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La ciencia prueba que los frutos secos no engordan

¡Ya no hay excusas para no aprovechar sus inmensas propiedades nutricionales! Pese a arrastrar la fama de ser bombas de calorías, los frutos secos no engordan. En el contexto de una dieta saludable, consumir diariamente entre 35 y 40 gramos incluso contribuye a regular la grasa corporal. Se acaba de probar en una revisión colaborativa internacional, liderada por un grupo de investigación de la Universidad Rovira i Virgili, perteneciente la red CiberOBN. 

La ciencia ha conseguido probar que los frutos secos no engordan. Un consumo diario de entre 35 y 40 gramos no produce aumento de peso, pese a su alta densidad calórica y su elevado contenido en grasa. Es más, incluso podría estar asociado a una disminución de la grasa corporal y, por tanto, es adecuado en todo tipo de dietas por sus beneficios para la salud cardiovascular.

Así lo demuestran los resultados de un estudio realizado por un equipo científico internacional, liderado por un grupo de la Unidad de Nutrición Humana del Instituto de Investigación Sanitaria de la Universidad Pere i Virgili (IISPV-UPV), en colaboración con la Unidad de Ensayos Clínicos y Síntesis del Conocimiento 3D del mismo centro y la Facultad de Medicina de la Universidad de Toronto (Canadá).

Pese a su alto valor nutricional, persisten ciertas reservas por parte de la población a la hora de incluirlos en su alimentación diaria, y también por parte de los profesionales de la salud a la hora de prescribirlos, ya que todavía se considera que son bombas calóricas, por lo que uno de los objetivos de este trabajo era demostrar su carácter saludable para incentivar su consumo.

Los frutos secos han sido recomendados por las guías dietéticas y de práctica clínica para la diabetes y la salud cardiovascular, tanto solos como formando parte de patrones dietéticos como la dieta mediterránea. Incluso están incluidos en dietas más específicas, como la Portfolio, que tiene como objetivo reducir el colesterol y los triglicéridos, y la DASH, diseñada para combatir la hipertensión.

«A pesar de estas recomendaciones, se mantiene la preocupación entre la ciudadanía de que los frutos secos pueden contribuir al aumento de peso y, de hecho, en todo el mundo se registra un consumo por debajo de las cantidades que se recomiendan para obtener beneficios para la salud», explica Jordi Salas, investigador principal del estudio y miembro del equipo de la Unidad de Nutrición Humana del IISPV-UPV, que forma parte del Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CiberOBN).

El CiberOBN es un consorcio, integrado por 33 grupos de trabajo nacionales de contrastada excelencia científica, que centra su labor investigadora en el estudio de la obesidad, la nutrición y el ejercicio físico, a fin de generar conocimiento útil para la práctica clínica, la industria alimentaria y la sociedad en su conjunto. Además, trabaja sobre los beneficios de la dieta mediterránea, la prevención de alteraciones metabólicas, la obesidad en la infancia y la adolescencia, y la relación entre la obesidad y el cáncer.

Atrapados en un fuego cruzado

Con el alarmante aumento de la prevalencia de sobrepeso y obesidad que se ha producido en los últimos años, especialmente preocupante entre la población infantil y juvenil por las consecuencias que puede tener en su salud a largo plazo, unido a las complicaciones cardiometabólicas que conlleva, algunas asociaciones científicas podrían haber generado confusión, al advertir del consumo excesivo de frutos secos –es cierto que no se deben ingerir grandes cantidades cada vez–, al mismo tiempo que lo recomiendan para la prevención de enfermedades cardiovasculares.

Para disfrutar de los beneficios de estos magníficos alimentos en todo su esplendor, es necesario consumirlos en presentaciones saludables, tostados o crudos, sin aderezarlos con cantidades industriales de sal y azúcar

A tenor de esta inquietud, y con el fin de disipar cualquier confusión entre la población general, se ha realizado una revisión sistemática de los principales estudios publicados hasta la fecha y un meta análisis de distintos tipos de ensayos clínicos, recogiendo toda evidencia científica disponible sobre el papel de los frutos secos en la dieta.

Con ayuda de herramientas estadísticas extremadamente sofisticadas, se han podido sintetizar los resultados a partir del análisis de gran cantidad de datos. Además, se aplicó el enfoque Grading of Recommendations Assessment, Development, and Evaluation (Grade), que permite clasificar la calidad de la evidencia científica y graduar la fuerza de las recomendaciones que se generan a partir de los resultados obtenidos. Esta herramienta está siendo adoptada por centros de investigación de prestigio mundial y está avalada por la Organización Mundial de la Salud para realizar recomendaciones de práctica clínica y políticas de salud pública.

La revisión sistemática liderada por el CiberOBN realizó un meta‐análisis de siete cohortes prospectivas únicas y 114 comparaciones de ensayos clínicos, que involucraban a 569.910 y 5.783 participantes, respectivamente. Los datos de todos ellos se sometieron a una evaluación Grade completa, con el fin de medir la certeza de la evidencia científica recogida en torno al impacto que tienen los frutos secos en los acúmulos de grasa corporal. Estos rigurosos análisis mostraron que su consumo moderado no engorda, e incluso se asocia a una disminución de la adiposidad.

Según Stephanie Nishi, primera autora del estudio, «los frutos secos se pueden recomendar libremente, sin que exista la preocupación de que puedan contribuir al aumento de peso, al igual que se hace con otros alimentos saludables para el corazón, como es el caso de las frutas y verduras».

Eso sí, conviene tener en cuenta que los beneficios de los frutos secos palidecen si se consumen aderezados por cantidades industriales de azúcar y/o sal, como todavía es habitual, o si se ingieren cantidades excesivas. Por tanto, conviene tomar un puñado diario de estos alimentos excepcionales crudos o tostados.

Salvo las personas con alergia a sus proteínas, que deben abstenerse, todas y todos podemos beneficiarnos de sus innumerables bondades, entre ellas que son ricos en fibra, por lo que son saciantes y ayudan al buen funcionamiento intestinal; son una de las principales fuentes de ácidos grasos Omega 6 y algunos, como las nueces, también aportan cantidades significativas de Omega 3, ambos esenciales para el buen funcionamiento del sistema nervioso y el sistema hormonal, entre otros; contienen vitaminas y minerales antioxidantes y antiinflamatorios, que ayudan a mantener en forma huesos y músculos, y a lucir un cabello y una piel saludables y fuertes; y contribuyen a regular el colesterol y a tener a raya la hipertensión arterial.

A modo de resumen, Jordi Salas destaca que «el estudio tiene importantes implicaciones para los profesionales de la salud, ya que, a partir de ahora, deben recomendar el consumo diario de frutos secos por sus beneficios cardiometabólicos sin tener miedo a que sus recomendaciones puedan tener repercusiones adversas sobre el control del peso corporal».

* La imagen que ilustra esta noticia es de Gantas Vaičiulėnas y está disponible en Pexels.

¡Ya no hay excusas para no aprovechar sus inmensas propiedades nutricionales! Pese a arrastrar la fama de ser bombas de calorías, los frutos secos no engordan. En el contexto de una dieta saludable, consumir diariamente entre 35 y 40 gramos incluso contribuye a regular la grasa corporal. Se acaba de probar en una revisión colaborativa internacional, liderada por un grupo de investigación de la Universidad Rovira i Virgili, perteneciente la red CiberOBN.

La ciencia ha conseguido probar que los frutos secos no engordan. Un consumo diario de entre 35 y 40 gramos no produce aumento de peso, pese a su alta densidad calórica y su elevado contenido en grasa. Es más, incluso podría estar asociado a una disminución de la grasa corporal y, por tanto, es adecuado en todo tipo de dietas por sus beneficios para la salud cardiovascular.

Así lo demuestran los resultados de un estudio realizado por un equipo científico internacional, liderado por un grupo de la Unidad de Nutrición Humana del Instituto de Investigación Sanitaria de la Universidad Pere i Virgili (IISPV-UPV), en colaboración con la Unidad de Ensayos Clínicos y Síntesis del Conocimiento 3D del mismo centro y la Facultad de Medicina de la Universidad de Toronto (Canadá).

Pese a su alto valor nutricional, persisten ciertas reservas por parte de la población a la hora de incluirlos en su alimentación diaria, y también por parte de los profesionales de la salud a la hora de prescribirlos, ya que todavía se considera que son bombas calóricas, por lo que uno de los objetivos de este trabajo era demostrar su carácter saludable para incentivar su consumo.

Los frutos secos han sido recomendados por las guías dietéticas y de práctica clínica para la diabetes y la salud cardiovascular, tanto solos como formando parte de patrones dietéticos como la dieta mediterránea. Incluso están incluidos en dietas más específicas, como la Portfolio, que tiene como objetivo reducir el colesterol y los triglicéridos, y la DASH, diseñada para combatir la hipertensión.

«A pesar de estas recomendaciones, se mantiene la preocupación entre la ciudadanía de que los frutos secos pueden contribuir al aumento de peso y, de hecho, en todo el mundo se registra un consumo por debajo de las cantidades que se recomiendan para obtener beneficios para la salud», explica Jordi Salas, investigador principal del estudio y miembro del equipo de la Unidad de Nutrición Humana del IISPV-UPV, que forma parte del Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CiberOBN).

El CiberOBN es un consorcio, integrado por 33 grupos de trabajo nacionales de contrastada excelencia científica, que centra su labor investigadora en el estudio de la obesidad, la nutrición y el ejercicio físico, a fin de generar conocimiento útil para la práctica clínica, la industria alimentaria y la sociedad en su conjunto. Además, trabaja sobre los beneficios de la dieta mediterránea, la prevención de alteraciones metabólicas, la obesidad en la infancia y la adolescencia, y la relación entre la obesidad y el cáncer.

Atrapados en un fuego cruzado

Con el alarmante aumento de la prevalencia de sobrepeso y obesidad que se ha producido en los últimos años, especialmente preocupante entre la población infantil y juvenil por las consecuencias que puede tener en su salud a largo plazo, unido a las complicaciones cardiometabólicas que conlleva, algunas asociaciones científicas podrían haber generado confusión, al advertir del consumo excesivo de frutos secos –es cierto que no se deben ingerir grandes cantidades cada vez–, al mismo tiempo que lo recomiendan para la prevención de enfermedades cardiovasculares.

Para disfrutar de los beneficios de estos magníficos alimentos en todo su esplendor, es necesario consumirlos en presentaciones saludables, tostados o crudos, sin aderezarlos con cantidades industriales de sal y azúcar 

A tenor de esta inquietud, y con el fin de disipar cualquier confusión entre la población general, se ha realizado una revisión sistemática de los principales estudios publicados hasta la fecha y un meta análisis de distintos tipos de ensayos clínicos, recogiendo toda evidencia científica disponible sobre el papel de los frutos secos en la dieta.

Con ayuda de herramientas estadísticas extremadamente sofisticadas, se han podido sintetizar los resultados a partir del análisis de gran cantidad de datos. Además, se aplicó el enfoque Grading of Recommendations Assessment, Development, and Evaluation (Grade), que permite clasificar la calidad de la evidencia científica y graduar la fuerza de las recomendaciones que se generan a partir de los resultados obtenidos. Esta herramienta está siendo adoptada por centros de investigación de prestigio mundial y está avalada por la Organización Mundial de la Salud para realizar recomendaciones de práctica clínica y políticas de salud pública.

La revisión sistemática liderada por el CiberOBN realizó un meta‐análisis de siete cohortes prospectivas únicas y 114 comparaciones de ensayos clínicos, que involucraban a 569.910 y 5.783 participantes, respectivamente. Los datos de todos ellos se sometieron a una evaluación Grade completa, con el fin de medir la certeza de la evidencia científica recogida en torno al impacto que tienen los frutos secos en los acúmulos de grasa corporal. Estos rigurosos análisis mostraron que su consumo moderado no engorda, e incluso se asocia a una disminución de la adiposidad.

Según Stephanie Nishi, primera autora del estudio, «los frutos secos se pueden recomendar libremente, sin que exista la preocupación de que puedan contribuir al aumento de peso, al igual que se hace con otros alimentos saludables para el corazón, como es el caso de las frutas y verduras».

Eso sí, conviene tener en cuenta que los beneficios de los frutos secos palidecen si se consumen aderezados por cantidades industriales de azúcar y/o sal, como todavía es habitual, o si se ingieren cantidades excesivas. Por tanto, conviene tomar un puñado diario de estos alimentos excepcionales crudos o tostados.

Salvo las personas con alergia a sus proteínas, que deben abstenerse, todas y todos podemos beneficiarnos de sus innumerables bondades, entre ellas que son ricos en fibra, por lo que son saciantes y ayudan al buen funcionamiento intestinal; son una de las principales fuentes de ácidos grasos Omega 6 y algunos, como las nueces, también aportan cantidades significativas de Omega 3, ambos esenciales para el buen funcionamiento del sistema nervioso y el sistema hormonal, entre otros; contienen vitaminas y minerales antioxidantes y antiinflamatorios, que ayudan a mantener en forma huesos y músculos, y a lucir un cabello y una piel saludables y fuertes; y contribuyen a regular el colesterol y a tener a raya la hipertensión arterial.

A modo de resumen, Jordi Salas destaca que «el estudio tiene importantes implicaciones para los profesionales de la salud, ya que, a partir de ahora, deben recomendar el consumo diario de frutos secos por sus beneficios cardiometabólicos sin tener miedo a que sus recomendaciones puedan tener repercusiones adversas sobre el control del peso corporal».

* La imagen que ilustra esta noticia es de Gantas Vaičiulėnas y está disponible en Pexels.

¡Ya no hay excusas para no aprovechar sus inmensas propiedades nutricionales! Pese a arrastrar la fama de ser bombas de calorías, los frutos secos no engordan. En el contexto de una dieta saludable, consumir diariamente entre 35 y 40 gramos incluso contribuye a regular la grasa corporal. Se acaba de probar en una revisión colaborativa internacional, liderada por un grupo de investigación de la Universidad Rovira i Virgili, perteneciente la red CiberOBN.

La ciencia ha conseguido probar que los frutos secos no engordan. Un consumo diario de entre 35 y 40 gramos no produce aumento de peso, pese a su alta densidad calórica y su elevado contenido en grasa. Es más, incluso podría estar asociado a una disminución de la grasa corporal y, por tanto, es adecuado en todo tipo de dietas por sus beneficios para la salud cardiovascular.

Así lo demuestran los resultados de un estudio realizado por un equipo científico internacional, liderado por un grupo de la Unidad de Nutrición Humana del Instituto de Investigación Sanitaria de la Universidad Pere i Virgili (IISPV-UPV), en colaboración con la Unidad de Ensayos Clínicos y Síntesis del Conocimiento 3D del mismo centro y la Facultad de Medicina de la Universidad de Toronto (Canadá).

Pese a su alto valor nutricional, persisten ciertas reservas por parte de la población a la hora de incluirlos en su alimentación diaria, y también por parte de los profesionales de la salud a la hora de prescribirlos, ya que todavía se considera que son bombas calóricas, por lo que uno de los objetivos de este trabajo era demostrar su carácter saludable para incentivar su consumo.

Los frutos secos han sido recomendados por las guías dietéticas y de práctica clínica para la diabetes y la salud cardiovascular, tanto solos como formando parte de patrones dietéticos como la dieta mediterránea. Incluso están incluidos en dietas más específicas, como la Portfolio, que tiene como objetivo reducir el colesterol y los triglicéridos, y la DASH, diseñada para combatir la hipertensión.

«A pesar de estas recomendaciones, se mantiene la preocupación entre la ciudadanía de que los frutos secos pueden contribuir al aumento de peso y, de hecho, en todo el mundo se registra un consumo por debajo de las cantidades que se recomiendan para obtener beneficios para la salud», explica Jordi Salas, investigador principal del estudio y miembro del equipo de la Unidad de Nutrición Humana del IISPV-UPV, que forma parte del Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CiberOBN).

El CiberOBN es un consorcio, integrado por 33 grupos de trabajo nacionales de contrastada excelencia científica, que centra su labor investigadora en el estudio de la obesidad, la nutrición y el ejercicio físico, a fin de generar conocimiento útil para la práctica clínica, la industria alimentaria y la sociedad en su conjunto. Además, trabaja sobre los beneficios de la dieta mediterránea, la prevención de alteraciones metabólicas, la obesidad en la infancia y la adolescencia, y la relación entre la obesidad y el cáncer.

Atrapados en un fuego cruzado

Con el alarmante aumento de la prevalencia de sobrepeso y obesidad que se ha producido en los últimos años, especialmente preocupante entre la población infantil y juvenil por las consecuencias que puede tener en su salud a largo plazo, unido a las complicaciones cardiometabólicas que conlleva, algunas asociaciones científicas podrían haber generado confusión, al advertir del consumo excesivo de frutos secos –es cierto que no se deben ingerir grandes cantidades cada vez–, al mismo tiempo que lo recomiendan para la prevención de enfermedades cardiovasculares.

Para disfrutar de los beneficios de estos magníficos alimentos en todo su esplendor, es necesario consumirlos en presentaciones saludables, tostados o crudos, sin aderezarlos con cantidades industriales de sal y azúcar 

A tenor de esta inquietud, y con el fin de disipar cualquier confusión entre la población general, se ha realizado una revisión sistemática de los principales estudios publicados hasta la fecha y un meta análisis de distintos tipos de ensayos clínicos, recogiendo toda evidencia científica disponible sobre el papel de los frutos secos en la dieta.

Con ayuda de herramientas estadísticas extremadamente sofisticadas, se han podido sintetizar los resultados a partir del análisis de gran cantidad de datos. Además, se aplicó el enfoque Grading of Recommendations Assessment, Development, and Evaluation (Grade), que permite clasificar la calidad de la evidencia científica y graduar la fuerza de las recomendaciones que se generan a partir de los resultados obtenidos. Esta herramienta está siendo adoptada por centros de investigación de prestigio mundial y está avalada por la Organización Mundial de la Salud para realizar recomendaciones de práctica clínica y políticas de salud pública.

La revisión sistemática liderada por el CiberOBN realizó un meta‐análisis de siete cohortes prospectivas únicas y 114 comparaciones de ensayos clínicos, que involucraban a 569.910 y 5.783 participantes, respectivamente. Los datos de todos ellos se sometieron a una evaluación Grade completa, con el fin de medir la certeza de la evidencia científica recogida en torno al impacto que tienen los frutos secos en los acúmulos de grasa corporal. Estos rigurosos análisis mostraron que su consumo moderado no engorda, e incluso se asocia a una disminución de la adiposidad.

Según Stephanie Nishi, primera autora del estudio, «los frutos secos se pueden recomendar libremente, sin que exista la preocupación de que puedan contribuir al aumento de peso, al igual que se hace con otros alimentos saludables para el corazón, como es el caso de las frutas y verduras».

Eso sí, conviene tener en cuenta que los beneficios de los frutos secos palidecen si se consumen aderezados por cantidades industriales de azúcar y/o sal, como todavía es habitual, o si se ingieren cantidades excesivas. Por tanto, conviene tomar un puñado diario de estos alimentos excepcionales crudos o tostados.

Salvo las personas con alergia a sus proteínas, que deben abstenerse, todas y todos podemos beneficiarnos de sus innumerables bondades, entre ellas que son ricos en fibra, por lo que son saciantes y ayudan al buen funcionamiento intestinal; son una de las principales fuentes de ácidos grasos Omega 6 y algunos, como las nueces, también aportan cantidades significativas de Omega 3, ambos esenciales para el buen funcionamiento del sistema nervioso y el sistema hormonal, entre otros; contienen vitaminas y minerales antioxidantes y antiinflamatorios, que ayudan a mantener en forma huesos y músculos, y a lucir un cabello y una piel saludables y fuertes; y contribuyen a regular el colesterol y a tener a raya la hipertensión arterial.

A modo de resumen, Jordi Salas destaca que «el estudio tiene importantes implicaciones para los profesionales de la salud, ya que, a partir de ahora, deben recomendar el consumo diario de frutos secos por sus beneficios cardiometabólicos sin tener miedo a que sus recomendaciones puedan tener repercusiones adversas sobre el control del peso corporal».

* La imagen que ilustra esta noticia es de Gantas Vaičiulėnas y está disponible en Pexels.