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Las implicaciones éticas de los trasplantes

La ética es un componente importante y transversal del ejercicio de la profesión médica. Un aspecto que cobra un protagonismo especial en procesos complejos y delicados como la donación de órganos y los trasplantes. Con el fin de seguir mejorando en un campo en el que la sanidad española es un referente mundial, el CGCOM, la WMA y la ONT celebraron recientemente una sesión científica con dos cuestiones como protagonistas: la donación como parte integral de los cuidados al final de la vida y el papel de la ética profesional en la lucha contra el tráfico de órganos y el turismo de trasplantes. 

Las implicaciones éticas de los trasplantes y la donación de órganos y tejidos son numerosas y complejas, por lo que la profesión médica necesita disponer de recursos para enfrentarse a ellas en su práctica habitual. Con el fin de poner ideas en común y de reforzar las principales estrategias de actuación presentes y futuras, el Consejo General de Colegios Oficiales de Medicina (CGCOM), la Asociación Médica Mundial (WMA, por sus siglas en inglés) y la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) se reunieron en Córdoba el pasado 17 de septiembre para celebrar una sesión científica, prevista para 2020 y aplazada, como tantos y tantos eventos, a raíz de la pandemia.

Unos días antes, el CGCOM convocó a los medios de comunicación en su sede, junto al Palacio de las Cortes, para explicar con detalle los ejes de esta importante cita. «Se trata de un gran hito para la medicina a nivel mundial, ya que aborda un gran desafío profesional desde la perspectiva de la ética y la deontología médica, la piedra angular de nuestra profesión, y supondrá también una gran ventana para la profesión y la sanidad española, líder y referente en todo el planeta en la donación de órganos”, dijo Tomás Cobo, presidente el máximo órgano colegial.

«La sesión constituye una excelente oportunidad para profundizar, junto a profesionales de la sanidad de todo el mundo, en dos aspectos en los que nuestra sanidad está en vanguardia y en los que tenemos mucho interés. Tanto, que fueron objeto de una declaración, promovida por España y adoptada el año pasado –por unanimidad y en una sola sesión– en la 71 Asamblea de la WMA. Siempre decimos que somos líderes en donación porque somos uno de los países que consigue, año tras año, sistemáticamente, la mayor actividad en trasplantes. Pero también nos gusta decir que aportamos mucho al mundo en términos cualitativos», afirmó Beatriz Domínguez-Gil, presidenta de la ONT, en la misma presentación.

En primer lugar, Domínguez-Gil destacó el enfoque que se ha logrado dar a la donación de órganos. «Cuando piensa en ella, la profesión siempre tiene como objetivo cubrir las necesidades de trasplante de los pacientes en lista de espera, que, por supuesto, es su principal motivación. Pero en España le hemos dado un plus al concepto de donación, que es considerarla desde la perspectiva de quien fallece o está en un estado de muerte inminente, es decir, incorporando al proceso de toma de decisiones los valores y los deseos de la persona, y no solo los aspectos clínicos», explicó.

A sabiendas de que esta visión aporta un claro valor añadido, la ONT está promoviendo, tanto en España como en el resto de los países del mundo, a través de la citada declaración de la Asociación Médica Mundial, que se entienda que la donación de órganos ha de formar parte integral de los cuidados al final de la vida.

Esto significa que el o la profesional que atiende a una persona que ha fallecido, o está en situación de muerte inminente, cuyos órganos son compatibles con la donación, debe explorar y facilitar esa opción si coincide con los valores y los deseos expresos de esa persona en concreto. «En este punto, la donación ya no es relevante solamente para cumplir con las necesidades de trasplante de la población, sino también para satisfacer los deseos de las personas al final de la vida, proporcionándoles una atención verdaderamente integral», puntualizó la presidenta de la ONT.

Un sistema pionero en donación en asistolia

Una de las mesas de redondas de la sesión científica celebrada en Córdoba, El médico en la donación y el trasplante de órganos: implicaciones éticas, giró en torno a la donación en asistolia, que es aquella que se produce cuando una persona ha fallecido a causa de una parada cardiorrespiratoria, tras la que los órganos dejan de recibir flujo sanguíneo y se deterioran de forma muy rápida, dificultando el procedimiento.

Se trata de un proceso mucho más complicado desde el punto de vista técnico que el convencional, en el que la persona está en muerte cerebral, pero su corazón todavía late y oxigena el organismo. Tal vez por las dificultades que conlleva, en la mayoría de los países del mundo todavía no se ha creado un marco legal que la permita. Es más, tan solo la 22 países han reportado algún procedimiento de donación de estas características

La mayor actividad se realiza en España, donde ya está tan bien implementada que, en pleno 2020, se inició el Programa de Trasplante Cardíaco de Donante en Asistolia, que emplea un procedimiento innovador basado en los dispositivos de circulación extracorpórea (ECMO). El año pasado se realizaron cuatro: el primero en el Hospital Puerta de Hierro de Madrid, dos en el Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia y otro en el Hospital Marqués de Valdecilla de Santander.

Ya en 2021, la medicina española volvió a superarse gracias al Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid, que llevó a cabo con éxito el primer trasplante de corazón en asistolia y grupo sanguíneo incompatible del mundo. Por si este logro no fuese suficientemente extraordinario, se trataba de un trasplante a una bebé casi recién nacida.

La donante fue una niña de dos mese de edad, fallecida en otra comunidad autónoma, lo que hizo necesario el traslado de un equipo del centro madrileño por vía aérea. El corazón de la pequeña se recuperó antes de su extracción a través del sistema ECMO, que permite mantener oxigenados los órganos susceptibles de trasplante y valorar el funcionamiento cardíaco.

La receptora del órgano fue otra niña de tres meses, Naiara, a la que se le había detectado un grave problema de corazón antes de nacer, lo que aconsejó trasladar a su madre al Área del Corazón Infantil del Gregorio Marañón, centro de referencia nacional para cardiopatías congénitas en el feto. Sin embargo, la situación de la criatura empeoró y se optó por adelantar el parto para intentar salvarla. Afortunadamente, lograron estabilizarla y que el resto de sus órganos maduraran lo suficiente como para que fuese viable la opción del trasplante, aunque las posibilidades de obtener un órgano tan pequeño eran remotas.

«El sistema español de trasplantes debe plantearse la donación desde el punto de vista de las y los pacientes. Garantizarla es dar respuesta a los deseos de las personas al final de la vida», explica Beatriz Domínguez-Gil, directora de la ONT

«Sin embargo, gracias a inmensa generosidad de otra madre y otro padre, llegó un corazoncito para Naiara –contó en su día Manuela Camino, jefa de la Unidad de Trasplante Cardíaco Infantil del centro–. Fue un momento muy importante porque realizamos el trasplante de corazón al bebé más pequeño al que habíamos intervenido hasta el momento, pero también porque la niña había empeorado mucho en las anteriores 24 horas».

No sería posible contar la historia de Naiara sin la bebé fallecida y sin un sistema de trasplantes como el español, capaz de facilitar que los valores y los deseos de la madre y el padre de la niña donante se hiciesen realidad e hiciesen posible otra vida. Más allá de del virtuosismo técnico y organizativo que exige la donación en asistolia, que no es poco, la ausencia de un marco legal adecuado tiene como consecuencia que miles y miles de personas estén falleciendo de una parada cardiorrespiratoria en todo el mundo sin poder ejercer la opción de ser donantes.

Consecuentemente, si entendemos la donación como un derecho, o como parte integral de la atención al final de la vida, es posible afirmar que tanto la profesión médica como los gobiernos tienen la responsabilidad de crear un marco –técnico, ético y legal– que permita la donación en asistolia.

La lacra del tráfico de órganos y el turismo de trasplantes

Carolina Darias, ministra de Sanidad, fue la encargada del discurso de bienvenida de la sesión científica celebrada el viernes 17 se septiembre. En su intervención, explicó que, desde hace más de 30 años, España aboga por que la donación y el trasplante sean servicios esenciales, y que todo aquel que los necesite pueda tener derecho a ellos, dados sus enormes beneficios en términos de supervivencia y calidad de vida que aportan.

El acceso equitativo a la lista de espera de trasplantes, junto con el compromiso ético de la profesión médica, ha permitido que «España también lidere desde hace años la lucha contra el tráfico de órganos y el turismo de trasplantes ante la comunidad internacional, mediante el desarrollo de muchas de las iniciativas legislativas vigentes –explicó–. En este sentido, me gustaría destacar el Convenio de Santiago de Compostela, un compromiso internacional, firmado en 2015, en el que nuestro país jugó un papel fundamental. No obstante, nuestra lucha contra el tráfico de órganos no se detiene”.

Esa lucha sin cuartel es, precisamente, el segundo aspecto sobre el que puso el acento Beatriz Domínguez-Gil durante la presentación de esta sesión científica a los medios de comunicación. «Queremos insistir en la necesidad de ahondar sobre el papel de las distintas profesiones sanitarias en la prevención y la lucha contra este tipo de delitos, que vulneran derechos humanos fundamentales y constituyen un peligro para la salud, tanto individual como pública. El tráfico de órganos se diferencia de otros delitos en que necesita indefectiblemente de uno o más profesionales sanitarios. Además, esos profesionales sanitarios, particularmente quienes ejercen la medicina, se van a encontrar con situaciones en las que podrá hacer algo para prevenirlo o para luchar contra él», pormenorizó la presidenta de la ONT.

Para valorar la pertinencia de estas palabras y comprender la magnitud de esta lacra, y teniendo en cuenta que es imposible establecer cifras fidedignas, es posible citar, a modo de orientación, un documento de la Organización Mundial de la Salud de 2018, que sostiene que, de los aproximadamente 120.000 trasplantes practicados en el mundo en aquel momento. entre un 5 y un 10% se habrían realizado en el mercado negro.

Domínguez-Gil puso como ejemplos de esta afirmación tres escenarios posibles. En el primero, una persona le cuenta en consulta que está pensando en viajar a otro país para adquirir un órgano humano. En esta situación, lo adecuado desde el punto de vista de la ética sería explicarle los problemas que puede acarrear moverse en el contexto de las redes de tráfico de órganos y, sobre todo, quitarle de la cabeza la idea errónea de que, además de conseguir un trasplante, está ayudando a otra persona con su dinero, cuando lo que sucedería en realidad es que se estaría explotando a otra persona, aprovechando su vulnerabilidad.

La segunda situación sería aquella en la que hubiese que valorar la posible compatibilidad de parejas de donante en vivo y receptor/a, en la que tendría que ir más allá de los datos clínicos y asegurarse de que la donación se hace de forma totalmente voluntaria y altruista, sin ninguna coacción, ni siquiera económica.

El tercer ejemplo se refería al hipotético caso en que él o la profesional de la medicina se encuentra en consulta con una persona que regresa de someterse a un trasplante. «Efectivamente, tiene el deber de prestar asistencia a su paciente si la necesita, pero también tiene el deber de reportar que está en conocimiento de una actividad delictiva, tal y como dice muy claramente la declaración aprobada por unanimidad en la Asamblea de la WMA», concluyó Domínguez-Gil.

El presidente de esta organización, David O. Barbe, también participó en el evento emitido en streaming desde Córdoba. En un discurso centrado en la defensa de la autonomía de la profesión médica para definir su propia deontología y actuar en consecuencia, aludiendo a las atrocidades cometidas por el nazismo en nombre de la ciencia y la medicina como muestras claras de que las leyes no siempre son compatibles con la ética. «Como colectivo, debemos asumir la responsabilidad de desarrollar una orientación ética para nuestra profesión. Participar en sesiones científicas como esta para abordar los desafíos y la aplicación de la ética médica no es una opción, sino una necesidad. Es un deber profesional inseparable de la autonomía necesaria para hacer lo mejor para nuestros pacientes», argumentó.

* La imagen que ilustra esta noticia es un montaje a partir de un dibujo de Gordon Johnson, disponible en Pixabay.

La ética es un componente importante y transversal del ejercicio de la profesión médica. Un aspecto que cobra un protagonismo especial en procesos complejos y delicados como la donación de órganos y los trasplantes. Con el fin de seguir mejorando en un campo en el que la sanidad española es un referente mundial, el CGCOM, la WMA y la ONT celebraron recientemente una sesión científica con dos cuestiones como protagonistas: la donación como parte integral de los cuidados al final de la vida y el papel de la ética profesional en la lucha contra el tráfico de órganos y el turismo de trasplantes.

Las implicaciones éticas de los trasplantes y la donación de órganos y tejidos son numerosas y complejas, por lo que la profesión médica necesita disponer de recursos para enfrentarse a ellas en su práctica habitual. Con el fin de poner ideas en común y de reforzar las principales estrategias de actuación presentes y futuras, el Consejo General de Colegios Oficiales de Medicina (CGCOM), la Asociación Médica Mundial (WMA, por sus siglas en inglés) y la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) se reunieron en Córdoba el pasado 17 de septiembre para celebrar una sesión científica, prevista para 2020 y aplazada, como tantos y tantos eventos, a raíz de la pandemia.

Unos días antes, el CGCOM convocó a los medios de comunicación en su sede, junto al Palacio de las Cortes, para explicar con detalle los ejes de esta importante cita. «Se trata de un gran hito para la medicina a nivel mundial, ya que aborda un gran desafío profesional desde la perspectiva de la ética y la deontología médica, la piedra angular de nuestra profesión, y supondrá también una gran ventana para la profesión y la sanidad española, líder y referente en todo el planeta en la donación de órganos”, dijo Tomás Cobo, presidente el máximo órgano colegial.

«La sesión constituye una excelente oportunidad para profundizar, junto a profesionales de la sanidad de todo el mundo, en dos aspectos en los que nuestra sanidad está en vanguardia y en los que tenemos mucho interés. Tanto, que fueron objeto de una declaración, promovida por España y adoptada el año pasado –por unanimidad y en una sola sesión– en la 71 Asamblea de la WMA. Siempre decimos que somos líderes en donación porque somos uno de los países que consigue, año tras año, sistemáticamente, la mayor actividad en trasplantes. Pero también nos gusta decir que aportamos mucho al mundo en términos cualitativos», afirmó Beatriz Domínguez-Gil, presidenta de la ONT, en la misma presentación.

En primer lugar, Domínguez-Gil destacó el enfoque que se ha logrado dar a la donación de órganos. «Cuando piensa en ella, la profesión siempre tiene como objetivo cubrir las necesidades de trasplante de los pacientes en lista de espera, que, por supuesto, es su principal motivación. Pero en España le hemos dado un plus al concepto de donación, que es considerarla desde la perspectiva de quien fallece o está en un estado de muerte inminente, es decir, incorporando al proceso de toma de decisiones los valores y los deseos de la persona, y no solo los aspectos clínicos», explicó.

A sabiendas de que esta visión aporta un claro valor añadido, la ONT está promoviendo, tanto en España como en el resto de los países del mundo, a través de la citada declaración de la Asociación Médica Mundial, que se entienda que la donación de órganos ha de formar parte integral de los cuidados al final de la vida.

Esto significa que el o la profesional que atiende a una persona que ha fallecido, o está en situación de muerte inminente, cuyos órganos son compatibles con la donación, debe explorar y facilitar esa opción si coincide con los valores y los deseos expresos de esa persona en concreto. «En este punto, la donación ya no es relevante solamente para cumplir con las necesidades de trasplante de la población, sino también para satisfacer los deseos de las personas al final de la vida, proporcionándoles una atención verdaderamente integral», puntualizó la presidenta de la ONT.

Un sistema pionero en donación en asistolia

Una de las mesas de redondas de la sesión científica celebrada en Córdoba, El médico en la donación y el trasplante de órganos: implicaciones éticas, giró en torno a la donación en asistolia, que es aquella que se produce cuando una persona ha fallecido a causa de una parada cardiorrespiratoria, tras la que los órganos dejan de recibir flujo sanguíneo y se deterioran de forma muy rápida, dificultando el procedimiento.

Se trata de un proceso mucho más complicado desde el punto de vista técnico que el convencional, en el que la persona está en muerte cerebral, pero su corazón todavía late y oxigena el organismo. Tal vez por las dificultades que conlleva, en la mayoría de los países del mundo todavía no se ha creado un marco legal que la permita. Es más, tan solo la 22 países han reportado algún procedimiento de donación de estas características

La mayor actividad se realiza en España, donde ya está tan bien implementada que, en pleno 2020, se inició el Programa de Trasplante Cardíaco de Donante en Asistolia, que emplea un procedimiento innovador basado en los dispositivos de circulación extracorpórea (ECMO). El año pasado se realizaron cuatro: el primero en el Hospital Puerta de Hierro de Madrid, dos en el Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia y otro en el Hospital Marqués de Valdecilla de Santander.

Ya en 2021, la medicina española volvió a superarse gracias al Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid, que llevó a cabo con éxito el primer trasplante de corazón en asistolia y grupo sanguíneo incompatible del mundo. Por si este logro no fuese suficientemente extraordinario, se trataba de un trasplante a una bebé casi recién nacida.

La donante fue una niña de dos mese de edad, fallecida en otra comunidad autónoma, lo que hizo necesario el traslado de un equipo del centro madrileño por vía aérea. El corazón de la pequeña se recuperó antes de su extracción a través del sistema ECMO, que permite mantener oxigenados los órganos susceptibles de trasplante y valorar el funcionamiento cardíaco.

La receptora del órgano fue otra niña de tres meses, Naiara, a la que se le había detectado un grave problema de corazón antes de nacer, lo que aconsejó trasladar a su madre al Área del Corazón Infantil del Gregorio Marañón, centro de referencia nacional para cardiopatías congénitas en el feto. Sin embargo, la situación de la criatura empeoró y se optó por adelantar el parto para intentar salvarla. Afortunadamente, lograron estabilizarla y que el resto de sus órganos maduraran lo suficiente como para que fuese viable la opción del trasplante, aunque las posibilidades de obtener un órgano tan pequeño eran remotas.

«El sistema español de trasplantes debe plantearse la donación desde el punto de vista de las y los pacientes. Garantizarla es dar respuesta a los deseos de las personas al final de la vida», explica Beatriz Domínguez-Gil, directora de la ONT

«Sin embargo, gracias a inmensa generosidad de otra madre y otro padre, llegó un corazoncito para Naiara –contó en su día Manuela Camino, jefa de la Unidad de Trasplante Cardíaco Infantil del centro–. Fue un momento muy importante porque realizamos el trasplante de corazón al bebé más pequeño al que habíamos intervenido hasta el momento, pero también porque la niña había empeorado mucho en las anteriores 24 horas».

No sería posible contar la historia de Naiara sin la bebé fallecida y sin un sistema de trasplantes como el español, capaz de facilitar que los valores y los deseos de la madre y el padre de la niña donante se hiciesen realidad e hiciesen posible otra vida. Más allá de del virtuosismo técnico y organizativo que exige la donación en asistolia, que no es poco, la ausencia de un marco legal adecuado tiene como consecuencia que miles y miles de personas estén falleciendo de una parada cardiorrespiratoria en todo el mundo sin poder ejercer la opción de ser donantes.

Consecuentemente, si entendemos la donación como un derecho, o como parte integral de la atención al final de la vida, es posible afirmar que tanto la profesión médica como los gobiernos tienen la responsabilidad de crear un marco –técnico, ético y legal– que permita la donación en asistolia.

La lacra del tráfico de órganos y el turismo de trasplantes

Carolina Darias, ministra de Sanidad, fue la encargada del discurso de bienvenida de la sesión científica celebrada el viernes 17 se septiembre. En su intervención, explicó que, desde hace más de 30 años, España aboga por que la donación y el trasplante sean servicios esenciales, y que todo aquel que los necesite pueda tener derecho a ellos, dados sus enormes beneficios en términos de supervivencia y calidad de vida que aportan.

El acceso equitativo a la lista de espera de trasplantes, junto con el compromiso ético de la profesión médica, ha permitido que «España también lidere desde hace años la lucha contra el tráfico de órganos y el turismo de trasplantes ante la comunidad internacional, mediante el desarrollo de muchas de las iniciativas legislativas vigentes –explicó–. En este sentido, me gustaría destacar el Convenio de Santiago de Compostela, un compromiso internacional, firmado en 2015, en el que nuestro país jugó un papel fundamental. No obstante, nuestra lucha contra el tráfico de órganos no se detiene”.

Esa lucha sin cuartel es, precisamente, el segundo aspecto sobre el que puso el acento Beatriz Domínguez-Gil durante la presentación de esta sesión científica a los medios de comunicación. «Queremos insistir en la necesidad de ahondar sobre el papel de las distintas profesiones sanitarias en la prevención y la lucha contra este tipo de delitos, que vulneran derechos humanos fundamentales y constituyen un peligro para la salud, tanto individual como pública. El tráfico de órganos se diferencia de otros delitos en que necesita indefectiblemente de uno o más profesionales sanitarios. Además, esos profesionales sanitarios, particularmente quienes ejercen la medicina, se van a encontrar con situaciones en las que podrá hacer algo para prevenirlo o para luchar contra él», pormenorizó la presidenta de la ONT.

Para valorar la pertinencia de estas palabras y comprender la magnitud de esta lacra, y teniendo en cuenta que es imposible establecer cifras fidedignas, es posible citar, a modo de orientación, un documento de la Organización Mundial de la Salud de 2018, que sostiene que, de los aproximadamente 120.000 trasplantes practicados en el mundo en aquel momento. entre un 5 y un 10% se habrían realizado en el mercado negro.

Domínguez-Gil puso como ejemplos de esta afirmación tres escenarios posibles. En el primero, una persona le cuenta en consulta que está pensando en viajar a otro país para adquirir un órgano humano. En esta situación, lo adecuado desde el punto de vista de la ética sería explicarle los problemas que puede acarrear moverse en el contexto de las redes de tráfico de órganos y, sobre todo, quitarle de la cabeza la idea errónea de que, además de conseguir un trasplante, está ayudando a otra persona con su dinero, cuando lo que sucedería en realidad es que se estaría explotando a otra persona, aprovechando su vulnerabilidad.

La segunda situación sería aquella en la que hubiese que valorar la posible compatibilidad de parejas de donante en vivo y receptor/a, en la que tendría que ir más allá de los datos clínicos y asegurarse de que la donación se hace de forma totalmente voluntaria y altruista, sin ninguna coacción, ni siquiera económica.

El tercer ejemplo se refería al hipotético caso en que él o la profesional de la medicina se encuentra en consulta con una persona que regresa de someterse a un trasplante. «Efectivamente, tiene el deber de prestar asistencia a su paciente si la necesita, pero también tiene el deber de reportar que está en conocimiento de una actividad delictiva, tal y como dice muy claramente la declaración aprobada por unanimidad en la Asamblea de la WMA», concluyó Domínguez-Gil.

El presidente de esta organización, David O. Barbe, también participó en el evento emitido en streaming desde Córdoba. En un discurso centrado en la defensa de la autonomía de la profesión médica para definir su propia deontología y actuar en consecuencia, aludiendo a las atrocidades cometidas por el nazismo en nombre de la ciencia y la medicina como muestras claras de que las leyes no siempre son compatibles con la ética. «Como colectivo, debemos asumir la responsabilidad de desarrollar una orientación ética para nuestra profesión. Participar en sesiones científicas como esta para abordar los desafíos y la aplicación de la ética médica no es una opción, sino una necesidad. Es un deber profesional inseparable de la autonomía necesaria para hacer lo mejor para nuestros pacientes», argumentó.

* La imagen que ilustra esta noticia es un montaje a partir de un dibujo de Gordon Johnson, disponible en Pixabay.

La ética es un componente importante y transversal del ejercicio de la profesión médica. Un aspecto que cobra un protagonismo especial en procesos complejos y delicados como la donación de órganos y los trasplantes. Con el fin de seguir mejorando en un campo en el que la sanidad española es un referente mundial, el CGCOM, la WMA y la ONT celebraron recientemente una sesión científica con dos cuestiones como protagonistas: la donación como parte integral de los cuidados al final de la vida y el papel de la ética profesional en la lucha contra el tráfico de órganos y el turismo de trasplantes.

Las implicaciones éticas de los trasplantes y la donación de órganos y tejidos son numerosas y complejas, por lo que la profesión médica necesita disponer de recursos para enfrentarse a ellas en su práctica habitual. Con el fin de poner ideas en común y de reforzar las principales estrategias de actuación presentes y futuras, el Consejo General de Colegios Oficiales de Medicina (CGCOM), la Asociación Médica Mundial (WMA, por sus siglas en inglés) y la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) se reunieron en Córdoba el pasado 17 de septiembre para celebrar una sesión científica, prevista para 2020 y aplazada, como tantos y tantos eventos, a raíz de la pandemia.

Unos días antes, el CGCOM convocó a los medios de comunicación en su sede, junto al Palacio de las Cortes, para explicar con detalle los ejes de esta importante cita. «Se trata de un gran hito para la medicina a nivel mundial, ya que aborda un gran desafío profesional desde la perspectiva de la ética y la deontología médica, la piedra angular de nuestra profesión, y supondrá también una gran ventana para la profesión y la sanidad española, líder y referente en todo el planeta en la donación de órganos”, dijo Tomás Cobo, presidente el máximo órgano colegial.

«La sesión constituye una excelente oportunidad para profundizar, junto a profesionales de la sanidad de todo el mundo, en dos aspectos en los que nuestra sanidad está en vanguardia y en los que tenemos mucho interés. Tanto, que fueron objeto de una declaración, promovida por España y adoptada el año pasado –por unanimidad y en una sola sesión– en la 71 Asamblea de la WMA. Siempre decimos que somos líderes en donación porque somos uno de los países que consigue, año tras año, sistemáticamente, la mayor actividad en trasplantes. Pero también nos gusta decir que aportamos mucho al mundo en términos cualitativos», afirmó Beatriz Domínguez-Gil, presidenta de la ONT, en la misma presentación.

En primer lugar, Domínguez-Gil destacó el enfoque que se ha logrado dar a la donación de órganos. «Cuando piensa en ella, la profesión siempre tiene como objetivo cubrir las necesidades de trasplante de los pacientes en lista de espera, que, por supuesto, es su principal motivación. Pero en España le hemos dado un plus al concepto de donación, que es considerarla desde la perspectiva de quien fallece o está en un estado de muerte inminente, es decir, incorporando al proceso de toma de decisiones los valores y los deseos de la persona, y no solo los aspectos clínicos», explicó.

A sabiendas de que esta visión aporta un claro valor añadido, la ONT está promoviendo, tanto en España como en el resto de los países del mundo, a través de la citada declaración de la Asociación Médica Mundial, que se entienda que la donación de órganos ha de formar parte integral de los cuidados al final de la vida.

Esto significa que el o la profesional que atiende a una persona que ha fallecido, o está en situación de muerte inminente, cuyos órganos son compatibles con la donación, debe explorar y facilitar esa opción si coincide con los valores y los deseos expresos de esa persona en concreto. «En este punto, la donación ya no es relevante solamente para cumplir con las necesidades de trasplante de la población, sino también para satisfacer los deseos de las personas al final de la vida, proporcionándoles una atención verdaderamente integral», puntualizó la presidenta de la ONT.

Un sistema pionero en donación en asistolia

Una de las mesas de redondas de la sesión científica celebrada en Córdoba, El médico en la donación y el trasplante de órganos: implicaciones éticas, giró en torno a la donación en asistolia, que es aquella que se produce cuando una persona ha fallecido a causa de una parada cardiorrespiratoria, tras la que los órganos dejan de recibir flujo sanguíneo y se deterioran de forma muy rápida, dificultando el procedimiento.

Se trata de un proceso mucho más complicado desde el punto de vista técnico que el convencional, en el que la persona está en muerte cerebral, pero su corazón todavía late y oxigena el organismo. Tal vez por las dificultades que conlleva, en la mayoría de los países del mundo todavía no se ha creado un marco legal que la permita. Es más, tan solo la 22 países han reportado algún procedimiento de donación de estas características

La mayor actividad se realiza en España, donde ya está tan bien implementada que, en pleno 2020, se inició el Programa de Trasplante Cardíaco de Donante en Asistolia, que emplea un procedimiento innovador basado en los dispositivos de circulación extracorpórea (ECMO). El año pasado se realizaron cuatro: el primero en el Hospital Puerta de Hierro de Madrid, dos en el Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia y otro en el Hospital Marqués de Valdecilla de Santander.

Ya en 2021, la medicina española volvió a superarse gracias al Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid, que llevó a cabo con éxito el primer trasplante de corazón en asistolia y grupo sanguíneo incompatible del mundo. Por si este logro no fuese suficientemente extraordinario, se trataba de un trasplante a una bebé casi recién nacida.

La donante fue una niña de dos mese de edad, fallecida en otra comunidad autónoma, lo que hizo necesario el traslado de un equipo del centro madrileño por vía aérea. El corazón de la pequeña se recuperó antes de su extracción a través del sistema ECMO, que permite mantener oxigenados los órganos susceptibles de trasplante y valorar el funcionamiento cardíaco.

La receptora del órgano fue otra niña de tres meses, Naiara, a la que se le había detectado un grave problema de corazón antes de nacer, lo que aconsejó trasladar a su madre al Área del Corazón Infantil del Gregorio Marañón, centro de referencia nacional para cardiopatías congénitas en el feto. Sin embargo, la situación de la criatura empeoró y se optó por adelantar el parto para intentar salvarla. Afortunadamente, lograron estabilizarla y que el resto de sus órganos maduraran lo suficiente como para que fuese viable la opción del trasplante, aunque las posibilidades de obtener un órgano tan pequeño eran remotas.

«El sistema español de trasplantes debe plantearse la donación desde el punto de vista de las y los pacientes. Garantizarla es dar respuesta a los deseos de las personas al final de la vida», explica Beatriz Domínguez-Gil, directora de la ONT

«Sin embargo, gracias a inmensa generosidad de otra madre y otro padre, llegó un corazoncito para Naiara –contó en su día Manuela Camino, jefa de la Unidad de Trasplante Cardíaco Infantil del centro–. Fue un momento muy importante porque realizamos el trasplante de corazón al bebé más pequeño al que habíamos intervenido hasta el momento, pero también porque la niña había empeorado mucho en las anteriores 24 horas».

No sería posible contar la historia de Naiara sin la bebé fallecida y sin un sistema de trasplantes como el español, capaz de facilitar que los valores y los deseos de la madre y el padre de la niña donante se hiciesen realidad e hiciesen posible otra vida. Más allá de del virtuosismo técnico y organizativo que exige la donación en asistolia, que no es poco, la ausencia de un marco legal adecuado tiene como consecuencia que miles y miles de personas estén falleciendo de una parada cardiorrespiratoria en todo el mundo sin poder ejercer la opción de ser donantes.

Consecuentemente, si entendemos la donación como un derecho, o como parte integral de la atención al final de la vida, es posible afirmar que tanto la profesión médica como los gobiernos tienen la responsabilidad de crear un marco –técnico, ético y legal– que permita la donación en asistolia.

La lacra del tráfico de órganos y el turismo de trasplantes

Carolina Darias, ministra de Sanidad, fue la encargada del discurso de bienvenida de la sesión científica celebrada el viernes 17 se septiembre. En su intervención, explicó que, desde hace más de 30 años, España aboga por que la donación y el trasplante sean servicios esenciales, y que todo aquel que los necesite pueda tener derecho a ellos, dados sus enormes beneficios en términos de supervivencia y calidad de vida que aportan.

El acceso equitativo a la lista de espera de trasplantes, junto con el compromiso ético de la profesión médica, ha permitido que «España también lidere desde hace años la lucha contra el tráfico de órganos y el turismo de trasplantes ante la comunidad internacional, mediante el desarrollo de muchas de las iniciativas legislativas vigentes –explicó–. En este sentido, me gustaría destacar el Convenio de Santiago de Compostela, un compromiso internacional, firmado en 2015, en el que nuestro país jugó un papel fundamental. No obstante, nuestra lucha contra el tráfico de órganos no se detiene”.

Esa lucha sin cuartel es, precisamente, el segundo aspecto sobre el que puso el acento Beatriz Domínguez-Gil durante la presentación de esta sesión científica a los medios de comunicación. «Queremos insistir en la necesidad de ahondar sobre el papel de las distintas profesiones sanitarias en la prevención y la lucha contra este tipo de delitos, que vulneran derechos humanos fundamentales y constituyen un peligro para la salud, tanto individual como pública. El tráfico de órganos se diferencia de otros delitos en que necesita indefectiblemente de uno o más profesionales sanitarios. Además, esos profesionales sanitarios, particularmente quienes ejercen la medicina, se van a encontrar con situaciones en las que podrá hacer algo para prevenirlo o para luchar contra él», pormenorizó la presidenta de la ONT.

Para valorar la pertinencia de estas palabras y comprender la magnitud de esta lacra, y teniendo en cuenta que es imposible establecer cifras fidedignas, es posible citar, a modo de orientación, un documento de la Organización Mundial de la Salud de 2018, que sostiene que, de los aproximadamente 120.000 trasplantes practicados en el mundo en aquel momento. entre un 5 y un 10% se habrían realizado en el mercado negro.

Domínguez-Gil puso como ejemplos de esta afirmación tres escenarios posibles. En el primero, una persona le cuenta en consulta que está pensando en viajar a otro país para adquirir un órgano humano. En esta situación, lo adecuado desde el punto de vista de la ética sería explicarle los problemas que puede acarrear moverse en el contexto de las redes de tráfico de órganos y, sobre todo, quitarle de la cabeza la idea errónea de que, además de conseguir un trasplante, está ayudando a otra persona con su dinero, cuando lo que sucedería en realidad es que se estaría explotando a otra persona, aprovechando su vulnerabilidad.

La segunda situación sería aquella en la que hubiese que valorar la posible compatibilidad de parejas de donante en vivo y receptor/a, en la que tendría que ir más allá de los datos clínicos y asegurarse de que la donación se hace de forma totalmente voluntaria y altruista, sin ninguna coacción, ni siquiera económica.

El tercer ejemplo se refería al hipotético caso en que él o la profesional de la medicina se encuentra en consulta con una persona que regresa de someterse a un trasplante. «Efectivamente, tiene el deber de prestar asistencia a su paciente si la necesita, pero también tiene el deber de reportar que está en conocimiento de una actividad delictiva, tal y como dice muy claramente la declaración aprobada por unanimidad en la Asamblea de la WMA», concluyó Domínguez-Gil.

El presidente de esta organización, David O. Barbe, también participó en el evento emitido en streaming desde Córdoba. En un discurso centrado en la defensa de la autonomía de la profesión médica para definir su propia deontología y actuar en consecuencia, aludiendo a las atrocidades cometidas por el nazismo en nombre de la ciencia y la medicina como muestras claras de que las leyes no siempre son compatibles con la ética. «Como colectivo, debemos asumir la responsabilidad de desarrollar una orientación ética para nuestra profesión. Participar en sesiones científicas como esta para abordar los desafíos y la aplicación de la ética médica no es una opción, sino una necesidad. Es un deber profesional inseparable de la autonomía necesaria para hacer lo mejor para nuestros pacientes», argumentó.

* La imagen que ilustra esta noticia es un montaje a partir de un dibujo de Gordon Johnson, disponible en Pixabay.