Vitamina D

Vitamina D: solo el 10% de la población conoce sus niveles

Un estudio de la UOC e Idibaps demuestra que no se analizan tanto como debieran los niveles de vitamina D de la población y que, incluso cuando se detectan insuficiencias o déficits, no siempre se prescriben los suplementos necesarios. Sin embargo, el valor de este micronutriente trasciende su beneficio más conocido, la salud ósea. También juega un importante papel en los procesos inflamatorios, el sistema inmune, la renovación celular y el metabolismo, por citar algún ejemplo.  

El déficit de vitamina D es muy frecuente en España, pero menos el 10% de la población conoce sus niveles, pese a que resultan insuficientes o deficitarios en el 76% de las personas a las que se les miden. Así lo explica un artículo publicado por UOC News, sobre un estudio liderado por Diana Díaz Rizzolo, profesora de la rama Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) e investigadora del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (Idibaps).

La vitamina D es esencial para el buen funcionamiento del organismo, conocida principalmente por favorecer la absorción y el mantenimiento del calcio, que es fundamental para la salud ósea, pero que también contribuye a regular los procesos inflamatorios, previene la demencia y promueve la eficacia del sistema inmune –se le atribuye un papel protector frente a enfermedades autoinmunes–, el crecimiento celular y el metabolismo, entre otros beneficios. Además, unos niveles bajos podrían ser un factor desencadenante de diversas enfermedades crónicas y su suplementación podría contribuir a reducir sus síntomas. Sin embargo, no se mide de forma rutinaria, pese a que el déficit parece ser mayoritario entre la población española.

El estudio Paradoxical suboptimal vitamin D levels in a Mediterranean area: a population-based study (Paradójicos niveles subóptimos de vitamina D en el área mediterránea: un estudio poblacional) concluye que no se analizan suficientemente los niveles de vitamina D de la población –una situación especialmente grave en la población de riesgo– y cuestiona la práctica habitual de no suplementar sistemáticamente su déficit cuando se detectan niveles sean bajos.

La investigación se ha publicado en abierto en la revista Scientific Reports, del Grupo Nature, y partió de una muestra de más de medio millón de personas, sirviéndose de técnicas de análisis de datos masivos y utilizando información del Programa Padris (Programa de Analítica de Datos para la Investigación y la innovación en Salud), que pone a disposición de la comunidad científica datos del sistema catalán de salud debidamente anonimizados.

Las personas estudiadas tenían más de 18 años y sus niveles de vitamina D se habían determinado en una analítica realizada durante los años de 2018 a 2021. Entre las conclusiones del estudio cabe destacar un dato tan inesperado como alarmante, si pensamos en la salud de la población a largo plazo. Entre las personas analizadas, el 80% de las más jóvenes tenían niveles inferiores a los deseables, pero la mayoría no recibía suplementación. En cambio, sí se había prescrito vitamina D al grupo de mujeres de más de 45 años con déficit, como medida para prevenir la osteoporosis tras la menopausia. Esto hacía que, paradójicamente, el grupo de más edad tuviera niveles de vitamina D superiores a los del grupo más joven.

La paradoja de los países mediterráneos

Diana Díaz Rizzolo explica que la principal vía de obtención de la vitamina D es la producción propia a través de la exposición al sol. Paradójicamente, en países mediterráneos como España, los niveles de la población son más bajos que en países con menos horas de sol, como Finlandia, el Reino Unido, Islandia, Suecia o Irlanda, que la suplementan mediante la fortificación sistemática de alimentos de consumo habitual. Esta diferencia, y otros factores como el uso de protectores solares o el bajo consumo de alimentos ricos en esta vitamina, hace que en los países mediterráneos sean tan deficitarios”.

Únicamente se había determinado la cantidad de vitamina D del 10% de las más de medio millón de personas cuyos datos se analizaron para el estudio. El 75% de esa décima parte tenía niveles inferiores a los considerados óptimos 

Para calcular los niveles de vitamina D, el equipo investigador se basó en los parámetros establecidos en las guías de la Sociedad de Endocrinología Clínica, que establecen como óptimo un nivel superior a los 30 ng/ml, como insuficiente un nivel entre 20 y 30 ng/ml, y como deficiente un nivel inferior a 20 ng/ml. El estudio muestra que se le habían analizado los niveles de vitamina D a menos del 10% de la población y que la mayoría de estas personas eran mujeres de 45 años o más.

De hecho, actualmente no se recomienda el análisis de niveles de vitamina D a las personas que no pertenecen a un grupo de riesgo: mayores de 70 años, embarazadas, personas institucionalizadas o con fracturas que hagan sospechar la existencia de osteoporosis. Pese a que unos niveles óptimos de esta vitamina se consideran fundamentales en la prevención de la osteoporosis y, en consecuencia, de las fracturas osteoporóticas, no se ha establecido ningún protocolo que garantice que su medición se incluya en todas las analíticas rutinarias de mujeres en edad peri menopáusica, cuando caen en picado los estrógenos, que dejan de proteger la salud ósea. Esto quiere decir que se desaprovecha una importantísima ventana de intervención preventiva en el grupo de población más proclive a desarrollar osteoporosis, una de las enfermedades crónicas con mayor impacto sobre la población y el sistema sanitario.

Es necesario investigar y establecer protocolos

En este sentido, otra de las conclusiones del estudio es que no se cumplen las normativas ni las recomendaciones en la medición de niveles de vitamina D en los colectivos de riesgo. Y no solo eso, sino que, cuando se les detectan niveles bajos, no siempre se les prescriben suplementos. “Es preciso revisar las líneas de cribado y de actuación en estos colectivos, puesto que se ha demostrado ampliamente la utilidad de la vitamina D en la prevención de fracturas y caídas en la población de edad avanzada, así como en algunos problemas durante el embarazo y en el desarrollo de los niños”, afirma la experta.

Para la Dra. Díaz Rizzolo, sería necesario medir de forma sistemática los niveles de vitamina D de toda la población en un periodo determinado para tener una fotografía real de lo que pasa. A partir de ahí, habría que realizar estudios sobre cómo afectan estos niveles al estado de salud de las personas”. Si, como se espera, hay una evidencia científica que avale el efecto saludable de unos niveles óptimos de este micronutriente, se deberían establecer protocolos bien estratificados para suplementarla sistemáticamente cuando haya deficiencias y/o aplicar políticas nutricionales como hacen los países nórdicos. Paralelamente, en los casos concretos en los que no se logre determinar una relación directa entre los niveles de vitamina D y el riesgo de enfermar o de tener peor pronóstico en el curso de enfermedades ya establecidas, se podría dejar de medir, suplementar y preocupar a la gente que no lo necesite.

Según la profesora de la UOC, hace falta mucha más investigación sobre la vitamina D para poder establecer políticas de salud pública. Sin embargo, también reconoce que, a pesar de que no hay una recomendación clara acerca de suplementar o no a las personas con niveles bajos que no pertenezcan a un grupo de riesgo, “muchos especialistas, ante la duda, prefieren hacerlo. Cuando ponen en la balanza beneficios y riesgos, lo tienen claro y optan por recetar un suplemento”.

* La imagen que ilustra esta noticia es de Leohoho y está disponible en Unsplash.

Un estudio de la UOC e Idibaps demuestra que no se analizan tanto como debieran los niveles de vitamina D de la población y que, incluso cuando se detectan insuficiencias o déficits, no siempre se prescriben los suplementos necesarios. Sin embargo, el valor de este micronutriente trasciende su beneficio más conocido, la salud ósea. También juega un importante papel en los procesos inflamatorios, el sistema inmune, la renovación celular y el metabolismo, por citar solo algunos ejemplos.

El déficit de vitamina D es muy frecuente en España, pero menos el 10% de la población conoce sus niveles, pese a que resultan insuficientes o deficitarios en el 76% de las personas a las que se les miden. Así lo explica un artículo publicado por UOC News, sobre un estudio liderado por Diana Díaz Rizzolo, profesora de la rama Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) e investigadora del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (Idibaps).

La vitamina D es esencial para el buen funcionamiento del organismo, conocida principalmente por favorecer la absorción y el mantenimiento del calcio, que es fundamental para la salud ósea, pero que también contribuye a regular los procesos inflamatorios, previene la demencia y promueve la eficacia del sistema inmune –se le atribuye un papel protector frente a enfermedades autoinmunes–, el crecimiento celular y el metabolismo, entre otros beneficios. Además, unos niveles bajos podrían ser un factor desencadenante de diversas enfermedades crónicas y su suplementación podría contribuir a reducir sus síntomas. Sin embargo, no se mide de forma rutinaria, pese a que el déficit podría ser tan mayoritario entre la población española.

El estudio Paradoxical suboptimal vitamin D levels in a Mediterranean area: a population-based study (Paradójicos niveles subóptimos de vitamina D en el área mediterránea: un estudio poblacional) concluye que no se analizan suficientemente los niveles de vitamina D de la población –una situación especialmente grave en la población de riesgo– y cuestiona la práctica habitual de no suplementar sistemáticamente su déficit cuando se detectan niveles sean bajos.

La investigación se ha publicado en abierto en la revista Scientific Reports, del Grupo Nature, y partió de una muestra de más de medio millón de personas, sirviéndose de técnicas de análisis de datos masivos y utilizando información del Programa Padris (Programa de Analítica de Datos para la Investigación y la innovación en Salud), que pone a disposición de la comunidad científica datos del sistema catalán de salud debidamente anonimizados.

Las personas estudiadas tenían más de 18 años y sus niveles de vitamina D se habían determinado en una analítica realizada durante los años de 2018 a 2021. Entre las conclusiones del estudio cabe destacar un dato tan inesperado como alarmante, si pensamos en la salud de la población a largo plazo. Entre las personas analizadas, el 80% de las más jóvenes tenían niveles inferiores a los deseables, pero la mayoría no recibía suplementación. En cambio, sí se había prescrito vitamina D al grupo de mujeres de más de 45 años con déficit, como medida para prevenir la osteoporosis tras la menopausia. Esto hacía que, paradójicamente, el grupo de más edad tuviera niveles de vitamina D superiores a los del grupo más joven.

La paradoja de los países mediterráneos

Diana Díaz Rizzolo explica que la principal vía de obtención de la vitamina D es la producción propia a través de la exposición al sol. Paradójicamente, en países mediterráneos como España, los niveles de la población son más bajos que en países con menos horas de sol, como Finlandia, el Reino Unido, Islandia, Suecia o Irlanda, que la suplementan mediante la fortificación sistemática de alimentos de consumo habitual. Esta diferencia, y otros factores como el uso de protectores solares o el bajo consumo de alimentos ricos en esta vitamina, hace que en los países mediterráneos sean tan deficitarios”.

Únicamente se había determinado la cantidad de vitamina D del 10% de las más de medio millón de personas cuyos datos se analizaron para el estudio. El 75% de esa décima parte tenía niveles inferiores a los considerados óptimos 

Para calcular los niveles de vitamina D, el equipo investigador se basó en los parámetros establecidos en las guías de la Sociedad de Endocrinología Clínica, que establecen como óptimo un nivel superior a los 30 ng/ml, como insuficiente un nivel entre 20 y 30 ng/ml, y como deficiente un nivel inferior a 20 ng/ml. El estudio muestra que se le habían analizado los niveles de vitamina D a menos del 10% de la población y que la mayoría de estas personas eran mujeres de 45 años o más.

De hecho, actualmente no se recomienda el análisis de niveles de vitamina D a las personas que no pertenecen a un grupo de riesgo: mayores de 70 años, embarazadas, personas institucionalizadas o con fracturas que hagan sospechar la existencia de osteoporosis. Pese a que unos niveles óptimos de esta vitamina se consideran fundamentales en la prevención de la osteoporosis y, en consecuencia, de las fracturas osteoporóticas, no se ha establecido ningún protocolo que garantice que su medición se incluya en todas las analíticas rutinarias de mujeres en edad peri menopáusica, cuando caen en picado los estrógenos, que dejan de proteger la salud ósea. Esto quiere decir que se desaprovecha una importantísima ventana de intervención preventiva en el grupo de población más proclive a desarrollar osteoporosis, una de las enfermedades crónicas con mayor impacto sobre la población y el sistema sanitario.

Es necesario investigar y establecer protocolos

En este sentido, otra de las conclusiones del estudio es que no se cumplen las normativas ni las recomendaciones en la medición de niveles de vitamina D en los colectivos de riesgo. Y no solo eso, sino que, cuando se les detectan niveles bajos, no siempre se les prescriben suplementos. “Es preciso revisar las líneas de cribado y de actuación en estos colectivos, puesto que se ha demostrado ampliamente la utilidad de la vitamina D en la prevención de fracturas y caídas en la población de edad avanzada, así como en algunos problemas durante el embarazo y en el desarrollo de los niños”, afirma la experta.

Para la Dra. Díaz Rizzolo, sería necesario medir de forma sistemática los niveles de vitamina D de toda la población en un periodo determinado para tener una fotografía real de lo que pasa. A partir de ahí, habría que realizar estudios sobre cómo afectan estos niveles al estado de salud de las personas”. Si, como se espera, hay una evidencia científica que avale el efecto saludable de unos niveles óptimos de este micronutriente, se deberían establecer protocolos bien estratificados para suplementarla sistemáticamente cuando haya deficiencias y/o aplicar políticas nutricionales como hacen los países nórdicos. Paralelamente, en los casos concretos en los que no se logre determinar una relación directa entre los niveles de vitamina D y el riesgo de enfermar o de tener peor pronóstico en el curso de enfermedades ya establecidas, se podría dejar de medir, suplementar y preocupar a la gente que no lo necesite.

Según la profesora de la UOC, hace falta mucha más investigación sobre la vitamina D para poder establecer políticas de salud pública. Sin embargo, también reconoce que, a pesar de que no hay una recomendación clara acerca de suplementar o no a las personas con niveles bajos que no pertenezcan a un grupo de riesgo, “muchos especialistas, ante la duda, prefieren hacerlo. Cuando ponen en la balanza beneficios y riesgos, lo tienen claro y optan por recetar un suplemento”.

* La imagen que ilustra esta noticia es de Leohoho y está disponible en Unsplash.

Un estudio de la UOC e Idibaps demuestra que no se analizan tanto como debieran los niveles de vitamina D de la población y que, incluso cuando se detectan insuficiencias o déficits, no siempre se prescriben los suplementos necesarios. Sin embargo, el valor de este micronutriente trasciende su beneficio más conocido, la salud ósea. También juega un importante papel en los procesos inflamatorios, el sistema inmune, la renovación celular y el metabolismo, por citar solo algunos ejemplos.

El déficit de vitamina D es muy frecuente en España, pero menos el 10% de la población conoce sus niveles, pese a que resultan insuficientes o deficitarios en el 76% de las personas a las que se les miden. Así lo explica un artículo publicado por UOC News, sobre un estudio liderado por Diana Díaz Rizzolo, profesora de la rama Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) e investigadora del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (Idibaps).

La vitamina D es esencial para el buen funcionamiento del organismo, conocida principalmente por favorecer la absorción y el mantenimiento del calcio, que es fundamental para la salud ósea, pero que también contribuye a regular los procesos inflamatorios, previene la demencia y promueve la eficacia del sistema inmune –se le atribuye un papel protector frente a enfermedades autoinmunes–, el crecimiento celular y el metabolismo, entre otros beneficios. Además, unos niveles bajos podrían ser un factor desencadenante de diversas enfermedades crónicas y su suplementación podría contribuir a reducir sus síntomas. Sin embargo, no se mide de forma rutinaria, pese a que el déficit podría ser tan mayoritario entre la población española.

El estudio Paradoxical suboptimal vitamin D levels in a Mediterranean area: a population-based study (Paradójicos niveles subóptimos de vitamina D en el área mediterránea: un estudio poblacional) concluye que no se analizan suficientemente los niveles de vitamina D de la población –una situación especialmente grave en la población de riesgo– y cuestiona la práctica habitual de no suplementar sistemáticamente su déficit cuando se detectan niveles sean bajos.

La investigación se ha publicado en abierto en la revista Scientific Reports, del Grupo Nature, y partió de una muestra de más de medio millón de personas, sirviéndose de técnicas de análisis de datos masivos y utilizando información del Programa Padris (Programa de Analítica de Datos para la Investigación y la innovación en Salud), que pone a disposición de la comunidad científica datos del sistema catalán de salud debidamente anonimizados.

Las personas estudiadas tenían más de 18 años y sus niveles de vitamina D se habían determinado en una analítica realizada durante los años de 2018 a 2021. Entre las conclusiones del estudio cabe destacar un dato tan inesperado como alarmante, si pensamos en la salud de la población a largo plazo. Entre las personas analizadas, el 80% de las más jóvenes tenían niveles inferiores a los deseables, pero la mayoría no recibía suplementación. En cambio, sí se había prescrito vitamina D al grupo de mujeres de más de 45 años con déficit, como medida para prevenir la osteoporosis tras la menopausia. Esto hacía que, paradójicamente, el grupo de más edad tuviera niveles de vitamina D superiores a los del grupo más joven.

La paradoja de los países mediterráneos

Diana Díaz Rizzolo explica que la principal vía de obtención de la vitamina D es la producción propia a través de la exposición al sol. Paradójicamente, en países mediterráneos como España, los niveles de la población son más bajos que en países con menos horas de sol, como Finlandia, el Reino Unido, Islandia, Suecia o Irlanda, que la suplementan mediante la fortificación sistemática de alimentos de consumo habitual. Esta diferencia, y otros factores como el uso de protectores solares o el bajo consumo de alimentos ricos en esta vitamina, hace que en los países mediterráneos sean tan deficitarios”.

Únicamente se había determinado la cantidad de vitamina D del 10% de las más de medio millón de personas cuyos datos se analizaron para el estudio. El 75% de esa décima parte tenía niveles inferiores a los considerados óptimos 

Para calcular los niveles de vitamina D, el equipo investigador se basó en los parámetros establecidos en las guías de la Sociedad de Endocrinología Clínica, que establecen como óptimo un nivel superior a los 30 ng/ml, como insuficiente un nivel entre 20 y 30 ng/ml, y como deficiente un nivel inferior a 20 ng/ml. El estudio muestra que se le habían analizado los niveles de vitamina D a menos del 10% de la población y que la mayoría de estas personas eran mujeres de 45 años o más.

De hecho, actualmente no se recomienda el análisis de niveles de vitamina D a las personas que no pertenecen a un grupo de riesgo: mayores de 70 años, embarazadas, personas institucionalizadas o con fracturas que hagan sospechar la existencia de osteoporosis. Pese a que unos niveles óptimos de esta vitamina se consideran fundamentales en la prevención de la osteoporosis y, en consecuencia, de las fracturas osteoporóticas, no se ha establecido ningún protocolo que garantice que su medición se incluya en todas las analíticas rutinarias de mujeres en edad peri menopáusica, cuando caen en picado los estrógenos, que dejan de proteger la salud ósea. Esto quiere decir que se desaprovecha una importantísima ventana de intervención preventiva en el grupo de población más proclive a desarrollar osteoporosis, una de las enfermedades crónicas con mayor impacto sobre la población y el sistema sanitario.

Es necesario investigar y establecer protocolos

En este sentido, otra de las conclusiones del estudio es que no se cumplen las normativas ni las recomendaciones en la medición de niveles de vitamina D en los colectivos de riesgo. Y no solo eso, sino que, cuando se les detectan niveles bajos, no siempre se les prescriben suplementos. “Es preciso revisar las líneas de cribado y de actuación en estos colectivos, puesto que se ha demostrado ampliamente la utilidad de la vitamina D en la prevención de fracturas y caídas en la población de edad avanzada, así como en algunos problemas durante el embarazo y en el desarrollo de los niños”, afirma la experta.

Para la Dra. Díaz Rizzolo, sería necesario medir de forma sistemática los niveles de vitamina D de toda la población en un periodo determinado para tener una fotografía real de lo que pasa. A partir de ahí, habría que realizar estudios sobre cómo afectan estos niveles al estado de salud de las personas”. Si, como se espera, hay una evidencia científica que avale el efecto saludable de unos niveles óptimos de este micronutriente, se deberían establecer protocolos bien estratificados para suplementarla sistemáticamente cuando haya deficiencias y/o aplicar políticas nutricionales como hacen los países nórdicos. Paralelamente, en los casos concretos en los que no se logre determinar una relación directa entre los niveles de vitamina D y el riesgo de enfermar o de tener peor pronóstico en el curso de enfermedades ya establecidas, se podría dejar de medir, suplementar y preocupar a la gente que no lo necesite.

Según la profesora de la UOC, hace falta mucha más investigación sobre la vitamina D para poder establecer políticas de salud pública. Sin embargo, también reconoce que, a pesar de que no hay una recomendación clara acerca de suplementar o no a las personas con niveles bajos que no pertenezcan a un grupo de riesgo, “muchos especialistas, ante la duda, prefieren hacerlo. Cuando ponen en la balanza beneficios y riesgos, lo tienen claro y optan por recetar un suplemento”.

* La imagen que ilustra esta noticia es de Leohoho y está disponible en Unsplash.