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POR ALEXA DIÉGUEZ

24 de septiembre de 2020

READ IT IN ENGLISH

Cientos de personas, tan solo en Madrid capital, se implicaron en una red vecinal de cuidados, Malasaña Acompaña, surgida de forma espontánea para hacer frente a la debacle social que la covid-19 iba dejando tras de sí, de la que forma parte Alexa Diéguez, una de las cofundadoras de doubledose, He aquí un breve relato de su experiencia, sin duda agridulce, en la que esas maravillas llamadas bondad, generosidad y entrega comparten protagonismo con la impotencia de constatar que nuestro sistema político está diseñado para mayor gloria de una aplastante minoría. Como sucede en la mayoría de los casos, el epicentro de esta emergencia social sin precedentes, con permiso del evidente colapso de la sanidad pública, es la pobreza, hija de la desigualdad.

ENTREVISTAS VECINALES

Este reportaje está planteado como una introducción vivida, o personal, a la red de apoyo que se ha ido tejiendo en una zona muy concreta de Madrid, además de breve cronología de su trayectoria. El plato fuerte, sin embargo, son las entrevistas a las vecinas y los vecinos que se han implicado en el colectivo Malasaña Acompaña, una serie que lleva por título, precisamente,’ENTREVISTAS VECINALES’ y que inaugura Eva Fuentes. A través de distintos testimonios, veremos cómo la suma de los particulares puntos de vista de cada persona entrevistada enriquecen el conjunto.

“El inicio del estado de alarma nos sorprendió en Vigo a mi hijo y a mí, visitando a mi familia. El momento era tan, pero tan extraño, que me pareció mejor que nos quedásemos para estar cerca de mi padre y de mi hermana.

Una vez quedó claro que el confinamiento iba para largo, decidimos volver a Madrid, a nuestra casa. Llegamos el 7 de abril en tren y, esa misma tarde, vi un cartel de Malasaña Acompaña y no lo dudé: rellené un formulario online para ofrecerme como voluntaria y esperé. Para mí, que vivo al día y leo los periódicos, no fue complicado imaginar la situación verdaderamente dramática que debían de estar viviendo muchas familias.

Sin embargo, la respuesta tardó bastante en llegar. Después supe que la demora se debía a que, tras el cierre de Casa 28, encontrar una sede para la despensa solidaria no había resultado fácil. Finalmente, tras una espera que se me hizo casi eterna, Ana Santos, encargada de acoger a los voluntarios, me escribió, diciéndome que contaba conmigo para la recogida de donaciones de alimentos del sábado 2 de mayo.

Nuestra presencia en los mercados y los supermercados de la zona, donde los vecinos podían donar lo que buenamente quisiesen y pudiesen –que fue muchísimo, por cierto–, se había inaugurado el sábado anterior, 25 de abril. El primer lote de alimentos de esta red vecinal de cuidados, tal y como ahora la conocemos, se entregó a las familias precisamente el día que Ana se puso en contacto conmigo, martes 28 de abril.

Como soy periodista, también me sugirió entrar a formar parte del grupo de comunicación, con el que me reuní por Zoom el miércoles 29. Ya entonces me comprometí a crear la página de Facebook del colectivo, que echó a andar el domingo 3 de mayo y que sigo alimentando en la medida de mis posibilidades.

Para resumir lo que esta experiencia ha supuesto para mí, diré que me ha proporcionado mucha alegría, ya que he podido conocer a personas que me parecen maravillosas, he sido testigo de la generosidad de la gente y me he sentido parte de una comunidad. Sin embargo, he de decir que el hecho de observar tan de cerca la situación que viven algunas familias por culpa del abandono institucional y de una burocracia demencial también me tiene escandalizada, lo mismo que las mentiras y la insensatez de los gobernantes autonómicos y municipales que soportamos, que no buscan ni quieren el bien común, sino todo lo contrario.

Por último, tengo una certeza: he salido a la calle y en la calle seguiré mientras haya tanta injusticia y tanta desigualdad a mi alrededor. Durante estos días tan irreales, he pensado mucho en el ‘palabro’ acuñado por la filósofa Adela Cortina, en ese miedo y rese echazo a la pobreza y a las personas pobres, de nombre aporofobia, que está en el mismísimo núcleo del abandono y la discriminación. Tristemente, hemos vuelto a comprobar su vigencia con los confinamientos selectivos –a trabajar, sí, pero a pasear, no– que se han impuesto a los barrios del sur de Madrid. Un conato de apartheid que no debemos olvidar y que, sin embargo, no sé ni cómo ni por qué, permitimos». 

Alexa Diéguez

 

La red vecinal de cuidados Malasaña – Conde Duque – Chueca Acompaña, Malasaña Acompaña para los amigos, nació a finales de abril de 2020, en gran medida como continuación natural de la valiente labor desarrollada por Adrián Rojas desde su restaurante Casa 28, situado en la calle Espíritu Santo, que el mismísimo 14 de marzo, en lugar de cerrar, empezó a servir comidas calientes a las personas más necesitadas del barrio de forma totalmente gratuita.

El comedor social improvisado permaneció abierto durante 42 días consecutivos, seis semanas justas, hasta que tuvo que echar el cierre el sábado 25 de abril, fundamentalmente por la presión creciente ejercida por algunos vecinos y por la Policía Municipal, molestos por el ambiente que creaban los usuarios. El primer día, Casa 28 sirvió 20 comidas calientes. El último, 280.

Adrián Rojas no estuvo solo. Pronto subieron al barco una docena de personas, como Lola Beneyto Lantero, segunda cocinera de a bordo durante esas largas semanas y propietaria, a su vez, de El Lugarcito, el restaurante de comida para llevar que había abierto con tanto mimo hacía apenas unos meses en la calle Noviciado, que, afortunadamente, sigue navegando. Muchos negocios de la zona no han tenido la misma suerte.

Varias de las personas que después arrancarían Malasaña Acompaña llevaban semanas echando una mano en Casa 28. De hecho, en los últimos momentos ya se entregaban lotes de comida sin cocinar, salidos de la despensa del propio comedor social, a las familias que preferían llevarse a casa materias primas para unos días, cocinar a su manera y no tener que hacer la cola en Espíritu Santo diariamente.

Así comenzó a tejerse la red de voluntarios de la futura despensa solidaria, que si bien surgió fundamentalmente del entorno de Casa 28, también se nutrió del movimiento asociativo de la zona y de una red de ámbito más amplio, Cuidados Madrid Centro, en la que se integra el grupo, aunque funcione de forma totalmente autónoma, como otras entidades surgidas durante la crisis, entre las que destaca la Plataforma La CuBa, que obtuvo una repercusión mediática considerable durante el confinamiento.

 

Cuando se entregó el primer lote de alimentos, nadie podía imaginar que la despensa solidaria seguiría siendo necesaria en septiembre, seis meses después del inicio del estado de alarma

 

Cuando se entregó el primer lote de alimentos desde el almacén de Malasaña Acompaña, inicialmente instalado en el sótano la sede de Ecologistas en Acción Madrid, las personas comprometidas con esta red vecinal espontánea no se imaginaban ni en sus peores pesadillas que la despensa solidaria seguiría siendo tan necesaria a finales de septiembre, seis meses después del inicio del estado de alarma. De hecho, todavía se ocupa del 50% de las unidades familiares a las que llegó a prestar apoyo.

En lo relativo a los servicios sociales, la pandemia ha dejado al descubierto lo que ya venían avisando los profesionales del sector: tenemos un sistema lento,  paternalista, dolorosamente burocratizado, clamorosamente infradotado a todos los niveles e incapaz de adaptarse a las distintas realidades de las personas a las que se dirigen. El resultado es terrible, tanto que, por poner tan solo un ejemplo, Malasaña Acompaña ha tenido que afrontar las necesidades básicas de 23 bebés durante meses porque ni la administración municipal ni la autonómica se han hecho cargo de ellos. En el conjunto de Madrid capital, esta cifra ronda las 5.000 criaturas, según las Redes de Cuidados de Madrid. ¿Dónde quedan los derechos de la infancia? ¿Cómo crecerán los niños y las niñas que llevan meses pasando hambre?

Pese a estas deficiencias estructurales, el mismo espíritu del estado de alarma que entró en vigor el pasado 14 de marzo radicaba en permitir medidas excepcionales para hacer frente a una situación excepcional, siempre en aras del bien común. En consecuencia, la respuesta del Ayuntamiento de Madrid no ha estado a la altura. No ha sabido organizarse para incorporar a las ayudas municipales a las familias que ya estaban fuera de su radar antes del confinamiento, personas que ya vivían en precario y que, de un tiempo a esta parte, están en la miseria. No ha sabido o no ha querido, pero, desde luego, hubiese podido.

En este contexto, los representantes del consistorio que han hecho lo posible por difamar y poner dificultades a las redes vecinales no han sido una excepción. En lugar de actuar con rapidez y, en buena ley, agradecer a tantos y tantos vecinos y vecinas la labor colectiva realizada en sustitución de los servicios sociales municipales desde el 14 de marzo, cuando cerraron a cal y canto todos los recursos disponibles –oficinas albergues, comedores, etc.–, dejando atrás sin miramientos a las personas más vulnerables de la ciudad.

Aunque distintos portavoces del Gobierno local hayan declarado que la demora a la hora de tomar el relevo se debe a que las redes vecinales no han facilitado los datos de las familias a las que han venido acompañando, lo cierto es que Malasaña Acompaña entregó los citados documentos el 16 de junio, pero nada ha cambiado desde entonces: quienes no estaban registrados en los listados municipales siguen sin recibir ayudas públicas. Cabría afirmar, además, que exigir a los voluntarios que acometan esta labor de recogida y sistematización de datos personales es otra dejación de funciones y responsabilidades que añadir a la lista.

A la espera de que la Tarjeta Familias, que es posible solicitar desde el pasado martes 1 de septiembre, suponga algo más que un gesto de buena voluntad, las personas que componen Malasaña Acompaña están ahora mismo en pleno proceso de definir una fecha para el final de su despensa solidaria, no sin antes tratar de ayudar a las familias usuarias a lograr algún tipo de apoyo, y de reflexionar sobre la mejor forma de transformarse como grupo.

Ha llegado la hora de que el Ayuntamiento recoja la pelota que tiene posada en su tejado desde hace ya demasiado tiempo. Sin embargo, la opacidad existente en torno a la Tarjeta Familias, así como el descontrol sanitario en el que nos ha sumido el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso, no presagia nada bueno.

Cronología Malasaña Acompaña - 24 septiembre
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Malasaña Acompaña: Solo el pueblo salva al pueblo

POR ALEXA DIÉGUEZ

24 de septiempre de 2020

READ IT IN ENGLISH

Cientos de personas, tan solo en Madrid capital, se implicaron en una red vecinal de cuidados, Malasaña Acompaña, surgida de forma espontánea para hacer frente a la debacle social que la covid-19 iba dejando tras de sí, de la que forma parte Alexa Diéguez, una de las cofundadoras de doubledose, He aquí un breve relato de su experiencia, sin duda agridulce, en la que esas maravillas llamadas bondad, generosidad y entrega comparten protagonismo con la impotencia de constatar que nuestro sistema político está diseñado para mayor gloria de una aplastante minoría. Como sucede en la mayoría de los casos, el epicentro de esta emergencia social sin precedentes, con permiso del evidente colapso de la sanidad pública, es la pobreza, hija de la desigualdad.

ENTREVISTAS VECINALES

Este reportaje está planteado como una introducción vivida, o personal, a la red de apoyo que se ha ido tejiendo en una zona muy concreta de Madrid, además de breve cronología de su trayectoria. El plato fuerte, sin embargo, son las entrevistas a las vecinas y los vecinos que se han implicado en el colectivo Malasaña Acompaña, una serie que lleva por título, precisamente,’ENTREVISTAS VECINALES’ y que inaugura Eva Fuentes. A través de distintos testimonios, veremos cómo la suma de los particulares puntos de vista de cada persona entrevistada enriquecen el conjunto.

“El inicio del estado de alarma nos sorprendió en Vigo a mi hijo y a mí, visitando a mi familia. El momento era tan, pero tan extraño, que me pareció mejor que nos quedásemos para estar cerca de mi padre y de mi hermana.

Una vez quedó claro que el confinamiento iba para largo, decidimos volver a Madrid, a nuestra casa. Llegamos el 7 de abril en tren y, esa misma tarde, vi un cartel de Malasaña Acompaña y no lo dudé: rellené un formulario online para ofrecerme como voluntaria y esperé. Para mí, que vivo al día y leo los periódicos, no fue complicado imaginar la situación verdaderamente dramática que debían de estar viviendo muchas familias.

Sin embargo, la respuesta tardó bastante en llegar. Después supe que la demora se debía a que, tras el cierre de Casa 28, encontrar una sede para la despensa solidaria no había resultado fácil. Finalmente, tras una espera que se me hizo casi eterna, Ana Santos, encargada de acoger a los voluntarios, me escribió, diciéndome que contaba conmigo para la recogida de donaciones de alimentos del sábado 2 de mayo.

Nuestra presencia en los mercados y los supermercados de la zona, donde los vecinos podían donar lo que buenamente quisiesen y pudiesen –que fue muchísimo, por cierto–, se había inaugurado el sábado anterior, 25 de abril. El primer lote de alimentos de esta red vecinal de cuidados, tal y como ahora la conocemos, se entregó a las familias precisamente el día que Ana se puso en contacto conmigo, martes 28 de abril.

Como soy periodista, también me sugirió entrar a formar parte del grupo de comunicación, con el que me reuní por Zoom el miércoles 29. Ya entonces me comprometí a crear la página de Facebook del colectivo, que echó a andar el domingo 3 de mayo y que sigo alimentando en la medida de mis posibilidades.

Para resumir lo que esta experiencia ha supuesto para mí, diré que me ha proporcionado mucha alegría, ya que he podido conocer a personas que me parecen maravillosas, he sido testigo de la generosidad de la gente y me he sentido parte de una comunidad. Sin embargo, he de decir que el hecho de observar tan de cerca la situación que viven algunas familias por culpa del abandono institucional y de una burocracia demencial también me tiene escandalizada, lo mismo que las mentiras y la insensatez de los gobernantes autonómicos y municipales que soportamos, que no buscan ni quieren el bien común, sino todo lo contrario.

Por último, tengo una certeza: he salido a la calle y en la calle seguiré mientras haya tanta injusticia y tanta desigualdad a mi alrededor. Durante estos días tan irreales, he pensado mucho en el ‘palabro’ acuñado por la filósofa Adela Cortina, en ese miedo y rese echazo a la pobreza y a las personas pobres, de nombre aporofobia, que está en el mismísimo núcleo del abandono y la discriminación. Tristemente, hemos vuelto a comprobar su vigencia con los confinamientos selectivos –a trabajar, sí, pero a pasear, no– que se han impuesto a los barrios del sur de Madrid. Un conato de apartheid que no debemos olvidar y que, sin embargo, no sé ni cómo ni por qué, permitimos». 

Alexa Diéguez

 

La red vecinal de cuidados Malasaña – Conde Duque – Chueca Acompaña, Malasaña Acompaña para los amigos, nació a finales de abril de 2020, en gran medida como continuación natural de la valiente labor desarrollada por Adrián Rojas desde su restaurante Casa 28, situado en la calle Espíritu Santo, que el mismísimo 14 de marzo, en lugar de cerrar, empezó a servir comidas calientes a las personas más necesitadas del barrio de forma totalmente gratuita.

El comedor social improvisado permaneció abierto durante 42 días consecutivos, seis semanas justas, hasta que tuvo que echar el cierre el sábado 25 de abril, fundamentalmente por la presión creciente ejercida por algunos vecinos y por la Policía Municipal, molestos por el ambiente que creaban los usuarios. El primer día, Casa 28 sirvió 20 comidas calientes. El último, el número había aumentado hasta 280.

Adrián Rojas no estuvo solo. Pronto subieron al barco una docena de personas, como Lola Beneyto Lantero, segunda cocinera de a bordo durante esas largas semanas y propietaria, a su vez, de El Lugarcito, el restaurante de comida para llevar que había abierto con tanto mimo hacía apenas unos meses en la calle Noviciado, que, afortunadamente, sigue navegando. Muchos negocios de la zona no han tenido la misma suerte.

Varias de las personas que después arrancarían Malasaña Acompaña llevaban semanas echando una mano en Casa 28. De hecho, en los últimos momentos ya se entregaban lotes de comida sin cocinar, salidos de la despensa del propio comedor social, a las familias que preferían llevarse a casa materias primas para unos días, cocinar a su manera y no tener que hacer la cola en Espíritu Santo diariamente.

Así comenzó a tejerse la red de voluntarios de la futura despensa solidaria, que si bien surgió fundamentalmente del entorno de Casa 28, también se nutrió del movimiento asociativo de la zona y de una red de ámbito más amplio, Cuidados Madrid Centro, en la que se integra el grupo, aunque funcione de forma totalmente autónoma, como otras entidades surgidas durante la crisis, entre las que destaca la Plataforma La CuBa, que obtuvo una repercusión mediática considerable durante el confinamiento.

 

Cuando se entregó el primer lote de alimentos, nadie podía imaginar que la despensa solidaria seguiría siendo necesaria en septiembre, seis meses después del inicio del estado de alarma

 

Cuando se entregó el primer lote de alimentos desde el almacén de Malasaña Acompaña, inicialmente instalado en el sótano la sede de Ecologistas en Acción Madrid, las personas comprometidas con esta red vecinal espontánea no se imaginaban ni en sus peores pesadillas que la despensa solidaria seguiría siendo tan necesaria a finales de septiembre, seis meses después del inicio del estado de alarma. De hecho, todavía se ocupa del 50% de las unidades familiares a las que llegó a prestar apoyo.

En lo relativo a los servicios sociales, la pandemia ha dejado al descubierto lo que ya venían avisando los profesionales del sector: tenemos un sistema lento,  paternalista, dolorosamente burocratizado, clamorosamente infradotado a todos los niveles e incapaz de adaptarse a las distintas realidades de las personas a las que se dirigen. El resultado es terrible, tanto que, por poner tan solo un ejemplo, Malasaña Acompaña ha tenido que afrontar las necesidades básicas de 23 bebés durante meses porque ni la administración municipal ni la autonómica se han hecho cargo de ellos. En el conjunto de Madrid capital, esta cifra ronda las 5.000 criaturas, según las Redes de Cuidados de Madrid. ¿Dónde quedan los derechos de la infancia? ¿Cómo crecerán los niños y las niñas que llevan meses pasando hambre?

Pese a estas deficiencias estructurales, el mismo espíritu del estado de alarma que entró en vigor el pasado 14 de marzo radicaba en permitir medidas excepcionales para hacer frente a una situación excepcional, siempre en aras del bien común. En consecuencia, la respuesta del Ayuntamiento de Madrid no ha estado a la altura. No ha sabido organizarse para incorporar a las ayudas municipales a las familias que ya estaban fuera de su radar antes del confinamiento, personas que ya vivían en precario y que, de un tiempo a esta parte, están en la miseria. No ha sabido o no ha querido, pero, desde luego, hubiese podido.

En este contexto, los representantes del consistorio que han hecho lo posible por difamar y poner dificultades a las redes vecinales no han sido una excepción. En lugar de actuar con rapidez y, en buena ley, agradecer a tantos y tantos vecinos y vecinas la labor colectiva realizada en sustitución de los servicios sociales municipales desde el 14 de marzo, cuando cerraron a cal y canto todos los recursos disponibles –oficinas albergues, comedores, etc.–, dejando atrás sin miramientos a las personas más vulnerables de la ciudad.

Aunque distintos portavoces del Gobierno local hayan declarado que la demora a la hora de tomar el relevo se debe a que las redes vecinales no han facilitado los datos de las familias a las que han venido acompañando, lo cierto es que Malasaña Acompaña entregó los citados documentos el 16 de junio, pero nada ha cambiado desde entonces: quienes no estaban registrados en los listados municipales siguen sin recibir ayudas públicas. Cabría afirmar, además, que exigir a los voluntarios que acometan esta labor de recogida y sistematización de datos personales es otra dejación de funciones y responsabilidades que añadir a la lista.

A la espera de que la Tarjeta Familias, que es posible solicitar desde el pasado martes 1 de septiembre, suponga algo más que un gesto de buena voluntad, las personas que componen Malasaña Acompaña están ahora mismo en pleno proceso de definir una fecha para el final de su despensa solidaria, no sin antes tratar de ayudar a las familias usuarias a lograr algún tipo de apoyo, y de reflexionar sobre la mejor forma de transformarse como grupo.

Ha llegado la hora de que el Ayuntamiento recoja la pelota que tiene posada en su tejado desde hace ya demasiado tiempo. Sin embargo, la opacidad existente en torno a la Tarjeta Familias, así como el descontrol sanitario en el que nos ha sumido el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso, no presagia nada bueno.

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Malasaña Acompaña: solo el pueblo salva al pueblo

POR ALEXA DIÉGUEZ / 24 de septiembre, 2020 / READ IT IN ENGLISH

Cientos de personas, tan solo en Madrid capital, se implicaron en una red vecinal de cuidados, Malasaña Acompaña, surgida de forma espontánea para hacer frente a la debacle social que la covid-19 iba dejando tras de sí, de la que forma parte Alexa Diéguez, una de las cofundadoras de doubledose, He aquí un breve relato de su experiencia, sin duda agridulce, en la que esas maravillas llamadas bondad, generosidad y entrega comparten protagonismo con la impotencia de constatar que nuestro sistema político está diseñado para mayor gloria de una aplastante minoría. Como sucede en la mayoría de los casos, el epicentro de esta emergencia social sin precedentes, con permiso del evidente colapso de la sanidad pública, es la pobreza, hija de la desigualdad.

ENTREVISTAS VECINALES

Este reportaje está planteado como una introducción vivida, o personal, a la red de apoyo que se ha ido tejiendo en una zona muy concreta de Madrid, además de breve cronología de su trayectoria. El plato fuerte, sin embargo, son las entrevistas a las vecinas y los vecinos que se han implicado en el colectivo Malasaña Acompaña, una serie que lleva por título, precisamente,’ENTREVISTAS VECINALES’ y que inaugura Eva Fuentes. A través de distintos testimonios, veremos cómo la suma de los particulares puntos de vista de cada persona entrevistada enriquecen el conjunto.

“El inicio del estado de alarma nos sorprendió en Vigo a mi hijo y a mí, visitando a mi familia. El momento era tan, pero tan extraño, que me pareció mejor que nos quedásemos para estar cerca de mi padre y de mi hermana.

Una vez quedó claro que el confinamiento iba para largo, decidimos volver a Madrid, a nuestra casa. Llegamos el 7 de abril en tren y, esa misma tarde, vi un cartel de Malasaña Acompaña y no lo dudé: rellené un formulario online para ofrecerme como voluntaria y esperé. Para mí, que vivo al día y leo los periódicos, no fue complicado imaginar la situación verdaderamente dramática que debían de estar viviendo muchas familias.

Sin embargo, la respuesta tardó bastante en llegar. Después supe que la demora se debía a que, tras el cierre de Casa 28, encontrar una sede para la despensa solidaria no había resultado fácil. Finalmente, tras una espera que se me hizo casi eterna, Ana Santos, encargada de acoger a los voluntarios, me escribió, diciéndome que contaba conmigo para la recogida de donaciones de alimentos del sábado 2 de mayo.

Nuestra presencia en los mercados y los supermercados de la zona, donde los vecinos podían donar lo que buenamente quisiesen y pudiesen –que fue muchísimo, por cierto–, se había inaugurado el sábado anterior, 25 de abril. El primer lote de alimentos de esta red vecinal de cuidados, tal y como ahora la conocemos, se entregó a las familias precisamente el día que Ana se puso en contacto conmigo, martes 28 de abril.

Como soy periodista, también me sugirió entrar a formar parte del grupo de comunicación, con el que me reuní por Zoom el miércoles 29. Ya entonces me comprometí a crear la página de Facebook del colectivo, que echó a andar el domingo 3 de mayo y que sigo alimentando en la medida de mis posibilidades.

Para resumir lo que esta experiencia ha supuesto para mí, diré que me ha proporcionado mucha alegría, ya que he podido conocer a personas que me parecen maravillosas, he sido testigo de la generosidad de la gente y me he sentido parte de una comunidad. Sin embargo, he de decir que el hecho de observar tan de cerca la situación que viven algunas familias por culpa del abandono institucional y de una burocracia demencial también me tiene escandalizada, lo mismo que las mentiras y la insensatez de los gobernantes autonómicos y municipales que soportamos, que no buscan ni quieren el bien común, sino todo lo contrario.

Por último, tengo una certeza: he salido a la calle y en la calle seguiré mientras haya tanta injusticia y tanta desigualdad a mi alrededor. Durante estos días tan irreales, he pensado mucho en el ‘palabro’ acuñado por la filósofa Adela Cortina, en ese miedo y ese rechazo a la pobreza y a las personas pobres, de nombre aporofobia, que está en el mismísimo núcleo del abandono y la discriminación. Tristemente, hemos vuelto a comprobar su vigencia con los confinamientos selectivos –a trabajar, sí, pero a pasear, no– que se han impuesto a los barrios del sur de Madrid. Un conato de apartheid que no debemos olvidar y que, sin embargo, no sé ni cómo ni por qué, permitimos». 

Alexa Diéguez

 

La red vecinal de cuidados Malasaña – Conde Duque – Chueca Acompaña, Malasaña Acompaña para los amigos, nació a finales de abril de 2020, en gran medida como continuación natural de la valiente labor desarrollada por Adrián Rojas desde su restaurante Casa 28, situado en la calle Espíritu Santo, que el mismísimo 14 de marzo, en lugar de cerrar, empezó a servir comidas calientes a las personas más necesitadas del barrio de forma totalmente gratuita.

El comedor social improvisado permaneció abierto durante 42 días consecutivos, seis semanas justas, hasta que tuvo que echar el cierre el sábado 25 de abril, fundamentalmente por la presión creciente ejercida por algunos vecinos y por la Policía Municipal, molestos por el ambiente que creaban los usuarios. El primer día, Casa 28 sirvió 20 comidas calientes. El último, el número había aumentado hasta 280.

Adrián Rojas no estuvo solo. Pronto subieron al barco una docena de personas, como Lola Beneyto Lantero, segunda cocinera de a bordo durante esas largas semanas y propietaria, a su vez, de El Lugarcito, el restaurante de comida para llevar que había abierto con tanto mimo hacía apenas unos meses en la calle Noviciado, que, afortunadamente, sigue navegando. Muchos negocios de la zona no han tenido la misma suerte.

Varias de las personas que después arrancarían Malasaña Acompaña llevaban semanas echando una mano en Casa 28. De hecho, en los últimos momentos ya se entregaban lotes de comida sin cocinar, salidos de la despensa del propio comedor social, a las familias que preferían llevarse a casa materias primas para unos días, cocinar a su manera y no tener que hacer la cola en Espíritu Santo diariamente.

Así comenzó a tejerse la red de voluntarios de la futura despensa solidaria, que si bien surgió fundamentalmente del entorno de Casa 28, también se nutrió del movimiento asociativo de la zona y de una red de ámbito más amplio, Cuidados Madrid Centro, en la que se integra el grupo, aunque funcione de forma totalmente autónoma, como otras entidades surgidas durante la crisis, entre las que destaca la Plataforma La CuBa, que obtuvo una repercusión mediática considerable durante el confinamiento.

 

Cuando se entregó el primer lote de alimentos, nadie podía imaginar que la despensa solidaria seguiría siendo necesaria en septiembre, seis meses después del inicio del estado de alarma

 

Cuando se entregó el primer lote de alimentos desde el almacén de Malasaña Acompaña, inicialmente instalado en el sótano la sede de Ecologistas en Acción Madrid, las personas comprometidas con esta red vecinal espontánea no se imaginaban ni en sus peores pesadillas que la despensa solidaria seguiría siendo tan necesaria a finales de septiembre, seis meses después del inicio del estado de alarma. De hecho, todavía se ocupa del 50% de las unidades familiares a las que llegó a prestar apoyo.

En lo relativo a los servicios sociales, la pandemia ha dejado al descubierto lo que ya venían avisando los profesionales del sector: tenemos un sistema lento,  paternalista, dolorosamente burocratizado, clamorosamente infradotado a todos los niveles e incapaz de adaptarse a las distintas realidades de las personas a las que se dirigen. El resultado es terrible, tanto que, por poner tan solo un ejemplo, Malasaña Acompaña ha tenido que afrontar las necesidades básicas de 23 bebés durante meses porque ni la administración municipal ni la autonómica se han hecho cargo de ellos. En el conjunto de Madrid capital, esta cifra ronda las 5.000 criaturas, según las Redes de Cuidados de Madrid. ¿Dónde quedan los derechos de la infancia? ¿Cómo crecerán los niños y las niñas que llevan meses pasando hambre?

Pese a estas deficiencias estructurales, el mismo espíritu del estado de alarma que entró en vigor el pasado 14 de marzo radicaba en permitir medidas excepcionales para hacer frente a una situación excepcional, siempre en aras del bien común. En consecuencia, la respuesta del Ayuntamiento de Madrid no ha estado a la altura. No ha sabido organizarse para incorporar a las ayudas municipales a las familias que ya estaban fuera de su radar antes del confinamiento, personas que ya vivían en precario y que, de un tiempo a esta parte, están en la miseria. No ha sabido o no ha querido, pero, desde luego, hubiese podido.

En este contexto, los representantes del consistorio que han hecho lo posible por difamar y poner dificultades a las redes vecinales no han sido una excepción. En lugar de actuar con rapidez y, en buena ley, agradecer a tantos y tantos vecinos y vecinas la labor colectiva realizada en sustitución de los servicios sociales municipales desde el 14 de marzo, cuando cerraron a cal y canto todos los recursos disponibles –oficinas albergues, comedores, etc.–, dejando atrás sin miramientos a las personas más vulnerables de la ciudad.

Aunque distintos portavoces del Gobierno local hayan declarado que la demora a la hora de tomar el relevo se debe a que las redes vecinales no han facilitado los datos de las familias a las que han venido acompañando, lo cierto es que Malasaña Acompaña entregó los citados documentos el 16 de junio, pero nada ha cambiado desde entonces: quienes no estaban registrados en los listados municipales siguen sin recibir ayudas públicas. Cabría afirmar, además, que exigir a los voluntarios que acometan esta labor de recogida y sistematización de datos personales es otra dejación de funciones y responsabilidades que añadir a la lista.

A la espera de que la Tarjeta Familias, que es posible solicitar desde el pasado martes 1 de septiembre, suponga algo más que un gesto de buena voluntad, las personas que componen Malasaña Acompaña están ahora mismo en pleno proceso de definir una fecha para el final de su despensa solidaria, no sin antes tratar de ayudar a las familias usuarias a lograr algún tipo de apoyo, y de reflexionar sobre la mejor forma de transformarse como grupo.

Ha llegado la hora de que el Ayuntamiento recoja la pelota que tiene posada en su tejado desde hace ya demasiado tiempo. Sin embargo, la opacidad existente en torno a la Tarjeta Familias, así como el descontrol sanitario en el que nos ha sumido el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso, no presagia nada bueno.

Cronología Malasaña Acompaña - 24 septiembre