Ni pacientes ni médicas

Ni pacientes ni médicas: sesgos y brechas de género en el ámbito de la salud

En apenas unos días, han visto la luz dos iniciativas que señalan las desigualdades de género que persisten en la salud y la sanidad. Por una parte, la Federación de Asociaciones Científico Médicas Españolas ha publicado el estudio Womeds, que cuantifica el difícil acceso de las mujeres médicas a puestos de poder. Por otra parte, se ha presentado Women in Global Health Spain, capítulo español de la organización internacional que promueve la equidad de género en la sanidad, superando los sesgos que afectan la salud de las mujeres y las brechas que limitan el liderazgo de las profesionales sanitarias. Ambos proyectos comparten un objetivo: sacar a las mujeres de un segundo plano que está durando demasiado. 

Ni pacientes ni médicas. Tampoco otras profesionales sanitarias. En la salud y la sanidad, las mujeres siguen en un más que evidente segundo plano, que ya está durando demasiado y que contraviene frontalmente varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), propuestos por Naciones Unidas en 2015 y actual cuaderno de bitácora de organizaciones y gobiernos de todo el mundo. De los 17 ODS, estas desigualdades contradicen sobre todo tres: el ODS 3, que promueve el acceso universal a la salud y el bienestar; ODS 5, que afirma textualmente que “la igualdad de género no solo es un derecho humano fundamental, sino que es uno de los fundamentos esenciales para construir un mundo pacífico, próspero y sostenible”; y ODS 10, que gira en torno a esta premisa: “Reducir las desigualdades y garantizar que nadie se queda atrás forma parte integral de la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

Efectivamente, la realidad choca con los postulados que teóricamente defienden instituciones, empresas y todo tipo de organizaciones en España y la Unión Europea. Por eso es importante cuantificar la desigualdad: para poder actuar sobre un campo, primero hay que conocerlo a fondo. Esta es el punto de partida del proyecto Mujeres en Medicina en España (Womeds), presentado recientemente por la Federación de Asociaciones Científico Médicas Españolas (Facme).

El proyecto ha echado a andar con la presentación de un estudio pionero en España, que contiene datos recientes sobre diferencias experimentadas entre hombres y mujeres en el acceso a posiciones de liderazgo en medicina, concretamente en cuatro ámbitos: la asistencia sanitaria, la participación en organizaciones profesionales, la carrera académica y la carrera investigadora. Womeds se ha propuesto identificar brechas de género, monitorizar su evolución y proponer medidas para reducir las desigualdades.

Brechas de género en la profesión médica

Los datos de Womeds corresponden al periodo comprendido entre 2019 y 2021. Y no dejan lugar a dudas, dibujando un escenario de profunda desigualdad que reina en los puestos de poder y liderazgo de la medicina española. Para empezar un dato particularmente gráfico: aunque en junio de 2021 el 61% de las y los profesionales que ejercían en centros sanitarios públicos en España eran mujeres, en las 12 comunidades autónomas que proporcionaron información a Facme, destaca el bajo porcentaje de mujeres jefas de servicio, que oscila entre el 20,3% de Andalucía y el 46,7% de Navarra. Respecto a jefas de sección, se sitúa entre el 24,8% de Aragón y el 53,2% de Navarra.

Esta disparidad también es evidente en el seno de la propia Facme, ya que solo tres de las 46 sociedades científicas que forman parte de la federación tuvieron una presidenta entre 2019 y 2021: la Sociedad Española de Farmacología Clínica (SEFC), la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y la Sociedad Española de Medicina de Laboratorio (SEQC-ML). Otras ocho tuvieron tanto presidentas como presidentes, lo que supone que el porcentaje de mujeres que ocuparon el cargo en algún momento del periodo únicamente se sitúa en torno al 23%, mientras las 35 restantes, aproximadamente el 77%, tuvieron a un hombre como presidente durante todo el periodo.

“El estudio muestra la dificultad de obtener datos de género en los diferentes ámbitos –cabe recordar que solo 12 de las 17 CCAA pudieron aportarlos– y la pronunciada brecha de género de la medicina en España. Llama la atención también la variabilidad según CCAA, pero también entre las sociedades científicas. De momento, el acceso generalizado de las mujeres a la profesión médica no se ha traducido en una incorporación proporcional a los puestos de liderazgo que correspondería por edad y experiencia”, asegura Pilar Garrido, presidenta de Facme hasta hace unos días. La presentación de Womeds, un proyecto del que ha sido impulsora, fue su último acto institucional en el cargo. Terminado su mandato, ha pasado a ser past presidenta, tal y como mandan los estatutos de la organización. Curiosamente, la nueva junta directiva está presidida por un hombre y solo cuatro mujeres ocupan alguno de las 12 plazas restantes. En Impaciente ya hemos informado sobre otra iniciativa similar de la Dra. Garrido, que analizaba la brecha de género de su especialidad, la oncología médica, a nivel europeo. 

Por fortuna, se van alcanzando algunos hitos. Citaremos uno: desde el pasado 14 de noviembre, y por primera vez, la Asociación Española de Cirujanos esté presidida por una mujer: la doctora Elena Martín, jefa del Servicio de Cirugía del Hospital de la Princesa de Madrid. La cirujana ha querido destacar la importancia de Womeds en un comunicado de prensa, en el que subraya que “este estudio muestra la realidad de la medicina. La visibilidad de la mujer en el sector es limitada y debemos impulsar iniciativas y propuestas para que esto cambie. La diversidad enriquece”. 

No parece que se entienda así en las academias de medicina, que arrojan cifras todavía peores, ya que cinco de las 13 que proporcionaron datos al estudio no cuentan con ninguna profesional en sus equipos directivos. Se trata de Asturias, Galicia, Salamanca, Sevilla y Valladolid, que contrastan con el 50% de Cataluña y el 37,5% de Cantabria y Murcia. A nivel estatal, la Real Academia Nacional de Medicina se sitúa en un triste 14,3%.

La situación no es mucho mejor en la universidad, donde suponen el 45% del profesorado, aunque únicamente alcanzan a los hombres en los puestos de carácter temporal. Sin embargo, apenas lideran el 26% de los departamento de las facultades de medicina, dirigen el 38% de las tesis doctorales, ocupan el 10% de las cátedras con plaza vinculada asistencial y el 28% del total, y solo están al frente del 27% de los decanatos. 

En el ámbito de la investigación, aunque el 45% de los proyectos presentados fueron liderados por mujeres, la brecha fue especialmente notable en algunas modalidades como la investigación clínica independiente, en la que solo representaron el 22% de las solicitudes. También llama la atención que la financiación media de los proyectos de investigación biomédica concedidos a mujeres fue un 24,3% inferior a la de los hombres.

En 2021, alrededor del 50% de los 4.377 miembros de los grupos de investigación integrados en alguno de los Centros de Investigación Biomédica en Red (Ciber) españoles eran mujeres, pero únicamente el 26% ocupaba una jefatura. Ese mismo año, solo tres de los 32 Institutos de Investigación Sanitaria (IIS) acreditados contaban con una mujer como directora científica médica, lo que supone el 13,6%. Asimismo, el porcentaje de mujeres que solicitaron y recibieron ayudas del programa de intensificación de la actividad investigadora, que facilita la dedicación a esta actividad por parte de las y los profesionales asistenciales, se situó alrededor del 30% en los años 2019 y 2020, rondando el 40% en 2021.

“Este proyecto ha hecho posible constatar que sí existe sesgo de género en nuestra profesión en España –resume Pilar Garrido–. Además, disponemos de datos desagregados por especialidad, comunidad autónoma, universidad, etc. Es un proyecto ambicioso, ya que estudia conjuntamente diferentes ámbitos por primera vez, lo que nos va a permitir monitorizar los cambios que esperamos se den. Lamentablemente, en la actualidad observamos un claro margen de mejora en cuanto al número de mujeres que acceden a posiciones de liderazgo en todos los ámbitos analizados”. 

Ha nacido Women Global Health España

“A pesar de los avances de las últimas décadas, la desigualdad de género sigue siendo notable en España a muchos niveles, desde la escasez de mujeres en posiciones de liderazgo y la brecha salarial a la infravaloración de la patología femenina en la investigación, la educación y la asistencia sanitaria, o las diferencias relacionadas con los determinantes sociales de la salud”, indica Rosa Orriols, vicepresidenta y cofundadora de Women Global Health (WGH) Spain, el capítulo español de una organización internacional sin ánimo de lucro que cuenta con secciones oficiales en 41 países, tiene presencia en más de 90 y trabaja por una salud global feminista, justa e igualitaria. 

Women in Global Health es una organización mayoritariamente compuesta por mujeres del ámbito de la salud, pero abierta a personas afines y a las ciencias sociales, las artes y la comunicación. Es posible unirse a través de su página web

WGH Spain ha iniciado su andadura con una convocatoria para medios de comunicación, celebrada el 15 de diciembre, y una jornada de presentación oficial, que tuvo lugar ayer, 19 de diciembre. Se trata de una iniciativa multidisciplinar e intersectorial, aunque sus cofundadoras son un grupo de mujeres investigadoras y activistas del Instituto de Salud Global de Barcelona ISGlobal, que ha adoptado el rol de institución de acogida, a las que ya se han unido una treintena de profesionales de la salud y las ciencias sociales.

Según cuentan sus promotoras, WGH aborda la salud global desde una perspectiva holística, considerando todas las dimensiones del ser humano. Por tanto, una de sus tareas es concienciar sobre la desigualdad de género existente en el sector sociosanitario, que socava los derechos y el bienestar de las mujeres, debilita los sistemas de salud y limita la atención médica de calidad para toda la población. Por otra parte, sus integrantes aceptan el desafío y la responsabilidad de promover la presencia y el liderazgo femenino en los espacios de toma de decisiones en el ámbito de la salud.

En su presentación, WGH Spain puso sobre la mesa algunas cifras que amplían la panorámica dibujada por el estudio Womeds de Facme. Por ejemplo, señala datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), que demuestran que el sector sanitario español está ampliamente feminizado desde hace años: en 2022, se contabilizaron 999.000 mujeres frente a 333.000 hombres. Además de mencionar el escasísimo número de mujeres decanas de una facultad de medicina y miembros de una real academia médica, WGH señaló que las profesionales solo son el 22% de la Real Academia de Farmacia.

No obstante, a la farmacia le cuadran mejor los números. Según datos del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, facilitados con motivo del Día Internacional de la Mujer (8M) de 2022, 7 de cada 10 personas colegiadas son farmacéuticas; el 71,7% del total y, de los 896 miembros que suman las 52 juntas de gobierno de los colegios de toda España, 487 son mujeres (el 54,4%), frente a 409 hombres (el 45,6%). Esta mayoría se traslada al propio Comité Directivo del Consejo, integrado por cuatro mujeres y tres hombres; y al equipo técnico de la institución, integrada por un 51% de mujeres y un 49% de hombres.

En el mismo comunicado, el máximo órgano de gobierno de la farmacia española anunció que trabaja en la elaboración de una Estrategia de Género de la Profesión Farmacéutica, con el objetivo de promover una política corporativa que aborde la concienciación, la sensibilización, la información, la formación de las y los profesionales, y su contribución a la prevención y la detección de enfermedades y situaciones de vulnerabilidad psicosocial (o de peligro inminente, como la violencia machista) que afectan en particular a las mujeres desde una perspectiva de género.

Brechas socioeconómicas y sesgos que perjudican la salud

WGH también insiste en aspectos que van más allá del liderazgo, pero tienen mucho que ver con el desequilibrio de fuerzas y la discriminación. Se trata del poder adquisitivo de las mujeres que trabajan en actividades sanitarias y servicios sociales. Si bien la brecha económica se ha reducido en los últimos años, las profesionales cobraron una media de 10.290 euros menos que los hombres en 2020, de acuerdo con datos oficiales del INE.

Esta desigualdad es común a todos los oficios, trabajos y profesiones. Según la Agencia Tributaria, las mujeres asalariadas obtuvieron en España unos ingresos brutos medios estimados un 8,4% inferiores a los trabajadores varones en el ejercicio 2019. Ateniéndose a otra variable, los cálculos del INE muestran que el salario anual más frecuente en las mujeres (13.514,8 euros) supuso el 73,0% del salario más frecuente en los hombres en 2019.

A ello se le suma, en palabras de Rosa Orriols, “la existencia de aproximadamente cinco millones de mujeres que ejercen de cuidadoras de manera no remunerada en España, un trabajo esencial para la sociedad que tradicionalmente se nos ha adjudicado a nosotras (el 80% de las personas cuidadoras no profesionales en son mujeres), que es invisible a los demás y que supone grandes cargas psicosociales para la persona cuidadora”.

Tanto los salarios más bajos como los cuidados familiares forman parte de los determinantes sociales de la salud, y no para bien, ya que impactan negativamente sobre el bienestar de muchas mujeres. Sin embargo, las y los profesionales del sector sanitario no han recibido la formación ni la sensibilización necesarias para detectar los sesgos de género en la práctica clínica, que se llevan arrastrando durante décadas y que suponen la infravaloración de la patología femenina y la tendencia a hacer una falsa distinción entre enfermedades de mujeres y enfermedades de hombres.

Algunos ejemplos de este trato sesgado incluyen la normalización de la anemia ferropénica –mucho más habitual en mujeres hasta la menopausia– y los síntomas adversos relacionados con la menstruación, como la endometriosis, que afecta al menos al 10-15% de las mujeres en edad fértil, aunque se sospecha que esta cifra podría ser significativamente superior, ya que se estima que el diagnóstico se demora varios años e incluso nunca llega a producirse en algunos casos.

Del mismo modo, es preciso señalar la minimización de las enfermedades crónicas que afectan a la mujer de forma especial, como la osteoporosis, el cansancio y el dolor. También la obesidad, más frecuente en mujeres tras la menopausia, especialmente las de bajos ingresos que ejercen de cuidadoras, primero de sus hijas e hijos, después de sus madres y sus padres mayores. Todas estas situaciones, derivadas de la práctica ausencia de perspectiva de género de la asistencia sanitaria, unidos a los determinantes sociales de la salud, podrían explicar otro de los sesgos que sufren las mujeres: el sobrediagnóstico y la sobremedicación de trastornos depresivos y de ansiedad, que las convierte en personas polimedicadas con mayor frecuencia, lo que supone, por cierto, otro círculo vicioso.

Por todo ello, y mucho más, ha nacido el capítulo español de WGH, que se suma, como el proyecto Womeds de Facme, al creciente número de iniciativas encaminadas a establecer en España la visión feminista y la perspectiva de género en la salud, lo que equivale, no lo olvidemos, a aplicar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, a respetar los derechos humanos y a mejorar la calidad de la atención sanitaria.

*La imagen que ilustra este artículo se ha diseñado a partir de vectores disponibles en Pixabay.

En apenas unos días, han visto la luz dos iniciativas que señalan las desigualdades de género que persisten en la salud y la sanidad. Por una parte, la Federación de Asociaciones Científico Médicas Españolas ha publicado el estudio Womeds, que cuantifica el difícil acceso de las mujeres médicas a puestos de poder. Por otra parte, se ha presentado Women in Global Health Spain, capítulo español de la organización internacional que promueve la equidad de género en la sanidad, superando los sesgos que afectan la salud de las mujeres y las brechas que limitan el liderazgo de las profesionales sanitarias. Ambos proyectos comparten un objetivo: sacar a las mujeres de un segundo plano que está durando demasiado.

Ni pacientes ni médicas. Tampoco otras profesionales sanitarias. En la salud y la sanidad, las mujeres siguen en un más que evidente segundo plano, que ya está durando demasiado y que contraviene frontalmente varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), propuestos por Naciones Unidas en 2015 y actual cuaderno de bitácora de organizaciones y gobiernos de todo el mundo. De los 17 ODS, estas desigualdades contradicen sobre todo tres: el ODS 3, que promueve el acceso universal a la salud y el bienestar; ODS 5, que afirma textualmente que “la igualdad de género no solo es un derecho humano fundamental, sino que es uno de los fundamentos esenciales para construir un mundo pacífico, próspero y sostenible”; y ODS 10, que gira en torno a esta premisa: “Reducir las desigualdades y garantizar que nadie se queda atrás forma parte integral de la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

Efectivamente, la realidad choca con los postulados que teóricamente defienden instituciones, empresas y todo tipo de organizaciones en España y la Unión Europea. Por eso es importante cuantificar la desigualdad: para poder actuar sobre un campo, primero hay que conocerlo a fondo. Esta es el punto de partida del proyecto Mujeres en Medicina en España (Womeds), presentado recientemente por la Federación de Asociaciones Científico Médicas Españolas (Facme).

El proyecto ha echado a andar con la presentación de un estudio pionero en España, que contiene datos recientes sobre diferencias experimentadas entre hombres y mujeres en el acceso a posiciones de liderazgo en medicina, concretamente en cuatro ámbitos: la asistencia sanitaria, la participación en organizaciones profesionales, la carrera académica y la carrera investigadora. Womeds se ha propuesto identificar brechas de género, monitorizar su evolución y proponer medidas para reducir las desigualdades.

Brechas de género en la profesión médica

Los datos de Womeds corresponden al periodo comprendido entre 2019 y 2021. Y no dejan lugar a dudas, dibujando un escenario de profunda desigualdad que reina en los puestos de poder y liderazgo de la medicina española. Para empezar un dato particularmente gráfico: aunque en junio de 2021 el 61% de las y los profesionales que ejercían en centros sanitarios públicos en España eran mujeres, en las 12 comunidades autónomas que proporcionaron información a Facme, destaca el bajo porcentaje de mujeres jefas de servicio, que oscila entre el 20,3% de Andalucía y el 46,7% de Navarra. Respecto a jefas de sección, se sitúa entre el 24,8% de Aragón y el 53,2% de Navarra.

Esta disparidad también es evidente en el seno de la propia Facme, ya que solo tres de las 46 sociedades científicas que forman parte de la federación tuvieron una presidenta entre 2019 y 2021: la Sociedad Española de Farmacología Clínica (SEFC), la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y la Sociedad Española de Medicina de Laboratorio (SEQC-ML). Otras ocho tuvieron tanto presidentas como presidentes, lo que supone que el porcentaje de mujeres que ocuparon el cargo en algún momento del periodo únicamente se sitúa en torno al 23%, mientras las 35 restantes, aproximadamente el 77%, tuvieron a un hombre como presidente durante todo el periodo.

“El estudio muestra la dificultad de obtener datos de género en los diferentes ámbitos –cabe recordar que solo 12 de las 17 CCAA pudieron aportarlos– y la pronunciada brecha de género de la medicina en España. Llama la atención también la variabilidad según CCAA, pero también entre las sociedades científicas. De momento, el acceso generalizado de las mujeres a la profesión médica no se ha traducido en una incorporación proporcional a los puestos de liderazgo que correspondería por edad y experiencia”, asegura Pilar Garrido, presidenta de Facme hasta hace unos días. La presentación de Womeds, un proyecto del que ha sido impulsora, fue su último acto institucional en el cargo. Terminado su mandato, ha pasado a ser past presidenta, tal y como mandan los estatutos de la organización. Curiosamente, la nueva junta directiva está presidida por un hombre y solo cuatro mujeres ocupan alguno de las 12 plazas restantes. En Impaciente ya hemos informado sobre otra iniciativa similar de la Dra. Garrido, que analizaba la brecha de género de su especialidad, la oncología médica, a nivel europeo. 

Por fortuna, se van alcanzando algunos hitos. Citaremos uno: desde el pasado 14 de noviembre, y por primera vez, la Asociación Española de Cirujanos esté presidida por una mujer: la doctora Elena Martín, jefa del Servicio de Cirugía del Hospital de la Princesa de Madrid. La cirujana ha querido destacar la importancia de Womeds en un comunicado de prensa, en el que subraya que “este estudio muestra la realidad de la medicina. La visibilidad de la mujer en el sector es limitada y debemos impulsar iniciativas y propuestas para que esto cambie. La diversidad enriquece”. 

No parece que se entienda así en las academias de medicina, que arrojan cifras todavía peores, ya que cinco de las 13 que proporcionaron datos al estudio no cuentan con ninguna profesional en sus equipos directivos. Se trata de Asturias, Galicia, Salamanca, Sevilla y Valladolid, que contrastan con el 50% de Cataluña y el 37,5% de Cantabria y Murcia. A nivel estatal, la Real Academia Nacional de Medicina se sitúa en un triste 14,3%.

La situación no es mucho mejor en la universidad, donde suponen el 45% del profesorado, aunque únicamente alcanzan a los hombres en los puestos de carácter temporal. Sin embargo, apenas lideran el 26% de los departamento de las facultades de medicina, dirigen el 38% de las tesis doctorales, ocupan el 10% de las cátedras con plaza vinculada asistencial y el 28% del total, y solo están al frente del 27% de los decanatos. 

En el ámbito de la investigación, aunque el 45% de los proyectos presentados fueron liderados por mujeres, la brecha fue especialmente notable en algunas modalidades como la investigación clínica independiente, en la que solo representaron el 22% de las solicitudes. También llama la atención que la financiación media de los proyectos de investigación biomédica concedidos a mujeres fue un 24,3% inferior a la de los hombres.

En 2021, alrededor del 50% de los 4.377 miembros de los grupos de investigación integrados en alguno de los Centros de Investigación Biomédica en Red (Ciber) españoles eran mujeres, pero únicamente el 26% ocupaba una jefatura. Ese mismo año, solo tres de los 32 Institutos de Investigación Sanitaria (IIS) acreditados contaban con una mujer como directora científica médica, lo que supone el 13,6%. Asimismo, el porcentaje de mujeres que solicitaron y recibieron ayudas del programa de intensificación de la actividad investigadora, que facilita la dedicación a esta actividad por parte de las y los profesionales asistenciales, se situó alrededor del 30% en los años 2019 y 2020, rondando el 40% en 2021.

“Este proyecto ha hecho posible constatar que sí existe sesgo de género en nuestra profesión en España –resume Pilar Garrido–. Además, disponemos de datos desagregados por especialidad, comunidad autónoma, universidad, etc. Es un proyecto ambicioso, ya que estudia conjuntamente diferentes ámbitos por primera vez, lo que nos va a permitir monitorizar los cambios que esperamos se den. Lamentablemente, en la actualidad observamos un claro margen de mejora en cuanto al número de mujeres que acceden a posiciones de liderazgo en todos los ámbitos analizados”. 

Ha nacido Women Global Health España

“A pesar de los avances de las últimas décadas, la desigualdad de género sigue siendo notable en España a muchos niveles, desde la escasez de mujeres en posiciones de liderazgo y la brecha salarial a la infravaloración de la patología femenina en la investigación, la educación y la asistencia sanitaria, o las diferencias relacionadas con los determinantes sociales de la salud”, indica Rosa Orriols, vicepresidenta y cofundadora de Women Global Health (WGH) Spain, el capítulo español de una organización internacional sin ánimo de lucro que cuenta con secciones oficiales en 41 países, tiene presencia en más de 90 y trabaja por una salud global feminista, justa e igualitaria. 

Women in Global Health es una organización mayoritariamente compuesta por mujeres del ámbito de la salud, pero abierta a personas afines y a las ciencias sociales, las artes y la comunicación. Es posible unirse a través de su página web

WGH Spain ha iniciado su andadura con una convocatoria para medios de comunicación, celebrada el 15 de diciembre, y una jornada de presentación oficial, que tuvo lugar ayer, 19 de diciembre. Se trata de una iniciativa multidisciplinar e intersectorial, aunque sus cofundadoras son un grupo de mujeres investigadoras y activistas del Instituto de Salud Global de Barcelona ISGlobal, que ha adoptado el rol de institución de acogida, a las que ya se han unido una treintena de profesionales de la salud y las ciencias sociales.

Según cuentan sus promotoras, WGH aborda la salud global desde una perspectiva holística, considerando todas las dimensiones del ser humano. Por tanto, una de sus tareas es concienciar sobre la desigualdad de género existente en el sector sociosanitario, que socava los derechos y el bienestar de las mujeres, debilita los sistemas de salud y limita la atención médica de calidad para toda la población. Por otra parte, sus integrantes aceptan el desafío y la responsabilidad de promover la presencia y el liderazgo femenino en los espacios de toma de decisiones en el ámbito de la salud.

En su presentación, WGH Spain puso sobre la mesa algunas cifras que amplían la panorámica dibujada por el estudio Womeds de Facme. Por ejemplo, señala datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), que demuestran que el sector sanitario español está ampliamente feminizado desde hace años: en 2022, se contabilizaron 999.000 mujeres frente a 333.000 hombres. Además de mencionar el escasísimo número de mujeres decanas de una facultad de medicina y miembros de una real academia médica, WGH señaló que las profesionales solo son el 22% de la Real Academia de Farmacia.

No obstante, a la farmacia le cuadran mejor los números. Según datos del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, facilitados con motivo del Día Internacional de la Mujer (8M) de 2022, 7 de cada 10 personas colegiadas son farmacéuticas; el 71,7% del total y, de los 896 miembros que suman las 52 juntas de gobierno de los colegios de toda España, 487 son mujeres (el 54,4%), frente a 409 hombres (el 45,6%). Esta mayoría se traslada al propio Comité Directivo del Consejo, integrado por cuatro mujeres y tres hombres; y al equipo técnico de la institución, integrada por un 51% de mujeres y un 49% de hombres.

En el mismo comunicado, el máximo órgano de gobierno de la farmacia española anunció que trabaja en la elaboración de una Estrategia de Género de la Profesión Farmacéutica, con el objetivo de promover una política corporativa que aborde la concienciación, la sensibilización, la información, la formación de las y los profesionales, y su contribución a la prevención y la detección de enfermedades y situaciones de vulnerabilidad psicosocial (o de peligro inminente, como la violencia machista) que afectan en particular a las mujeres desde una perspectiva de género.

Brechas socioeconómicas y sesgos que perjudican la salud

WGH también insiste en aspectos que van más allá del liderazgo, pero tienen mucho que ver con el desequilibrio de fuerzas y la discriminación. Se trata del poder adquisitivo de las mujeres que trabajan en actividades sanitarias y servicios sociales. Si bien la brecha económica se ha reducido en los últimos años, las profesionales cobraron una media de 10.290 euros menos que los hombres en 2020, de acuerdo con datos oficiales del INE.

Esta desigualdad es común a todos los oficios, trabajos y profesiones. Según la Agencia Tributaria, las mujeres asalariadas obtuvieron en España unos ingresos brutos medios estimados un 8,4% inferiores a los trabajadores varones en el ejercicio 2019. Ateniéndose a otra variable, los cálculos del INE muestran que el salario anual más frecuente en las mujeres (13.514,8 euros) supuso el 73,0% del salario más frecuente en los hombres en 2019.

A ello se le suma, en palabras de Rosa Orriols, “la existencia de aproximadamente cinco millones de mujeres que ejercen de cuidadoras de manera no remunerada en España, un trabajo esencial para la sociedad que tradicionalmente se nos ha adjudicado a nosotras (el 80% de las personas cuidadoras no profesionales en son mujeres), que es invisible a los demás y que supone grandes cargas psicosociales para la persona cuidadora”.

Tanto los salarios más bajos como los cuidados familiares forman parte de los determinantes sociales de la salud, y no para bien, ya que impactan negativamente sobre el bienestar de muchas mujeres. Sin embargo, las y los profesionales del sector sanitario no han recibido la formación ni la sensibilización necesarias para detectar los sesgos de género en la práctica clínica, que se llevan arrastrando durante décadas y que suponen la infravaloración de la patología femenina y la tendencia a hacer una falsa distinción entre enfermedades de mujeres y enfermedades de hombres.

Algunos ejemplos de este trato sesgado incluyen la normalización de la anemia ferropénica –mucho más habitual en mujeres hasta la menopausia– y los síntomas adversos relacionados con la menstruación, como la endometriosis, que afecta al menos al 10-15% de las mujeres en edad fértil, aunque se sospecha que esta cifra podría ser significativamente superior, ya que se estima que el diagnóstico se demora varios años e incluso nunca llega a producirse en algunos casos.

Del mismo modo, es preciso señalar la minimización de las enfermedades crónicas que afectan a la mujer de forma especial, como la osteoporosis, el cansancio y el dolor. También la obesidad, más frecuente en mujeres tras la menopausia, especialmente las de bajos ingresos que ejercen de cuidadoras, primero de sus hijas e hijos, después de sus madres y sus padres mayores. Todas estas situaciones, derivadas de la práctica ausencia de perspectiva de género de la asistencia sanitaria, unidos a los determinantes sociales de la salud, podrían explicar otro de los sesgos que sufren las mujeres: el sobrediagnóstico y la sobremedicación de trastornos depresivos y de ansiedad, que las convierte en personas polimedicadas con mayor frecuencia, lo que supone, por cierto, otro círculo vicioso.

Por todo ello, y mucho más, ha nacido el capítulo español de WGH, que se suma, como el proyecto Womeds de Facme, al creciente número de iniciativas encaminadas a establecer en España la visión feminista y la perspectiva de género en la salud, lo que equivale, no lo olvidemos, a aplicar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, a respetar los derechos humanos y a mejorar la calidad de la atención sanitaria.

*La imagen que ilustra este artículo se ha diseñado a partir de vectores disponibles en Pixabay.

En apenas unos días, han visto la luz dos iniciativas que señalan las desigualdades de género que persisten en la salud y la sanidad. Por una parte, la Federación de Asociaciones Científico Médicas Españolas ha publicado el estudio Womeds, que cuantifica el difícil acceso de las mujeres médicas a puestos de poder. Por otra parte, se ha presentado Women in Global Health Spain, capítulo español de la organización internacional que promueve la equidad de género en la sanidad, superando los sesgos que afectan la salud de las mujeres y las brechas que limitan el liderazgo de las profesionales sanitarias. Ambos proyectos comparten un objetivo: sacar a las mujeres de un segundo plano que está durando demasiado.

Ni pacientes ni médicas. Tampoco otras profesionales sanitarias. En la salud y la sanidad, las mujeres siguen en un más que evidente segundo plano, que ya está durando demasiado y que contraviene frontalmente varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), propuestos por Naciones Unidas en 2015 y actual cuaderno de bitácora de organizaciones y gobiernos de todo el mundo. De los 17 ODS, estas desigualdades contradicen sobre todo tres: el ODS 3, que promueve el acceso universal a la salud y el bienestar; ODS 5, que afirma textualmente que “la igualdad de género no solo es un derecho humano fundamental, sino que es uno de los fundamentos esenciales para construir un mundo pacífico, próspero y sostenible”; y ODS 10, que gira en torno a esta premisa: “Reducir las desigualdades y garantizar que nadie se queda atrás forma parte integral de la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

Efectivamente, la realidad choca con los postulados que teóricamente defienden instituciones, empresas y todo tipo de organizaciones en España y la Unión Europea. Por eso es importante cuantificar la desigualdad: para poder actuar sobre un campo, primero hay que conocerlo a fondo. Esta es el punto de partida del proyecto Mujeres en Medicina en España (Womeds), presentado recientemente por la Federación de Asociaciones Científico Médicas Españolas (Facme).

El proyecto ha echado a andar con la presentación de un estudio pionero en España, que contiene datos recientes sobre diferencias experimentadas entre hombres y mujeres en el acceso a posiciones de liderazgo en medicina, concretamente en cuatro ámbitos: la asistencia sanitaria, la participación en organizaciones profesionales, la carrera académica y la carrera investigadora. Womeds se ha propuesto identificar brechas de género, monitorizar su evolución y proponer medidas para reducir las desigualdades.

Brechas de género en la profesión médica

Los datos de Womeds corresponden al periodo comprendido entre 2019 y 2021. Y no dejan lugar a dudas, dibujando un escenario de profunda desigualdad que reina en los puestos de poder y liderazgo de la medicina española. Para empezar un dato particularmente gráfico: aunque en junio de 2021 el 61% de las y los profesionales que ejercían en centros sanitarios públicos en España eran mujeres, en las 12 comunidades autónomas que proporcionaron información a Facme, destaca el bajo porcentaje de mujeres jefas de servicio, que oscila entre el 20,3% de Andalucía y el 46,7% de Navarra. Respecto a jefas de sección, se sitúa entre el 24,8% de Aragón y el 53,2% de Navarra.

Esta disparidad también es evidente en el seno de la propia Facme, ya que solo tres de las 46 sociedades científicas que forman parte de la federación tuvieron una presidenta entre 2019 y 2021: la Sociedad Española de Farmacología Clínica (SEFC), la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y la Sociedad Española de Medicina de Laboratorio (SEQC-ML). Otras ocho tuvieron tanto presidentas como presidentes, lo que supone que el porcentaje de mujeres que ocuparon el cargo en algún momento del periodo únicamente se sitúa en torno al 23%, mientras las 35 restantes, aproximadamente el 77%, tuvieron a un hombre como presidente durante todo el periodo.

“El estudio muestra la dificultad de obtener datos de género en los diferentes ámbitos –cabe recordar que solo 12 de las 17 CCAA pudieron aportarlos– y la pronunciada brecha de género de la medicina en España. Llama la atención también la variabilidad según CCAA, pero también entre las sociedades científicas. De momento, el acceso generalizado de las mujeres a la profesión médica no se ha traducido en una incorporación proporcional a los puestos de liderazgo que correspondería por edad y experiencia”, asegura Pilar Garrido, presidenta de Facme hasta hace unos días. La presentación de Womeds, un proyecto del que ha sido impulsora, fue su último acto institucional en el cargo. Terminado su mandato, ha pasado a ser past presidenta, tal y como mandan los estatutos de la organización. Curiosamente, la nueva junta directiva está presidida por un hombre y solo cuatro mujeres ocupan alguno de las 12 plazas restantes. En Impaciente ya hemos informado sobre otra iniciativa similar de la Dra. Garrido, que analizaba la brecha de género de su especialidad, la oncología médica, a nivel europeo. 

Por fortuna, se van alcanzando algunos hitos. Citaremos uno: desde el pasado 14 de noviembre, y por primera vez, la Asociación Española de Cirujanos esté presidida por una mujer: la doctora Elena Martín, jefa del Servicio de Cirugía del Hospital de la Princesa de Madrid. La cirujana ha querido destacar la importancia de Womeds en un comunicado de prensa, en el que subraya que “este estudio muestra la realidad de la medicina. La visibilidad de la mujer en el sector es limitada y debemos impulsar iniciativas y propuestas para que esto cambie. La diversidad enriquece”. 

No parece que se entienda así en las academias de medicina, que arrojan cifras todavía peores, ya que cinco de las 13 que proporcionaron datos al estudio no cuentan con ninguna profesional en sus equipos directivos. Se trata de Asturias, Galicia, Salamanca, Sevilla y Valladolid, que contrastan con el 50% de Cataluña y el 37,5% de Cantabria y Murcia. A nivel estatal, la Real Academia Nacional de Medicina se sitúa en un triste 14,3%.

La situación no es mucho mejor en la universidad, donde suponen el 45% del profesorado, aunque únicamente alcanzan a los hombres en los puestos de carácter temporal. Sin embargo, apenas lideran el 26% de los departamento de las facultades de medicina, dirigen el 38% de las tesis doctorales, ocupan el 10% de las cátedras con plaza vinculada asistencial y el 28% del total, y solo están al frente del 27% de los decanatos. 

En el ámbito de la investigación, aunque el 45% de los proyectos presentados fueron liderados por mujeres, la brecha fue especialmente notable en algunas modalidades como la investigación clínica independiente, en la que solo representaron el 22% de las solicitudes. También llama la atención que la financiación media de los proyectos de investigación biomédica concedidos a mujeres fue un 24,3% inferior a la de los hombres.

En 2021, alrededor del 50% de los 4.377 miembros de los grupos de investigación integrados en alguno de los Centros de Investigación Biomédica en Red (Ciber) españoles eran mujeres, pero únicamente el 26% ocupaba una jefatura. Ese mismo año, solo tres de los 32 Institutos de Investigación Sanitaria (IIS) acreditados contaban con una mujer como directora científica médica, lo que supone el 13,6%. Asimismo, el porcentaje de mujeres que solicitaron y recibieron ayudas del programa de intensificación de la actividad investigadora, que facilita la dedicación a esta actividad por parte de las y los profesionales asistenciales, se situó alrededor del 30% en los años 2019 y 2020, rondando el 40% en 2021.

“Este proyecto ha hecho posible constatar que sí existe sesgo de género en nuestra profesión en España –resume Pilar Garrido–. Además, disponemos de datos desagregados por especialidad, comunidad autónoma, universidad, etc. Es un proyecto ambicioso, ya que estudia conjuntamente diferentes ámbitos por primera vez, lo que nos va a permitir monitorizar los cambios que esperamos se den. Lamentablemente, en la actualidad observamos un claro margen de mejora en cuanto al número de mujeres que acceden a posiciones de liderazgo en todos los ámbitos analizados”. 

Ha nacido Women Global Health España

“A pesar de los avances de las últimas décadas, la desigualdad de género sigue siendo notable en España a muchos niveles, desde la escasez de mujeres en posiciones de liderazgo y la brecha salarial a la infravaloración de la patología femenina en la investigación, la educación y la asistencia sanitaria, o las diferencias relacionadas con los determinantes sociales de la salud”, indica Rosa Orriols, vicepresidenta y cofundadora de Women Global Health (WGH) Spain, el capítulo español de una organización internacional sin ánimo de lucro que cuenta con secciones oficiales en 41 países, tiene presencia en más de 90 y trabaja por una salud global feminista, justa e igualitaria. 

Women in Global Health es una organización mayoritariamente compuesta por mujeres del ámbito de la salud, pero abierta a personas afines y a las ciencias sociales, las artes y la comunicación. Es posible unirse a través de su página web

WGH Spain ha iniciado su andadura con una convocatoria para medios de comunicación, celebrada el 15 de diciembre, y una jornada de presentación oficial, que tuvo lugar ayer, 19 de diciembre. Se trata de una iniciativa multidisciplinar e intersectorial, aunque sus cofundadoras son un grupo de mujeres investigadoras y activistas del Instituto de Salud Global de Barcelona ISGlobal, que ha adoptado el rol de institución de acogida, a las que ya se han unido una treintena de profesionales de la salud y las ciencias sociales.

Según cuentan sus promotoras, WGH aborda la salud global desde una perspectiva holística, considerando todas las dimensiones del ser humano. Por tanto, una de sus tareas es concienciar sobre la desigualdad de género existente en el sector sociosanitario, que socava los derechos y el bienestar de las mujeres, debilita los sistemas de salud y limita la atención médica de calidad para toda la población. Por otra parte, sus integrantes aceptan el desafío y la responsabilidad de promover la presencia y el liderazgo femenino en los espacios de toma de decisiones en el ámbito de la salud.

En su presentación, WGH Spain puso sobre la mesa algunas cifras que amplían la panorámica dibujada por el estudio Womeds de Facme. Por ejemplo, señala datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), que demuestran que el sector sanitario español está ampliamente feminizado desde hace años: en 2022, se contabilizaron 999.000 mujeres frente a 333.000 hombres. Además de mencionar el escasísimo número de mujeres decanas de una facultad de medicina y miembros de una real academia médica, WGH señaló que las profesionales solo son el 22% de la Real Academia de Farmacia.

No obstante, a la farmacia le cuadran mejor los números. Según datos del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, facilitados con motivo del Día Internacional de la Mujer (8M) de 2022, 7 de cada 10 personas colegiadas son farmacéuticas; el 71,7% del total y, de los 896 miembros que suman las 52 juntas de gobierno de los colegios de toda España, 487 son mujeres (el 54,4%), frente a 409 hombres (el 45,6%). Esta mayoría se traslada al propio Comité Directivo del Consejo, integrado por cuatro mujeres y tres hombres; y al equipo técnico de la institución, integrada por un 51% de mujeres y un 49% de hombres.

En el mismo comunicado, el máximo órgano de gobierno de la farmacia española anunció que trabaja en la elaboración de una Estrategia de Género de la Profesión Farmacéutica, con el objetivo de promover una política corporativa que aborde la concienciación, la sensibilización, la información, la formación de las y los profesionales, y su contribución a la prevención y la detección de enfermedades y situaciones de vulnerabilidad psicosocial (o de peligro inminente, como la violencia machista) que afectan en particular a las mujeres desde una perspectiva de género.

Brechas socioeconómicas y sesgos que perjudican la salud

WGH también insiste en aspectos que van más allá del liderazgo, pero tienen mucho que ver con el desequilibrio de fuerzas y la discriminación. Se trata del poder adquisitivo de las mujeres que trabajan en actividades sanitarias y servicios sociales. Si bien la brecha económica se ha reducido en los últimos años, las profesionales cobraron una media de 10.290 euros menos que los hombres en 2020, de acuerdo con datos oficiales del INE.

Esta desigualdad es común a todos los oficios, trabajos y profesiones. Según la Agencia Tributaria, las mujeres asalariadas obtuvieron en España unos ingresos brutos medios estimados un 8,4% inferiores a los trabajadores varones en el ejercicio 2019. Ateniéndose a otra variable, los cálculos del INE muestran que el salario anual más frecuente en las mujeres (13.514,8 euros) supuso el 73,0% del salario más frecuente en los hombres en 2019.

A ello se le suma, en palabras de Rosa Orriols, “la existencia de aproximadamente cinco millones de mujeres que ejercen de cuidadoras de manera no remunerada en España, un trabajo esencial para la sociedad que tradicionalmente se nos ha adjudicado a nosotras (el 80% de las personas cuidadoras no profesionales en son mujeres), que es invisible a los demás y que supone grandes cargas psicosociales para la persona cuidadora”.

Tanto los salarios más bajos como los cuidados familiares forman parte de los determinantes sociales de la salud, y no para bien, ya que impactan negativamente sobre el bienestar de muchas mujeres. Sin embargo, las y los profesionales del sector sanitario no han recibido la formación ni la sensibilización necesarias para detectar los sesgos de género en la práctica clínica, que se llevan arrastrando durante décadas y que suponen la infravaloración de la patología femenina y la tendencia a hacer una falsa distinción entre enfermedades de mujeres y enfermedades de hombres.

Algunos ejemplos de este trato sesgado incluyen la normalización de la anemia ferropénica –mucho más habitual en mujeres hasta la menopausia– y los síntomas adversos relacionados con la menstruación, como la endometriosis, que afecta al menos al 10-15% de las mujeres en edad fértil, aunque se sospecha que esta cifra podría ser significativamente superior, ya que se estima que el diagnóstico se demora varios años e incluso nunca llega a producirse en algunos casos.

Del mismo modo, es preciso señalar la minimización de las enfermedades crónicas que afectan a la mujer de forma especial, como la osteoporosis, el cansancio y el dolor. También la obesidad, más frecuente en mujeres tras la menopausia, especialmente las de bajos ingresos que ejercen de cuidadoras, primero de sus hijas e hijos, después de sus madres y sus padres mayores. Todas estas situaciones, derivadas de la práctica ausencia de perspectiva de género de la asistencia sanitaria, unidos a los determinantes sociales de la salud, podrían explicar otro de los sesgos que sufren las mujeres: el sobrediagnóstico y la sobremedicación de trastornos depresivos y de ansiedad, que las convierte en personas polimedicadas con mayor frecuencia, lo que supone, por cierto, otro círculo vicioso.

Por todo ello, y mucho más, ha nacido el capítulo español de WGH, que se suma, como el proyecto Womeds de Facme, al creciente número de iniciativas encaminadas a establecer en España la visión feminista y la perspectiva de género en la salud, lo que equivale, no lo olvidemos, a aplicar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, a respetar los derechos humanos y a mejorar la calidad de la atención sanitaria.

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