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Objetivo: reducir urgentemente los antibióticos en agricultura y ganadería

La pandemia ha puesto los puntos sobre las íes en todo lo relativo a las amenazas derivadas del descontrol de las enfermedades infecciosas. Con el deterioro medioambiental causado por el cambio climático como terrible telón de fondo, Naciones Unidas alerta sobre la urgencia de reducir el uso de antimicrobianos en agricultura y ganadería, con especial énfasis en los antibióticos y la mirada puesta en la prevención, para evitar que las infecciones recuperen su tradicional letalidad. Tenemos mucho que perder –la vida, por ejemplo– si no actuamos inmediatamente y sin medias tintas. 

El objetivo está claro: es preciso reducir drástica y urgentemente los antibióticos en la agricultura y la ganadería para preservar su eficacia frente a las infecciones en salud humana y animal. «Utilizar de forma más responsable los antimicrobianos en los sistemas alimentarios debe ser una prioridad para todos los países», ha declarado Sheikh Hasina, primera ministra de Bangladesh y copresidenta del Grupo de Liderazgo Mundial sobre la Resistencia a los Antimicrobianos.

Este llamamiento se produce unas semanas antes de la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios, que se celebrará en Nueva York el próximo 23 de septiembre, en la que los estragos del uso abusivo e indiscriminado de antibióticos en agricultura y ganadería debe ser un asunto principal. Al menos, así lo exige este grupo de alto nivel, surgido con el impulso de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Mundial de Salud Animal (OIE) y Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

«La acción colectiva en todos los sectores pertinentes es crucial para proteger nuestros medicamentos más preciados, en beneficio de todos, en todas partes», ha añadido Hasina. Esta frase bebe de los principios del Enfoque Una Salud (One Health), por el que se reconocen los vínculos entre la salud humana, la salud animal y la salud medioambiental, y que rige el funcionamiento de la OMS, la OIE, la FAO y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).

La primera ministra de Bangladesh comparte la presidencia del Grupo de Liderazgo Mundial sobre la Resistencia a los Antimicrobianos con Mia Amor Mottley, primera ministra de Barbados, que también ha apoyado el llamamiento con sus palabras: «No podemos hacer frente a los crecientes niveles de resistencia a los antimicrobianos sin utilizar esos fármacos con más moderación en todos los sectores. El mundo entero está en una carrera contra la resistencia a los antimicrobianos. Una carrera que no podemos permitirnos perder».

Proteger los antimicrobianos que salvan vidas

A través del comunicado conjunto de la OMS, la OIE y la FAO, emitido el 24 de agosto de 2021, los mandatarios mundiales y expertos han apelado a una reducción considerable y urgente de las cantidades de antimicrobianos, en particular antibióticos, que se utilizan en los sistemas alimentarios, una medida crucial para combatir los crecientes niveles de farmacorresistencia, que están poniendo en jaque la eficacia de estos medicamentos.

La recomendación principal es tan lógica como compleja: urge utilizar los antimicrobianos de forma responsable. Descendiendo al terreno de lo concreto, conlleva dejar de utilizar los que conservan su importancia médica –es decir, que todavía tienen capacidad curativa– para fomentar el crecimiento en animales sanos. Esta práctica ya está prohibida en la Unión Europea, pero su aplicación real es cuestionable.

Los antimicrobianos (incluidos los antibióticos, los antifúngicos y los antiparasitarios) se utilizan en la producción de alimentos en todo el mundo y muchos de ellos son iguales o similares a los utilizados para tratar las infecciones en los seres humanos. Se administran a los animales con fines que trascienden los estrictamente terapéuticos, ya que el hacinamiento propio de la ganadería intensiva fomenta el uso preventivo, para frenar la propagación de las infecciones. Los plaguicidas antimicrobianos también se utilizan en la agricultura para tratar y prevenir enfermedades en las plantas.

En la actualidad, se utilizan de forma excesiva tanto en salud humana como en salud animal y agrícola, haciendo que las infecciones sean más difíciles de tratar. Tanto es así, que las enfermedades resistentes a antimicrobianos ya están causando al menos 700.000 muertes al año en el mundo.

Si no se toman medidas drásticas e inmediatas para reducir considerablemente el uso de estos fármacos en los sistemas alimentarios, el mundo se dirige rápidamente hacia un punto de inflexión en que los antimicrobianos en los que se confía para tratar infecciones en humanos, animales y plantas dejarán de ser eficaces. Los efectos de algo así sobre los sistemas de salud, las economías, el acceso a alimentos y la seguridad alimentaria serían devastadores hasta niveles inimaginables.

Las ciudadanas y los ciudadanos, como fuerza consumidora, podemos optar por alimentos que garanticen un uso responsable y sostenible de los antimicrobianos. La producción ecológica, local y de temporada, parece la mejor opción

En la aplicación del principio Una Salud, el grupo de alto nivel tripartito recuerda que es crucial transformar los sistemas alimentarios para optimizar la salud de los animales, las plantas y el medio ambiente, garantizar un uso responsable y sostenible de los antimicrobianos y, lo que es más importante, reducir la necesidad de utilizarlos y promover la innovación para encontrar alternativas sostenibles y basadas en la evidencia.

Si bien se han registrado reducciones considerables en el uso de antimicrobianos en animales en todo el mundo, introducir nuevas mejoras y velar por que se utilicen siempre de forma responsable y sostenible es muy importante, pero es un objetivo que se puede lograr. Aunque es difícil en algunas situaciones, todos los países, sectores y organizaciones deben dar prioridad a esta meta.

Los objetivos contados de uno en uno

Para promover el uso responsable y sostenible de los antimicrobianos en los sistemas alimentarios, el Grupo de Liderazgo Mundial, que se constituyó en noviembre de 2020, ha realizado este, su primer llamamiento, que gira en torno a tres ejes: la prevención y el control de las infecciones, la reducción del uso de antimicrobianos y las estrategias de supervisión y gobernanza necesarias para lograr los objetivos de forma clara y urgente.

Considera que todos los países deben dar prioridad absoluta a la prevención y el control de infecciones, teniendo en cuenta que los programas de agua, saneamiento e higiene, bioseguridad y vacunación son estrategias clave.

Por su parte, las organizaciones de carácter técnico, financiero y de I+D deben apoyar a los países para que mejoren el acceso y generalicen el uso de pruebas diagnósticas asequibles, herramientas de predicción de enfermedades, vacunas, alternativas no antimicrobianas seguras y eficaces, sin olvidar una nutrición adecuada para la prevención, el control y el tratamiento de infecciones en los animales terrestres y acuáticos y, cuando proceda, las plantas.

En lo relativo a la reducción del uso de los antimicrobianos, todos los países deberían reconocer la importancia de estos fármacos en sus marcos normativos y eliminar su uso para compensar la prevención y control inadecuados de las infecciones, la mala gestión y otras deficiencias modificables en el manejo de la salud de los animales y las plantas.

Además, deben reducir de forma urgente el uso de antimicrobianos de importancia crítica y máxima prioridad para los animales, terrestres y acuáticos y las plantas, empezando por eliminar de raíz que se empleen como adyuvantes del crecimiento.

Paralelamente, deben limitar la profilaxis y metafilaxis en animales y plantas a situaciones bien definidas, con el objetivo de reducir considerablemente el uso de antimicrobianos y garantizar que siempre se realice con supervisión regulatoria y bajo la dirección de un prescriptor autorizado.

Por último, todos los países deberían garantizar una gobernanza eficaz y una supervisión profesional de las ventas y el uso de antimicrobianos, así como una gestión adecuada de los mismos en todos los sectores, elaborando y exigiendo la aplicación de directrices basadas en la evidencia.

Al mismo tiempo, deben reducir considerablemente la venta libre de antimicrobianos importantes para fines médicos o veterinarios y establecer normas rigurosas con para fortalecer la supervisión profesional de su uso en de animales, terrestres y acuáticos, y plantas.

Por su parte, las organizaciones y los asociados internacionales de carácter técnico, financiero y de I+D deberían establecer mecanismos para mejorar y ampliar el acceso adecuado a antimicrobianos de buena calidad en todo el mundo y apoyar el establecimiento y la mejora de sistemas de vigilancia nacionales e internacionales comparables que permitan a los países establecer bases de referencia y establecer metas progresivas, ambiciosas, basadas en la ciencia y pertinentes.

 

* La imagen que ilustra esta noticia es de Jakob Cotton y está disponible en Unsplash.

La pandemia ha puesto los puntos sobre las íes en todo lo relativo a las amenazas derivadas del descontrol de las enfermedades infecciosas. Con el deterioro medioambiental causado por el cambio climático como terrible telón de fondo, Naciones Unidas alerta sobre la urgencia de reducir el uso de antimicrobianos en agricultura y ganadería, con especial énfasis en los antibióticos y la mirada puesta en la prevención, para evitar que las infecciones recuperen su tradicional letalidad. Tenemos mucho que perder –la vida, por ejemplo– si no actuamos inmediatamente y sin medias tintas.

El objetivo está claro: es preciso reducir drástica y urgentemente el uso de antibióticos en la agricultura y la ganadería para preservar su eficacia frente a las infecciones en salud humana y animal. «Utilizar de forma más responsable los antimicrobianos en los sistemas alimentarios debe ser una prioridad para todos los países», ha declarado Sheikh Hasina, primera ministra de Bangladesh y copresidenta del Grupo de Liderazgo Mundial sobre la Resistencia a los Antimicrobianos.

Este llamamiento se produce unas semanas antes de la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios, que se celebrará en Nueva York el próximo 23 de septiembre, en la que los estragos del uso abusivo e indiscriminado de antibióticos en agricultura y ganadería debe ser un asunto principal. Al menos, así lo exige este grupo de alto nivel, surgido con el impulso de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Mundial de Salud Animal (OIE) y Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

«La acción colectiva en todos los sectores pertinentes es crucial para proteger nuestros medicamentos más preciados, en beneficio de todos, en todas partes», ha añadido Hasina. Esta frase bebe de los principios del Enfoque Una Salud (One Health), por el que se reconocen los vínculos entre la salud humana, la salud animal y la salud medioambiental, y que rige el funcionamiento de la OMS, la OIE, la FAO y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).

La primera ministra de Bangladesh comparte la presidencia del Grupo de Liderazgo Mundial sobre la Resistencia a los Antimicrobianos con Mia Amor Mottley, primera ministra de Barbados, que también ha apoyado el llamamiento con sus palabras: «No podemos hacer frente a los crecientes niveles de resistencia a los antimicrobianos sin utilizar esos fármacos con más moderación en todos los sectores. El mundo entero está en una carrera contra la resistencia a los antimicrobianos. Una carrera que no podemos permitirnos perder».

Proteger los antimicrobianos que salvan vidas

A través del comunicado conjunto de la OMS, la OIE y la FAO, emitido el 24 de agosto de 2021, los mandatarios mundiales y expertos han apelado a una reducción considerable y urgente de las cantidades de antimicrobianos, en particular antibióticos, que se utilizan en los sistemas alimentarios, una medida crucial para combatir los crecientes niveles de farmacorresistencia, que están poniendo en jaque la eficacia de estos medicamentos.

La recomendación principal es tan lógica como compleja: urge utilizar los antimicrobianos de forma responsable. Descendiendo al terreno de lo concreto, conlleva dejar de utilizar los que conservan su importancia médica –es decir, que todavía tienen capacidad curativa– para fomentar el crecimiento en animales sanos. Esta práctica ya está prohibida en la Unión Europea, pero su aplicación real es cuestionable.

Los antimicrobianos (incluidos los antibióticos, los antifúngicos y los antiparasitarios) se utilizan en la producción de alimentos en todo el mundo y muchos de ellos son iguales o similares a los utilizados para tratar las infecciones en los seres humanos. Se administran a los animales con fines que trascienden los estrictamente terapéuticos, ya que el hacinamiento propio de la ganadería intensiva fomenta el uso preventivo, para frenar la propagación de las infecciones. Los plaguicidas antimicrobianos también se utilizan en la agricultura para tratar y prevenir enfermedades en las plantas.

En la actualidad, se utilizan de forma excesiva tanto en salud humana como en salud animal y agrícola, haciendo que las infecciones sean más difíciles de tratar. Tanto es así, que las enfermedades resistentes a antimicrobianos ya están causando al menos 700.000 muertes al año en el mundo.

Si no se toman medidas drásticas e inmediatas para reducir considerablemente el uso de estos fármacos en los sistemas alimentarios, el mundo se dirige rápidamente hacia un punto de inflexión en que los antimicrobianos en los que se confía para tratar infecciones en humanos, animales y plantas dejarán de ser eficaces. Los efectos de algo así sobre los sistemas de salud, las economías, el acceso a alimentos y la seguridad alimentaria serían devastadores hasta niveles inimaginables.

Las ciudadanas y los ciudadanos, como fuerza consumidora, podemos optar por alimentos que garanticen un uso responsable y sostenible de los antimicrobianos. La producción ecológica, local y de temporada, parece la mejor opción

En la aplicación del principio Una Salud, el grupo de alto nivel tripartito recuerda que es crucial transformar los sistemas alimentarios para optimizar la salud de los animales, las plantas y el medio ambiente, garantizar un uso responsable y sostenible de los antimicrobianos y, lo que es más importante, reducir la necesidad de utilizarlos y promover la innovación para encontrar alternativas sostenibles y basadas en la evidencia.

Si bien se han registrado reducciones considerables en el uso de antimicrobianos en animales en todo el mundo, introducir nuevas mejoras y velar por que se utilicen siempre de forma responsable y sostenible es muy importante, pero es un objetivo que se puede lograr. Aunque es difícil en algunas situaciones, todos los países, sectores y organizaciones deben dar prioridad a esta meta.

Los objetivos contados de uno en uno

Para promover el uso responsable y sostenible de los antimicrobianos en los sistemas alimentarios, el Grupo de Liderazgo Mundial, que se constituyó en noviembre de 2020, ha realizado este, su primer llamamiento, que gira en torno a tres ejes: la prevención y el control de las infecciones, la reducción del uso de antimicrobianos y las estrategias de supervisión y gobernanza necesarias para lograr los objetivos de forma clara y urgente.

Considera que todos los países deben dar prioridad absoluta a la prevención y el control de infecciones, teniendo en cuenta que los programas de agua, saneamiento e higiene, bioseguridad y vacunación son estrategias clave.

Por su parte, las organizaciones de carácter técnico, financiero y de I+D deben apoyar a los países para que mejoren el acceso y generalicen el uso de pruebas diagnósticas asequibles, herramientas de predicción de enfermedades, vacunas, alternativas no antimicrobianas seguras y eficaces, sin olvidar una nutrición adecuada para la prevención, el control y el tratamiento de infecciones en los animales terrestres y acuáticos y, cuando proceda, las plantas.

En lo relativo a la reducción del uso de los antimicrobianos, todos los países deberían reconocer la importancia de estos fármacos en sus marcos normativos y eliminar su uso para compensar la prevención y control inadecuados de las infecciones, la mala gestión y otras deficiencias modificables en el manejo de la salud de los animales y las plantas.

Además, deben reducir de forma urgente el uso de antimicrobianos de importancia crítica y máxima prioridad para los animales, terrestres y acuáticos y las plantas, empezando por eliminar de raíz que se empleen como adyuvantes del crecimiento.

Paralelamente, deben limitar la profilaxis y metafilaxis en animales y plantas a situaciones bien definidas, con el objetivo de reducir considerablemente el uso de antimicrobianos y garantizar que siempre se realice con supervisión regulatoria y bajo la dirección de un prescriptor autorizado.

Por último, todos los países deberían garantizar una gobernanza eficaz y una supervisión profesional de las ventas y el uso de antimicrobianos, así como una gestión adecuada de los mismos en todos los sectores, elaborando y exigiendo la aplicación de directrices basadas en la evidencia.

Al mismo tiempo, deben reducir considerablemente la venta libre de antimicrobianos importantes para fines médicos o veterinarios y establecer normas rigurosas con para fortalecer la supervisión profesional de su uso en de animales, terrestres y acuáticos, y plantas.

Por su parte, las organizaciones y los asociados internacionales de carácter técnico, financiero y de I+D deberían establecer mecanismos para mejorar y ampliar el acceso adecuado a antimicrobianos de buena calidad en todo el mundo y apoyar el establecimiento y la mejora de sistemas de vigilancia nacionales e internacionales comparables que permitan a los países establecer bases de referencia y establecer metas progresivas, ambiciosas, basadas en la ciencia y pertinentes.

 

* La imagen que ilustra esta noticia es de Jakob Cotton y está disponible en Unsplash.

La pandemia ha puesto los puntos sobre las íes en todo lo relativo a las amenazas derivadas del descontrol de las enfermedades infecciosas. Con el deterioro medioambiental causado por el cambio climático como terrible telón de fondo, Naciones Unidas alerta sobre la urgencia de reducir el uso de antimicrobianos en agricultura y ganadería, con especial énfasis en los antibióticos y la mirada puesta en la prevención, para evitar que las infecciones recuperen su tradicional letalidad. Tenemos mucho que perder –la vida, por ejemplo– si no actuamos inmediatamente y sin medias tintas.

El objetivo está claro: es preciso reducir drástica y urgentemente el uso de antibióticos en la agricultura y la ganadería para preservar su eficacia frente a las infecciones en salud humana y animal. «Utilizar de forma más responsable los antimicrobianos en los sistemas alimentarios debe ser una prioridad para todos los países», ha declarado Sheikh Hasina, primera ministra de Bangladesh y copresidenta del Grupo de Liderazgo Mundial sobre la Resistencia a los Antimicrobianos.

Este llamamiento se produce unas semanas antes de la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios, que se celebrará en Nueva York el próximo 23 de septiembre, en la que los estragos del uso abusivo e indiscriminado de antibióticos en agricultura y ganadería debe ser un asunto principal. Al menos, así lo exige este grupo de alto nivel, surgido con el impulso de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Mundial de Salud Animal (OIE) y Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

«La acción colectiva en todos los sectores pertinentes es crucial para proteger nuestros medicamentos más preciados, en beneficio de todos, en todas partes», ha añadido Hasina. Esta frase bebe de los principios del Enfoque Una Salud (One Health), por el que se reconocen los vínculos entre la salud humana, la salud animal y la salud medioambiental, y que rige el funcionamiento de la OMS, la OIE, la FAO y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).

La primera ministra de Bangladesh comparte la presidencia del Grupo de Liderazgo Mundial sobre la Resistencia a los Antimicrobianos con Mia Amor Mottley, primera ministra de Barbados, que también ha apoyado el llamamiento con sus palabras: «No podemos hacer frente a los crecientes niveles de resistencia a los antimicrobianos sin utilizar esos fármacos con más moderación en todos los sectores. El mundo entero está en una carrera contra la resistencia a los antimicrobianos. Una carrera que no podemos permitirnos perder».

Proteger los antimicrobianos que salvan vidas

A través del comunicado conjunto de la OMS, la OIE y la FAO, emitido el 24 de agosto de 2021, los mandatarios mundiales y expertos han apelado a una reducción considerable y urgente de las cantidades de antimicrobianos, en particular antibióticos, que se utilizan en los sistemas alimentarios, una medida crucial para combatir los crecientes niveles de farmacorresistencia, que están poniendo en jaque la eficacia de estos medicamentos.

La recomendación principal es tan lógica como compleja: urge utilizar los antimicrobianos de forma responsable. Descendiendo al terreno de lo concreto, conlleva dejar de utilizar los que conservan su importancia médica –es decir, que todavía tienen capacidad curativa– para fomentar el crecimiento en animales sanos. Esta práctica ya está prohibida en la Unión Europea, pero su aplicación real es cuestionable.

Los antimicrobianos (incluidos los antibióticos, los antifúngicos y los antiparasitarios) se utilizan en la producción de alimentos en todo el mundo y muchos de ellos son iguales o similares a los utilizados para tratar las infecciones en los seres humanos. Se administran a los animales con fines que trascienden los estrictamente terapéuticos, ya que el hacinamiento propio de la ganadería intensiva fomenta el uso preventivo, para frenar la propagación de las infecciones. Los plaguicidas antimicrobianos también se utilizan en la agricultura para tratar y prevenir enfermedades en las plantas.

En la actualidad, se utilizan de forma excesiva tanto en salud humana como en salud animal y agrícola, haciendo que las infecciones sean más difíciles de tratar. Tanto es así, que las enfermedades resistentes a antimicrobianos ya están causando al menos 700.000 muertes al año en el mundo.

Si no se toman medidas drásticas e inmediatas para reducir considerablemente el uso de estos fármacos en los sistemas alimentarios, el mundo se dirige rápidamente hacia un punto de inflexión en que los antimicrobianos en los que se confía para tratar infecciones en humanos, animales y plantas dejarán de ser eficaces. Los efectos de algo así sobre los sistemas de salud, las economías, el acceso a alimentos y la seguridad alimentaria serían devastadores hasta niveles inimaginables.

Las ciudadanas y los ciudadanos, como fuerza consumidora, podemos optar por alimentos que garanticen un uso responsable y sostenible de los antimicrobianos. La producción ecológica, local y de temporada, parece la mejor opción

En la aplicación del principio Una Salud, el grupo de alto nivel tripartito recuerda que es crucial transformar los sistemas alimentarios para optimizar la salud de los animales, las plantas y el medio ambiente, garantizar un uso responsable y sostenible de los antimicrobianos y, lo que es más importante, reducir la necesidad de utilizarlos y promover la innovación para encontrar alternativas sostenibles y basadas en la evidencia.

Si bien se han registrado reducciones considerables en el uso de antimicrobianos en animales en todo el mundo, introducir nuevas mejoras y velar por que se utilicen siempre de forma responsable y sostenible es muy importante, pero es un objetivo que se puede lograr. Aunque es difícil en algunas situaciones, todos los países, sectores y organizaciones deben dar prioridad a esta meta.

Los objetivos contados de uno en uno

Para promover el uso responsable y sostenible de los antimicrobianos en los sistemas alimentarios, el Grupo de Liderazgo Mundial, que se constituyó en noviembre de 2020, ha realizado este, su primer llamamiento, que gira en torno a tres ejes: la prevención y el control de las infecciones, la reducción del uso de antimicrobianos y las estrategias de supervisión y gobernanza necesarias para lograr los objetivos de forma clara y urgente.

Considera que todos los países deben dar prioridad absoluta a la prevención y el control de infecciones, teniendo en cuenta que los programas de agua, saneamiento e higiene, bioseguridad y vacunación son estrategias clave.

Por su parte, las organizaciones de carácter técnico, financiero y de I+D deben apoyar a los países para que mejoren el acceso y generalicen el uso de pruebas diagnósticas asequibles, herramientas de predicción de enfermedades, vacunas, alternativas no antimicrobianas seguras y eficaces, sin olvidar una nutrición adecuada para la prevención, el control y el tratamiento de infecciones en los animales terrestres y acuáticos y, cuando proceda, las plantas.

En lo relativo a la reducción del uso de los antimicrobianos, todos los países deberían reconocer la importancia de estos fármacos en sus marcos normativos y eliminar su uso para compensar la prevención y control inadecuados de las infecciones, la mala gestión y otras deficiencias modificables en el manejo de la salud de los animales y las plantas.

Además, deben reducir de forma urgente el uso de antimicrobianos de importancia crítica y máxima prioridad para los animales, terrestres y acuáticos y las plantas, empezando por eliminar de raíz que se empleen como adyuvantes del crecimiento.

Paralelamente, deben limitar la profilaxis y metafilaxis en animales y plantas a situaciones bien definidas, con el objetivo de reducir considerablemente el uso de antimicrobianos y garantizar que siempre se realice con supervisión regulatoria y bajo la dirección de un prescriptor autorizado.

Por último, todos los países deberían garantizar una gobernanza eficaz y una supervisión profesional de las ventas y el uso de antimicrobianos, así como una gestión adecuada de los mismos en todos los sectores, elaborando y exigiendo la aplicación de directrices basadas en la evidencia.

Al mismo tiempo, deben reducir considerablemente la venta libre de antimicrobianos importantes para fines médicos o veterinarios y establecer normas rigurosas con para fortalecer la supervisión profesional de su uso en de animales, terrestres y acuáticos, y plantas.

Por su parte, las organizaciones y los asociados internacionales de carácter técnico, financiero y de I+D deberían establecer mecanismos para mejorar y ampliar el acceso adecuado a antimicrobianos de buena calidad en todo el mundo y apoyar el establecimiento y la mejora de sistemas de vigilancia nacionales e internacionales comparables que permitan a los países establecer bases de referencia y establecer metas progresivas, ambiciosas, basadas en la ciencia y pertinentes.

 

* La imagen que ilustra esta noticia es de Jakob Cotton y está disponible en Unsplash.