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Exposoma y salud, un binomio fascinante

Exposoma y salud constituyen un binomio fascinante, y protagonizan el último de los Informes Anticipando del Instituto Roche, publicado en diciembre de 2020. El término exposoma fue acuñado en 2005 por Christopher P. Wild, investigador británico especializado en la prevención del cáncer, para hacer referencia a los factores ambientales no genéticos a los que una persona está expuesta durante toda su vida, que pueden condicionar su estado de salud o enfermedad.

Este complejo conjunto está formado por distintos agentes estresores –tanto fisiológicos como psicológicos–, pero también por un abanico amplio y diverso de factores que varían a lo largo del tiempo, como los condicionantes socioeconómicos, los agentes tóxicos (tanto físicos como químicos), los hábitos de vida o las características del ecosistema que rodea a una persona en cada época vital.

El exposoma se puede definir a través de la descripción de tres grupos de factores, que se superponen e interaccionan entre sí. El dominio externo general hace referencia a las influencias sociales, económicas y psicológicas: el ambiente familiar y social, la educación, la situación económica –que influye en la calidad de la dieta, la salubridad de la vivienda, etc.–, el estrés y otras condiciones relacionadas con la salud mental, el entorno (rural o urbano) y el clima.

El dominio externo específico incluye la radiación solar, los agentes infecciosos con los que entramos en contacto, los contaminantes químicos y ambientales, la dieta, el estilo de vida (consumo de tabaco, alcohol, etc.), el tipo de trabajo que realizamos y las intervenciones médicas que hemos experimentado a lo largo de nuestra vida.

Por último, el dominio interno comprende procesos orgánicos, como el metabolismo, el sistema hormonal, la morfología corporal, la actividad física, la microbiota intestinal –claramente influenciada por la dieta, pero también moduladora de las defensas. el desarrollo de distintas enfermedades e incluso la salud mental–, la inflamación, el estrés oxidativo y el envejecimiento.

El ejemplo de los disruptores endocrinos

Debido a su gran complejidad y su carácter dinámico, generar conocimientos sólidos y aplicables en torno al exposoma exige, como casi todo lo relativo a la medicina personalizada de precisión, una investigación multidisciplinar. Pero, mientras el dominio externo general es en cierto modo objetivable y no tiene que ver únicamente con el ámbito de la ciencia, el dominio externo especifico y el dominio interno demandan que se involucren distintas áreas del conocimiento científico: toxicología, epidemiología, medicina clínica, ciencias ómicas y ciencias de datos, entre otras.

No obstante, ya ha sido posible establecer relaciones causa-efecto entre factores componentes del exposoma y patologías concretas, como puede ser la exposición a la radiación UV solar y el desarrollo del cáncer de piel (melanoma y no melanoma) o la implicación de los disruptores endocrinos en la desregulación hormonal, que puede conducir a una gran variedad de patologías del desarrollo y de base hormonal o metabólica.

No es casual que el coordinador de Informes Anticipando Exposoma sea Nicolás Olea, doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Granada, de la que es catedrático de Radiología y Medicina Física, y toda una eminencia en el estudio de la relación entre salud y medioambiente.

El Dr. Olea es pionero en la investigación en torno a los efectos nocivos de los disruptores endocrinos –parabenos, ftalatos y Bisfenol A, por citar los más conocidos– y su relación con un amplio abanico de enfermedades: distintos tipos de cáncer hormonodependientes, problemas de fertilidad, sobrepeso y obesidad, esclerosis múltiple, Parkinson o TDAH.

Su trabajo se ha topado de frente con los lobbys de las industrias química, cosmética y alimentaria, entre otras, que han contaminado la opinión pública –cada vez con menos éxito, todo hay que decirlo– y han dificultado, cuando no impedido, que las legislaciones prohiban, o al menos limiten, el uso de estos compuestos. La autora de este texto, sin ir más lejos, recibió una llamada de una conocida marca de cuidado e higiene de la piel en 2015, en la que le proponían la elaboración de un reportaje sobre la inocuidad de los parabenos. Era una marca, por cierto, que acababa de lanzar una gama de productos sin parabenos para pieles sensibles.

Sin embargo, en DOUBLEDOSE le seguimos la pista desde hace ya bastantes años, gracias a diversas convocatorias de la Fundación Vivo Sano y de la iniciativa HogarSinTóxicos. Cuando esta última plataforma desarrolló e hizo pública la campaña Di NO al Bisfenol A a principios de 2013, solo una minoría se tomó en serio su petición de eliminar este compuesto de los materiales de uso alimentario.

Hasta ese momento, numerosos envases tan habituales como las latas de conservas, los túper y las botellas de agua mineral, entre otros, e incluso los biberones de plástico y las vajillas infantiles, contenían esta sustancia de uso habitual y podían liberarla en el sistema endocrino, comprometiendo el desarrollo y la salud.

Sin embargo, la evidencia, que ya era robusta entonces, ha ido aumentando, en la misma medida que la percepción de la relevancia de agentes tóxicos como los disruptores endocrinos, entre otros, en la urgencia de comprender el concepto Una salud/One Health, acuñado en el inicio del siglo XXI y elemento central de un grupo de trabajo conjunto de diversas organizaciones de Naciones Unidas desde el año 2008.

Factores ambientales, laborales y socioeconómicos

El Dr. Olea también es investigador del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CiberESP), donde forma parte del Programa de Epidemiología y Prevención de Salud Ambiental y Laboral. La posibilidad de ahondar en la influencia en la salud del entorno laboral, en el que los adultos –con suerte– pasamos un tercio de nuestro tiempo durante 11 meses al año, es una de las grandes aportaciones del estudio del exposoma. Lo mismo sucede con la medicina preventiva, la salud pública, la medicina perinatal, la medicina reproductiva y el envejecimiento saludable.

Según subraya el informe del Instituto Roche, el efecto de los factores no genéticos sobre la salud es distinto en cada persona. Por tanto, su estudio debe caminar de la mano del estudio del genoma para lograr obtener una visión holística de las patologías y permitir la traslación de este conocimiento a la práctica clínica. Así, la medicina de precisión podrá identificar biomarcadores de riesgo, diseñar iniciativas de medicina preventiva y formular consejos relacionados con hábitos de vida saludable generales, pero también personalizados.

En resumen, Informes Anticipando Exposoma da a conocer un enfoque que podrá propiciar un importante salto cualitativo y cuantitativo en la historia de la biomedicina. Un salto que, curiosamente, vendría a reforzar ese carácter holístico de la salud de las personas. El mismo carácter holístico que tanto empeño se ha puesto en cuestionar en las últimas décadas, como bien sabe el propio coordinador de tan importante trabajo.

Además, el punto de partida de la misma idea de exposoma pone de manifiesto la importancia de incorporar la ecología a cualquier proyecto de futuro. Lo mismo se puede decir de combatir la desigualdad para garantizar el bienestar material y la salud –física, mental y social– de las personas, con especial énfasis en la infancia. Por último, aconseja insistir en una mejor prevención de los riesgos laborales, ya que la salud laboral no solo es un derecho de las trabajadoras y los trabajadores, sino que, bien entendida y mejor protegida, también es una fuente de riqueza y bienestar social.

Exposoma y salud constituyen un binomio fascinante, y protagonizan el último de los Informes Anticipando del Instituto Roche, publicado en diciembre de 2020. El término exposoma fue acuñado en 2005 por Christopher P. Wild, investigador británico especializado en la prevención del cáncer, para hacer referencia a los factores ambientales no genéticos a los que una persona está expuesta durante toda su vida, que pueden condicionar su estado de salud o enfermedad.

Este complejo conjunto está formado por distintos agentes estresores –tanto fisiológicos como psicológicos–, pero también por un abanico amplio y diverso de factores que varían a lo largo del tiempo, como los condicionantes socioeconómicos, los agentes tóxicos (tanto físicos como químicos), los hábitos de vida o las características del ecosistema que rodea a una persona en cada época vital.

El exposoma se puede definir a través de la descripción de tres grupos de factores, que se superponen e interaccionan entre sí. El dominio externo general hace referencia a las influencias sociales, económicas y psicológicas: el ambiente familiar y social, la educación, la situación económica –que influye en la calidad de la dieta, la salubridad de la vivienda, etc.–, el estrés y otras condiciones relacionadas con la salud mental, el entorno (rural o urbano) y el clima.

El dominio externo específico incluye la radiación solar, los agentes infecciosos con los que entramos en contacto, los contaminantes químicos y ambientales, la dieta, el estilo de vida (consumo de tabaco, alcohol, etc.), el tipo de trabajo que realizamos y las intervenciones médicas que hemos experimentado a lo largo de nuestra vida.

Por último, el dominio interno comprende procesos orgánicos, como el metabolismo, el sistema hormonal, la morfología corporal, la actividad física, la microbiota intestinal –claramente influenciada por la dieta, pero también moduladora de las defensas. el desarrollo de distintas enfermedades e incluso la salud mental–, la inflamación, el estrés oxidativo y el envejecimiento.

El ejemplo de los disruptores endocrinos

Debido a su gran complejidad y su carácter dinámico, generar conocimientos sólidos y aplicables en torno al exposoma exige, como casi todo lo relativo a la medicina personalizada de precisión, una investigación multidisciplinar. Pero, mientras el dominio externo general es en cierto modo objetivable y no tiene que ver únicamente con el ámbito de la ciencia, el dominio externo especifico y el dominio interno demandan que se involucren distintas áreas del conocimiento científico: toxicología, epidemiología, medicina clínica, ciencias ómicas y ciencias de datos, entre otras.

No obstante, ya ha sido posible establecer relaciones causa-efecto entre factores componentes del exposoma y patologías concretas, como puede ser la exposición a la radiación UV solar y el desarrollo del cáncer de piel (melanoma y no melanoma) o la implicación de los disruptores endocrinos en la desregulación hormonal, que puede conducir a una gran variedad de patologías del desarrollo y de base hormonal o metabólica.

No es casual que el coordinador de Informes Anticipando Exposoma sea Nicolás Olea, doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Granada, de la que es catedrático de Radiología y Medicina Física, y toda una eminencia en el estudio de la relación entre salud y medioambiente.

El Dr. Olea es pionero en la investigación en torno a los efectos nocivos de los disruptores endocrinos –parabenos, ftalatos y Bisfenol A, por citar los más conocidos– y su relación con un amplio abanico de enfermedades: distintos tipos de cáncer hormonodependientes, problemas de fertilidad, sobrepeso y obesidad, esclerosis múltiple, Parkinson o TDAH.

Su trabajo se ha topado de frente con los lobbys de las industrias química, cosmética y alimentaria, entre otras, que han contaminado la opinión pública –cada vez con menos éxito, todo hay que decirlo– y han dificultado, cuando no impedido, que las legislaciones prohiban, o al menos limiten, el uso de estos compuestos. La autora de este texto, sin ir más lejos, recibió una llamada de una conocida marca de cuidado e higiene de la piel en 2015, en la que le proponían la elaboración de un reportaje sobre la inocuidad de los parabenos. Era una marca, por cierto, que acababa de lanzar una gama de productos sin parabenos para pieles sensibles.

Sin embargo, en DOUBLEDOSE le seguimos la pista desde hace ya bastantes años, gracias a diversas convocatorias de la Fundación Vivo Sano y de la iniciativa HogarSinTóxicos. Cuando esta última plataforma desarrolló e hizo pública la campaña Di NO al Bisfenol A a principios de 2013, solo una minoría se tomó en serio su petición de eliminar este compuesto de los materiales de uso alimentario.

Hasta ese momento, numerosos envases tan habituales como las latas de conservas, los túper y las botellas de agua mineral, entre otros, e incluso los biberones de plástico y las vajillas infantiles, contenían esta sustancia de uso habitual y podían liberarla en el sistema endocrino, comprometiendo el desarrollo y la salud.

Sin embargo, la evidencia, que ya era robusta entonces, ha ido aumentando, en la misma medida que la percepción de la relevancia de agentes tóxicos como los disruptores endocrinos, entre otros, en la urgencia de comprender el concepto Una salud/One Health, acuñado en el inicio del siglo XXI y elemento central de un grupo de trabajo conjunto de diversas organizaciones de Naciones Unidas desde el año 2008.

Factores ambientales, laborales y socioeconómicos

El Dr. Olea también es investigador del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CiberESP), donde forma parte del Programa de Epidemiología y Prevención de Salud Ambiental y Laboral. La posibilidad de ahondar en la influencia en la salud del entorno laboral, en el que los adultos –con suerte– pasamos un tercio de nuestro tiempo durante 11 meses al año, es una de las grandes aportaciones del estudio del exposoma. Lo mismo sucede con la medicina preventiva, la salud pública, la medicina perinatal, la medicina reproductiva y el envejecimiento saludable.

Según subraya el informe del Instituto Roche, el efecto de los factores no genéticos sobre la salud es distinto en cada persona. Por tanto, su estudio debe caminar de la mano del estudio del genoma para lograr obtener una visión holística de las patologías y permitir la traslación de este conocimiento a la práctica clínica. Así, la medicina de precisión podrá identificar biomarcadores de riesgo, diseñar iniciativas de medicina preventiva y formular consejos relacionados con hábitos de vida saludable generales, pero también personalizados.

En resumen, Informes Anticipando Exposoma da a conocer un enfoque que podrá propiciar un importante salto cualitativo y cuantitativo en la historia de la biomedicina. Un salto que, curiosamente, vendría a reforzar ese carácter holístico de la salud de las personas. El mismo carácter holístico que tanto empeño se ha puesto en cuestionar en las últimas décadas, como bien sabe el propio coordinador de tan importante trabajo.

Además, el punto de partida de la misma idea de exposoma pone de manifiesto la importancia de incorporar la ecología a cualquier proyecto de futuro. Lo mismo se puede decir de combatir la desigualdad para garantizar el bienestar material y la salud –física, mental y social– de las personas, con especial énfasis en la infancia. Por último, aconseja insistir en la mejor prevención de los riesgos laborales, ya que la salud laboral no solo es un derecho de las trabajadoras y los trabajadores, sino que, bien entendida y mejor protegida, también es una fuente de riqueza y bienestar social.

Exposoma y salud constituyen un binomio fascinante, y protagonizan el último de los Informes Anticipando del Instituto Roche, publicado en diciembre de 2020. El término exposoma fue acuñado en 2005 por Christopher P. Wild, investigador británico especializado en la prevención del cáncer, para hacer referencia a los factores ambientales no genéticos a los que una persona está expuesta durante toda su vida, que pueden condicionar su estado de salud o enfermedad.

Este complejo conjunto está formado por distintos agentes estresores –tanto fisiológicos como psicológicos–, pero también por un abanico amplio y diverso de factores que varían a lo largo del tiempo, como los condicionantes socioeconómicos, los agentes tóxicos (tanto físicos como químicos), los hábitos de vida o las características del ecosistema que rodea a una persona en cada época vital.

El exposoma se puede definir a través de la descripción de tres grupos de factores, que se superponen e interaccionan entre sí. El dominio externo general hace referencia a las influencias sociales, económicas y psicológicas: el ambiente familiar y social, la educación, la situación económica –que influye en la calidad de la dieta, la salubridad de la vivienda, etc.–, el estrés y otras condiciones relacionadas con la salud mental, el entorno (rural o urbano) y el clima.

El dominio externo específico incluye la radiación solar, los agentes infecciosos con los que entramos en contacto, los contaminantes químicos y ambientales, la dieta, el estilo de vida (consumo de tabaco, alcohol, etc.), el tipo de trabajo que realizamos y las intervenciones médicas que hemos experimentado a lo largo de nuestra vida.

Por último, el dominio interno comprende procesos orgánicos, como el metabolismo, el sistema hormonal, la morfología corporal, la actividad física, la microbiota intestinal –claramente influenciada por la dieta, pero también moduladora de las defensas. el desarrollo de distintas enfermedades e incluso la salud mental–, la inflamación, el estrés oxidativo y el envejecimiento.

El ejemplo de los disruptores endocrinos

Debido a su gran complejidad y su carácter dinámico, generar conocimientos sólidos y aplicables en torno al exposoma exige, como casi todo lo relativo a la medicina personalizada de precisión, una investigación multidisciplinar. Pero, mientras el dominio externo general es en cierto modo objetivable y no tiene que ver únicamente con el ámbito de la ciencia, el dominio externo especifico y el dominio interno demandan que se involucren distintas áreas del conocimiento científico: toxicología, epidemiología, medicina clínica, ciencias ómicas y ciencias de datos, entre otras.

No obstante, ya ha sido posible establecer relaciones causa-efecto entre factores componentes del exposoma y patologías concretas, como puede ser la exposición a la radiación UV solar y el desarrollo del cáncer de piel (melanoma y no melanoma) o la implicación de los disruptores endocrinos en la desregulación hormonal, que puede conducir a una gran variedad de patologías del desarrollo y de base hormonal o metabólica.

No es casual que el coordinador de Informes Anticipando Exposoma sea Nicolás Olea, doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Granada, de la que es catedrático de Radiología y Medicina Física, y toda una eminencia en el estudio de la relación entre salud y medioambiente.

El Dr. Olea es pionero en la investigación en torno a los efectos nocivos de los disruptores endocrinos –parabenos, ftalatos y Bisfenol A, por citar los más conocidos– y su relación con un amplio abanico de enfermedades: distintos tipos de cáncer hormonodependientes, problemas de fertilidad, sobrepeso y obesidad, esclerosis múltiple, Parkinson o TDAH.

Su trabajo se ha topado de frente con los lobbys de las industrias química, cosmética y alimentaria, entre otras, que han contaminado la opinión pública –cada vez con menos éxito, todo hay que decirlo– y han dificultado, cuando no impedido, que las legislaciones prohiban, o al menos limiten, el uso de estos compuestos. La autora de este texto, sin ir más lejos, recibió una llamada de una conocida marca de cuidado e higiene de la piel en 2015, en la que le proponían la elaboración de un reportaje sobre la inocuidad de los parabenos. Era una marca, por cierto, que acababa de lanzar una gama de productos sin parabenos para pieles sensibles.

Sin embargo, en DOUBLEDOSE le seguimos la pista desde hace ya bastantes años, gracias a diversas convocatorias de la Fundación Vivo Sano y de la iniciativa HogarSinTóxicos. Cuando esta última plataforma desarrolló e hizo pública la campaña Di NO al Bisfenol A a principios de 2013, solo una minoría se tomó en serio su petición de eliminar este compuesto de los materiales de uso alimentario.

Hasta ese momento, numerosos envases tan habituales como las latas de conservas, los túper y las botellas de agua mineral, entre otros, e incluso los biberones de plástico y las vajillas infantiles, contenían esta sustancia de uso habitual y podían liberarla en el sistema endocrino, comprometiendo el desarrollo y la salud.

Sin embargo, la evidencia, que ya era robusta entonces, ha ido aumentando, en la misma medida que la percepción de la relevancia de agentes tóxicos como los disruptores endocrinos, entre otros, en la urgencia de comprender el concepto Una salud/One Health, acuñado en el inicio del siglo XXI y elemento central de un grupo de trabajo conjunto de diversas organizaciones de Naciones Unidas desde el año 2008.

Factores ambientales, laborales y socioeconómicos

El Dr. Olea también es investigador del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CiberESP), donde forma parte del Programa de Epidemiología y Prevención de Salud Ambiental y Laboral. La posibilidad de ahondar en la influencia en la salud del entorno laboral, en el que los adultos –con suerte– pasamos un tercio de nuestro tiempo durante 11 meses al año, es una de las grandes aportaciones del estudio del exposoma. Lo mismo sucede con la medicina preventiva, la salud pública, la medicina perinatal, la medicina reproductiva y el envejecimiento saludable.

Según subraya el informe del Instituto Roche, el efecto de los factores no genéticos sobre la salud es distinto en cada persona. Por tanto, su estudio debe caminar de la mano del estudio del genoma para lograr obtener una visión holística de las patologías y permitir la traslación de este conocimiento a la práctica clínica. Así, la medicina de precisión podrá identificar biomarcadores de riesgo, diseñar iniciativas de medicina preventiva y formular consejos relacionados con hábitos de vida saludable generales, pero también personalizados.

En resumen, Informes Anticipando Exposoma da a conocer un enfoque que podrá propiciar un importante salto cualitativo y cuantitativo en la historia de la biomedicina. Un salto que, curiosamente, vendría a reforzar ese carácter holístico de la salud de las personas. El mismo carácter holístico que tanto empeño se ha puesto en cuestionar en las últimas décadas, como bien sabe el propio coordinador de tan importante trabajo.

Además, el punto de partida de la misma idea de exposoma pone de manifiesto la importancia de incorporar la ecología a cualquier proyecto de futuro. Lo mismo se puede decir de combatir la desigualdad para garantizar el bienestar material y la salud –física, mental y social– de las personas, con especial énfasis en la infancia. Por último, aconseja insistir en la mejor prevención de los riesgos laborales, ya que la salud laboral no solo es un derecho de las trabajadoras y los trabajadores, sino que, bien entendida y mejor protegida, también es una fuente de riqueza y bienestar social.