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HM Hospitales crea una unidad pionera especializada en cardiología de la mujer

Incluir una unidad de cardiología de la mujer en cada centro o servicio de alta complejidad de esta especialidad médica tiene todo el sentido del mundo por diversas y poderosas razones, pero todavía es más una tendencia que una realidad habitual. HM CIEC se ha adelantado a los tiempos y ya tiene la suya, que ha nacido con el objetivo de mejorar el conocimiento, el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades del corazón en las mujeres para que, cuando menos, su pronóstico se equipare al de los hombres. Además, trabajará en la prevención y en el control de los factores de riesgo femeninos. Nos lo cuenta Leticia Fernández Friera, coordinadora de la nueva unidad y toda una eminencia en la materia. 

El grupo HM Hospitales ha creado una unidad pionera de cardiología de la mujer, que ha iniciado su andadura abriendo consulta en HM Nuevo Belén (Madrid), un centro dedicado en exclusiva a la salud de la mujer, pero está adscrita al Centro Integral de Enfermedades Cardiovasculares HM CIEC. Su objetivo es abordar la enfermedad cardiovascular en pacientes femeninas, ya que presenta características específicas, menos conocidas y estudiadas, que dan lugar a obstáculos en la prevención, el diagnóstico y el tratamiento.

El resultado es que las mujeres tienen cerca de un 20% más de posibilidades de fallecer tras un primer infarto agudo de miocardio, tal vez porque se les practican un 15% menos de angioplastias primarias, el tratamiento considerado de elección. Además, tienen un 59% más de riesgo de presentar insuficiencia cardíaca grave si lo superan.

La doctora Leticia Fernández Friera es la coordinadora de esta nueva unidad, cargo que compatibiliza con la dirección de la Unidad de Imagen Cardíaca de HM CIEC y la del Programa de Salud de la Mujer MAAM, de Atria Clinic (Madrid), así como con su condición de profesora asociada de la Universidad CEU San Pablo y con su labor investigadora, vinculada tanto al Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) como, por supuesto, a HM Hospitales. Recientemente, ha recibido una beca del Instituto Nacional Carlos III para desarrollar el Proyecto Wake Up, acrónimo en inglés de Salud de la mujer: un programa de reducción del riesgo cardiovascular basado en la imagen.

Para la Dra. Fernández Friera, el mensaje principal de cualquier iniciativa encaminada a mejorar la salud cardiovascular de las mujeres es concienciarlas: “Es fundamental que sepamos que nosotras también podemos sufrir un infarto, o cualquier otro problema de corazón –subraya–. No es algo que les ocurra solo a los hombres y darnos cuenta es el paso necesario para reaccionar a tiempo. Si aparecen síntomas compatibles, lo primero es buscar una opinión médica, la única capacitada para diagnosticar o descartar un infarto. Esta es la idea más importante: ante la duda, hay que buscar ayuda sin pensarlo”.

Esta afirmación puede parecer obvia, pero los datos avalan su pertinencia. “Las mujeres llegan más tarde al hospital. Tienden a minimizar los síntomas, retrasan mirarse a sí mismas. Es evidente que todavía existe una clara falta de educación respecto a la enfermedad cardiovascular, más acusada en las mujeres, pero el problema es que el pronóstico del infarto depende del tiempo. Cuanto antes se actúa, menos riesgo hay de fallecer o de tener secuelas graves”, añade.

Dicho esto, no solo debemos buscar los motivos por los que las mujeres tienen peor pronóstico en salud cardiovascular en la velocidad con la que dan la señal de alarma. Los errores en el diagnóstico les afectan con mucha mayor frecuencia y todavía no es extraño que se topen con profesionales de la medicina que atribuyen su dolor torácico a procesos como la ansiedad o la artrosis, perdiendo un tiempo precioso.

Sin embargo, achacar estos errores solo al convencionalismo sería simplificar en exceso el problema. Si bien se ha seguido estudiando mucho más la enfermedad cardiovascular en los hombres, incluso más tiempo del aconsejable, ya que los estilos de vida actuales llevan años equiparando la incidencia en ambos sexos, lo cierto es que la patología de las mujeres es más compleja, con un porcentaje claramente más elevado de procesos atípicos y de difícil abordaje.

En este sentido, la excelencia en ecocardiografía y otras técnicas de imagen cardiovascular avanzada de Leticia Fernández Friera –en 2020 logró la máxima acreditación de la Sociedad Europea de Cardiología en Cardio-TC (TAC cardíaco) para HM CIEC– le han permitido estudiar ‘de primera mano’ una de las principales diferencias de la presentación del infarto agudo de miocardio entre hombres y mujeres.

“Algunos estudios recientes han demostrado que la enfermedad afecta a vasos sanguíneos pequeños en las mujeres, y no tanto a las grandes arterias como sucede en el caso de los hombres. No es extraño encontrarse con una mujer que está sufriendo un infarto, pero mantiene unas arterias coronarias normales. Que los eventos cardíacos sean microvasculares es una dificultad añadida, porque no es fácil encontrar una causa evidente que permita llegar al diagnóstico. Como consecuencia, el tratamiento se retrasa y se complica”, señala la doctora.

Estos procesos atípicos a los que se refiere reciben el nombre de Minocas (infartos de miocardio con arterias coronarias sin obstrucciones significativas, por sus siglas en inglés), que únicamente suponen entre un 6 y un 15% del total, pero el 80% se produce en mujeres. Es fácil deducir, por pura lógica, que los procedimientos habituales de cardiología intervencionista no siempre son posibles en la mujer. Por ejemplo, la colocación de stents coronarios es adecuada cuando la obstrucción u obstrucciones que impiden el buen funcionamiento del corazón están en las arterias, pero es inviable si el problema se presenta en forma de múltiples taponamientos en vasos pequeños.

“Abordar de forma específica la cardiología de la mujer es una necesidad perentoria. El estrés, la mala alimentación y el sedentarismo están aumentando la demanda de programas de salud cardiovascular en femenino”, afirma Leticia Fernández Friera

Esta particularidad podría justificar por sí misma la creación de una unidad específica de cardiología de la mujer, pero resulta que hay otras e importantes razones. Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer 2020, la Sociedad Española de Cardiología recordó que el sexo determina la expresión clínica diferencial de las arritmias. Aunque las palpitaciones son el síntoma más frecuente tanto en hombres como en mujeres, ellas también presentan fatiga, debilidad, sensación de falta de aire, falta de concentración, dolor de cabeza o sudoración, lo que puede inducir a un diagnóstico de ansiedad o a problemas relacionados con la tensión arterial.

También son distintos los síntomas del infarto, aunque el principal, el dolor torácico, sea común a ambos sexos. “El síntoma más común en todas las personas es el dolor y/o la opresión en el pecho, que se irradia al brazo y/o a la espalda –explica la Dra. Fernández Friera–. Sin embargo, en la mujer también es frecuente sentir ahogo, fatiga y sudoración extremas, náuseas, mareo y dolor muy intenso de mandíbula o de estómago. Cabe señalar que todos ellos son muy bruscos y agudos, aunque, paradójicamente, pueden surgir poco a poco, incluso semanas antes, hasta que estallan. Aunque los síntomas puedan tener cierto parecido, ni su carácter repentino y muy intenso, ni la posibilidad de que el malestar se inicie con varios días de antelación y vaya aumentando son compatibles con una crisis de ansiedad”.

Factores de riesgo y métodos de prevención

La cardiología de la mujer tiene otro aspecto marcadamente diferencial: su relación con el sistema hormonal. “Teniendo esto en cuenta, creo que uno de los rasgos diferenciales de nuestra unidad es que trabajamos codo con codo con ginecología, de modo que podemos ofrecer un enfoque integral, incorporando los cambios hormonales que genera la menopausia –especialmente si es precoz–, momento en el que aumenta el riesgo cardiovascular porque se pierde la protección que proporcionan los estrógenos, pero también estudiando conjuntamente alteraciones del embarazo, que pueden condicionar la salud cardiovascular”, señala la Dra. López Friera.

Del mismo modo que la sintomatología, más amplia en las mujeres, los factores de riesgo femeninos van de los ‘tradicionales’, como la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol alto y la obesidad, a los más específicos como la menopausia, la preeclampsia, la diabetes gestacional, algunos problemas de fertilidad, el síndrome de ovario poliquístico o los tratamientos hormonales sustitutivos. “En realidad, cuando hablamos de que nuestra unidad propone un abordaje integral de la salud cardiovascular de las mujeres queremos señalar que tenemos en cuenta, y utilizamos como indicadores, los condicionantes que van marcando la transición hormonal en la mujer en cada etapa de la vida”, destaca la Dra. Fernández Friera.

Cuando se le pregunta sobre las mejores herramientas de prevención de las patologías del corazón, la doctora no duda en contestar que uno de los ‘trucos’ más eficaces para proteger la salud cardiovascular es reducir al mínimo el consumo de sal. Teniendo en cuenta la sal oculta en los alimentos, no deberíamos superar una cucharilla de café diaria de sal añadida. Y si es todavía menos, mejor.

En segundo lugar, anima a evitar las bebidas azucaradas, especialmente las energéticas, que esconden cantidades muy insanas de azúcares, además de otras sustancias excitantes. También insta a incorporar el ejercicio físico a la vida cotidiana, pero poniéndose metas alcanzables, progresivas y, sobre todo, continuas. “Lo importante es moverse –subraya–. Es mejor encontrar un rato para caminar a buen ritmo a diario que hacer ejercicio muy intenso de vez en cuando, o más intenso del que estamos acostumbrados a soportar, y pasar el resto del tiempo en un sillón”.

Por último, recuerda el chequeo anual de toda la vida, que permite estar al tanto de la propia situación general de salud. En este sentido, es aconsejable hacerse una revisión anual básica, al menos a partir de los 40 años, para comprobar si la tensión arterial es normal, medir el azúcar en sangre, el colesterol y los triglicéridos, etc. Y vigilar el peso, por supuesto.

“Debemos entender que estar bien significa tener la posibilidad de seguir estando bien durante muchos años. Dicho de otra forma, una vez que aparece la enfermedad cardiovascular, es muy complicado recuperarse por completo. La clave está en mantener la buena salud el mayor tiempo posible”, concluye Leticia Fernández Friera.

Incluir una unidad de cardiología de la mujer en cada centro o servicio de alta complejidad de esta especialidad médica tiene todo el sentido del mundo por diversas y poderosas razones, pero todavía es más una tendencia que una realidad habitual. HM CIEC se ha adelantado a los tiempos y ya tiene la suya, que ha nacido con el objetivo de mejorar el conocimiento, el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades del corazón en las mujeres para que, cuando menos, su pronóstico se equipare al de los hombres. Además, trabajará en la prevención y en el control de los factores de riesgo femeninos. Nos lo cuenta Leticia Fernández Friera, coordinadora de la nueva unidad y toda una eminencia en la materia.

El grupo HM Hospitales ha creado una unidad pionera de cardiología de la mujer, que ha iniciado su andadura abriendo consulta en HM Nuevo Belén (Madrid), un centro dedicado en exclusiva a la salud de la mujer, pero está adscrita al Centro Integral de Enfermedades Cardiovasculares HM CIEC. Su objetivo es abordar la enfermedad cardiovascular en pacientes femeninas, ya que presenta características específicas, menos conocidas y estudiadas, que dan lugar a obstáculos en la prevención, el diagnóstico y el tratamiento.

El resultado es que las mujeres tienen cerca de un 20% más de posibilidades de fallecer tras un primer infarto agudo de miocardio, tal vez porque se les practican un 15% menos de angioplastias primarias, el tratamiento considerado de elección. Además, tienen un 59% más de riesgo de presentar insuficiencia cardíaca grave si lo superan.

La doctora Leticia Fernández Friera es la coordinadora de esta nueva unidad, cargo que compatibiliza con la dirección de la Unidad de Imagen Cardíaca de HM CIEC y la del Programa de Salud de la Mujer MAAM, de Atria Clinic (Madrid), así como con su condición de profesora asociada de la Universidad CEU San Pablo y con su labor investigadora, vinculada tanto al Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) como, por supuesto, a HM Hospitales. Recientemente, ha recibido una beca del Instituto Nacional Carlos III para desarrollar el Proyecto Wake Up, acrónimo en inglés de Salud de la mujer: un programa de reducción del riesgo cardiovascular basado en la imagen.

Para la Dra. Fernández Friera, el mensaje principal de cualquier iniciativa encaminada a mejorar la salud cardiovascular de las mujeres es concienciarlas: “Es fundamental que sepamos que nosotras también podemos sufrir un infarto, o cualquier otro problema de corazón –subraya–. No es algo que les ocurra solo a los hombres y darnos cuenta es el paso necesario para reaccionar a tiempo. Si aparecen síntomas compatibles, lo primero es buscar una opinión médica, la única capacitada para diagnosticar o descartar un infarto. Esta es la idea más importante: ante la duda, hay que buscar ayuda sin pensarlo”.

Esta afirmación puede parecer obvia, pero los datos avalan su pertinencia. “Las mujeres llegan más tarde al hospital. Tienden a minimizar los síntomas, retrasan mirarse a sí mismas. Es evidente que todavía existe una clara falta de educación respecto a la enfermedad cardiovascular, más acusada en las mujeres, pero el problema es que el pronóstico del infarto depende del tiempo. Cuanto antes se actúa, menos riesgo hay de fallecer o de tener secuelas graves”, añade.

Dicho esto, no solo debemos buscar los motivos por los que las mujeres tienen peor pronóstico en salud cardiovascular en la velocidad con la que dan la señal de alarma. Los errores en el diagnóstico les afectan con mucha mayor frecuencia y todavía no es extraño que se topen con profesionales de la medicina que atribuyen su dolor torácico a procesos como la ansiedad o la artrosis, perdiendo un tiempo precioso.

Sin embargo, achacar estos errores solo al convencionalismo sería simplificar en exceso el problema. Si bien se ha seguido estudiando mucho más la enfermedad cardiovascular en los hombres, incluso más tiempo del aconsejable, ya que los estilos de vida actuales llevan años equiparando la incidencia en ambos sexos, lo cierto es que la patología de las mujeres es más compleja, con un porcentaje claramente más elevado de procesos atípicos y de difícil abordaje.

En este sentido, la excelencia en ecocardiografía y otras técnicas de imagen cardiovascular avanzada de Leticia Fernández Friera –en 2020 logró la máxima acreditación de la Sociedad Europea de Cardiología en Cardio-TC (TAC cardíaco) para HM CIEC– le han permitido estudiar ‘de primera mano’ una de las principales diferencias de la presentación del infarto agudo de miocardio entre hombres y mujeres.

“Algunos estudios recientes han demostrado que la enfermedad afecta a vasos sanguíneos pequeños en las mujeres, y no tanto a las grandes arterias como sucede en el caso de los hombres. No es extraño encontrarse con una mujer que está sufriendo un infarto, pero mantiene unas arterias coronarias normales. Que los eventos cardíacos sean microvasculares es una dificultad añadida, porque no es fácil encontrar una causa evidente que permita llegar al diagnóstico. Como consecuencia, el tratamiento se retrasa y se complica”, señala la doctora.

Estos procesos atípicos a los que se refiere reciben el nombre de Minocas (infartos de miocardio con arterias coronarias sin obstrucciones significativas, por sus siglas en inglés), que únicamente suponen entre un 6 y un 15% del total, pero el 80% se produce en mujeres. Es fácil deducir, por pura lógica, que los procedimientos habituales de cardiología intervencionista no siempre son posibles en la mujer. Por ejemplo, la colocación de stents coronarios es adecuada cuando la obstrucción u obstrucciones que impiden el buen funcionamiento del corazón están en las arterias, pero es inviable si el problema se presenta en forma de múltiples taponamientos en vasos pequeños.

“Abordar de forma específica la cardiología de la mujer es una necesidad perentoria. El estrés, la mala alimentación y el sedentarismo están aumentando la demanda de programas de salud cardiovascular en femenino”, afirma Leticia Fernández Friera

Esta particularidad podría justificar por sí misma la creación de una unidad específica de cardiología de la mujer, pero resulta que hay otras e importantes razones. Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer 2020, la Sociedad Española de Cardiología recordó que el sexo determina la expresión clínica diferencial de las arritmias. Aunque las palpitaciones son el síntoma más frecuente tanto en hombres como en mujeres, ellas también presentan fatiga, debilidad, sensación de falta de aire, falta de concentración, dolor de cabeza o sudoración, lo que puede inducir a un diagnóstico de ansiedad o a problemas relacionados con la tensión arterial.

También son distintos los síntomas del infarto, aunque el principal, el dolor torácico, sea común a ambos sexos. “El síntoma más común en todas las personas es el dolor y/o la opresión en el pecho, que se irradia al brazo y/o a la espalda –explica la Dra. Fernández Friera–. Sin embargo, en la mujer también es frecuente sentir ahogo, fatiga y sudoración extremas, náuseas, mareo y dolor muy intenso de mandíbula o de estómago. Cabe señalar que todos ellos son muy bruscos y agudos, aunque, paradójicamente, pueden surgir poco a poco, incluso semanas antes, hasta que estallan. Aunque los síntomas puedan tener cierto parecido, ni su carácter repentino y muy intenso, ni la posibilidad de que el malestar se inicie con varios días de antelación y vaya aumentando son compatibles con una crisis de ansiedad”.

Factores de riesgo y métodos de prevención

La cardiología de la mujer tiene otro aspecto marcadamente diferencial: su relación con el sistema hormonal. “Teniendo esto en cuenta, creo que uno de los rasgos diferenciales de nuestra unidad es que trabajamos codo con codo con ginecología, de modo que podemos ofrecer un enfoque integral, incorporando los cambios hormonales que genera la menopausia –especialmente si es precoz–, momento en el que aumenta el riesgo cardiovascular porque se pierde la protección que proporcionan los estrógenos, pero también estudiando conjuntamente alteraciones del embarazo, que pueden condicionar la salud cardiovascular”, señala la Dra. López Friera.

Del mismo modo que la sintomatología, más amplia en las mujeres, los factores de riesgo femeninos van de los ‘tradicionales’, como la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol alto y la obesidad, a los más específicos como la menopausia, la preeclampsia, la diabetes gestacional, algunos problemas de fertilidad, el síndrome de ovario poliquístico o los tratamientos hormonales sustitutivos. “En realidad, cuando hablamos de que nuestra unidad propone un abordaje integral de la salud cardiovascular de las mujeres queremos señalar que tenemos en cuenta, y utilizamos como indicadores, los condicionantes que van marcando la transición hormonal en la mujer en cada etapa de la vida”, destaca la Dra. Fernández Friera.

Cuando se le pregunta sobre las mejores herramientas de prevención de las patologías del corazón, la doctora no duda en contestar que uno de los ‘trucos’ más eficaces para proteger la salud cardiovascular es reducir al mínimo el consumo de sal. Teniendo en cuenta la sal oculta en los alimentos, no deberíamos superar una cucharilla de café diaria de sal añadida. Y si es todavía menos, mejor.

En segundo lugar, anima a evitar las bebidas azucaradas, especialmente las energéticas, que esconden cantidades muy insanas de azúcares, además de otras sustancias excitantes. También insta a incorporar el ejercicio físico a la vida cotidiana, pero poniéndose metas alcanzables, progresivas y, sobre todo, continuas. “Lo importante es moverse –subraya–. Es mejor encontrar un rato para caminar a buen ritmo a diario que hacer ejercicio muy intenso de vez en cuando, o más intenso del que estamos acostumbrados a soportar, y pasar el resto del tiempo en un sillón”.

Por último, recuerda el chequeo anual de toda la vida, que permite estar al tanto de la propia situación general de salud. En este sentido, es aconsejable hacerse una revisión anual básica, al menos a partir de los 40 años, para comprobar si la tensión arterial es normal, medir el azúcar en sangre, el colesterol y los triglicéridos, etc. Y vigilar el peso, por supuesto.

“Debemos entender que estar bien significa tener la posibilidad de seguir estando bien durante muchos años. Dicho de otra forma, una vez que aparece la enfermedad cardiovascular, es muy complicado recuperarse por completo. La clave está en mantener la buena salud el mayor tiempo posible”, concluye Leticia Fernández Friera.

Incluir una unidad de cardiología de la mujer en cada centro o servicio de alta complejidad de esta especialidad médica tiene todo el sentido del mundo por diversas y poderosas razones, pero todavía es más una tendencia que una realidad habitual. HM CIEC se ha adelantado a los tiempos y ya tiene la suya, que ha nacido con el objetivo de mejorar el conocimiento, el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades del corazón en las mujeres para que, cuando menos, su pronóstico se equipare al de los hombres. Además, trabajará en la prevención y en el control de los factores de riesgo femeninos. Nos lo cuenta Leticia Fernández Friera, coordinadora de la nueva unidad y toda una eminencia en la materia.

El grupo HM Hospitales ha creado una unidad pionera de cardiología de la mujer, que ha iniciado su andadura abriendo consulta en HM Nuevo Belén (Madrid), un centro dedicado en exclusiva a la salud de la mujer, pero está adscrita al Centro Integral de Enfermedades Cardiovasculares HM CIEC. Su objetivo es abordar la enfermedad cardiovascular en pacientes femeninas, ya que presenta características específicas, menos conocidas y estudiadas, que dan lugar a obstáculos en la prevención, el diagnóstico y el tratamiento.

El resultado es que las mujeres tienen cerca de un 20% más de posibilidades de fallecer tras un primer infarto agudo de miocardio, tal vez porque se les practican un 15% menos de angioplastias primarias, el tratamiento considerado de elección. Además, tienen un 59% más de riesgo de presentar insuficiencia cardíaca grave si lo superan.

La doctora Leticia Fernández Friera es la coordinadora de esta nueva unidad, cargo que compatibiliza con la dirección de la Unidad de Imagen Cardíaca de HM CIEC y la del Programa de Salud de la Mujer MAAM, de Atria Clinic (Madrid), así como con su condición de profesora asociada de la Universidad CEU San Pablo y con su labor investigadora, vinculada tanto al Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) como, por supuesto, a HM Hospitales. Recientemente, ha recibido una beca del Instituto Nacional Carlos III para desarrollar el Proyecto Wake Up, acrónimo en inglés de Salud de la mujer: un programa de reducción del riesgo cardiovascular basado en la imagen.

Para la Dra. Fernández Friera, el mensaje principal de cualquier iniciativa encaminada a mejorar la salud cardiovascular de las mujeres es concienciarlas: “Es fundamental que sepamos que nosotras también podemos sufrir un infarto, o cualquier otro problema de corazón –subraya–. No es algo que les ocurra solo a los hombres y darnos cuenta es el paso necesario para reaccionar a tiempo. Si aparecen síntomas compatibles, lo primero es buscar una opinión médica, la única capacitada para diagnosticar o descartar un infarto. Esta es la idea más importante: ante la duda, hay que buscar ayuda sin pensarlo”.

Esta afirmación puede parecer obvia, pero los datos avalan su pertinencia. “Las mujeres llegan más tarde al hospital. Tienden a minimizar los síntomas, retrasan mirarse a sí mismas. Es evidente que todavía existe una clara falta de educación respecto a la enfermedad cardiovascular, más acusada en las mujeres, pero el problema es que el pronóstico del infarto depende del tiempo. Cuanto antes se actúa, menos riesgo hay de fallecer o de tener secuelas graves”, añade.

Dicho esto, no solo debemos buscar los motivos por los que las mujeres tienen peor pronóstico en salud cardiovascular en la velocidad con la que dan la señal de alarma. Los errores en el diagnóstico les afectan con mucha mayor frecuencia y todavía no es extraño que se topen con profesionales de la medicina que atribuyen su dolor torácico a procesos como la ansiedad o la artrosis, perdiendo un tiempo precioso.

Sin embargo, achacar estos errores solo al convencionalismo sería simplificar en exceso el problema. Si bien se ha seguido estudiando mucho más la enfermedad cardiovascular en los hombres, incluso más tiempo del aconsejable, ya que los estilos de vida actuales llevan años equiparando la incidencia en ambos sexos, lo cierto es que la patología de las mujeres es más compleja, con un porcentaje claramente más elevado de procesos atípicos y de difícil abordaje.

En este sentido, la excelencia en ecocardiografía y otras técnicas de imagen cardiovascular avanzada de Leticia Fernández Friera –en 2020 logró la máxima acreditación de la Sociedad Europea de Cardiología en Cardio-TC (TAC cardíaco) para HM CIEC– le han permitido estudiar ‘de primera mano’ una de las principales diferencias de la presentación del infarto agudo de miocardio entre hombres y mujeres.

“Algunos estudios recientes han demostrado que la enfermedad afecta a vasos sanguíneos pequeños en las mujeres, y no tanto a las grandes arterias como sucede en el caso de los hombres. No es extraño encontrarse con una mujer que está sufriendo un infarto, pero mantiene unas arterias coronarias normales. Que los eventos cardíacos sean microvasculares es una dificultad añadida, porque no es fácil encontrar una causa evidente que permita llegar al diagnóstico. Como consecuencia, el tratamiento se retrasa y se complica”, señala la doctora.

Estos procesos atípicos a los que se refiere reciben el nombre de Minocas (infartos de miocardio con arterias coronarias sin obstrucciones significativas, por sus siglas en inglés), que únicamente suponen entre un 6 y un 15% del total, pero el 80% se produce en mujeres. Es fácil deducir, por pura lógica, que los procedimientos habituales de cardiología intervencionista no siempre son posibles en la mujer. Por ejemplo, la colocación de stents coronarios es adecuada cuando la obstrucción u obstrucciones que impiden el buen funcionamiento del corazón están en las arterias, pero es inviable si el problema se presenta en forma de múltiples taponamientos en vasos pequeños.

“Abordar de forma específica la cardiología de la mujer es una necesidad perentoria. El estrés, la mala alimentación y el sedentarismo están aumentando la demanda de programas de salud cardiovascular en femenino”, afirma Leticia Fernández Friera

Esta particularidad podría justificar por sí misma la creación de una unidad específica de cardiología de la mujer, pero resulta que hay otras e importantes razones. Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer 2020, la Sociedad Española de Cardiología recordó que el sexo determina la expresión clínica diferencial de las arritmias. Aunque las palpitaciones son el síntoma más frecuente tanto en hombres como en mujeres, ellas también presentan fatiga, debilidad, sensación de falta de aire, falta de concentración, dolor de cabeza o sudoración, lo que puede inducir a un diagnóstico de ansiedad o a problemas relacionados con la tensión arterial.

También son distintos los síntomas del infarto, aunque el principal, el dolor torácico, sea común a ambos sexos. “El síntoma más común en todas las personas es el dolor y/o la opresión en el pecho, que se irradia al brazo y/o a la espalda –explica la Dra. Fernández Friera–. Sin embargo, en la mujer también es frecuente sentir ahogo, fatiga y sudoración extremas, náuseas, mareo y dolor muy intenso de mandíbula o de estómago. Cabe señalar que todos ellos son muy bruscos y agudos, aunque, paradójicamente, pueden surgir poco a poco, incluso semanas antes, hasta que estallan. Aunque los síntomas puedan tener cierto parecido, ni su carácter repentino y muy intenso, ni la posibilidad de que el malestar se inicie con varios días de antelación y vaya aumentando son compatibles con una crisis de ansiedad”.

Factores de riesgo y métodos de prevención

La cardiología de la mujer tiene otro aspecto marcadamente diferencial: su relación con el sistema hormonal. “Teniendo esto en cuenta, creo que uno de los rasgos diferenciales de nuestra unidad es que trabajamos codo con codo con ginecología, de modo que podemos ofrecer un enfoque integral, incorporando los cambios hormonales que genera la menopausia –especialmente si es precoz–, momento en el que aumenta el riesgo cardiovascular porque se pierde la protección que proporcionan los estrógenos, pero también estudiando conjuntamente alteraciones del embarazo, que pueden condicionar la salud cardiovascular”, señala la Dra. López Friera.

Del mismo modo que la sintomatología, más amplia en las mujeres, los factores de riesgo femeninos van de los ‘tradicionales’, como la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol alto y la obesidad, a los más específicos como la menopausia, la preeclampsia, la diabetes gestacional, algunos problemas de fertilidad, el síndrome de ovario poliquístico o los tratamientos hormonales sustitutivos. “En realidad, cuando hablamos de que nuestra unidad propone un abordaje integral de la salud cardiovascular de las mujeres queremos señalar que tenemos en cuenta, y utilizamos como indicadores, los condicionantes que van marcando la transición hormonal en la mujer en cada etapa de la vida”, destaca la Dra. Fernández Friera.

Cuando se le pregunta sobre las mejores herramientas de prevención de las patologías del corazón, la doctora no duda en contestar que uno de los ‘trucos’ más eficaces para proteger la salud cardiovascular es reducir al mínimo el consumo de sal. Teniendo en cuenta la sal oculta en los alimentos, no deberíamos superar una cucharilla de café diaria de sal añadida. Y si es todavía menos, mejor.

En segundo lugar, anima a evitar las bebidas azucaradas, especialmente las energéticas, que esconden cantidades muy insanas de azúcares, además de otras sustancias excitantes. También insta a incorporar el ejercicio físico a la vida cotidiana, pero poniéndose metas alcanzables, progresivas y, sobre todo, continuas. “Lo importante es moverse –subraya–. Es mejor encontrar un rato para caminar a buen ritmo a diario que hacer ejercicio muy intenso de vez en cuando, o más intenso del que estamos acostumbrados a soportar, y pasar el resto del tiempo en un sillón”.

Por último, recuerda el chequeo anual de toda la vida, que permite estar al tanto de la propia situación general de salud. En este sentido, es aconsejable hacerse una revisión anual básica, al menos a partir de los 40 años, para comprobar si la tensión arterial es normal, medir el azúcar en sangre, el colesterol y los triglicéridos, etc. Y vigilar el peso, por supuesto.

“Debemos entender que estar bien significa tener la posibilidad de seguir estando bien durante muchos años. Dicho de otra forma, una vez que aparece la enfermedad cardiovascular, es muy complicado recuperarse por completo. La clave está en mantener la buena salud el mayor tiempo posible”, concluye Leticia Fernández Friera.