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La pandemia inaugura la fisioterapia del futuro

La pandemia ha precipitado la transformación de la fisioterapia, que ayer celebró su día mundial, en esta ocasión dedicado a subrayar la relevancia de esta potente disciplina sanitaria –por lo demás, absurdamente infravalorada y llamativamente infrautilizada– en el abordaje y la recuperación de la Covid-19 persistente. Mientras la práctica diaria se ha visto abocada a tratar sus secuelas, el gran reto de futuro es encontrar la forma de mejorar el sistema inmunitario a través de la terapia manual. La prevención es el quid de la cuestión. 

La pandemia ha inaugurado el futuro de la fisioterapia. O lo ha precipitado, introduciendo en su radar las enfermedades infecciosas y sus antagonistas, las defensas, que hasta ahora no eran su territorio natural. Cuando menos, no eran el que con mayor frecuencia se transitaba en las consultas profesionales de esta disciplina sanitaria absolutamente fundamental, radicalmente coste-efectiva y absurdamente infrautilizada por el sistema sanitario español.

Como ha ocurrido en todos los ámbitos de la vida y de la sanidad, el tsunami de la Covid-19 lo ha puesto todo patas arriba. Manuel Arroyo, CEO de la plataforma Physiociencia y fisioterapeuta de los Servicios Médicos del Granada C.F., lo explicó muy bien el pasado 28 de julio en el programa Fisioterapia 360º, que se emite en el canal de YouTube del Colegio Oficial de Fisioterapeutas de la Comunidad Valenciana y que presenta Cristina Salar, vicedecana de la entidad.

En su intervención, el también catedrático de Fisioterapia de la Universidad de Granada (UGR) afirmaba: «En mis clases me gusta explicar que la fisioterapia ha ido creciendo de forma exponencial a raíz de las grandes crisis humanitarias. Por ejemplo, las primeras salas de fisioterapia se desarrollaron tras la Primera Guerra Mundial, a raíz de la gran cantidad de soldados que necesitaron recuperarse de sus heridas. De la misma manera, esta pandemia ha provocado el despertar de una nueva fisioterapia, enfocada a tratar las secuelas provocadas por una enfermedad infecciosa, fundamentalmente las secuelas de tipo respiratorio».

Es preciso aclarar que la fisioterapia respiratoria está perfectamente definida desde hace mucho tiempo y que, de hecho, ya se utilizaba en los hospitales españoles como parte del tratamiento de infecciones como la neumonía, de las crisis de asma grave, de la bronquiolitis o de la exacerbación de los síntomas de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), la fibrosis quística y la hipertensión pulmonar, entre otras patologías.

Es más, se sabe que la fisioterapia es una herramienta muy potente para un control óptimo de las enfermedades respiratorias crónicas, pero la dramática escasez de profesionales adscritos a la sanidad pública la ha relegado a los casos más graves y le ha otorgado un carácter fundamentalmente reactivo. Dicho de otra forma, se ha prescrito principalmente para tratar procesos avanzados y agudos, en lugar de aprovechar su gran potencial para prevenirlos. Se podría decir lo mismo respecto al tratamiento de numerosas procesos y enfermedades osteomusculares y neuromusculares degenerativas, entre otras.

El Día Mundial de la Fisioterapia 2021 y la Covid persistente

«Más de 500.000 personas padecen las secuelas de la Covid persistente en nuestro país y los fisioterapeutas reclamamos una mayor presencia en los equipos multidisciplinares que tratan a este tipo de pacientes, de modo que podamos contribuir a agilizar su recuperación y a abordarla en las mejores condiciones», señala Aurora Araujo, decana del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid, con motivo del Día Mundial de la Fisioterapia 2021.

Solo en España, más de cinco millones de personas se han contagiado de Covid-19 desde que se diagnosticó el primer caso el 31 de enero de 2020 en la isla de La Gomera. Se estima que el 10% de ellas sufren secuelas, en ocasiones muy severas, que se prolongan mucho tiempo después de recibir el alta médica. Cuando las secuelas persisten después de al menos 12 semanas con PCR negativa, se habla de Covid persistente, que puede llegar a convertirse en una enfermedad crónica.

Otro 20% de las personas contagiadas presenta síntomas cinco semanas después de haber superado la infección, lo que supone otro millón de afectados. Además, según los expertos, el número de casos crecerá en los próximos meses, lo que implica la necesidad inaplazable de prestar una mayor atención a la Covid persistente, generando protocolos de recuperación, dando respuesta a quienes sufren cuadros agudos que requieren una baja laboral, etc.

Desde luego, la elevada incidencia y las características de los síntomas de la Covid persistente resultan preocupantes. Los más comunes son el agotamiento extremo y los problemas de memoria y concentración. A ellos se suman otros como la dificultad para respirar (disnea), dolor u opresión en el pecho, insomnio, palpitaciones, mareos, dolor muscular y articular, depresión y ansiedad, zumbido y dolor de oídos, náuseas, diarrea, dolor de estómago, pérdida del apetito, fiebre recurrente, tos crónica, dolor de cabeza, dolor de garganta, sarpullidos y alteraciones del olfato y el gusto, entre otros.

Una de las revistas científicas de máximo impacto, The Lancet, publicó este verano el artículo Caracterizando la Covid persistente en una cohorte internacional: 7 meses de síntomas y su impacto. El texto analiza una encuesta realizada a finales de 2020 a más de 3.750 personas de 56 países, previamente identificadas, que habían superado la Covid-19 antes de junio del mismo año.

Inicialmente, se estimó la prevalencia de un total de 203 síntomas, que afectan a diez sistemas orgánicos, y para el estudio se siguió la pista a 66 de ellos durante siete meses. A modo de síntesis, basta decir que una media del 91% de las personas que padecía alguno de ellos lo seguía experimentando pasado ese tiempo, con la consiguiente merma de su calidad de vida.

«Nuestra principal preocupación solían ser los procesos crónicos, pero estamos comprobando de qué forma se ven influenciados por agentes biológicos, que condicionan la respuesta a nuestros tratamientos», explica Manuel Arroyo, catedrático de la UGR

Con el objetivo de propiciar que la Covid persistente pueda ser superada, la Organización Mundial de la Salud recomienda que los fisioterapeutas, como expertos en el tratamiento basado en el movimiento y la recuperación de la funcionalidad, enseñen a las personas a retomar sus actividades cotidianas de forma pausada, con un ritmo adecuado, seguro y adaptado a su sintomatología.

Además, según el Consejo General de Colegios de Fisioterapeutas de España, esta rehabilitación debe tener como objetivo prioritario garantizar una buena oxigenación durante cualquier actividad que implique un esfuerzo. En este sentido, la presencia de un especialista en fisioterapia respiratoria puede ayudar cuando se registren signos de hiperventilación, disnea o cualquier otra alteración de la función pulmonar.

En otras palabras, la participación de los fisioterapeutas ayuda a las personas que sufren Covid persistente a recuperar la movilidad, la fuerza y a mejorar la respiración, entre otros beneficios. Por eso este año se decidió dedicar el Día Mundial de la Fisioterapia, que se conmemora cada 8 de septiembre, a resaltar el importante papel de esta disciplina sanitaria en la recuperación de quienes sufren secuelas prolongadas de la infección por coronavirus.

Sin embargo, tal y como señala Aurora Araujo, «el número de fisioterapeutas ya era muy escaso en hospitales y en centros de salud, pero la llegada del Covid persistente hace imprescindible aumentar este número para lograr que las personas afectadas puedan retomar una vida normal cuanto antes». 

Con motivo del día mundial, el sindicado de enfermería y fisioterapia Satse reclama al conjunto de consejerías de sanidad que convoquen nuevas plazas para fisioterapeutas y prioricen la contratación de estos profesionales, ya que, en la actualidad, existe un claro y grave déficit de plantillas en todas las comunidades autónomas. En este sentido, añade que la gran mayoría de estos profesionales tienen que trabajar en el sector privado, ya que las plazas existentes en los servicios de salud públicos son muy escasas.

Asimismo, el sindicato subraya que este déficit de plantillas conlleva que existan enormes listas de espera para ser tratado por un fisioterapeuta en todas las comunidades autónomas, especialmente en el ámbito de la Atención Primaria, de ahí la urgente necesidad de que haya, al menos, un profesional en cada centro de salud.

Satse también reitera que una adecuada dotación de fisioterapeutas conlleva una rentabilidad inmediata, no solo a nivel sanitario, sino tanto económica como social, ya que la intervención temprana de estos profesionales propicia la reducción de los tiempos de baja laboral, así como la recuperación total, en muchas ocasiones, de la funcionalidad y, por tanto, un considerable ahorro en los costes sanitarios y para empresas y centros de trabajo, sin olvidar lo más importante: el bienestar de las y los pacientes.

Un nuevo horizonte: mejorar el sistema inmune

Retomando la idea esbozada por el catedrático de Fisioterapia de la Universidad de Granada, Manuel Arroyo, la profesión puede jugar un papel de máxima relevancia en la recuperación de las secuelas derivadas de la Covid-19, pero, a nivel profundo y con la vista puesta en el futuro, el gran reto está en la prevención.

«Nuestra principal preocupación solían ser los procesos crónicos, pero estamos comprobando de qué forma se ven influenciados por agentes biológicos, que matizan y condicionan la respuesta a nuestros tratamientos», explica Arroyo en Fisioterapia 360ª. «Lo que hemos vivido es un cambio en la forma de entender la enfermedad –añade–. Las infecciones se han convertido en el centro de atención de las profesiones sanitarias, entre ellas la fisioterapia. Además, nos hemos dado cuente de que sabemos poco del sistema inmune. En nuestras consultas, en nuestras intervenciones, no trabajábamos con ese concepto».

Pero ahora, según relata, la profesión se pregunta diariamente cómo podría promover, a través fundamentalmente del ejercicio terapéutico, una mejor respuesta del sistema inmunitario frente a las infecciones. «En 2008 publiqué mi tesis doctoral, que giraba en torno a la estimulación de la producción de inmonuglobulina A (IgA) mediante terapia manual. Segregamos gran cantidad de esta sustancia en las vías respiratorias altas, a través de la saliva y las secreciones nasales. Y la boca y la nariz son las principales puertas de entrada de agentes patógenos como los virus que provocan la Covid-19. Por tanto, estimular la producción de IgA mediante fisioterapia podría ser una forma de prevenir infecciones»,  subraya Manuel Arroyo.

 

* La imagen que ilustra esta noticia es de Gilbert Beltran y está disponible en Unsplash.

La pandemia ha precipitado la transformación de la fisioterapia, que ayer celebró su día mundial, en esta ocasión dedicado a subrayar la relevancia de esta potente disciplina sanitaria –por lo demás, absurdamente infravalorada y llamativamente infrautilizada– en el abordaje y la recuperación de la Covid-19 persistente. Mientras la práctica diaria se ha visto abocada a tratar sus secuelas, el gran reto de futuro es encontrar la forma de mejorar el sistema inmunitario a través de la terapia manual.

La pandemia ha inaugurado el futuro de la fisioterapia. O lo ha precipitado, introduciendo en su radar las enfermedades infecciosas y sus antagonistas, las defensas, que hasta ahora no eran su territorio natural. Cuando menos, no eran el que con mayor frecuencia se transitaba en las consultas profesionales de esta disciplina sanitaria absolutamente fundamental, radicalmente coste-efectiva y absurdamente infrautilizada por el sistema sanitario español.

Como ha ocurrido en todos los ámbitos de la vida y de la sanidad, el tsunami de la Covid-19 lo ha puesto todo patas arriba. Manuel Arroyo, CEO de la plataforma de divulgación científica y formación Physiociencia y fisioterapeuta de los Servicios Médicos del Granada C.F., lo explicó muy bien el pasado 28 de julio en el programa Fisioterapia 360º, que se emite en el canal de YouTube del Colegio Oficial de Fisioterapeutas de la Comunidad Valenciana y que presenta Cristina Salar, vicedecana de la entidad.

En su intervención, el también catedrático de Fisioterapia de la Universidad de Granada (UGR) afirmaba: «En mis clases me gusta explicar que la fisioterapia ha ido creciendo de forma exponencial a raíz de las grandes crisis humanitarias. Por ejemplo, las primeras salas de fisioterapia se desarrollaron tras la Primera Guerra Mundial, a raíz de la gran cantidad de soldados que necesitaron recuperarse de sus heridas. De la misma manera, esta pandemia ha provocado el despertar de una nueva fisioterapia, enfocada a tratar las secuelas provocadas por una enfermedad infecciosa, fundamentalmente las secuelas de tipo respiratorio».

Es preciso aclarar que la fisioterapia respiratoria está perfectamente definida desde hace mucho tiempo y que, de hecho, ya se utilizaba en los hospitales españoles como parte del tratamiento de infecciones como la neumonía, de las crisis de asma grave, de la bronquiolitis o de la exacerbación de los síntomas de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), la fibrosis quística y la hipertensión pulmonar, entre otras patologías.

Es más, se sabe que la fisioterapia es una herramienta muy potente para un control óptimo de las enfermedades respiratorias crónicas, pero la dramática escasez de profesionales adscritos a la sanidad pública la ha relegado a los casos más graves y le ha otorgado un carácter fundamentalmente reactivo. Dicho de otra forma, se ha prescrito principalmente para tratar procesos avanzados y agudos, en lugar de aprovechar su gran potencial para prevenirlos. Se podría decir lo mismo respecto al tratamiento de numerosas procesos y enfermedades osteomusculares y neuromusculares degenerativas, entre otras.

El Día Mundial de la Fisioterapia 2021 y la Covid persistente

«Más de 500.000 personas padecen las secuelas de la Covid persistente en nuestro país y los fisioterapeutas reclamamos una mayor presencia en los equipos multidisciplinares que tratan a este tipo de pacientes, de modo que podamos contribuir a agilizar su recuperación y a abordarla en las mejores condiciones», señala Aurora Araujo, decana del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid, con motivo del Día Mundial de la Fisioterapia 2021.

Solo en España, más de cinco millones de personas se han contagiado de Covid-19 desde que se diagnosticó el primer caso el 31 de enero de 2020 en la isla de La Gomera. Se estima que el 10% de ellas sufren secuelas, en ocasiones muy severas, que se prolongan mucho tiempo después de recibir el alta médica. Cuando las secuelas persisten después de al menos 12 semanas con PCR negativa, se habla de Covid persistente, que puede llegar a convertirse en una enfermedad crónica.

Otro 20% de las personas contagiadas presenta síntomas cinco semanas después de haber superado la infección, lo que supone otro millón de afectados. Además, según los expertos, el número de casos crecerá en los próximos meses, lo que implica la necesidad inaplazable de prestar una mayor atención a la Covid persistente, generando protocolos de recuperación, dando respuesta a quienes sufren cuadros agudos que requieren una baja laboral, etc.

Desde luego, la elevada incidencia y las características de los síntomas de la Covid persistente resultan preocupantes. Los más comunes son el agotamiento extremo y los problemas de memoria y concentración. A ellos se suman otros como la dificultad para respirar (disnea), dolor u opresión en el pecho, insomnio, palpitaciones, mareos, dolor muscular y articular, depresión y ansiedad, zumbido y dolor de oídos, náuseas, diarrea, dolor de estómago, pérdida del apetito, fiebre recurrente, tos crónica, dolor de cabeza, dolor de garganta, sarpullidos y alteraciones del olfato y el gusto, entre otros.

Una de las revistas científicas de máximo impacto, The Lancet, publicó este verano el artículo Caracterizando la Covid persistente en una cohorte internacional: 7 meses de síntomas y su impacto. El texto analiza una encuesta realizada a finales de 2020 a más de 3.750 personas de 56 países, previamente identificadas, que habían superado la Covid-19 antes de junio del mismo año.

Inicialmente, se estimó la prevalencia de un total de 203 síntomas, que afectan a diez sistemas orgánicos, y para el estudio se siguió la pista a 66 de ellos durante siete meses. A modo de síntesis, basta decir que una media del 91% de las personas que padecía alguno de ellos lo seguía experimentando pasado ese tiempo, con la consiguiente merma de su calidad de vida.

«Nuestra principal preocupación solían ser los procesos crónicos, pero estamos comprobando de qué forma se ven influenciados por agentes biológicos, que condicionan la respuesta a nuestros tratamientos», explica Manuel Arroyo, catedrático de la UGR

Con el objetivo de propiciar que la Covid persistente pueda ser superada, la Organización Mundial de la Salud recomienda que los fisioterapeutas, como expertos en el tratamiento basado en el movimiento y la recuperación de la funcionalidad, enseñen a las personas a retomar sus actividades cotidianas de forma pausada, con un ritmo adecuado, seguro y adaptado a su sintomatología.

Además, según el Consejo General de Colegios de Fisioterapeutas de España, esta rehabilitación debe tener como objetivo prioritario garantizar una buena oxigenación durante cualquier actividad que implique un esfuerzo. En este sentido, la presencia de un especialista en fisioterapia respiratoria puede ayudar cuando se registren signos de hiperventilación, disnea o cualquier otra alteración de la función pulmonar.

En otras palabras, la participación de los fisioterapeutas ayuda a las personas que sufren Covid persistente a recuperar la movilidad, la fuerza y a mejorar la respiración, entre otros beneficios. Por eso este año se decidió dedicar el Día Mundial de la Fisioterapia, que se conmemora cada 8 de septiembre, a resaltar el importante papel de esta disciplina sanitaria en la recuperación de quienes sufren secuelas prolongadas de la infección por coronavirus.

Sin embargo, tal y como señala Aurora Araujo, «el número de fisioterapeutas ya era muy escaso en hospitales y en centros de salud, pero la llegada del Covid persistente hace imprescindible aumentar este número para lograr que las personas afectadas puedan retomar una vida normal cuanto antes». 

Con motivo del día mundial, el sindicado de enfermería y fisioterapia Satse reclama al conjunto de consejerías de sanidad que convoquen nuevas plazas para fisioterapeutas y prioricen la contratación de estos profesionales, ya que, en la actualidad, existe un claro y grave déficit de plantillas en todas las comunidades autónomas. En este sentido, añade que la gran mayoría de estos profesionales tienen que trabajar en el sector privado, ya que las plazas existentes en los servicios de salud públicos son muy escasas.

Asimismo, el sindicato subraya que este déficit de plantillas conlleva que existan enormes listas de espera para ser tratado por un fisioterapeuta en todas las comunidades autónomas, especialmente en el ámbito de la Atención Primaria, de ahí la urgente necesidad de que haya, al menos, un profesional en cada centro de salud.

Satse también reitera que una adecuada dotación de fisioterapeutas conlleva una rentabilidad inmediata, no solo a nivel sanitario, sino tanto económica como social, ya que la intervención temprana de estos profesionales propicia la reducción de los tiempos de baja laboral, así como la recuperación total, en muchas ocasiones, de la funcionalidad y, por tanto, un considerable ahorro en los costes sanitarios y para empresas y centros de trabajo, sin olvidar lo más importante: el bienestar de las y los pacientes.

Un nuevo horizonte: mejorar el sistema inmune

Retomando la idea esbozada por el catedrático de Fisioterapia de la Universidad de Granada, Manuel Arroyo, la profesión puede jugar un papel de máxima relevancia en la recuperación de las secuelas derivadas de la Covid-19, pero, a nivel profundo y con la vista puesta en el futuro, el gran reto está en la prevención.

«Nuestra principal preocupación solían ser los procesos crónicos, pero estamos comprobando de qué forma se ven influenciados por agentes biológicos, que matizan y condicionan la respuesta a nuestros tratamientos», explica Arroyo en Fisioterapia 360ª. «Lo que hemos vivido es un cambio en la forma de entender la enfermedad –añade–. Las infecciones se han convertido en el centro de atención de las profesiones sanitarias, entre ellas la fisioterapia. Además, nos hemos dado cuente de que sabemos poco del sistema inmune. En nuestras consultas, en nuestras intervenciones, no trabajábamos con ese concepto».

Pero ahora, según relata, la profesión se pregunta diariamente cómo podría promover, a través fundamentalmente del ejercicio terapéutico, una mejor respuesta del sistema inmunitario frente a las infecciones. «En 2008 publiqué mi tesis doctoral, que giraba en torno a la estimulación de la producción de inmonuglobulina A (IgA) mediante terapia manual. Segregamos gran cantidad de esta sustancia en las vías respiratorias altas, a través de la saliva y las secreciones nasales. Y la boca y la nariz son las principales puertas de entrada de agentes patógenos como los virus que provocan la Covid-19. Por tanto, estimular la producción de IgA mediante fisioterapia podría ser una forma de prevenir infecciones»,  subraya Manuel Arroyo.

 

* La imagen que ilustra esta noticia es de Gilbert Beltran y está disponible en Unsplash.

La pandemia ha precipitado la transformación de la fisioterapia, que ayer celebró su día mundial, en esta ocasión dedicado a subrayar la relevancia de esta potente disciplina sanitaria –por lo demás, absurdamente infravalorada y llamativamente infrautilizada– en el abordaje y la recuperación de la Covid-19 persistente. Mientras la práctica diaria se ha visto abocada a tratar sus secuelas, el gran reto de futuro es encontrar la forma de mejorar el sistema inmunitario a través de la terapia manual.

La pandemia ha inaugurado el futuro de la fisioterapia. O lo ha precipitado, introduciendo en su radar las enfermedades infecciosas y sus antagonistas, las defensas, que hasta ahora no eran su territorio natural. Cuando menos, no eran el que con mayor frecuencia se transitaba en las consultas profesionales de esta disciplina sanitaria absolutamente fundamental, radicalmente coste-efectiva y absurdamente infrautilizada por el sistema sanitario español.

Como ha ocurrido en todos los ámbitos de la vida y de la sanidad, el tsunami de la Covid-19 lo ha puesto todo patas arriba. Manuel Arroyo, CEO de la plataforma de divulgación científica y formación Physiociencia y fisioterapeuta de los Servicios Médicos del Granada C.F., lo explicó muy bien el pasado 28 de julio en el programa Fisioterapia 360º, que se emite en el canal de YouTube del Colegio Oficial de Fisioterapeutas de la Comunidad Valenciana y que presenta Cristina Salar, vicedecana de la entidad.

En su intervención, el también catedrático de Fisioterapia de la Universidad de Granada (UGR) afirmaba: «En mis clases me gusta explicar que la fisioterapia ha ido creciendo de forma exponencial a raíz de las grandes crisis humanitarias. Por ejemplo, las primeras salas de fisioterapia se desarrollaron tras la Primera Guerra Mundial, a raíz de la gran cantidad de soldados que necesitaron recuperarse de sus heridas. De la misma manera, esta pandemia ha provocado el despertar de una nueva fisioterapia, enfocada a tratar las secuelas provocadas por una enfermedad infecciosa, fundamentalmente las secuelas de tipo respiratorio».

Es preciso aclarar que la fisioterapia respiratoria está perfectamente definida desde hace mucho tiempo y que, de hecho, ya se utilizaba en los hospitales españoles como parte del tratamiento de infecciones como la neumonía, de las crisis de asma grave, de la bronquiolitis o de la exacerbación de los síntomas de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), la fibrosis quística y la hipertensión pulmonar, entre otras patologías.

Es más, se sabe que la fisioterapia es una herramienta muy potente para un control óptimo de las enfermedades respiratorias crónicas, pero la dramática escasez de profesionales adscritos a la sanidad pública la ha relegado a los casos más graves y le ha otorgado un carácter fundamentalmente reactivo. Dicho de otra forma, se ha prescrito principalmente para tratar procesos avanzados y agudos, en lugar de aprovechar su gran potencial para prevenirlos. Se podría decir lo mismo respecto al tratamiento de numerosas procesos y enfermedades osteomusculares y neuromusculares degenerativas, entre otras.

El Día Mundial de la Fisioterapia 2021 y la Covid persistente

«Más de 500.000 personas padecen las secuelas de la Covid persistente en nuestro país y los fisioterapeutas reclamamos una mayor presencia en los equipos multidisciplinares que tratan a este tipo de pacientes, de modo que podamos contribuir a agilizar su recuperación y a abordarla en las mejores condiciones», señala Aurora Araujo, decana del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid, con motivo del Día Mundial de la Fisioterapia 2021.

Solo en España, más de cinco millones de personas se han contagiado de Covid-19 desde que se diagnosticó el primer caso el 31 de enero de 2020 en la isla de La Gomera. Se estima que el 10% de ellas sufren secuelas, en ocasiones muy severas, que se prolongan mucho tiempo después de recibir el alta médica. Cuando las secuelas persisten después de al menos 12 semanas con PCR negativa, se habla de Covid persistente, que puede llegar a convertirse en una enfermedad crónica.

Otro 20% de las personas contagiadas presenta síntomas cinco semanas después de haber superado la infección, lo que supone otro millón de afectados. Además, según los expertos, el número de casos crecerá en los próximos meses, lo que implica la necesidad inaplazable de prestar una mayor atención a la Covid persistente, generando protocolos de recuperación, dando respuesta a quienes sufren cuadros agudos que requieren una baja laboral, etc.

Desde luego, la elevada incidencia y las características de los síntomas de la Covid persistente resultan preocupantes. Los más comunes son el agotamiento extremo y los problemas de memoria y concentración. A ellos se suman otros como la dificultad para respirar (disnea), dolor u opresión en el pecho, insomnio, palpitaciones, mareos, dolor muscular y articular, depresión y ansiedad, zumbido y dolor de oídos, náuseas, diarrea, dolor de estómago, pérdida del apetito, fiebre recurrente, tos crónica, dolor de cabeza, dolor de garganta, sarpullidos y alteraciones del olfato y el gusto, entre otros.

Una de las revistas científicas de máximo impacto, The Lancet, publicó este verano el artículo Caracterizando la Covid persistente en una cohorte internacional: 7 meses de síntomas y su impacto. El texto analiza una encuesta realizada a finales de 2020 a más de 3.750 personas de 56 países, previamente identificadas, que habían superado la Covid-19 antes de junio del mismo año.

Inicialmente, se estimó la prevalencia de un total de 203 síntomas, que afectan a diez sistemas orgánicos, y para el estudio se siguió la pista a 66 de ellos durante siete meses. A modo de síntesis, basta decir que una media del 91% de las personas que padecía alguno de ellos lo seguía experimentando pasado ese tiempo, con la consiguiente merma de su calidad de vida.

«Nuestra principal preocupación solían ser los procesos crónicos, pero estamos comprobando de qué forma se ven influenciados por agentes biológicos, que condicionan la respuesta a nuestros tratamientos», explica Manuel Arroyo, catedrático de la UGR

Con el objetivo de propiciar que la Covid persistente pueda ser superada, la Organización Mundial de la Salud recomienda que los fisioterapeutas, como expertos en el tratamiento basado en el movimiento y la recuperación de la funcionalidad, enseñen a las personas a retomar sus actividades cotidianas de forma pausada, con un ritmo adecuado, seguro y adaptado a su sintomatología.

Además, según el Consejo General de Colegios de Fisioterapeutas de España, esta rehabilitación debe tener como objetivo prioritario garantizar una buena oxigenación durante cualquier actividad que implique un esfuerzo. En este sentido, la presencia de un especialista en fisioterapia respiratoria puede ayudar cuando se registren signos de hiperventilación, disnea o cualquier otra alteración de la función pulmonar.

En otras palabras, la participación de los fisioterapeutas ayuda a las personas que sufren Covid persistente a recuperar la movilidad, la fuerza y a mejorar la respiración, entre otros beneficios. Por eso este año se decidió dedicar el Día Mundial de la Fisioterapia, que se conmemora cada 8 de septiembre, a resaltar el importante papel de esta disciplina sanitaria en la recuperación de quienes sufren secuelas prolongadas de la infección por coronavirus.

Sin embargo, tal y como señala Aurora Araujo, «el número de fisioterapeutas ya era muy escaso en hospitales y en centros de salud, pero la llegada del Covid persistente hace imprescindible aumentar este número para lograr que las personas afectadas puedan retomar una vida normal cuanto antes». 

Con motivo del día mundial, el sindicado de enfermería y fisioterapia Satse reclama al conjunto de consejerías de sanidad que convoquen nuevas plazas para fisioterapeutas y prioricen la contratación de estos profesionales, ya que, en la actualidad, existe un claro y grave déficit de plantillas en todas las comunidades autónomas. En este sentido, añade que la gran mayoría de estos profesionales tienen que trabajar en el sector privado, ya que las plazas existentes en los servicios de salud públicos son muy escasas.

Asimismo, el sindicato subraya que este déficit de plantillas conlleva que existan enormes listas de espera para ser tratado por un fisioterapeuta en todas las comunidades autónomas, especialmente en el ámbito de la Atención Primaria, de ahí la urgente necesidad de que haya, al menos, un profesional en cada centro de salud.

Satse también reitera que una adecuada dotación de fisioterapeutas conlleva una rentabilidad inmediata, no solo a nivel sanitario, sino tanto económica como social, ya que la intervención temprana de estos profesionales propicia la reducción de los tiempos de baja laboral, así como la recuperación total, en muchas ocasiones, de la funcionalidad y, por tanto, un considerable ahorro en los costes sanitarios y para empresas y centros de trabajo, sin olvidar lo más importante: el bienestar de las y los pacientes.

Un nuevo horizonte: mejorar el sistema inmune

Retomando la idea esbozada por el catedrático de Fisioterapia de la Universidad de Granada, Manuel Arroyo, la profesión puede jugar un papel de máxima relevancia en la recuperación de las secuelas derivadas de la Covid-19, pero, a nivel profundo y con la vista puesta en el futuro, el gran reto está en la prevención.

«Nuestra principal preocupación solían ser los procesos crónicos, pero estamos comprobando de qué forma se ven influenciados por agentes biológicos, que matizan y condicionan la respuesta a nuestros tratamientos», explica Arroyo en Fisioterapia 360ª. «Lo que hemos vivido es un cambio en la forma de entender la enfermedad –añade–. Las infecciones se han convertido en el centro de atención de las profesiones sanitarias, entre ellas la fisioterapia. Además, nos hemos dado cuente de que sabemos poco del sistema inmune. En nuestras consultas, en nuestras intervenciones, no trabajábamos con ese concepto».

Pero ahora, según relata, la profesión se pregunta diariamente cómo podría promover, a través fundamentalmente del ejercicio terapéutico, una mejor respuesta del sistema inmunitario frente a las infecciones. «En 2008 publiqué mi tesis doctoral, que giraba en torno a la estimulación de la producción de inmonuglobulina A (IgA) mediante terapia manual. Segregamos gran cantidad de esta sustancia en las vías respiratorias altas, a través de la saliva y las secreciones nasales. Y la boca y la nariz son las principales puertas de entrada de agentes patógenos como los virus que provocan la Covid-19. Por tanto, estimular la producción de IgA mediante fisioterapia podría ser una forma de prevenir infecciones»,  subraya Manuel Arroyo.

 

* La imagen que ilustra esta noticia es de Gilbert Beltran y está disponible en Unsplash.