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Diagnosticar el cáncer en tiempos de Covid-19

Dejar constancia del reto que supone diagnosticar el cáncer en tiempos de Covid-19 es una de las grandes líneas argumentales propuestas por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) con motivo del Día Mundial del Cáncer 2021. Esta efeméride se celebra tal día como hoy, 4 de febrero, desde el año 2000, cuando Jaques Chirac, entonces presidente de la República de Francia, firmó la Carta de París, que situaba la lucha contra el cáncer en el centro de la agenda pública global del siglo XXI.

El extenso conjunto de patologías conocido como cáncer es la segunda causa de muerte en los países ricos, acortando y acortando las distancias con las enfermedades cardiovasculares, hasta ahora reinas indiscutibles. Tanto es así, que el año 2020 también pasará a la historia como el año en el que el cáncer fue la primera causa de muerte entre los varones españoles, superando a la Covid-19, y a la cardiopatía isquémica, su antecesora.

En paralelo, el abordaje del cáncer ha ido sumando pequeños avances, que podrían parecer infinitesimales fuera de contexto o tomados de uno en uno –un mes más de vida, un 1% más de curación, etc.–, pero entre todos han ido tejiendo una red de esperanza: la supervivencia a los 5 años del diagnóstico se ha duplicado a nivel mundial en los últimos 40 años, alcanzando el 61,7% para las mujeres y el 55,3% para los hombres.

Estos avances se concentran en torno a cuatro ejes fundamentales, dos relacionados con el diagnóstico y otros dos con el tratamiento, aunque la eficacia de estos últimos depende de las técnicas diagnosticas, que definen qué terapia concreta es adecuada para cada persona concreta en función de su perfil genómico.

Esos cuatro ejes son: el aumento de los diagnósticos en fases tempranas de la enfermedad, en las que la curación es posible para un elevado porcentaje de personas; el diagnóstico genético y molecular, que permite catalogar cadal proceso oncológico de manera cada vez más precisa y, por tanto, abordarlo de forma personalizada; las terapias dirigidas contra dianas terapéuticas –proteínas, lípidos, ácidos nucléicos, etc.–, los fármacos que han dado lugar a la medicina de precisión, que actúan selectivamente a nivel molecular, bloqueando el crecimiento y la diseminación del cáncer; y la inmunoterapia contra el cáncer, que utiliza anticuerpos –naturales o de laboratorio– para movilizar el sistema inmune del paciente, de modo que destruya e impida la proliferación de las células tumorales, y que ha supuesto un antes y un después en el tratamiento del melanoma y de algunos tipos de cáncer de pulmón.

El diagnóstico precoz salva vidas

El año pasado por estas fechas, el abordaje del cáncer parecía destinado a proporcionarnos fundamentalmente alegrías, que todo iría a mejor. La lucha estaba centrada en la falta de equidad que estaban produciendo las distintas velocidades de acceso a la innovación diagnóstica y terapéutica de las comunidades autónomas, las dificultades añadidas de la España vaciada, la exclusión y la discriminación sanitaria por motivos de procedencia y de poder adquisitivo, etc.

Entonces, nos cayó encima el coronavirus y todo se trastocó.

«La pandemia provocada por la Covid-19 ha tenido un impacto significativo en los programas de cribado, algo que es fundamental mantener porque han demostrado ser eficaces para el diagnóstico precoz y el control de la enfermedad. La detección temprana, el cribado y el diagnóstico correcto ahorran costes en los tratamientos y mejoran las tasas de supervivencia. Es urgente recuperar la normalidad en la atención primaria y hospitalaria para superar los retrasos en las pruebas diagnósticas, en las consultas presenciales, en la cirugía no urgente y en determinados tratamientos. Pese a la Covid-19, el cáncer sigue ahí, no ha desaparecido. Por ello, animamos a todas las personas a que acudan a los programas de detección precoz cuando sean convocadas», reza el primer punto del tradicional comunicado oficial que emite cada año la Federación Española de Cáncer de Mama (Fecma), una asociación de pacientes pionera y combativa a muchos niveles, coincidiendo con el 4 de febrero.

El presidente de SEOM, Álvaro Rodríguez-Lescure, corrobora este análisis: “Es fundamental garantizar la continuidad de la asistencia, el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades graves no-Covid, como es el cáncer, para evitar un exceso de mortalidad”, afirmó el 1 de febrero en la presentación virtual del informe Las cifras del cáncer en España 2021, editado por la Sociedad Española de Oncología Médica, en colaboración con la Red Española de Registros de Cáncer (Redecan), cuyos principales indicadores están resumidos en al infografía que reproducimos al final de este artículo.

Durante el evento, el presidente de Redecan, Jaume Galcerán, cifró en el 21% el retraso diagnóstico que se produjo durante la primera ola de la pandemia, de la que ya se tienen datos. Lamentablemente, esta merma radical de la capacidad diagnóstica del sistema sanitario, que no es privativa del cáncer, va a dibujar un panorama en los grandes indicadores de salud al que ya no estamos acostumbrados: menor esperanza de vida, menor supervivencia, mayor morbimortalidad y un largo etcétera.

El muro de las lamentaciones

Los presidentes de SEOM y Redecan coincidieron al señalar que son precisamente las personas que todavía no habían entrado en el circuito del tratamiento oncológico las más perjudicadas por el parón radical que experimentó la sanidad durante el confinamiento. Quienes ya recibían tratamiento no han acusado tanto la situación, que también ha resultado muy dañina para las personas con enfermedad en fase avanzada o terminal, ya que el segundo territorio de máximo impacto han sido los cuidados paliativos, de por sí infravalorados y muy infradotados en España.

«Constataremos un aumento de la mortalidad, que seguramente arrastraremos durante años. Lo que no sabemos es cómo se va a distribuir, tanto por el efecto de la interrupción en de algunos programas de cribado como por la actuación de las distintas comunidades autónomas», explica el Dr. Galcerán.

«El principal problema es el efecto muro que ocasiona el total colapso de la atención primaria. Su situación es desesperante. Está muy mal permitir que siga así. No se puede estar así. La medicina de familia es el portal hacia cualquier diagnóstico y cualquier tratamiento. Que esté tan saturada y desatendida es muy negativo para la salud de la ciudadanía. Como persona, como ciudadano y como médico, me resulta muy triste la devastadora situación que viven los profesionales de la primera línea asistencial. Ahora todo hace aguas en la sanidad pública porque, como sabemos, el chicle se estira, se estira, se estira, pero al final se rompe», concluye Álvaro Rodríguez-Lescure.

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Dejar constancia del reto que supone diagnosticar el cáncer en tiempos de Covid-19 es una de las grandes líneas argumentales propuestas por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) con motivo del Día Mundial del Cáncer 2021. Esta efeméride se celebra tal día como hoy, 4 de febrero, desde el año 2000, cuando Jaques Chirac, entonces presidente de la República de Francia, firmó la Carta de París, que situaba la lucha contra el cáncer en el centro de la agenda pública global del siglo XXI.

El extenso conjunto de patologías conocido como cáncer es la segunda causa de muerte en los países ricos, acortando y acortando las distancias con las enfermedades cardiovasculares, hasta ahora reinas indiscutibles. Tanto es así, que el año 2020 también pasará a la historia como el año en el que el cáncer fue la primera causa de muerte entre los varones españoles, superando a la Covid-19, y a la cardiopatía isquémica, su antecesora.

En paralelo, el abordaje del cáncer ha ido sumando pequeños avances, que podrían parecer infinitesimales fuera de contexto o tomados de uno en uno –un mes más de vida, un 1% más de curación, etc.–, pero entre todos han ido tejiendo una red de esperanza: la supervivencia a los 5 años del diagnóstico se ha duplicado a nivel mundial en los últimos 40 años, alcanzando el 61,7% para las mujeres y el 55,3% para los hombres.

Estos avances se concentran en torno a cuatro ejes fundamentales, dos relacionados con el diagnóstico y otros dos con el tratamiento, aunque la eficacia de estos últimos depende de las técnicas diagnosticas, que definen qué terapia concreta es adecuada para cada persona concreta en función de su perfil genómico.

Esos cuatro ejes son: el aumento de los diagnósticos en fases tempranas de la enfermedad, en las que la curación es posible para un elevado porcentaje de personas; el diagnóstico genético y molecular, que permite catalogar cadal proceso oncológico de manera cada vez más precisa y, por tanto, abordarlo de forma personalizada; las terapias dirigidas contra dianas terapéuticas –proteínas, lípidos, ácidos nucléicos, etc.–, los fármacos que han dado lugar a la medicina de precisión, que actúan selectivamente a nivel molecular, bloqueando el crecimiento y la diseminación del cáncer; y la inmunoterapia contra el cáncer, que utiliza anticuerpos –naturales o de laboratorio– para movilizar el sistema inmune del paciente, de modo que destruya e impida la proliferación de las células tumorales, y que ha supuesto un antes y un después en el tratamiento del melanoma y de algunos tipos de cáncer de pulmón.

El diagnóstico precoz salva vidas

El año pasado por estas fechas, el abordaje del cáncer parecía destinado a proporcionarnos fundamentalmente alegrías, que todo iría a mejor. La lucha estaba centrada en la falta de equidad que estaban produciendo las distintas velocidades de acceso a la innovación diagnóstica y terapéutica de las comunidades autónomas, las dificultades añadidas de la España vaciada, la exclusión y la discriminación sanitaria por motivos de procedencia y de poder adquisitivo, etc.

Entonces, nos cayó encima el coronavirus y todo se trastocó.

«La pandemia provocada por la Covid-19 ha tenido un impacto significativo en los programas de cribado, algo que es fundamental mantener porque han demostrado ser eficaces para el diagnóstico precoz y el control de la enfermedad. La detección temprana, el cribado y el diagnóstico correcto ahorran costes en los tratamientos y mejoran las tasas de supervivencia. Es urgente recuperar la normalidad en la atención primaria y hospitalaria para superar los retrasos en las pruebas diagnósticas, en las consultas presenciales, en la cirugía no urgente y en determinados tratamientos. Pese a la Covid-19, el cáncer sigue ahí, no ha desaparecido. Por ello, animamos a todas las personas a que acudan a los programas de detección precoz cuando sean convocadas», reza el primer punto del tradicional comunicado oficial que emite cada año la Federación Española de Cáncer de Mama (Fecma), una asociación de pacientes pionera y combativa a muchos niveles, coincidiendo con el 4 de febrero.

El presidente de SEOM, Álvaro Rodríguez-Lescure, corrobora este análisis: “Es fundamental garantizar la continuidad de la asistencia, el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades graves no-Covid, como es el cáncer, para evitar un exceso de mortalidad”, afirmó el 1 de febrero en la presentación virtual del informe Las cifras del cáncer en España 2021, editado por la Sociedad Española de Oncología Médica, en colaboración con la Red Española de Registros de Cáncer (Redecan), cuyos principales indicadores están resumidos en al infografía que reproducimos al final de este artículo.

Durante el evento, el presidente de Redecan, Jaume Galcerán, cifró en el 21% el retraso diagnóstico que se produjo durante la primera ola de la pandemia, de la que ya se tienen datos. Lamentablemente, esta merma radical de la capacidad diagnóstica del sistema sanitario, que no es privativa del cáncer, va a dibujar un panorama en los grandes indicadores de salud al que ya no estamos acostumbrados: menor esperanza de vida, menor supervivencia, mayor morbimortalidad y un largo etcétera.

El muro de las lamentaciones

Los presidentes de SEOM y Redecan coincidieron al señalar que son precisamente las personas que todavía no habían entrado en el circuito del tratamiento oncológico las más perjudicadas por el parón radical que experimentó la sanidad durante el confinamiento. Quienes ya recibían tratamiento no han acusado tanto la situación, que también ha resultado muy dañina para las personas con enfermedad en fase avanzada o terminal, ya que el segundo territorio de máximo impacto han sido los cuidados paliativos, de por sí infravalorados y muy infradotados en España.

«Constataremos un aumento de la mortalidad, que seguramente arrastraremos durante años. Lo que no sabemos es cómo se va a distribuir, tanto por el efecto de la interrupción en de algunos programas de cribado como por la actuación de las distintas comunidades autónomas», explica el Dr. Galcerán.

«El principal problema es el efecto muro que ocasiona el total colapso de la atención primaria. Su situación es desesperante. Está muy mal permitir que siga así. No se puede estar así. La medicina de familia es el portal hacia cualquier diagnóstico y cualquier tratamiento. Que esté tan saturada y desatendida es muy negativo para la salud de la ciudadanía. Como persona, como ciudadano y como médico, me resulta muy triste la devastadora situación que viven los profesionales de la primera línea asistencial. Ahora todo hace aguas en la sanidad pública porque, como sabemos, el chicle se estira, se estira, se estira, pero al final se rompe», concluye Álvaro Rodríguez-Lescure.

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Dejar constancia del reto que supone diagnosticar el cáncer en tiempos de Covid-19 es una de las grandes líneas argumentales propuestas por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) con motivo del Día Mundial del Cáncer 2021. Esta efeméride se celebra tal día como hoy, 4 de febrero, desde el año 2000, cuando Jaques Chirac, entonces presidente de la República de Francia, firmó la Carta de París, que situaba la lucha contra el cáncer en el centro de la agenda pública global del siglo XXI.

El extenso conjunto de patologías conocido como cáncer es la segunda causa de muerte en los países ricos, acortando y acortando las distancias con las enfermedades cardiovasculares, hasta ahora reinas indiscutibles. Tanto es así, que el año 2020 también pasará a la historia como el año en el que el cáncer fue la primera causa de muerte entre los varones españoles, superando a la Covid-19, y a la cardiopatía isquémica, su antecesora.

En paralelo, el abordaje del cáncer ha ido sumando pequeños avances, que podrían parecer infinitesimales fuera de contexto o tomados de uno en uno –un mes más de vida, un 1% más de curación, etc.–, pero entre todos han ido tejiendo una red de esperanza: la supervivencia a los 5 años del diagnóstico se ha duplicado a nivel mundial en los últimos 40 años, alcanzando el 61,7% para las mujeres y el 55,3% para los hombres.

Estos avances se concentran en torno a cuatro ejes fundamentales, dos relacionados con el diagnóstico y otros dos con el tratamiento, aunque la eficacia de estos últimos depende de las técnicas diagnosticas, que definen qué terapia concreta es adecuada para cada persona concreta en función de su perfil genómico.

Esos cuatro ejes son: el aumento de los diagnósticos en fases tempranas de la enfermedad, en las que la curación es posible para un elevado porcentaje de personas; el diagnóstico genético y molecular, que permite catalogar cadal proceso oncológico de manera cada vez más precisa y, por tanto, abordarlo de forma personalizada; las terapias dirigidas contra dianas terapéuticas –proteínas, lípidos, ácidos nucléicos, etc.–, los fármacos que han dado lugar a la medicina de precisión, que actúan selectivamente a nivel molecular, bloqueando el crecimiento y la diseminación del cáncer; y la inmunoterapia contra el cáncer, que utiliza anticuerpos –naturales o de laboratorio– para movilizar el sistema inmune del paciente, de modo que destruya e impida la proliferación de las células tumorales, y que ha supuesto un antes y un después en el tratamiento del melanoma y de algunos tipos de cáncer de pulmón.

El diagnóstico precoz salva vidas

El año pasado por estas fechas, el abordaje del cáncer parecía destinado a proporcionarnos fundamentalmente alegrías, que todo iría a mejor. La lucha estaba centrada en la falta de equidad que estaban produciendo las distintas velocidades de acceso a la innovación diagnóstica y terapéutica de las comunidades autónomas, las dificultades añadidas de la España vaciada, la exclusión y la discriminación sanitaria por motivos de procedencia y de poder adquisitivo, etc.

Entonces, nos cayó encima el coronavirus y todo se trastocó.

«La pandemia provocada por la Covid-19 ha tenido un impacto significativo en los programas de cribado, algo que es fundamental mantener porque han demostrado ser eficaces para el diagnóstico precoz y el control de la enfermedad. La detección temprana, el cribado y el diagnóstico correcto ahorran costes en los tratamientos y mejoran las tasas de supervivencia. Es urgente recuperar la normalidad en la atención primaria y hospitalaria para superar los retrasos en las pruebas diagnósticas, en las consultas presenciales, en la cirugía no urgente y en determinados tratamientos. Pese a la Covid-19, el cáncer sigue ahí, no ha desaparecido. Por ello, animamos a todas las personas a que acudan a los programas de detección precoz cuando sean convocadas», reza el primer punto del tradicional comunicado oficial que emite cada año la Federación Española de Cáncer de Mama (Fecma), una asociación de pacientes pionera y combativa a muchos niveles, coincidiendo con el 4 de febrero.

El presidente de SEOM, Álvaro Rodríguez-Lescure, corrobora este análisis: “Es fundamental garantizar la continuidad de la asistencia, el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades graves no-Covid, como es el cáncer, para evitar un exceso de mortalidad”, afirmó el 1 de febrero en la presentación virtual del informe Las cifras del cáncer en España 2021, editado por la Sociedad Española de Oncología Médica, en colaboración con la Red Española de Registros de Cáncer (Redecan), cuyos principales indicadores están resumidos en al infografía que reproducimos al final de este artículo.

Durante el evento, el presidente de Redecan, Jaume Galcerán, cifró en el 21% el retraso diagnóstico que se produjo durante la primera ola de la pandemia, de la que ya se tienen datos. Lamentablemente, esta merma radical de la capacidad diagnóstica del sistema sanitario, que no es privativa del cáncer, va a dibujar un panorama en los grandes indicadores de salud al que ya no estamos acostumbrados: menor esperanza de vida, menor supervivencia, mayor morbimortalidad y un largo etcétera.

El muro de las lamentaciones

Los presidentes de SEOM y Redecan coincidieron al señalar que son precisamente las personas que todavía no habían entrado en el circuito del tratamiento oncológico las más perjudicadas por el parón radical que experimentó la sanidad durante el confinamiento. Quienes ya recibían tratamiento no han acusado tanto la situación, que también ha resultado muy dañina para las personas con enfermedad en fase avanzada o terminal, ya que el segundo territorio de máximo impacto han sido los cuidados paliativos, de por sí infravalorados y muy infradotados en España.

«Constataremos un aumento de la mortalidad, que seguramente arrastraremos durante años. Lo que no sabemos es cómo se va a distribuir, tanto por el efecto de la interrupción en de algunos programas de cribado como por la actuación de las distintas comunidades autónomas», explica el Dr. Galcerán.

«El principal problema es el efecto muro que ocasiona el total colapso de la atención primaria. Su situación es desesperante. Está muy mal permitir que siga así. No se puede estar así. La medicina de familia es el portal hacia cualquier diagnóstico y cualquier tratamiento. Que esté tan saturada y desatendida es muy negativo para la salud de la ciudadanía. Como persona, como ciudadano y como médico, me resulta muy triste la devastadora situación que viven los profesionales de la primera línea asistencial. Ahora todo hace aguas en la sanidad pública porque, como sabemos, el chicle se estira, se estira, se estira, pero al final se rompe», concluye Álvaro Rodríguez-Lescure.

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