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Una visión humanista de la expresión de los genes

La Fundación Instituto Roche, entidad sin ánimo de lucho fundada por Roche Farma para aumentar el conocimiento sobre la medicina personalizada de precisión, ha vuelto a las actividades presenciales con un evento protagonizado por Mario Alonso Puig, conferenciante, escritor y médico por formación, pero humanista por vocación. Con una charla titulada Resiliencia y genética, explicó que, si bien llevamos escrito el estrés en nuestros genes, al menos en parte, la epigenética nos dice que las buenas cosas de la vida pueden reescribir, al menos en parte, nuestro genoma. Todo está relacionado. 

Mario Alonso Puig tiene una visión humanista de prácticamente todo, incluso de la expresión genética. Por eso resultó perfectamente coherente que este médico, conferenciante, coach y escritor protagonizase un evento de la Fundación Instituto Roche, que tiene como principal objetivo contribuir a traer al presente la investigación científica y la práctica clínica del futuro, a través de la generación de conocimiento sobre la  medicina personalizada de precisión y su divulgación.

El leitmotiv de la reunión, que se celebró en Madrid el miércoles 22 de septiembre, era analizar la influencia de los genes en diferentes circunstancias de nuestra vida, de ahí que llevase por título  Más allá de la medicina personalizada de precisión y que contase con la participación de  Mario Alonso Puig, que impartió la conferencia Resiliencia y genética.

Los seres humanos reaccionan y responden de forma muy diferente ante situaciones difíciles y/o adversas.Vivimos tiempos en los que es fácil observar el abanico de distintas actitudes y formas de gestionar la pandemia de SARS-CoV-2 que vivimos desde marzo de 2020, que ha influido en todas las personas de una u otra manera: y a muchos niveles: social, económico, médico, laboral, etc. De algún modo, no somos exactamente como éramos hace año y medio, pero nuestras formas de evolucionar han sido variopintas y hay quien arrastra más secuelas de este trauma colectivo y quien menos.

Partiendo de esa base, Alonso Puig explicó que la vulnerabilidad al estrés está, en parte, determinada genéticamente. De hecho, cada persona es capaz de reestructurar su esquema mental y sus recursos psicológicos ante las nuevas circunstancias que le ha tocado vivir en función de su genoma.

«Se ha observado que los procesos mentales y culturales, el entorno social, la educación, el desarrollo afectivo y las circunstancias vitales tienen un impacto a nivel genético y pueden favorecer o impedir que determinados genes se expresen. El ‘interruptor’ que hace que un gen se exprese o no se conoce como epigén, y de ahí surge la epigenética», explicó.

La epigenética es, precisamente, la ciencia que estudia la relación entre las influencias genéticas y las ambientales. Por tanto, podría ocuparse de analizar la huella que pueda haber dejado en cada  persona la forma en la que ha respondido a la pandemia, que, a su vez, ha estado influida por la interacción entre su información genética, su biografía y sus circunstancias. El estrés, la adversidad o diferentes eventos traumáticos pueden afectar al equilibrio emocional y son varias las investigaciones en este campo que muestran una compleja interacción entre factores genéticos y ambientales.

«En la Fundación Instituto Roche queríamos retomar nuestras actividades presenciales e ir recuperando paulatinamente nuestras rutinas previas a la pandemia. Nos ha parecido muy apropiado hacerlo analizando el hecho conocido de que el genoma también afecta a la capacidad del individuo para afrontar diferentes situaciones, que existen variantes genéticas que afectan a los niveles y la actividad de moléculas que tienen un efecto sobre el estrés. En definitiva, nuestra información genética va a influir en cómo afrontamos circunstancias nuevas y/o impredecibles como las que nos ha tocado vivir recientemente», señaló Consuelo Martín de Dios, directora gerente de esta entidad sin ánimo de lucro creada por la compañía farmacéutica Roche Farma en el año 2004, en sus palabras de bienvenida.

«El amor, la empatía, el reconocimiento, el hecho de que una persona se sienta querida y valorada, activan mecanismos epigenéticos que favorecen el buen funcionamiento cerebral y del sistema inmune», explicó Mario Alonso Puig.

Sin embargo, con su habitual capacidad para explicar la ciencia desde el prisma del humanismo, Mario Alonso Puig explicó que las características del individuo, al no depender solamente de la información genética almacenada en su genoma, sino también de muchos otros factores externos, pueden matizarse y evolucionar. En concreto, expuso varios ejemplos para ilustrar que actualmente se sabe que «el amor, la empatía, el reconocimiento, el hecho de que una persona se sienta querida y valorada, activan mecanismos epigenéticos que favorecen el buen funcionamiento cerebral y del sistema inmune».

Un complejo entramado denominado exposoma

A lo largo de nuestra vida, estamos expuestos a multitud de factores ambientales no genéticos, que pueden condicionar nuestro estado de salud o enfermedad. Este complejo conjunto de variables interconectadas se denomina exposoma y está en el mismo corazón de la medicina personalizada de precisión, que busca dar respuesta a las características específicas de las patologías en cada individuo. Parece lógico entonces que Fundación Instituto Roche dedicase uno de sus Informes Anticipando a divulgarlo.

En el exposoma de cada persona influyen factores como los contaminantes ambientales, los agentes infecciosos con los que entra en contacto, la forma en que se alimenta, su estilo de vida, las radiaciones solares que recibe, el entorno socioeconómico en el que vive en cada momento, la educación que recibe, etc, Todo ello condiciona su salud por su capacidad para activar o desactivar genes que actúan como interruptores para el desarrollo de determinadas enfermedades. De hecho, ya ha sido posible establecer relaciones de causa-efecto entre algunos factores no genéticos que forman parte del exposoma y patologías concretas.

La complejidad y, de alguna forma, la plasticidad de los mecanismos epigenéticos se pone de manifiesto en el hecho de que cada organismo humano es capaz de ‘anotar’ el ecosistema concreto en el que se desarrolla en la expresión de sus genes, por lo que el genoma acaba funcionando como una especie de registro del entorno en sentido amplio, como una memoria del medioambiente al que ha estado expuesto.

Del mismo modo que registra los contaminantes químicos y ambientales en los que habita cada persona, el genoma también modula en parte la resiliencia, es decir, la capacidad de resistir a situaciones de estrés sucesivas, crónicas y/o intensas. Tal y como relató Mario Alonso Puig en su conferencia, en esos momentos de tensión entran en liza varias moléculas, entre las que destaca el cortisol, «que es de una importancia extraordinaria en la expresión de ciertos genes, a través de mecanismos epigenéticos. Y es que la epigenética es la gran oportunidad para trabajar con los aproximadamente 20.000 genes que forman el genoma humano y lograr que se expresen aquellos cuyo impacto es beneficioso mientras se evita, en la medida de lo posible, que se manifiesten aquellos cuyos efectos son negativos», precisó.

En su turno de palabra, el vicepresidente de la Fundación Instituto Roche, Federico Plaza, insistió sobre el enorme territorio para la investigación que despliegan conceptos como el de exposoma y disciplinas como la epigenética. «Cada vez disponemos de más información que nos enseña que el entorno en el que vivimos o nuestro estilo de vida juegan un papel muy importante en nuestra salud. En la fundación seguiremos trabajando para incorporar todos estos conocimientos en beneficio de los pacientes, para ofrecerles una atención sanitaria integral y personalizada, una medicina del futuro en la que todos los factores que influyen en la salud y la enfermedad puedan ser tenidos en cuenta», resumió Plaza.

* La imagen que ilustra esta noticia es de Sam Manns y está disponible en Unsplash.

La Fundación Instituto Roche, entidad sin ánimo de lucho fundada por Roche Farma para aumentar el conocimiento sobre la medicina personalizada de precisión, ha vuelto a las actividades presenciales con un evento protagonizado por Mario Alonso Puig, conferenciante, escritor y médico por formación, pero humanista por vocación. Con una charla titulada Resiliencia y genética, explicó que, si bien llevamos escrito el estrés en nuestros genes, al menos en parte, la epigenética nos dice que las buenas cosas de la vida pueden reescribir, al menos en parte, nuestro genoma. Todo está relacionado.

Mario Alonso Puig tiene una visión humanista de prácticamente todo, incluso de la expresión genética. Por eso resultó perfectamente coherente que este médico, conferenciante, coach y escritor protagonizase un evento de la Fundación Instituto Roche, que tiene como principal objetivo contribuir a traer al presente la investigación científica y la práctica clínica del futuro, a través de la generación de conocimiento sobre la  medicina personalizada de precisión y su divulgación.

El leitmotiv de la reunión, que se celebró en Madrid el miércoles 22 de septiembre, era analizar la influencia de los genes en diferentes circunstancias de nuestra vida, de ahí que llevase por título  Más allá de la medicina personalizada de precisión y que contase con la participación de  Mario Alonso Puig, que impartió la conferencia Resiliencia y genética.

Los seres humanos reaccionan y responden de forma muy diferente ante situaciones difíciles y/o adversas.Vivimos tiempos en los que es fácil observar el abanico de distintas actitudes y formas de gestionar la pandemia de SARS-CoV-2 que vivimos desde marzo de 2020, que ha influido en todas las personas de una u otra manera: y a muchos niveles: social, económico, médico, laboral, etc. De algún modo, no somos exactamente como éramos hace año y medio, pero nuestras formas de evolucionar han sido variopintas y hay quien arrastra más secuelas de este trauma colectivo y quien menos.

Partiendo de esa base, Alonso Puig explicó que la vulnerabilidad al estrés está, en parte, determinada genéticamente. De hecho, cada persona es capaz de reestructurar su esquema mental y sus recursos psicológicos ante las nuevas circunstancias que le ha tocado vivir en función de su genoma.

«Se ha observado que los procesos mentales y culturales, el entorno social, la educación, el desarrollo afectivo y las circunstancias vitales tienen un impacto a nivel genético y pueden favorecer o impedir que determinados genes se expresen. El ‘interruptor’ que hace que un gen se exprese o no se conoce como epigén, y de ahí surge la epigenética», explicó.

La epigenética es, precisamente, la ciencia que estudia la relación entre las influencias genéticas y las ambientales. Por tanto, podría ocuparse de analizar la huella que pueda haber dejado en cada  persona la forma en la que ha respondido a la pandemia, que, a su vez, ha estado influida por la interacción entre su información genética, su biografía y sus circunstancias. El estrés, la adversidad o diferentes eventos traumáticos pueden afectar al equilibrio emocional y son varias las investigaciones en este campo que muestran una compleja interacción entre factores genéticos y ambientales.

«En la Fundación Instituto Roche queríamos retomar nuestras actividades presenciales e ir recuperando paulatinamente nuestras rutinas previas a la pandemia. Nos ha parecido muy apropiado hacerlo analizando el hecho conocido de que el genoma también afecta a la capacidad del individuo para afrontar diferentes situaciones, que existen variantes genéticas que afectan a los niveles y la actividad de moléculas que tienen un efecto sobre el estrés. En definitiva, nuestra información genética va a influir en cómo afrontamos circunstancias nuevas y/o impredecibles como las que nos ha tocado vivir recientemente», señaló Consuelo Martín de Dios, directora gerente de esta entidad creada por Roche Farma en 2004, en sus palabras de bienvenida.

«El amor, la empatía, el reconocimiento, el hecho de que una persona se sienta querida y valorada, activan mecanismos epigenéticos que favorecen el buen funcionamiento cerebral y del sistema inmune», explicó Mario Alonso Puig

Sin embargo, con su habitual capacidad para explicar la ciencia desde el prisma del humanismo, Mario Alonso Puig explicó que las características del individuo, al no depender solamente de la información genética almacenada en su genoma, sino también de muchos otros factores externos, pueden matizarse y evolucionar. En concreto, expuso varios ejemplos para ilustrar que actualmente se sabe que «el amor, la empatía, el reconocimiento, el hecho de que una persona se sienta querida y valorada, activan mecanismos epigenéticos que favorecen el buen funcionamiento cerebral y del sistema inmune».

Un complejo entramado denominado exposoma

A lo largo de nuestra vida, estamos expuestos a multitud de factores ambientales no genéticos, que pueden condicionar nuestro estado de salud o enfermedad. Este complejo conjunto de variables interconectadas se denomina exposoma y está en el mismo corazón de la medicina personalizada de precisión, que busca dar respuesta a las características específicas de las patologías en cada individuo. Parece lógico entonces que Fundación Instituto Roche dedicase uno de sus Informes Anticipando a divulgarlo.

En el exposoma de cada persona influyen factores como los contaminantes ambientales, los agentes infecciosos con los que entra en contacto, la forma en que se alimenta, su estilo de vida, las radiaciones solares que recibe, el entorno socioeconómico en el que vive en cada momento, la educación que recibe, etc, Todo ello condiciona su salud por su capacidad para activar o desactivar genes que actúan como interruptores para el desarrollo de determinadas enfermedades. De hecho, ya ha sido posible establecer relaciones de causa-efecto entre algunos factores no genéticos que forman parte del exposoma y patologías concretas.

La complejidad y, de alguna forma, la plasticidad de los mecanismos epigenéticos se pone de manifiesto en el hecho de que cada organismo humano es capaz de ‘anotar’ el ecosistema concreto en el que se desarrolla en la expresión de sus genes, por lo que el genoma acaba funcionando como una especie de registro del entorno en sentido amplio, como una memoria del medioambiente al que ha estado expuesto.

Del mismo modo que registra los contaminantes químicos y ambientales en los que habita cada persona, el genoma también modula en parte la resiliencia, es decir, la capacidad de resistir a situaciones de estrés sucesivas, crónicas y/o intensas. Tal y como relató Mario Alonso Puig en su conferencia, en esos momentos de tensión entran en liza varias moléculas, entre las que destaca el cortisol, «que es de una importancia extraordinaria en la expresión de ciertos genes, a través de mecanismos epigenéticos. Y es que la epigenética es la gran oportunidad para trabajar con los aproximadamente 20.000 genes que forman el genoma humano y lograr que se expresen aquellos cuyo impacto es beneficioso mientras se evita, en la medida de lo posible, que se manifiesten aquellos cuyos efectos son negativos», precisó.

En su turno de palabra, el vicepresidente de la Fundación Instituto Roche, Federico Plaza, insistió sobre el enorme territorio para la investigación que despliegan conceptos como el de exposoma y disciplinas como la epigenética. «Cada vez disponemos de más información que nos enseña que el entorno en el que vivimos o nuestro estilo de vida juegan un papel muy importante en nuestra salud. En la fundación seguiremos trabajando para incorporar todos estos conocimientos en beneficio de los pacientes, para ofrecerles una atención sanitaria integral y personalizada, una medicina del futuro en la que todos los factores que influyen en la salud y la enfermedad puedan ser tenidos en cuenta», resumió Plaza.

* La imagen que ilustra esta noticia es de Sam Manns y está disponible en Unsplash.

La Fundación Instituto Roche, entidad sin ánimo de lucho fundada por Roche Farma para aumentar el conocimiento sobre la medicina personalizada de precisión, ha vuelto a las actividades presenciales con un evento protagonizado por Mario Alonso Puig, conferenciante, escritor y médico por formación, pero humanista por vocación. Con una charla titulada Resiliencia y genética, explicó que, si bien llevamos escrito el estrés en nuestros genes, al menos en parte, la epigenética nos dice que las buenas cosas de la vida pueden reescribir, al menos en parte, nuestro genoma. Todo está relacionado.

Mario Alonso Puig tiene una visión humanista de prácticamente todo, incluso de la expresión genética. Por eso resultó perfectamente coherente que este médico, conferenciante, coach y escritor protagonizase un evento de la Fundación Instituto Roche, que tiene como principal objetivo contribuir a traer al presente la investigación científica y la práctica clínica del futuro, a través de la generación de conocimiento sobre la  medicina personalizada de precisión y su divulgación.

El leitmotiv de la reunión, que se celebró en Madrid el miércoles 22 de septiembre, era analizar la influencia de los genes en diferentes circunstancias de nuestra vida, de ahí que llevase por título  Más allá de la medicina personalizada de precisión y que contase con la participación de  Mario Alonso Puig, que impartió la conferencia Resiliencia y genética.

Los seres humanos reaccionan y responden de forma muy diferente ante situaciones difíciles y/o adversas.Vivimos tiempos en los que es fácil observar el abanico de distintas actitudes y formas de gestionar la pandemia de SARS-CoV-2 que vivimos desde marzo de 2020, que ha influido en todas las personas de una u otra manera: y a muchos niveles: social, económico, médico, laboral, etc. De algún modo, no somos exactamente como éramos hace año y medio, pero nuestras formas de evolucionar han sido variopintas y hay quien arrastra más secuelas de este trauma colectivo y quien menos.

Partiendo de esa base, Alonso Puig explicó que la vulnerabilidad al estrés está, en parte, determinada genéticamente. De hecho, cada persona es capaz de reestructurar su esquema mental y sus recursos psicológicos ante las nuevas circunstancias que le ha tocado vivir en función de su genoma.

«Se ha observado que los procesos mentales y culturales, el entorno social, la educación, el desarrollo afectivo y las circunstancias vitales tienen un impacto a nivel genético y pueden favorecer o impedir que determinados genes se expresen. El ‘interruptor’ que hace que un gen se exprese o no se conoce como epigén, y de ahí surge la epigenética», explicó.

La epigenética es, precisamente, la ciencia que estudia la relación entre las influencias genéticas y las ambientales. Por tanto, podría ocuparse de analizar la huella que pueda haber dejado en cada  persona la forma en la que ha respondido a la pandemia, que, a su vez, ha estado influida por la interacción entre su información genética, su biografía y sus circunstancias. El estrés, la adversidad o diferentes eventos traumáticos pueden afectar al equilibrio emocional y son varias las investigaciones en este campo que muestran una compleja interacción entre factores genéticos y ambientales.

«En la Fundación Instituto Roche queríamos retomar nuestras actividades presenciales e ir recuperando paulatinamente nuestras rutinas previas a la pandemia. Nos ha parecido muy apropiado hacerlo analizando el hecho conocido de que el genoma también afecta a la capacidad del individuo para afrontar diferentes situaciones, que existen variantes genéticas que afectan a los niveles y la actividad de moléculas que tienen un efecto sobre el estrés. En definitiva, nuestra información genética va a influir en cómo afrontamos circunstancias nuevas y/o impredecibles como las que nos ha tocado vivir recientemente», señaló Consuelo Martín de Dios, directora gerente de esta entidad creada por Roche Farma en 2004, en sus palabras de bienvenida.

«El amor, la empatía, el reconocimiento, el hecho de que una persona se sienta querida y valorada, activan mecanismos epigenéticos que favorecen el buen funcionamiento cerebral y del sistema inmune», explicó Mario Alonso Puig

Sin embargo, con su habitual capacidad para explicar la ciencia desde el prisma del humanismo, Mario Alonso Puig explicó que las características del individuo, al no depender solamente de la información genética almacenada en su genoma, sino también de muchos otros factores externos, pueden matizarse y evolucionar. En concreto, expuso varios ejemplos para ilustrar que actualmente se sabe que «el amor, la empatía, el reconocimiento, el hecho de que una persona se sienta querida y valorada, activan mecanismos epigenéticos que favorecen el buen funcionamiento cerebral y del sistema inmune».

Un complejo entramado denominado exposoma

A lo largo de nuestra vida, estamos expuestos a multitud de factores ambientales no genéticos, que pueden condicionar nuestro estado de salud o enfermedad. Este complejo conjunto de variables interconectadas se denomina exposoma y está en el mismo corazón de la medicina personalizada de precisión, que busca dar respuesta a las características específicas de las patologías en cada individuo. Parece lógico entonces que Fundación Instituto Roche dedicase uno de sus Informes Anticipando a divulgarlo.

En el exposoma de cada persona influyen factores como los contaminantes ambientales, los agentes infecciosos con los que entra en contacto, la forma en que se alimenta, su estilo de vida, las radiaciones solares que recibe, el entorno socioeconómico en el que vive en cada momento, la educación que recibe, etc, Todo ello condiciona su salud por su capacidad para activar o desactivar genes que actúan como interruptores para el desarrollo de determinadas enfermedades. De hecho, ya ha sido posible establecer relaciones de causa-efecto entre algunos factores no genéticos que forman parte del exposoma y patologías concretas.

La complejidad y, de alguna forma, la plasticidad de los mecanismos epigenéticos se pone de manifiesto en el hecho de que cada organismo humano es capaz de ‘anotar’ el ecosistema concreto en el que se desarrolla en la expresión de sus genes, por lo que el genoma acaba funcionando como una especie de registro del entorno en sentido amplio, como una memoria del medioambiente al que ha estado expuesto.

Del mismo modo que registra los contaminantes químicos y ambientales en los que habita cada persona, el genoma también modula en parte la resiliencia, es decir, la capacidad de resistir a situaciones de estrés sucesivas, crónicas y/o intensas. Tal y como relató Mario Alonso Puig en su conferencia, en esos momentos de tensión entran en liza varias moléculas, entre las que destaca el cortisol, «que es de una importancia extraordinaria en la expresión de ciertos genes, a través de mecanismos epigenéticos. Y es que la epigenética es la gran oportunidad para trabajar con los aproximadamente 20.000 genes que forman el genoma humano y lograr que se expresen aquellos cuyo impacto es beneficioso mientras se evita, en la medida de lo posible, que se manifiesten aquellos cuyos efectos son negativos», precisó.

En su turno de palabra, el vicepresidente de la Fundación Instituto Roche, Federico Plaza, insistió sobre el enorme territorio para la investigación que despliegan conceptos como el de exposoma y disciplinas como la epigenética. «Cada vez disponemos de más información que nos enseña que el entorno en el que vivimos o nuestro estilo de vida juegan un papel muy importante en nuestra salud. En la fundación seguiremos trabajando para incorporar todos estos conocimientos en beneficio de los pacientes, para ofrecerles una atención sanitaria integral y personalizada, una medicina del futuro en la que todos los factores que influyen en la salud y la enfermedad puedan ser tenidos en cuenta», resumió Plaza.

* La imagen que ilustra esta noticia es de Sam Manns y está disponible en Unsplash.