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¿Qué implica la ley islámica para las mujeres afganas tras el regreso de los talibanes?

Los talibanes han ocupado Afganistán mucho antes de lo que las mentes más preclaras del ejército estadounidense se imaginaban, pillando por sorpresa a la mayoría de sus habitantes. El miedo a las represalias ha empujado a miles de personas a esconderse o a trasladarse al aeropuerto con la esperanza de poder salir del país. Las mujeres y las niñas son las que más tienen que perder, y que temer, ya que lo más probable es que el grupo islamista radical vuelva a imponer restricciones draconianas que supongan un retroceso respecto a los avances logrados en los últimos 20 años. Pese a la campaña de moderación que están desplegando y a su “compromiso” con los “derechos de las mujeres”, cabe preguntarse: ¿qué implica la ley islámica para las afganas tras el regreso de los talibanes? 

¿Qué es la ley islámica o charía?

El pasado martes, 16 de agosto, en una insólita rueda de prensa, Zabihullah Mujahid, portavoz del grupo integrista, aseguró que “el Emirato Islámico está comprometido con los derechos de las mujeres dentro de la ley islámica”, o charía. “Vamos a permitir que las mujeres trabajen y estudien”, afirmó. Y añadió: “Las mujeres serán muy activas dentro del marco del islam”. Pero lo cierto es que «dentro del marco del Islam» es una aseveración muy elástica.

La charía, cuyo significado es “camino a la paz”, es una fuente del derecho islámico y un código de conducta que rige todos los aspectos de la vida diaria. Basada principalmente en el Corán y en los hadices —una compilación de las palabras, las acciones y los hábitos de Mahoma—, se trata de una ley divina cuya aplicación requiere una labor de interpretación. El Fiqh, que puede traducirse como entendimiento humano de la ley islámica, es el mecanismo que los jueces utilizan para interpretarla y aplicarla.

La charía informa los códigos legales de la mayoría de los países musulmanes. Según explica Alí Benmajluf, profesor de filosofía en la Universidad de París Este–Créteil (Francia), “en los Estados modernos posteriores a la descolonización, la charía se ha considerado parte integrante del derecho positivo, aunque en varios países su ámbito de aplicación se reduce al estatuto jurídico de la persona (régimen económico matrimonial, derecho sucesorio, etc.)”.

Esta necesidad de interpretar la charía ha generado distintas escuelas jurídicas, lo que explica que en algunos países su observación sea más radical que en otros. En un extremo encontramos a estados como Arabia Saudí, en el que las mujeres apenas han conseguido el derecho a conducir un coche, y en el otro a países como Sudán, que en septiembre de 2020 dio carpetazo a 30 años de charía a través de una ley que separa la religión del estado.

Por otro lado, dentro de la ley islámica se establecen dos categorías de delitos. Los ‘Hadd’ son los más graves y tienen asignados castigos bien delimitados, como la amputación de manos en el caso de robo o la lapidación de mujeres en el caso de adulterio. Los delitos denominados ‘Tazir’ reciben castigos más leves y son elegidos por el juez de una manera menos estricta.

La charía es una fuente de derecho sujeta a interpretación, lo que puede dar pie a posturas radicales y a otras más laxas. Que los talibanes prometan mantener los «derechos» de las mujeres afganas «dentro de la ley islámica» es prometer muy poco

¿Qué interpretación harán entonces los talibanes de la charía?

Siguen frescas en nuestra memoria las imágenes procedentes de Afganistán bajo el régimen talibán, que entre 1996 y 2001 impuso el ‘reino del terror’ en todo el país: mujeres ocultas bajo burkas, confinadas en sus hogares sin poder trabajar ni salir de casa a menos que estuvieran acompañadas de un varón, mujeres sin derecho a la educación y sin autorización para recibir una atención médica completa. Mujeres lapidadas.

Malala Yousafzai, premio Nobel de la Paz, quien sobrevivió al disparo en la cabeza que recibió a los 15 años por hacer campaña en favor de la educación, ha alertado en una entrevista con la BBC de que la aplicación de la charía por los talibanes será desastrosa para las mujeres: “Deben entender que lo que dicen y lo que pongan en práctica serán dos cosas diferentes […] En Herat han prohibido a las jóvenes asistir a la universidad; en Kandahar las han obligado a quedarse en sus casas”. También sabemos que algunas mujeres que trabajaban en bancos han sido obligadas a quedarse en sus casas y a ceder su puesto a sus maridos, pese a carecer de experiencia para ejercer ese trabajo.

En la actualidad, muchas mujeres han recibido educación universitaria y otras muchas se han convertido en juezas, médicos, ingenieras o periodistas. Queda por ver hasta qué punto la moderación de la que están haciendo gala los talibanes y con la que supuestamente interpretarán la charía permitirá a las mujeres afganas acceder a la educación o a ejercer su profesión, por mentar solo alguna de las libertades adquiridas que no casan con la visión radicalizada en torno al papel de la mujer en la sociedad de los talibanes.

 

Las 29 prohibiciones que sufren las mujeres afganas

Por lo pronto, la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afghanistán (RAWA) ha publicado una lista que contiene 29 prohibiciones impuestas por el régimen talibán:

1. Prohibido trabajar fuera del hogar. Solo unas pocas doctoras y enfermeras pueden trabajar en algunos hospitales de Kabul.

2. Prohibida toda actividad fuera del hogar, a menos que estén acompañadas de un mahram (pariente masculino cercano, como padre, hermano o esposo).

3. Prohibido tratar con comerciantes masculinos.

4. Prohibido ser atendidas por médicos varones.

5. Prohibido estudiar en escuelas, universidades o cualquier otra institución educativa. (Los talibanes han convertido las escuelas de niñas en seminarios religiosos).

6. Las mujeres deben llevar un velo largo (Burka), que las cubra de la cabeza a los pies.

7. Azotes, palizas y abuso verbal a las mujeres que no estén vestidas de acuerdo con las reglas de los talibanes, o de mujeres no acompañadas de un mahram.

8. Azotes en público por no tener los tobillos cubiertos.

9. Lapidación pública por mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio.

10. Prohibición del uso de cosméticos. (A muchas mujeres con las uñas pintadas se les han cortado los dedos).

11. Prohibido hablar con o estrechar la mano de hombres que no sean mahram.

12. Prohibido reír a carcajadas. (Ningún extraño debería escuchar la voz de una mujer).

13. Prohibido usar zapatos de tacón, ya que producen sonido al caminar. (Un hombre no debe escuchar los pasos de una mujer).

14. Prohibido viajar en taxi sin mahram.

15. Prohibida la presencia de mujeres en radio y televisión, así como reuniones públicas de cualquier tipo.

16. Prohibido practicar deportes o ingresar en un centro o club deportivo.

17. Prohibido ir en bicicleta o motocicleta, incluso con sus mahrams.

18. Prohibido usar ropa de colores brillantes, ya que se trata de “colores sexualmente atractivos”.

19. Prohibido reunirse en festividades o con fines recreativos.

20. Prohibido lavar ropa junto a ríos o en lugares públicos.

21. Modificación de todos los topónimos que incluyan la palabra «mujeres». Por ejemplo, «jardín de mujeres» ha pasado a llamarse «jardín de primavera».

22. Prohibido asomarse a los balcones de sus apartamentos o de sus casas.

23. Es obligatorio pintar todas las ventanas para que las mujeres no se vean desde el exterior de sus casas.

24. Prohibido que los sastres masculinos tomen medidas de mujeres o cosan ropa de mujer.

25. Están prohibidos los baños públicos femeninos.

26. Prohibido que hombres y mujeres viajen en el mismo autobús. Hay, por tanto, autobuses públicos «solo para hombres» y «solo para mujeres”.

27. Prohibidos los pantalones acampanados (anchos), incluso debajo de un burka.

28. Prohibido fotografiar o filmar a mujeres.

29. Prohibidas las fotografías de mujeres impresas en periódicos y libros, o colgadas en las paredes de casas y tiendas.

* La imagen es de Amber Clay.

Los talibanes han ocupado todo Afganistán mucho antes de lo que las mentes más preclaras del ejército estadounidense se imaginaban, pillando por sorpresa a la mayoría de sus habitantes. El miedo a las represalias ha empujado a miles de personas a esconderse o a trasladarse al aeropuerto con la esperanza de poder salir del país. Las mujeres y las niñas son las que más tienen que perder, y que temer, ya que lo más probable es que el grupo islamista radical vuelva a imponer restricciones draconianas que supongan un retroceso respecto a los avances logrados en los últimos 20 años. Pese a la campaña de moderación que están desplegando y a su “compromiso” con los “derechos de las mujeres”, cabe preguntarse: ¿qué implica la ley islámica para las afganas tras el regreso de los talibanes? 

¿Qué es la ley islámica o charía?

El pasado martes, 16 de agosto, en una insólita rueda de prensa, Zabihullah Mujahid, portavoz del grupo integrista, aseguró que “el Emirato Islámico está comprometido con los derechos de las mujeres dentro de la ley islámica”, o charía. “Vamos a permitir que las mujeres trabajen y estudien”, afirmó. Y añadió: “Las mujeres serán muy activas dentro del marco del islam”. Pero lo cierto es que «dentro del marco del Islam» es una aseveración muy elástica.

La charía, cuyo significado es “camino a la paz”, es una fuente del derecho islámico y un código de conducta que rige todos los aspectos de la vida diaria. Basada principalmente en el Corán y en los hadices —una compilación de las palabras, las acciones y los hábitos de Mahoma—, se trata de una ley divina cuya aplicación requiere una labor de interpretación. El Fiqh, que puede traducirse como entendimiento humano de la ley islámica, es el mecanismo que los jueces utilizan para interpretarla y aplicarla.

La charía informa los códigos legales de la mayoría de los países musulmanes. Según explica Alí Benmajluf, profesor de filosofía en la Universidad de París Este–Créteil (Francia), “en los Estados modernos posteriores a la descolonización, la charía se ha considerado parte integrante del derecho positivo, aunque en varios países su ámbito de aplicación se reduce al estatuto jurídico de la persona (régimen económico matrimonial, derecho sucesorio, etc.)”.

Esta necesidad de interpretar la charía ha generado distintas escuelas jurídicas, lo que explica que en algunos países su observación sea más radical que en otros. En un extremo encontramos a estados como Arabia Saudí, en el que las mujeres apenas han conseguido el derecho a conducir un coche, y en el otro a países como Sudán, que en septiembre de 2020 dio carpetazo a 30 años de charía a través de una ley que separa la religión del estado.

Por otro lado, dentro de la ley islámica se establecen dos categorías de delitos. Los ‘Hadd’ son los más graves y tienen asignados castigos bien delimitados, como la amputación de manos en el caso de robo o la lapidación de mujeres en el caso de adulterio. Los delitos denominados ‘Tazir’ reciben castigos más leves y son elegidos por el juez de una manera menos estricta.

La charía es una fuente sujeta a interpretación, lo que puede dar pie a posturas radicales y a otras más laxas. Que los talibanes prometan mantener los «derechos» de las mujeres afganas «dentro de la ley islámica» es prometer muy poco

¿Qué interpretación harán entonces los talibanes de la charía?

Siguen frescas en nuestra memoria las imágenes procedentes de Afganistán bajo el régimen talibán, que entre 1996 y 2001 impuso el ‘reino del terror’ en todo el país: mujeres ocultas bajo burkas, confinadas en sus hogares sin poder trabajar ni salir de casa a menos que estuvieran acompañadas de un varón, mujeres sin derecho a la educación y sin autorización para recibir una atención médica completa. Mujeres lapidadas.

Malala Yousafzai, premio Nobel de la Paz, quien sobrevivió al disparo en la cabeza que recibió a los 15 años por hacer campaña en favor de la educación, ha alertado en una entrevista con la BBC de que la aplicación de la charía por los talibanes será desastrosa para las mujeres: “Deben entender que lo que dicen y lo que pongan en práctica serán dos cosas diferentes […] En Herat han prohibido a las jóvenes asistir a la universidad; en Kandahar las han obligado a quedarse en sus casas”. También sabemos que algunas mujeres que trabajaban en bancos han sido obligadas a quedarse en sus casas y a ceder su puesto a sus maridos, pese a carecer de experiencia para ejercer ese trabajo.

En la actualidad, muchas mujeres han recibido educación universitaria y otras muchas se han convertido en juezas, médicos, ingenieras o periodistas. Queda por ver hasta qué punto la moderación de la que están haciendo gala los talibanes y con la que supuestamente interpretarán la charía permitirá a las mujeres afganas acceder a la educación o a ejercer su profesión, por mentar solo alguna de las libertades adquiridas que no casan con la visión radicalizada en torno al papel de la mujer en la sociedad de los talibanes.

 

Las 29 prohibiciones que sufren las mujeres afganas

Por lo pronto, la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afghanistán (RAWA) ha publicado una lista que contiene 29 prohibiciones impuestas por el régimen talibán:

1. Prohibido trabajar fuera del hogar. Solo unas pocas doctoras y enfermeras pueden trabajar en algunos hospitales de Kabul.

2. Prohibida toda actividad fuera del hogar, a menos que estén acompañadas de un mahram (pariente masculino cercano, como padre, hermano o esposo).

3. Prohibido tratar con comerciantes masculinos.

4. Prohibido ser atendidas por médicos varones.

5. Prohibido estudiar en escuelas, universidades o cualquier otra institución educativa. (Los talibanes han convertido las escuelas de niñas en seminarios religiosos).

6. Las mujeres deben llevar un velo largo (Burka), que las cubra de la cabeza a los pies.

7. Azotes, palizas y abuso verbal a las mujeres que no estén vestidas de acuerdo con las reglas de los talibanes, o de mujeres no acompañadas de un mahram.

8. Azotes en público por no tener los tobillos cubiertos.

9. Lapidación pública por mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio.

10. Prohibición del uso de cosméticos. (A muchas mujeres con las uñas pintadas se les han cortado los dedos).

11. Prohibido hablar con o estrechar la mano de hombres que no sean mahram.

12. Prohibido reír a carcajadas. (Ningún extraño debería escuchar la voz de una mujer).

13. Prohibido usar zapatos de tacón, ya que producen sonido al caminar. (Un hombre no debe escuchar los pasos de una mujer).

14. Prohibido viajar en taxi sin mahram.

15. Prohibida la presencia de mujeres en radio y televisión, así como reuniones públicas de cualquier tipo.

16. Prohibido practicar deportes o ingresar en un centro o club deportivo.

17. Prohibido ir en bicicleta o motocicleta, incluso con sus mahrams.

18. Prohibido usar ropa de colores brillantes, ya que se trata de “colores sexualmente atractivos”.

19. Prohibido reunirse en festividades o con fines recreativos.

20. Prohibido lavar ropa junto a ríos o en lugares públicos.

21. Modificación de todos los topónimos que incluyan la palabra «mujeres». Por ejemplo, «jardín de mujeres» ha pasado a llamarse «jardín de primavera».

22. Prohibido asomarse a los balcones de sus apartamentos o de sus casas.

23. Es obligatorio pintar todas las ventanas para que las mujeres no se vean desde el exterior de sus casas.

24. Prohibido que los sastres masculinos tomen medidas de mujeres o cosan ropa de mujer.

25. Están prohibidos los baños públicos femeninos.

26. Prohibido que hombres y mujeres viajen en el mismo autobús. Hay, por tanto, autobuses públicos «solo para hombres» y «solo para mujeres”.

27. Prohibidos los pantalones acampanados (anchos), incluso debajo de un burka.

28. Prohibido fotografiar o filmar a mujeres.

29. Prohibidas las fotografías de mujeres impresas en periódicos y libros, o colgadas en las paredes de casas y tiendas.

 

* La imagen es de Amber Clay.

Los talibanes han ocupado todo Afganistán mucho antes de lo que las mentes más preclaras del ejército estadounidense se imaginaban, pillando por sorpresa a la mayoría de sus habitantes. El miedo a las represalias ha empujado a miles de personas a esconderse o a trasladarse al aeropuerto con la esperanza de poder salir del país. Las mujeres y las niñas son las que más tienen que perder, y que temer, ya que lo más probable es que el grupo islamista radical vuelva a imponer restricciones draconianas que supongan un retroceso respecto a los avances logrados en los últimos 20 años. Pese a la campaña de moderación que están desplegando y a su “compromiso” con los “derechos de las mujeres”, cabe preguntarse: ¿qué implica la ley islámica para las afganas tras el regreso de los talibanes?

¿Qué es la ley islámica o charía?

El pasado martes, 16 de agosto, en una insólita rueda de prensa, Zabihullah Mujahid, portavoz del grupo integrista, aseguró que “el Emirato Islámico está comprometido con los derechos de las mujeres dentro de la ley islámica”, o charía. “Vamos a permitir que las mujeres trabajen y estudien”, afirmó. Y añadió: “Las mujeres serán muy activas dentro del marco del islam”. Pero lo cierto es que «dentro del marco del Islam» es una aseveración muy elástica.

La charía, cuyo significado es “camino a la paz”, es una fuente del derecho islámico y un código de conducta que rige todos los aspectos de la vida diaria. Basada principalmente en el Corán y en los hadices —una compilación de las palabras, las acciones y los hábitos de Mahoma—, se trata de una ley divina cuya aplicación requiere una labor de interpretación. El Fiqh, que puede traducirse como entendimiento humano de la ley islámica, es el mecanismo que los jueces utilizan para interpretarla y aplicarla.

La charía informa los códigos legales de la mayoría de los países musulmanes. Según explica Alí Benmajluf, profesor de filosofía en la Universidad de París Este–Créteil (Francia), “en los Estados modernos posteriores a la descolonización, la charía se ha considerado parte integrante del derecho positivo, aunque en varios países su ámbito de aplicación se reduce al estatuto jurídico de la persona (régimen económico matrimonial, derecho sucesorio, etc.)”.

Esta necesidad de interpretar la charía ha generado distintas escuelas jurídicas, lo que explica que en algunos países su observación sea más radical que en otros. En un extremo encontramos a estados como Arabia Saudí, en el que las mujeres apenas han conseguido el derecho a conducir un coche, y en el otro a países como Sudán, que en septiembre de 2020 dio carpetazo a 30 años de charía a través de una ley que separa la religión del estado.

Por otro lado, dentro de la ley islámica se establecen dos categorías de delitos. Los ‘Hadd’ son los más graves y tienen asignados castigos bien delimitados, como la amputación de manos en el caso de robo o la lapidación de mujeres en el caso de adulterio. Los delitos denominados ‘Tazir’ reciben castigos más leves y son elegidos por el juez de una manera menos estricta.

La charía es una fuente de derecho sujeta a interpretación, lo que puede dar pie a posturas radicales y a otras más laxas. Que los talibanes prometan mantener los «derechos» de las mujeres afganas «dentro de la ley islámica» es prometer muy poco

¿Qué interpretación harán entonces los talibanes de la charía?

Siguen frescas en nuestra memoria las imágenes procedentes de Afganistán bajo el régimen talibán, que entre 1996 y 2001 impuso el ‘reino del terror’ en todo el país: mujeres ocultas bajo burkas, confinadas en sus hogares sin poder trabajar ni salir de casa a menos que estuvieran acompañadas de un varón, mujeres sin derecho a la educación y sin autorización para recibir una atención médica completa. Mujeres lapidadas.

Malala Yousafzai, premio Nobel de la Paz, quien sobrevivió al disparo en la cabeza que recibió a los 15 años por hacer campaña en favor de la educación, ha alertado en una entrevista con la BBC de que la aplicación de la charía por los talibanes será desastrosa para las mujeres: “Deben entender que lo que dicen y lo que pongan en práctica serán dos cosas diferentes […] En Herat han prohibido a las jóvenes asistir a la universidad; en Kandahar las han obligado a quedarse en sus casas”. También sabemos que algunas mujeres que trabajaban en bancos han sido obligadas a quedarse en sus casas y a ceder su puesto a sus maridos, pese a carecer de experiencia para ejercer ese trabajo.

En la actualidad, muchas mujeres han recibido educación universitaria y otras muchas se han convertido en juezas, médicos, ingenieras o periodistas. Queda por ver hasta qué punto la moderación de la que están haciendo gala los talibanes y con la que supuestamente interpretarán la charía permitirá a las mujeres afganas acceder a la educación o a ejercer su profesión, por mentar solo alguna de las libertades adquiridas que no casan con la visión radicalizada en torno al papel de la mujer en la sociedad de los talibanes.

 

Las 29 prohibiciones que sufren las mujeres afganas

Por lo pronto, la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afghanistán (RAWA) ha publicado una lista que contiene 29 prohibiciones impuestas por el régimen talibán:

1. Prohibido trabajar fuera del hogar. Solo unas pocas doctoras y enfermeras pueden trabajar en algunos hospitales de Kabul.

2. Prohibida toda actividad fuera del hogar, a menos que estén acompañadas de un mahram (pariente masculino cercano, como padre, hermano o esposo).

3. Prohibido tratar con comerciantes masculinos.

4. Prohibido ser atendidas por médicos varones.

5. Prohibido estudiar en escuelas, universidades o cualquier otra institución educativa. (Los talibanes han convertido las escuelas de niñas en seminarios religiosos).

6. Las mujeres deben llevar un velo largo (Burka), que las cubra de la cabeza a los pies.

7. Azotes, palizas y abuso verbal a las mujeres que no estén vestidas de acuerdo con las reglas de los talibanes, o de mujeres no acompañadas de un mahram.

8. Azotes en público por no tener los tobillos cubiertos.

9. Lapidación pública por mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio.

10. Prohibición del uso de cosméticos. (A muchas mujeres con las uñas pintadas se les han cortado los dedos).

11. Prohibido hablar con o estrechar la mano de hombres que no sean mahram.

12. Prohibido reír a carcajadas. (Ningún extraño debería escuchar la voz de una mujer).

13. Prohibido usar zapatos de tacón, ya que producen sonido al caminar. (Un hombre no debe escuchar los pasos de una mujer).

14. Prohibido viajar en taxi sin mahram.

15. Prohibida la presencia de mujeres en radio y televisión, así como reuniones públicas de cualquier tipo.

16. Prohibido practicar deportes o ingresar en un centro o club deportivo.

17. Prohibido ir en bicicleta o motocicleta, incluso con sus mahrams.

18. Prohibido usar ropa de colores brillantes, ya que se trata de “colores sexualmente atractivos”.

19. Prohibido reunirse en festividades o con fines recreativos.

20. Prohibido lavar ropa junto a ríos o en lugares públicos.

21. Modificación de todos los topónimos que incluyan la palabra «mujeres». Por ejemplo, «jardín de mujeres» ha pasado a llamarse «jardín de primavera».

22. Prohibido asomarse a los balcones de sus apartamentos o de sus casas.

23. Es obligatorio pintar todas las ventanas para que las mujeres no se vean desde el exterior de sus casas.

24. Prohibido que los sastres masculinos tomen medidas de mujeres o cosan ropa de mujer.

25. Están prohibidos los baños públicos femeninos.

26. Prohibido que hombres y mujeres viajen en el mismo autobús. Hay, por tanto, autobuses públicos «solo para hombres» y «solo para mujeres”.

27. Prohibidos los pantalones acampanados (anchos), incluso debajo de un burka.

28. Prohibido fotografiar o filmar a mujeres.

29. Prohibidas las fotografías de mujeres impresas en periódicos y libros, o colgadas en las paredes de casas y tiendas.

Mujeres ley islámica, mujeres ley islámica, mujeres ley islámica

* La imagen es de Amber Clay.