dos dosis de vacuna recomendadas; que el 70% de las mujeres sean examinadas mediante una prueba de alta precisión, equivalente o superior a la del VPH, antes de los 35 años y una vez más antes de los 45; y que el 90% de las mujeres con lesiones precancerosas y con cánceres invasivos tengan acceso a un tratamiento, un control y un seguimiento adecuados.

Por tanto, afirmar que el VPH también es cosa de hombres no debe estar reñido con trabajar de forma efectiva para erradicar un cáncer evitable casi en el 100% de los casos. Queda mucho camino por recorrer, sin embargo, ya que las vacunas solo se han introducido en el 55% de los estados y, dentro de estos, la cobertura vacunal no supera el 54% en todo el mundo.

La situación es mejor en España y los países de nuestro entorno, pero no está todo hecho, como explica Federico Martinón, doctor en Pediatría e investigador clínico y jefe del Servicio de Pediatría del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela (CHUS). «La cobertura vacunal es muy buena, pero al menos una de cada diez niñas no se vacuna en España y, mientras el 89% recibe la primera dosis, la segunda solo llega al 79%. Además, tenemos que recuperar a las jóvenes y las mujeres que no se vacunaron cuando les correspondía, ya sea por desconocimiento o debido a los bulos que circularon sobre la vacuna durante los primeros años».

Por equidad, para todas y todos a cualquier edad

”Mejorar el conocimiento sobre el VPH entre los jóvenes es crítico para que tomen conciencia sobre el alto riesgo de infección y las posibles consecuencias. Para ello, debemos desarrollar campañas en su propio lenguaje, pero basadas en evidencias científicas. Así, poco a poco, iremos desplazando la información pseudocientífica que circula por las redes sociales, una de sus principales fuentes de información”, explica Jesús de la Fuente. 

Los tres especialistas participantes en la convocatoria de MSD coinciden, además, al señalar otro de los grandes obstáculos con que se encuentra la inmunización frente al VPH, que es la limitación de la edad en la que se prescribe la vacuna, que es beneficiosa a cualquier edad, incluso para las personas que ya han sido intervenidas de lesiones precancerosas o de cáncer, que reducen muy significativamente el riesgo de reinfección.

«A cualquier edad, recibir la vacuna es ganar en salud –sostiene Mar Ramírez–. Por eso sería muy importante no solo vacunar a ambos sexos y vacunar a grupos de riesgo, sino también implementar programas de recaptación de hombres y mujeres que no se hayan inmunizado, lo que debería estar acompañado por financiar la vacuna para todas y para todos hasta por lo menos los 26 años. En Australia lo han hecho y cuentan con haber erradicado el cáncer de cuello de útero antes de 2030″.

Para terminar, el doctor Federico Martinón señala un último matiz de esta historia: «El VPH no es responsabilidad exclusiva de las mujeres, que no tienen por qué cargar con ese peso ellas solas. Pero, si lo vemos desde otro ángulo, también tenemos que proteger a los hombres para cumplir con el principio de equidad».